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Diario de Azamuth

LucienThorns

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Entrada XX:"Nada es tan doloroso para la mente humana como un gran y repentino cambio."​

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Ah, la persona que un día encuentre esto pensará que he estado siendo demasiado vago o quizás que he perdido el interés en mi diario. Más a día de hoy no habría nada más lejos de la realidad.
Lo cierto es que grandes cambios han sucedido en mi vida y más grandes aún han sido las oportunidades que se han presentado. A través de los días que fueron aconteciendo he descubierto nuevas habilidades, me he permitido ahondar más en la arcana belleza de la alquimia y también convertirme a mi mismo en algo que podría llegar a dar más aún de sí mismo.

Pero vayamos parte por parte, ya que de la misma forma que un corazón no podría latir sin su sangre, yo no podría explicar tantas partes de esta historia sin relatar lo que comenzó esta nueva travesía.
Mientras me encontraba vagando por las calles de Athkatla escuché que habría una fiesta de disfraces en el cementerio, asumiendo que se trataba de una suerte de broma, me acerqué con el interés de ver qué sucedía. Para mi sorpresa y la de todos los que podía llegar a hablar con, todos los que asistimos a tal festividad fuimos llevados a una tétrica y peligrosa travesía a través del plano conocido como Barovia.

Una tras otra alegoría a la decadencia de los nobles podría verse por allí a la par que la inimaginable y sorprendente creatividad de nuestro anfitrión se mostraba. Cada paso fue una sorpresa y más aún hasta que llegamos hasta el baile final que nos permitió, tras un tiempo, salir vivos.
Aún temo que algo de mi se haya quedado allí y no pueda recuperarlo nunca; considerando las extrañezas que sucedían y lo fácil que era caer presa de los golpes que nos acestaban en algunos casos cual aluvión.

Pero no acabó allí, puesto que no mucho después de regresar de aquél álgido lugar los alquimistas del Cónclave Negro nos vimos inmiscuidos en la necesidad de preparar algo que ayudase contra los arácnidos que nos encontraríamos, a sabiendas, en lo más profundo del nido de hormigas.

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Y trabajamos. Trabajamos más de lo que nos permitieron nuestras manos para hacer uso de todo lo que fuera posible y crear la fórmula que ayudaría al fey'ri desquiciado que nos avisa casi sin anticipación que requiere de algo que, por la falta de tiempo, ¡ni pudimos poner a prueba antes del combate!
¡Jodido sea Dhaerrow y espero al menos un diablillo le de por culo cada día que pase en el infierno después de sus pactos!

Por otro lado, mirando el lado positivo, la fórmula salió bien y logramos deshacernos de los arácnidos.
Las responsabilidades del Cónclave Negro se continúan haciendo cada vez más notables y ciertamente necesitamos de más maestros. Quizás uno de los motivos principales de esta necesidad es la profunda disciplina que necesitan algunos de los aprendices como quien se hace llamar Sin Nombre.

Aún más interesantemente los Ladrones de las Sombras me han afiliado a ellos y me han permitido ingresar a su célula en Amn pese a que les mencioné que no pasaría tiempo allí prácticamente. Me consideran uno de sus agentes y ahora podré comunicarme con ellos más seguramente... sólo me pregunto, ¿será adecuado el lugar y el momento?

La respuesta vino rápido, cuando fui azotado por la suerte de haber obtenido una entrada para las fiestas havarian y también me inscribí a su torneo de arcanos.
Con las primeras he podido entrever lo que creo que fue un asesinato de lo más extraño y curioso a la par que con la segunda me presentaré y dejaré en claro que el Cónclave Negro es mejor institución arcana que ha puesto un pie en Faerun.

Finalmente, también, he decidido poner el pié firme en el plan que tenía en mente sobre iniciar una casa comercial en el Muranndin. Veremos cómo se desarrolla todo... en especial con los Drathir que parece sólo han venido a agitar el avispero.

Y eso, mi querido futuro lector, es todo lo que ha pasado por estos días. Seguramente será difícil de tener en mente todo, pero puedo concebir a que pese a mis desvaríos y saltos entre historias podrás llevar el orden que yo le doy en mi mente, uno muy especial.
¿Quizás alguna vez lo lea alguien realmente?... o quizás no. Y sólo caeré en el olvido, como tantos otros.
El Viejo Pezuña y Cuerno no lo desee así."


