Bastthot
Niño sin padres ni hospicio
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- Lo primero que quiero que quede claro es que esto no es una clase y yo no soy tu profesor. Sólo voy a intentar que mejores como innata planteándote retos que te permitan acceder mejor a tu Don, sentirlo y controlarlo.
Asentí, agradeciendo que el Sol estuviera asomando ya por detrás de las montañas y que se llevara la embriagadora luz de la Luna, que tan devastador efecto tenía en mi concentración.
Nos encontrábamos en el curso alto del río Imnes, donde Nizz me había citado para darme algunas lecciones prácticas y enseñarme lo que a él le había sido útil para aprender a controlar su Don. Estaba claro que su Don y el mío no son iguales... Él lanza rayos y destroza cosas y yo... Bueno, digamos que mis capacidades son menos llamativas. Nunca he logrado dañar a nada con mis capacidades mágicas, y quiero que siga siendo así.
El caso es que Nizz quería poner a prueba mis capacidades, mi concentración, y mi habilidad para salir de un apuro, ya fuera de un modo u otro.
- Hay tres cosas que debes tener siempre en cuenta si quieres explotar al máximo tu capacidad como innata:
Potencial. Tenacidad. Control.
Potencial es cuanta energía eres capaz de extraer de la Urdimbre. Nosotros los hechiceros manejamos esa fuerza en bruto, moldeándola según nuestros deseos.
Tenacidad es el aguante de tu cuerpo frente al despliegue de esa energía. Muchas veces hay innatos con un tremendo potencial, pero su cuerpo no es capaz de soportar el torrente de energías que desatan, y acaban... Mal.
Y por último y no menos importante: Control. De nada sirve dejar salir tu poder y aguantar el esfuerzo que supone si no eres capaz de dirigirlo como tú quieras. Según en qué innatos, esto puede más complicado, o menos.
Puede haber situaciones en las que sea difícil mantener el control sobre un hechizo, y en esos casos la magia tiende a disiparse, y eso puede ser desastroso. Por eso el control es tan importante.
- También puede darse un efecto que no deseas, no? Solía pasarme cuando no entendía ni controlaba mis habilidades que deseaba con tanta fuerza que llegara la noche para poder ver la Luna y las estrellas que dormía la gente que tenía a mi alrededor, sin quererlo.
Reí ante el recuerdo que me vino a la mente atraído por mis propias palabras.
Nizz también rió.
- Eso vendría a ser un problema de control, sin duda. Aunque por lo que he visto en ti, tu Don es sutil como la luz de la Luna, y eso hace que tengas un gran control sobre él. Eso es bueno.
En ese momento Nizz desapareció de mi vista en un sobrecogedor destello de luces, y me quedé mirando el vacío que había dejado en la roca, parpadeante. No pasó el tiempo suficiente para que empezara a formularme preguntas, pues volvió a aparecer al cabo de nada, con una sonrisa divertida en el rostro al ver mi perplejidad.
- El reto es simple. Tienes que encantar a esa nixi.
El drow señaló el pequeño desnivel donde acababa el estanque en el que nos encontrábamos, y allí, sonriente y saludando con una de sus manitas, se encontraba la fata de la que hablaba. Deducí que había desaparecido de mi vista para convocarla y darle instrucciones.
- Define "encantar"... ¿Debo caerle bien?
- Bueno... Lo que sea necesario para que te deje pasar, aunque te aviso de que le he dicho que no te deje pasar bajo ningún concepto.
Mi cabeza ya se encontraba sumergida en la inmensidad del océano de mis ideas de lunática, buscando la que se adaptara mejor a la situación, pero Nizz no pretendía ponérmelo tan fácil.
- Eh, no te adelantes que no he acabado. ¿Recuerdas el libro que te pedí? ¿Lo has traído?
Saqué la cabeza de mi océano de ideas para atender al drow, que mantenía esa sonrisa divertida en el rostro, y recordé el libro que había traído. Se lo enseñé. Era un libro de mi padre. Uno de los libros en los que escribía sus canciones... Eran las canciones que me tocaba con su violín y me cantaba cuando era pequeña. Mi libro favorito.
Nizz hojeó el libro y asintió, con el aire divertido que había adquirido en esos últimos momentos.
- Es un libro con un significado especial para ti, ¿verdad? Esto va a ser curioso de ver.
Y sin decir nada más, lanzó el libro al aire, en dirección al agua.
Miré horrorizada como uno de los recuerdos más especiales que poseía de mi familia se precipitaba a la destrucción inminente, y no presté atención alguna a los gestos y las palabras que murmuró Nizz.
Lo que sí que vi es que poco antes de tocar el agua, el libro empezó a aletear como si de un pájaro se tratase, y empezó a... Volar.
El libro revoloteó unos instantes alrededor de nosotros y finalmente se posó en el hombro de mi "no profesor".
Mi expresión no lograba salir del estupor y el asombro, y supongo que aún permanecía en ella el horror que había supuesto la visión del libro precipitándose hacia el estanque.
- No pongas esa cara, Lyanne... Al libro no le va a pasar nada, te prometo que se mantendrá en perfectas condiciones. Solo le he dotado de conciencia para ponértelo un poco más difícil. Este libro te conoce mejor que yo, así que él será el encargado de impedirte que llegues a la nixi. Solo tienes que pensar que tu también le conoces a él, has de encontrar un modo de llegar hasta la fata, y una vez allí, tienes que convencerla para que te deje pasar. ¿Lista?
