Deimofury
Niño sin padres ni hospicio
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Deimo se crió desde bien pequeño en la ciudad de Náshkel por su padre Goulo Roj, un granjero de Náshkel, aunque nunca conoció a su madre la que hoy en día es desconocida para él. Deimo creció a golpe de vara de su padre, el que le pegaba por cada cosa que hacía mal. Los golpes de su padre nunca desanimaron a Deimo, todo lo contrario, le hizo creer que era el mejor y por eso le golpeaba, por envidia, aunque ese carácter hizo que se peleara en más de una ocasión con otros niños de la ciudad.
Al llegar a la adolescencia Deimo empezó a creer las palabras de su padre, palabras que le decían constantemente que no servía para nada, eso hizo que todos sus sueños se rompieran y dejó al joven indeciso en su vida, vagueando por la ciudad sin un oficio al que dedicarse.
- ¡Deimo! - Golpe de vara - ¡Qué haces mirando cuentos de niñas! Si quieres ser útil por una vez, ve a trabajar gandul, tienes que buscar a Taren, el leñador.
- Padre esto no son cuentos de ni... Da igual – Suspiró – Ahora mismo me iré a buscarlo, aunque yo siempre soy útil en todo y no solo en la tala.
- Tú que vas a ser útil... - Le golpeó de nuevo con la vara – Me aburre hasta pegarte con la vara, mueve tu culo, ¡Vamos, vamos!
Cuando su padre se enteró, lo envió directamente con un grupo de leñadores que trabajaban allí en Náshkel. Deimo se reunió con Taren y eso le dio a Deimo un nuevo trabajo y un nuevo objetivo en la vida, un trabajo que no se le daba mal ya que Deimo siempre ha sido un hombre corpulento y fuerte. Su vida como leñador duró algunos años que estuvieron llenos de broncas constantes con Taren ya que Deimo no se callaba nada de lo que ocurría o veía.
Deimo se hizo todo un hombre, aunque seguía siendo igual de egocéntrico, su padre ya no le regañaba a duras penas pero eso era debido a que estaba enfermo y no tenía muchas fuerzas. Poco después Goulo murió por su enfermedad y dejó solo a Deimo, aunque éste no mostró mucha emoción cuando eso ocurrió, ni se alegró ni se entristeció. Deimo vivió un par de años más en la casa de su padre, hasta que se cansó de esa vida monótona y decidió salir en busca de aventuras hacia la capital. Allí una cosa le llamó la atención más que nunca, la Legión Férrea, aunque ya sabía de ellos la impresión que tuvo al estar justo delante de la fortaleza fue mucho mayor, ésto hizo que tuviera ganas de hacer las pruebas y hacerse legionario, para demostrar que es el mejor.
Al llegar a la adolescencia Deimo empezó a creer las palabras de su padre, palabras que le decían constantemente que no servía para nada, eso hizo que todos sus sueños se rompieran y dejó al joven indeciso en su vida, vagueando por la ciudad sin un oficio al que dedicarse.
- ¡Deimo! - Golpe de vara - ¡Qué haces mirando cuentos de niñas! Si quieres ser útil por una vez, ve a trabajar gandul, tienes que buscar a Taren, el leñador.
- Padre esto no son cuentos de ni... Da igual – Suspiró – Ahora mismo me iré a buscarlo, aunque yo siempre soy útil en todo y no solo en la tala.
- Tú que vas a ser útil... - Le golpeó de nuevo con la vara – Me aburre hasta pegarte con la vara, mueve tu culo, ¡Vamos, vamos!
Cuando su padre se enteró, lo envió directamente con un grupo de leñadores que trabajaban allí en Náshkel. Deimo se reunió con Taren y eso le dio a Deimo un nuevo trabajo y un nuevo objetivo en la vida, un trabajo que no se le daba mal ya que Deimo siempre ha sido un hombre corpulento y fuerte. Su vida como leñador duró algunos años que estuvieron llenos de broncas constantes con Taren ya que Deimo no se callaba nada de lo que ocurría o veía.
Deimo se hizo todo un hombre, aunque seguía siendo igual de egocéntrico, su padre ya no le regañaba a duras penas pero eso era debido a que estaba enfermo y no tenía muchas fuerzas. Poco después Goulo murió por su enfermedad y dejó solo a Deimo, aunque éste no mostró mucha emoción cuando eso ocurrió, ni se alegró ni se entristeció. Deimo vivió un par de años más en la casa de su padre, hasta que se cansó de esa vida monótona y decidió salir en busca de aventuras hacia la capital. Allí una cosa le llamó la atención más que nunca, la Legión Férrea, aunque ya sabía de ellos la impresión que tuvo al estar justo delante de la fortaleza fue mucho mayor, ésto hizo que tuviera ganas de hacer las pruebas y hacerse legionario, para demostrar que es el mejor.