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LucienThorns

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Entrada XXI: "Se necesita algo más que inteligencia para actuar inteligentemente."​

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¿Cómo podría no preguntarme lo que habría sucedido en estos días si han sido de los viajes más extraños que he atravesado en mi corta vida? ¿cómo no podría buscar comprender lo que el propio camino que en el que me han puesto los dioses significa?
Pero más aún debía de dudar. Más aún debía de doler. Más aún debía de sangrar la puñalada que me habían clavado en el momento en donde participé en esas festividades amnianas... ¿Havarian, era? No. Esto fue algo diferente. Alguien nos llevó a otro plano, uno oscuro, tórrido, claramente desprovisto de toda vida y buscando arrebatarnos cada mota de esperanza que podría llegar a otorgarsenos.

Pero incluso en este tipo de situaciones, uno puede encontrar lo que aprovechar. Y allí estuvo mientras trataba a los héroes amnianos heridos, una oportunidad de ver más allá, de conocer lo que sería una curiosa maldición o bendición que me habían otorgado los mismos dioses que nos habían intentado matar llevándonos allí.

Incluso cuando Numina parecía querer traicionarnos, incluso cuando sin miramientos me arrojó el artista marcial que corría detrás de ella tras de mi, sobreviví y me queda por más que seguro de decir... intentó matarnos. O al menos, a mi.

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Pero sobreviví y otra vez el Cónclave Negro queda por encima en sus planes que la Arcanum Scholla, justo como sucedió en el torneo de arcanos que gané. ¿Será que incluso en sus maquiavelismos no pueden sino quedar por debajo nuestro?
Me aseguraré de dejar en claro la próxima vez que nos veamos que debemos de realizar clases de lógica y planeamiento para evitar que caigamos en los fallos y trampas lógicas que ellos mismos se dejan caer en.

Pero aquello no era todo, sino que no pude olvidarme de aquellos recuerdos que aún me atormentaban de lo que supongo serán los Páramos Sombríos. Mientras estábamos diseccionando al druida que atacó el Muranndin fue que caímos en cuenta de que no era un elfo de este plano sino que también provenía de estos mismos... nos dimos cuenta de que el ente al que adoraba, este "Enjambre" era una criatura.
Y que vendría, junto a más de sus hermanos.

Las preparaciones comenzarían. Incluso más rápidamente. El encargo que el maestro Sidebonwe nos había propuesto nos llevaría a toparnos de nuevo con aquellas criaturas malditas.
Al menos podríamos llegar a atrapar unos cuantos especímenes para investigarlos, con suerte.


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LucienThorns

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Entrada XXII: "Quizás algún día será un placer recordar incluso estas cosas."​

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Los días sólo parecen convertirse entre sí en un vórtice más grande entre pequeñas y grandes deslices de la suerte y el destino que nos otorgan oportunidades que deben ser aprovechadas con tanta firmeza como es posible. Y resta en nosotros claramente aprovecharlas.
Sería lo primero que indudablemente escribiría si tuviera en mente el conjunto de días en donde fuimos lanzados a tres tareas tan rápidamente que apenas pude llegar a procesar todo en mi propia cabeza.

Primero fuimos a buscar un gran gorillón de cuatro brazos, aparentemente siendo considerado uno de los gorilas legendarios que formaban parte de lo que el Destructor del ejército muranní quería presentar en un combate del torneo. No sin antes, claro está, personalmente sentirme insultado por el mismo y atacado por sus insinuaciones de que el Cónclave no trabajaba en realidad.

Pero ni bien acabamos con eso, fuimos reclutados por el diablillo que servía a Miruh para continuar con nuestras investigaciones y eso nos llevó a terminar dando con un grupo de amnianos que aparentemente pactaban de alguna forma con Vralzaeth. Esto decantó en unirse para intentar acabar con el sucio demonio.

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Pero no siendo eso todo, tras la infructuosa desventura en la que no logramos dar con nuestro objetivo, nos topamos de frente con lo que fue la primera reunión del Péndulo de Mercurio. Una casa comercial que estamos forjando en el Muranndin desde lo más bajo y algo me dice no demorará demasiado en alzarse mucho más alto.