Mi cabeza ya estaba sumergida totalmente otra vez en el mi personal océano de ideas, y allí encontró algo que podía serme útil en ese caso. Una idea digna de mí.
"Si el libro tiene conciencia... Entonces puede que recurriendo a lo que hay en su interior consiga un poco de tiempo." Pensé.
Nizz estaba explicando más cosas sobre la prueba, puede que estuviera dándome pistas, o contándome más reglas, la verdad es que en ese momento ya no le escuchaba.
Extraje uno de los pergaminos que me había inscrito Muriel el día anterior, y me alegré de habérselos pedido.
Pronuncié las palabras mágicas que había inscritas en el papel, en voz alta y clara, y el papel se transformó en una infinidad de polvo de luz argéntea, que fue tomando una forma medio humanoide a mi lado...
La Lilenda sonrió al verme, y yo sonreí al verla a ella. Me alegré también de haber tenido tiempo para hablar con ella antes.
En ese momento Nizz terminaba de decirme lo que fuera que estaba contándome, y se sorprendió mirando a la habitante de Las Puertas de la Luna mientras decía...
- Y voy a darle una ventaja al libro...
En ese momento el mundo se apagó. No veía absolutamente nada, solo oía el aleteo constante del libro, que acababa de retomar su vuelo.
- Veo que sigues ahí... Apresúrate, porqué tu libro no tardará en venir a por tí.
La oscuridad absoluta no entraba en los planes que me había formado, pero mi mente ya había sacado otra idea de las profundidades de mi mar de pensamientos.
Como hacía la mayoría de noches para observar con más claridad el mundo que tenía a mi alrededor a la luz de Selûne y sus Lágrimas, me llevé la yema de mi dedo índice a los párpados, acariciándolos, mientras pronunciaba las palabras que desencadenaban la magia.
- Déjame ver en tu noche, con un poco de tu luz.
Sentí el familiar cosquilleo en los ojos, y los abrí justo a tiempo para ver cómo el libro se abalanzaba contra mi cabeza.
No me dió tiempo a alegrarme por el éxito de mi conjuro.
Me agaché, y el libro pasó a escasos milímetros de mi cabeza a la vez que yo, dirigiéndome a la Lilenda que permanecía allí, dije en celestial...
- La niña, la Luna y el barco, por favor...
Y en ese momento, la voz de la Lilenda inundó los oídos de todos los presentes.
Empezó a cantar una canción de melodía nostálgica y bella, en la lengua de los ángeles... Era una de las canciones que aparecían en el libro, la que contaba la historia de mi nacimiento... La que mi padre me cantaba cada noche antes de acostarme.
Narraba la historia de un parto en medio del océano, de cómo la niña que nació no lloraba, y de cómo en un último intento desesperado, los padres de la niña acudieron a la Diosa Luna para que la salvara... Y Ella respondió, y la salvó.
"... Quiere ver la luz, ilumínala,
Dile a dónde va, dile hasta dónde llegara,
Ábrele la puerta, y déjanos creer,
Que la vida se abre a la vez.
Que tu luz brota en cada anochecer,
y que en la oscuridad el firmamento sigue en pie.
Ábrele el camino,
Déjaselo andar,
Solamente quiere...
Ser libre, fuerte como el mar,
Olear la humanidad para que el mundo gire libre, sin temor, sin red,
Y si la paz está en las nubes,
Tocar el cielo hasta hacer llover..."
Mi capacidad de concentración se vio en un peligro extremo en ese momento.
Había conseguido lo que quería. El libro se mantenía quieto, batiendo sus páginas para mantenerse en el aire, pero escuchando con lo que parecía deleite la canción de la Lilenda, y el drow también se había quedado embelsemado por la canción... Pero yo debía aprovechar ese momento, y no quedarme quieta escuchando esa canción que significaba tantísimo para mi... Y reuniendo todo mi empeño y voluntad, así lo hice.
Me escabullí del globo de oscuridad que había invocado el elfo oscuro, y fui al encuentro de la nixi apresuradamente. Al llegar, la saludé con una sonrisa y, sin mediar palabra, le puse uno de mis dedos en la frente, al mismo tiempo que decía...
- Sueña, y que las Lágrimas custodien tus sueños, y la Doncella los vea cumplidos.
la pequeña fata parpadeó unos instantes, sorprendida por mi presentación, y acto seguido cayó dormida en un profundo sueño, con una sonrisa bobalicona en el rostro.
Me apresuré a pasar por la zona en la que se suponía que la nixi debía pararme, y en ese momento me di cuenta de que la Lilenda no estaba cantando, y escuché un aleteo furioso a mis espaldas, por lo que aún forcé mas mis piernas, y llegué a la "meta" en el mismo instante en el que el libro de canciones y poemas de mi padre pasaba por detrás de mí, rozando mi pelo.
Me giré, a tiempo para ver como Nizzre'an'ar salía del estanque con una sonrisa satisfecha en la cara.
- Has sido creativa, sutil, rápida, y además has sabido salir de la situación sin dañar ni al libro ni a la nixi, y aunque la Lilenda ha hecho la mitad de tu trabajo... No puedo reprocharte los recursos que has utilizado. Enhorabuena, has superado el reto.
Al darme cuenta de que lo había conseguido... Me di cuenta también de que mis ideas, las que normalmente tildaba de lunática, me habían llevado al éxito en esa ocasión, y me dije a mi misma que le haría más caso a mi instinto de ahora en adelante...
Realmente aprendí mucho ese día. Aprendí sobre mí, y sobre lo que llevo dentro.