Lysabeth
Copia de fichas de Kronos
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- 6/10/09
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Un escalofrío recorrió por momentos los cuerpos de todos los ciudadanos de Minsorran, aquella noche la luna no iluminaba los rostros de la ciudadanía, rumores de boca en boca atravesaban la mente de todos los ciudadanos, poco a poco los rumores atravesaban los oídos de cada ciudadano enmudeciendo la mirada y el rostro de cada uno de ellos, un silencio casi sepulcral invadía las tierras de Minsorran, temiendo lo que pueda pasar de aquí en adelante, el sueño de unas tierras de hermandad y crecimiento, de paz y armonía podrían desvanecerse como los rayos de luz en los días de noches sin luna, la peor de las pesadillas se avecinaba sobre estas tierras, gritos de guerra, pobreza, tristeza… la noche mas triste que jamás se ha podido ver, un León embravecido que aullara su llanto asediando ciudades enteras en busca de llenar el vacío que la Dama del Lago dejo.
Lysebeth - ¿Por qué?
Lady Ilfana - Por mucho menos han caído Imperios enteros.
Lysebeth caminaba bajo la noche triste y acudía junto a Lady Ilfana como siempre desde que fue asignada como su maestra por el León, muchas cosas había aprendido de la sacerdotisa de Selune, y poco a poco se iba haciendo una mujer, aunque ese día poco tenían que hablar, simplemente observaban la población, a los leones pasar hacia el cuartel con gesto sombrío, la preocupación invadía los rostros de las dos mujeres, a la vista saltaba lo que los labios sellaban.
Muchos Leones permanecían a la espera en la entrada del Cuartel para tratar una reunión con su señor, aquel día las reuniones estaban vetadas de sentido alguno, aunque tiempos sombríos llegaban, la unión aun permanecía, pues éramos conscientes de el pesar del Archimago, y aunque sabíamos que el mismo día no era el mejor momento para tratar con el, aunque nos podríamos llevar el mayor de los desprecios, todo León entro en aquella sala a mostrar su apoyo y condolencias al arcano, pese a que este se retiro a sus aposentos para no escuchar mas vanas palabras que jamás traerán a su mujer de vuelta al mundo de los vivos.
Solamente antes de la marcha del León a sus aposentos la sacerdotisa se atrevió a parar el embravecido paso de cólera del Arcano, para musitar con delicadeza sus ultimas palabras, Lysebeth es la voz de Mystra, ha de hacerse escuchar hasta delante del mas temido arcano pese a las consecuencias, y aunque aquel hombre de ropajes negros infundía el mayor de los respetos la sacerdotisa musito.
Lysebeth – Mystra puede conceder una segunda oportunidad a su dama… mi señor…
Elistar – Ya veremos…
Esas fueron las últimas palabras tras cerrar la puerta, no eran momentos para tratar asuntos tan fúnebres, pero la sacerdotisa ha de evitar que Minsorran entre en guerra, que las muerte se cierna de nuevo en nuestras manos, simplemente marcho a las fueras del Cuartel buscando a aquella chamana que deambulaba por la ciudad como si fuera los últimos días de vida.
Cenizas y viento, es lo único que encontró en boca de aquella chamana, un cuerpo consumido por el espíritu inconsciente del Oso Azul, no podía curar la semilla del mal que se cernía en Sanuye y decidió destruir a la dama, porque los dioses a veces toman decisiones sin importar lo que acontezca a los mortales, y esta fue una errónea decisión, a veces se puede llegar mas allá de lo que pueden alcanzar algunos dioses, existe siempre la posibilidad por muy remota que sea, de poder sanar a alguien de algún mal que un dios no pudo librar, pues si nos limitáramos simplemente a lo que un dios puede, o no puede hacer, jamás habrían existido la mayoría de dioses que adoramos, jamás se habrían producido milagros en nuestras tierras, porque la fe lo puede todo...
Y aquí estoy ahora mismo, tras haber hablado varias horas con Lady Ilfana sobre las posibilidades de una resurrección, tras haber meditado las posibilidades que me daba mi corta baraja de cartas perdidas, solo necesitaba poder encontrar alguna parte del cuerpo de la dama, algo que formase parte de su cuerpo en vida, que tuviera su esencia, su olor, el León debe tener algo, pero eso no es lo que mas le preocupaba a la sacerdotisa, pues sabia que un Archimago siempre guarda la ultima carta en su remesa, lo único que necesitaba era reunirse con el, e implorar a Lady Ilfana el rezo conjunto a la dama de la Luz de Luna y de los Misterios, para que aquella guerra no estallase en nuestras caras.
Aquí estoy, rezando a mi señora, implorando que siga guiando mis pasos como siempre lo ha hecho, que me proteja bajo su manto, que me de las fuerzas para traer a la vida a una de tantas hechiceras que cernían su magia usando el Telar de Mystra, y por eso Aquí estoy, arrodillada de nuevo ante ti, rindiéndome con devoción y respeto a tus pies.
Lysebeth – Mi dama… Mi señora… No permitas que los sueños de estas gentes se desvanezcan por el sollozo de un arcano, No dejes que hermanos luchen entre si manchando sus manos, Escucha mis Plegarias Mystra, Dame fuerzas para traer al mundo de los vivos a la hechicera del León, a la Dama del lago… a su mujer… No dejes que todos nuestros esfuerzos caigan en vano…
*una lagrima de tristeza, recorre la rosada piel de la sacerdotisa atravesando y surcando el perfil de los ojos para caer rápidamente por sus pómulos resbalándose en un rastro cristalino desvaneciéndose en su piel*
Lysebeth - Mystra, Dame Fuerzas!!!....