Pero sin mucho descanso, ¿qué cuestión sería la próxima a tratar en la clase de Miruh? Una la cual nos pidió extremo secreto y que no podía sino aceptar aquella promesa.
Una tarea de proporciones titánicas que no puedo sino dejar de concebir en lo poco que sería posible realizar. De no ser por el apoyo con el que contamos por parte de varios de los maestros del Cónclave Negro.

Sin tener casi descanso, luego de esto fui disparado en una misión extraña y casi suicida a los picos amnianos junto a Jaevis y un grupo de amnianos que parecen no tener del todo idea de lo que están haciendo. Tampoco aceptan mi guía. Y Jaevis no pretende enseñarles a trabajar en grupo.
Estamos tan destinados al fracaso como Dhaerrow con sus locas ideas de atacar al enjambre sin preparación alguna.

A veces me pregunto si el Viejo Pezuña y Cuerno no pondrá estas dificultades en el camino sólo para ensalzar y realzar cada uno de los placeres que luego otorga en tiempos más tranquilos.
¿Será que tengo razón, querido y futuro lector?

Ah, pero cómo olvidar, el apoyo que se está brindando al aprendiz Ilmthel con su investigación del druida muerto... o la obra de teatro en la que me contrataron para interpretar un villano. ¿Quizás así entiendan más lo poco que se ha de bromear con lo peligroso?
Sólo la muerte parece a veces darle suficiente temor, y en ella, no encuentran sino la paz de los pensamientos caóticos y erráticos que inundan sus mentes.


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LucienThorns

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Entrada XXIII: "Puede haber un gran fuego en nuestra alma, pero nadie viene a calentarse con él, y los transeúntes sólo ven una voluta de humo que sale de la chimenea y siguen su camino."​

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Ah, querido diario, tiempo ya desde que decidí escribir en ti. ¿Qué tipo de secretos guardarás hoy para mi?
La respuesta son muchos, porque no han sido pocas las cosas que he realizado, y mucho menos aún han sido pocas las veces que nos hemos fardado de la falta de acción de otros en donde nosotros salimos victoriosos.

Pero hemos de recurrir a lo importante. Lo primero que relataré será mi propia incapacidad de realizar el gran acto sobre la feria del Muranndin que tenía en mente, quería dar un discurso pero me fue imposible por cuestiones que me obligaron a realizar un breve viaje por Calimshan.
¿Y qué buscaba en ese viaje, se preguntará un lector futuro cuando descubran este libro lleno de intrigas y verdades a medias? La bendición del Viejo Pezuña y Cuerno. Información. Me dediqué a investigar un ritual que se ha realizado para buscar invocar un tipo especial de ser de los planos inferiores.

El lado positivo es que mi búsqueda fue fructífera y no demoré demasiado en volver a nuestro querido Muranndin para continuar con lo que más atañaba a mis propios deberes para con el Cónclave y también con nuestros inicios del Péndulo de Mercurio; ya que pese a mi ausencia en el evento nuestra pequeña casa comercial tuvo la confianza de participar a través de las acciones de Avlora y personalmente ayudé a capturar varias de las criaturas a las que se enfrentaron.

Lo próximo que el destino trajo hacia mi sin embargo fue... doloroso y vergonzoso, una derrota a manos del conocido Enjambre que nos obligó a alejarnos completa y totalmente de la zona. Fuimos retirados, acabados, completamente derrotados y con la incapacidad de hacer mucho más. No mucho antes habíamos tenido una apabullante victoria contra el Enjambre y también los enanos para el encargo del maestro Sidenbowe, por lo que algo me indica que se fortalecieron en ese tiempo.
Eso sólo significa que nuestro avance y crecimiento es menor al de ellos, inaceptable.


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Dejando de lado la posibilidad de usar diferentes compuestos químicos para realizar explosiones más grandes, o polvo gnómico como usaron los malditos enanos, sólo restaron unos días de regocijo en los que participé de varios eventos curiosos que tuvieron lugar en Caravasar. Cada uno de ellos más magnífico que el anterior, aunque no pude ganar el primer lugar en ninguno.
En el bazar que abrieron, al menos, logramos hacernos con un buen ingreso a raíz de la venta de esclavos y comida. Aunque aún me pregunto de qué servirá esa bendición del fuego que recibí.

