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De la carne al hueso.

Indarfin

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Mentiroso, le gritaba acusándole con el dedo. Mentiroso, si, pero en la otra vida. Solo la voz negra dulce como la miel de su ama turbaba el silencio de muerte que reinaba en la cripta de los necrófagos. El arrastrar de los pies, el ruido del triturar de la carne muerta, los agudos bufidos reflejo de la respiración de la otra vida, todo eso se había detenido, y todos los ojos vacíos de los ghuls se clavaban en el promontorio central de la cripta.

Una figura elfica de tamaño ligeramente inferior a la media, estilizada. Un bien cuidado traje negro oscuro, como la noche, se le cerraba al cuello con un broche y sobre su cabellera rubia una capucha ocultaba el rostro dejando solo entre ver dos cobrizos ojos que rasgaban la oscuridad. Mentiroso, acusaba con la mano extendida a un Ghul dentro del círculo de huesos.

Realmente poco importaba si era verdad lo que había dicho, o si la acusación era falsa. El juicio, la sentencia y la condena ya estaban fijadas antes incluso de escoger al azar a cualquier Ghul, pero esta vez fue al desdichado Euhfalk conocido así en otra vida.

La mujer encapuchada disfrutaba regodeándose del sufrimiento del Ghul, sabia que en sus manos estaba su sino, podria serles util, si, pero antes deberia aprender en sus carnes malsanas el poder oscuro al que debia su existencia y el que dominaría su voluntad por los restos de la eternidad sin encontrar nunca reposo.

La voz hermosa se alzaba como un torrente de agua en las montañas. La voz dulce estaba cargada de odio, produciendo en todos sus siervos un terror y un deleite de crueldad. En este huracán de acusaciones, apenas comprendiendo el Ghul que podría haber hecho para ofender asi a sus señores, apareció en silencio otra figura cubierta entera también con una elegante tunica de largas mangas amplias. Apenas parecia pisar el suelo ni se movía por el viento los bajos de la tunica. Bajo la capucha también negra se apreciaban dos puntos de azul crueles como el invierno.

La segunda sombra, se acerco hacia donde la vampiresa gritaba y en silencio se paro a su lado disfrutando del deleite de la escena de sufrimiento que estaría por llegar y a la que no llegaba demasiado tarde.

Todo ocurrió rápido, con nuestro enterrador en otra vida anclado al suelo como por un hechizo. La vampiresa sujeto lo que antiguamente fue una cabeza, ahora un saco putrefactos de vilis y coágulos de sangre. Deslizando un cuchillo hasta la boca del necrófago comenzó a cortar con excepcional calma y despiadada crueldad los laterales de la boca. La sangre negruzca y coagulada comenzó a brotar manchando el pecho desnudo del no-muerto y el mero hecho de saborear carne muerta le produjo la segregación del líquido estomacal fermentado en múltiples digestiones infructíferas.

La vampiresa le soltó y se retiro jactándose de la humillación. Entonces el hombre, intervino. También él haría de juez y de verdugo, pregunto al Ghul si no desearía que su carne se consumiese, una pregunta traicionera de un traicionero ser.

¿Qué contestación podría darse libre de pena capital? Y aun…¿Qué voluntad propia podria tener en la telaraña tendida a sus pies por sus amos? Pues aunque no lo creáis, la astucia esa vez le salvo de la penuria de morir en muerte, pues contestó lo único que le salvaría la vida, y mas le habría valido contestar otra cosa y terminar alli su oscura existencia.

Lo que los amos deseen, fue su contestación, y sin duda el deseo de sus amos era que dijese eso y por tanto eso lo que sucedió.

El oscuro arcano comenzó una retaila interminable de alguna lengua muerta maldita. Cada palabra era como latigazos para el oído de los mortales, cada pausa era la calma que siempre precede a la tempestad. Un gran rugido de dolor del Ghul le hizo caer postrado al suelo y de su interior unas oscuras llamas comenzaron a crepitar comiéndose la carne muerta. Gritos de dolor, quejidos y gorgoteos se mezclaban con el humo negruzco y pestilente que brotaba del cuerpo putrefacto en llamas. El Ghul retorciéndose de dolor en el suelo daba dentelladas a su propia carne con voracidad intentando vencer al fuego que le dañaba de forma terrible el maltrecho cuerpo.
Las llamas se detuvieron, y el esqueleto del Ghul, con unos pocos órganos colgando del caparazón vacío por membranas de carne, se alzo hipnotizado con las llamas oscuras aun en las cuencas de los ojos fijadas en la profundidad oscura de la sala. El dominio que ahora tenían sus amos sobre el, era el que ellos deseaban, toda su voluntad.

Lo bautizaron como Carroña, y como carroña caminara sin descanso alimentándose de carne muerta y viva hasta el final, rezo a dios para que nadie desprevenido turbe su vigilia eterna.


Espero q os guste esta historia de ultratumba.un saludo gracias//
 
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