Novedades

Demonio, Bestia y Ego

Xakonero

Vampiro buceador de lagos
Registrado
14/1/20
Mensajes
469
Edad
27
Zuriac Garramortal

Descripción física:

Una bestia de negro pelaje, ojos sanguinarios y marcados colmillos. Camina de forma erguida, haciendo gala de su tamaño, pasando a correr de una forma más feral cuando es necesario.
[thumbnail=float-right]https://i.pinimg.com/originals/93/b8/43/93b8437f898b050905eeb39f6fedc0d6.png[/thumbnail]
Se encuentra ataviado con pocas piezas de armadura que se encuentran por su cuerpo en conjunto con la justa y necesaria ropa. Destaca su arsenal de armas: cimitarra, arco, escudo, una bolsa llena de material para trampas... La criatura está preparada.

Edad: 3 años.

Deidad: Yeenoghu. No es altamente religioso pero honra sus costumbres.

Resumen de la historia

Zuriac vivía cómo un gnoll más, disfrutando de la matanza y viviendo cómo bestia. Sin embargo, fue capturado por unos cazadores, y estando encerrado comenzó a reflexionar y ser más consciente, tomando un especial gusto por los mecanismos y herramientas que razas más civilizadas utilizan.

Logró escapar al utilizar su astucia e inteligencia, y al no ser capaz de volver con su manada decidió viajar a Muran en busca de otra "manada", esperando poder demostrar el valor que posee.

Historia

Todo comenzó en una manada más de gnolls, seguidora del demonio Yeenoghu, los Garramortal. La ubicación de la manada se daba en los alrededores de la Llanura del Gigante, moviéndose por ella en temporadas entre Las Montañas del Troll y las Montañas del Paso del Gigante.

A los dos años de nacer, Zuriac ya llegó a la edad adulta pues así es el desarrollo de los Gnolls, sobrevivió a algún combate frente a otras crías, pues los débiles son descartados a una temprana edad. Su papel en la manada era simple, combatir y hacer de ojeador, buscando presas que sufrirían la desgracia de enfrentarse a los hijos de Yeenoghu.

El gnoll recuerda vivamente su primer saqueo, acompañado de sus hermanos y hermanas entró a una poca afortunada aldea que apenas tenía guardias suficiente para poder defenderse, y dónde los aldeanos tuvieron que echarse a las herramientas que tenían para tratar de evitar su muerte. Pero en esta historia, no hay héroes ni salvadores. Con brutalidad digna de los mismos demonios, los gnolls atacaron, vencieron, arrasaron y devoraron de forma vilmente intencionada. El placer de la violencia tomó raíz en Zuriac, ¿Qué hay más precioso que hacer demostración del poder propio?

Las sensaciones quedaron en él, pero no era suficiente. Pocos meses después, él mismo se encargaba de encontrar una nueva presa para destruir. Y así lo hizo, un asentamiento incluso menor que él último, alejado de urbes mayores. Cómo bestia sedienta de violencia, el gnoll se lanzó directo para conocer el número y defensas del asentamiento, pero cerca, demasiado cerca, fue detenido en seco. Un cepo, una simple herramienta, agarró su pierna y le hizo soltar un quejido de dolor que alertó al asentamiento.

La sorpresa fue para el gnoll, que esta vez no eran débiles aldeanos sino un grupo experimentado de cazadores con los que dio. Y es más, ni siquiera acabaron con él en el acto, sino que lo atraparon pues creían que alguien lo querría. Zuriac recuerda la frustración que sintió, derrotado fácilmente, las burlas por parte de sus captores a la poca inteligencia del gnoll. Encerrado en una jaula y terriblemente alimentado, la bestia hizo algo que poca importancia tuvo en su vida hasta ese momento: reflexionar.

¿Por qué he perdido? ¿Qué me diferencia de los humanos? ¿No es únicamente fuerza lo que necesito?

Ahí afinó su vista y observó las actividades de sus captores, cómo manufacturaban trampas, montaban celdas y demás. Escuchando, aprendió. Tenía que aprender, si lo que quería era sobrevivir. Cómo si algo nuevo hubiera despertado dentro de la bestia, se encontró tomando un interés por esas capacidades que sus enemigos demostraban, y un pensamiento aparte: He de vengarme.

Él sabía que, físicamente, era más fuerte que cualquiera de esos escuálidos humanos, pero eso no era suficiente y el estar encerrado era prueba de ello. Tenía que vencerlos en su propio juego, y así lo hizo. Logró hacerse con pieza y trozos de materiales para improvisar unas ganzuas, los cazadores observaron cómo su presa intentaba hacer algo y en vez de evitarlo, lo tomaron a broma y rieron de la estúpida bestia. No estaban desencaminados, sus torpes zarpas fracasaban en crear aquello que deseaba, pero sin embargo la práctica y el error llevaron al gnoll a crear una herramienta que le hizo de llave, tanto de su vida cómo de su destino.

Esperó a la noche, escapó de la celda y de forma metódica degolló a sus captores. Ocho humanos que sin saber enseñaron al gnoll una nueva arma, que acabó cavando su propia tumba. Sin embargo, el noveno cazador seguía con vida, el líder de estos, pues Zuriac querría vencerlo a él específicamente al llegar a la conclusión de que era el más fuerte de ellos. Lo despertó con sus gruñidos, y el avispado humano desenvaino su sable de forma inmediata, analizando la situación rápidamente.


Estar perdido humano. Sólo tú. -Le dijo Zuriac, sacando los colmillos.

...Has cometido tu último error, monstruo. -Contestó apuntando el sable al gnoll.​

Con una cimitarra en la diestra, Zuriac esperaba que el cazador se abalanzara. Mucho más veloz de lo que Zuriac pudo deducir, su enemigo se encontró frente a él. Zuriac quizá no habría podido vencerlo en un combate directo, ni siquiera con su superior físico, pero esta batalla no era de fuerza.

El cazador se dio demasiado tarde cuenta de su error, cuando su pierna izquiera era atrapada por el cepo bajo sus pies. El gnoll rió cual hiena, el humano había caído en la misma trampa que él hizo tiempo atrás, se había vengado y demostró que él también tenía aquello de lo que se pagoneaban los cazadores, intelecto. Con el inmenso dolor producido por el metal, incapaz de moverse y frente a una criatura que le superaba en cuerpo, el cazador supo que había perdido. Zuriac cogió una lanza que tenía preparada y, desde la seguridad de la distancia atravesó el cuello de su enemigo provocandole la muerte que se merecía.

Al fin libre, Zuriac recogió varias armas del campamento, y con especial interés materiales para trampas y demás, de esta forma partió en busca de su manada. Desafortunadamente para él, no llegó a encontrarla y sabía aún con su escaso conocimiento religioso, que los líderes de otras manadas seguidoras de Yeenoghu probablemente no le aceptarían. Pero oyó de Muranheim, el creciente imperio de los gigantes. Quizá esa podía ser su nueva "manada"...
 
Arriba