Muy a mi pesar, he de decir también, perdí en el torneo que se realizó en Caravasar. Sólo quedando en tercer lugar y aún temiendo que mis rodillas tiemblen ante escuchar el nombre de aquella celestial que luchó contra nosotros; Cassiel.
Al menos aún mantengo el martillo que ganamos en la competencia de Kazad Gromdal gracias a la artesanía de Jaevis. No puedo negar que siento envidia del premio que recibieron algunos, la jodida inmortalidad.

Todo esto sólo aconteció para llevarme a Amn nuevamente, en un agradecimiento por haber acabado con aquello que había aquejado la mascarada en el pasado. Me dieron un podio y pensé, ¿cómo no aprovecharlo? Dejando entrever en un discurso breve que intentaba convencer a la gente de que se retirase de esa ciudad y que el Muranndin ofrecía más crecimiento. Pero estoy seguro que escapó para muchos.

Poco más que esto hay que relatar hasta la fecha, querido diario. Puesto que durante una temporada me pasé mucho tiempo en las bibliotecas del Cónclave Negro indagando por si habría más información sobre el mismo ritual que pretendía realizar desde hace tiempo y perfeccionando la fórmula que usaré a futuro con el maldito enjambre.
Haré arder a esas criaturas en las llamas de cada uno de los infiernos si tengo oportunidad.


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LucienThorns

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Entrada XXIV: "El crimen más grande que puede cometerse contra cualquier ciudadano es negarle aquello que lo emancipe de la miseria y la excomunión."​

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He vuelto a construir una filacteria.

El proceso me ha dejado exhausto, pero también lleno de ese tipo de satisfacción que sólo conocen los verdaderos artesanos de la muerte. Esta noche, bajo la Torre Negra, en las entrañas del Imperio, he tenido el honor —y el peso— de dar forma al receptáculo que contendrá la eternidad de un alma. Talkorion, clérigo del Tirano, ha sido el elegido. El que ha dado el paso.

La sala de rituales estaba dispuesta con precisión quirúrgica. Las antorchas carmesíes apenas osaban iluminar los tapices y el altar de ónice, que parecía beberse toda la luz. La atmósfera era densa. Ni siquiera los no-muertos, tan ajenos a la vida, estaban libres de sentir la gravedad del momento.

Revisé los componentes, uno a uno. El altar, la seda negra, los artefactos. Mi mente repasaba fórmulas y medidas repasando venenos. Apreté las manos, recordando cuando preparé los venenos del antiguo Ceniza. No debía haber errores.

Tomé la caja de madera de ónice. La tallé hasta que su superficie no ofrecía imperfección alguna, y sobre ella, con mis propios grabados, inscribí las runas profanas. Cada trazo canalizaba el conocimiento de generaciones muertas, el eco de voces que ya no deberían hablar. La caja absorbía la luz. Casi parecía viva. Sabía que estaba haciendo historia. Y no sería la última vez.

Talkorion recitó las palabras. Las runas ardieron.

La voz… esa voz que respondió desde más allá del velo no era de este plano. Era el grito de una autoridad que ni los vivos ni los muertos pueden comprender del todo. Los demás sintieron el peso. Yo me concentré. Que se estrellaran las antorchas si debían, que los demás temblaran. Mi labor no lo permitiría.

Él bebió el veneno.

Vi cómo descendía por su garganta. Cómo su cuerpo perdía el color, la rigidez, la voluntad de mantenerse vivo. Cayó. Inmóvil. Mientras los nigromantes continuaban sus cánticos, yo anoté cada paso. Comparé con mis notas anteriores. Observé las variaciones. Esta conversión era distinta. Más estable. Más... pulcra.

Las horas pasaron. Lo admito: incluso yo llegué a dudar.

Hasta que se movió.

Un dedo. Una pierna. Y luego, los ojos. Ya no eran suyos. No eran ojos humanos. Eran brasas verdes, como esmeraldas malditas, ardiendo en la oscuridad. Su cuerpo ya no era carne, ni siquiera cadáver. Era una forma nueva. Compacta. Eficiente. Profana.

Renacido.

Con paso firme se sentó en el altar. Yo apenas asentí, satisfecho. Cumplí. Y lo anoté todo. Porque si alguien habrá de construir la próxima, será probablemente yo. Y será mejor.

Por la eternidad.
 
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