*Toc… Toc…*
Y Alguien llama a los aposentos del León…
*Lysebeth entra con paso decidido a hablar con el León en busca de algo algún atisbo de vida de la dama Sanuye, algo que haya sido parte de su ser, algo que pueda otorgarle la vida de nuevo, para acercarse a Lady Ilfana e implorarle su unión en el alzamiento de un caido*
Lysebeth - ¿Por qué?
Lady Ilfana - Por mucho menos han caído Imperios enteros.
Lysebeth caminaba bajo la noche triste y acudía junto a Lady Ilfana como siempre desde que fue asignada como su maestra por el León, muchas cosas había aprendido de la sacerdotisa de Selune, y poco a poco se iba haciendo una mujer, aunque ese día poco tenían que hablar, simplemente observaban la población, a los leones pasar hacia el cuartel con gesto sombrío, la preocupación invadía los rostros de las dos mujeres, a la vista saltaba lo que los labios sellaban.
Muchos Leones permanecían a la espera en la entrada del Cuartel para tratar una reunión con su señor, aquel día las reuniones estaban vetadas de sentido alguno, aunque tiempos sombríos llegaban, la unión aun permanecía, pues éramos conscientes de el pesar del Archimago, y aunque sabíamos que el mismo día no era el mejor momento para tratar con el, aunque nos podríamos llevar el mayor de los desprecios, todo León entro en aquella sala a mostrar su apoyo y condolencias al arcano, pese a que este se retiro a sus aposentos para no escuchar mas vanas palabras que jamás traerán a su mujer de vuelta al mundo de los vivos.
Solamente antes de la marcha del León a sus aposentos la sacerdotisa se atrevió a parar el embravecido paso de cólera del Arcano, para musitar con delicadeza sus ultimas palabras, Lysebeth es la voz de Mystra, ha de hacerse escuchar hasta delante del mas temido arcano pese a las consecuencias, y aunque aquel hombre de ropajes negros infundía el mayor de los respetos la sacerdotisa musito.
Lysebeth – Mystra puede conceder una segunda oportunidad a su dama… mi señor…
Elistar – Ya veremos…
Esas fueron las últimas palabras tras cerrar la puerta, no eran momentos para tratar asuntos tan fúnebres, pero la sacerdotisa ha de evitar que Minsorran entre en guerra, que las muerte se cierna de nuevo en nuestras manos, simplemente marcho a las fueras del Cuartel buscando a aquella chamana que deambulaba por la ciudad como si fuera los últimos días de vida.
Cenizas y viento, es lo único que encontró en boca de aquella chamana, un cuerpo consumido por el espíritu inconsciente del Oso Azul, no podía curar la semilla del mal que se cernía en Sanuye y decidió destruir a la dama, porque los dioses a veces toman decisiones sin importar lo que acontezca a los mortales, y esta fue una errónea decisión, a veces se puede llegar mas allá de lo que pueden alcanzar algunos dioses, existe siempre la posibilidad por muy remota que sea, de poder sanar a alguien de algún mal que un dios no pudo librar, pues si nos limitáramos simplemente a lo que un dios puede, o no puede hacer, jamás habrían existido la mayoría de dioses que adoramos, jamás se habrían producido milagros en nuestras tierras, porque la fe lo puede todo...
Y aquí estoy ahora mismo, tras haber hablado varias horas con Lady Ilfana sobre las posibilidades de una resurrección, tras haber meditado las posibilidades que me daba mi corta baraja de cartas perdidas, solo necesitaba poder encontrar alguna parte del cuerpo de la dama, algo que formase parte de su cuerpo en vida, que tuviera su esencia, su olor, el León debe tener algo, pero eso no es lo que mas le preocupaba a la sacerdotisa, pues sabia que un Archimago siempre guarda la ultima carta en su remesa, lo único que necesitaba era reunirse con el, e implorar a Lady Ilfana el rezo conjunto a la dama de la Luz de Luna y de los Misterios, para que aquella guerra no estallase en nuestras caras.
Aquí estoy, rezando a mi señora, implorando que siga guiando mis pasos como siempre lo ha hecho, que me proteja bajo su manto, que me de las fuerzas para traer a la vida a una de tantas hechiceras que cernían su magia usando el Telar de Mystra, y por eso Aquí estoy, arrodillada de nuevo ante ti, rindiéndome con devoción y respeto a tus pies.
Lysebeth – Mi dama… Mi señora… No permitas que los sueños de estas gentes se desvanezcan por el sollozo de un arcano, No dejes que hermanos luchen entre si manchando sus manos, Escucha mis Plegarias Mystra, Dame fuerzas para traer al mundo de los vivos a la hechicera del León, a la Dama del lago… a su mujer… No dejes que todos nuestros esfuerzos caigan en vano…
*una lagrima de tristeza, recorre la rosada piel de la sacerdotisa atravesando y surcando el perfil de los ojos para caer rápidamente por sus pómulos resbalándose en un rastro cristalino desvaneciéndose en su piel*
Lysebeth - Mystra, Dame Fuerzas!!!....
*Toc… Toc…*
Y Alguien llama a los aposentos del León…
*Lysebeth entra con paso decidido a hablar con el León en busca de algo algún atisbo de vida de la dama Sanuye, algo que haya sido parte de su ser, algo que pueda otorgarle la vida de nuevo, para acercarse a Lady Ilfana e implorarle su unión en el alzamiento de un caido*