eofolt
Seguidor del Podcast de Karonte
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El joven Christian Laestar, observaba desde la ventana de una de las habitaciones del local “Las Cinco Jarras” como un sin fin de personas iban de un lado a otro por las diferentes calles que estaban a la vista desde su ventana. Para los ciudadanos de la capital, esta cantidad de personas será algo habitual pero para un joven oriundo de una pequeña comunidad de granjeros como Christian, era algo sorprendente - ¿A cuantas de esas personas podré conocer? ¿Qué historias y vivencias tendrán que contar? ¿Cómo lo hacen para aguantar el frenético día a día de la capital? ¿Encontraré lo que he venido a buscar entre estas personas? - Muchos eran los pensamientos que invadían al joven según observaba tranquila y curiosamente a la gente pasar, pero al poco y acompañado de un largo suspiro el joven reparó en el pequeño escritorio de la habitación donde reposaban algunos pergaminos y un tintero, y sabía que había llegado la temida hora de escribir sus pensamientos y vivencias. Lo había estado postergando siempre que podía pero tras ciertas aventuras y experiencias que ha tenido desde que llegó a la capital, es mejor hacerlo mientras aún se pueda…
Tras no pensarlo demasiado, ya que de hacerlo lo mismo se iba directamente a dormir, el joven se acomodó y armado con pluma, tintero y pergamino comenzó con la ardua tarea de plasmar sus pensamientos en los pergaminos que conformarían su propio diario.
No soy un buen escritor, pero creo que será buena idea escribir mis vivencias y pensamientos, para si en algún momento durante mi viajes me pierdo a mi mismo. - Musitó el joven mientras comenzaba a escribir.
Para aquel que encontrara estos escritos, debe saber que su propietario y creador es Christian Laestar hijo de Diana Laestar y Wilfred y hermano de cuatro agotadoras harp… *Parece que Christian tachó la palabra por miedo a que el diario pudiera caer en manos de las harpías de sus hermanas* bellas, recatadas y agradables hermanas.
Antes de decidir echarme a los caminos como un humilde aventurero trabajé como granjero en las tierras familiares, y debo decir que mi vida ha sido plácida, nunca me ha faltado sustento y tengo una familia a la cual aprecio con todo mi ser, lo único que no hecho en falta son las inacabables jornadas de trabajo en las tierras familiares. Aunque, por otro lado la vida del aventurero es bastante peligrosa y en ocasiones solitaria, pero supongo que todo tiene su parte positiva y su parte negativa, y debo decir que no me arrepiento de mi decisión de convertirme en aventurero, pues desde que me eché a los caminos no he parado de aprender, tener vivencias únicas y conocer a gente singular que jamás habría conocido de otra forma.
Aún recuerdo mis inicios por la Ciudad de la Moneda, quedé asombrado al ver los altos muros de la ciudad, el imponente portón abierto de par en par que me invitaba a acceder a la capital del reino, y la enorme cantidad de variopintas personas que entraban y salían de esta, no podía esperar a entrar en la ciudad y dedicarme a recorrerla en su totalidad, pero justo cuando iba a acercarme a los guardias para que me permitieran el paso, un anciano parecía llamarme en la distancia y hacerme gestos con las manos para que me acercara, al principio pensé que se confundía de persona, pero cuando dijo – Tú, el joven pálido del sombrero. - vi que de los presentes yo era el único que cumplía esa descripción, así que me acerqué a ver que necesitaba este anciano. Al poco de acercarme, este me dijo que le siguiera y nos fuimos acercando a un almacén un tanto descuidado y viejo que decía ser de su propiedad, cuando estábamos frente a la puerta de su almacén me dijo – Necesito de un joven fuerte y capaz para una tarea, no te preocupes muchacho te pagaré bien, lo haría yo mismo...Pero ya estoy demasiado mayor. - En ese momento, pensé que sería mi primer trabajo como aventurero y la verdad no me vendría nada mal pues el viaje había sido largo y costoso, y unas monedas me ayudarían a no tener que dormir en una cuadra o a la intemperie, así que le sonreí y le dije pensando que sería una tarea digna de un aventurero - ¡Por supuesto buen hombre! Ha dado con la persona indicada, dígame, ¿Qué difícil tarea que haga por usted? ¿Unos trasgos le han robado algo? ¿Su nieta ha desaparecido? - Pero mis expectativas se hicieron añicos cuando el anciano negó con firmeza y me dijo – No, nada de eso joven, solo necesito alguien que se haga cargo de los roedores que agujerean mis sacos de grano. - Pobre de mi, pensé que había sido seleccionado para una tarea singular por mis habilidades, pero cualquier joven armado con un palo podría haberse hecho cargo de esta tarea...Pero, el trabajo es trabajo, y el dinero ganado honradamente es el que mejor se asienta en la bolsa, y debo añadir que esos roedores eran enormes y agresivos pero no dejé que se escapara ni uno, aunque si vuelvo a casa, omitiré mentar esta tarea como mi primer trabajo como aventurero, ya que quisiera evitar que mis hermanas hicieran mofa de esto, pues su crueldad no conoce límites.
Tras la victoriosa cruzada contra los roedores del almacén preferí postergar mi entrada a la capital hasta el día siguiente, y pensé que así podría aprovechar para conocer las inmediaciones de la capital. Así que marché hacia el este, y cuando dejé atrás un punto de vigilancia de la guardia de Amn, me topé con un pequeño riachuelo donde había una anciana junto con una adolescente y una infante, las tres se encontraban metidas en el riachuelo hasta las rodillas y parecían discutir por algún motivo, al pasar les dedique un saludo y entonces la anciana me miró y rápidamente salió del agua mientras decía en voz alta – Disculpad joven, necesitaría de vuestra ayuda – Al escucharla no me quedó más remedio que detener mi marcha y acercarme, la anciana me dedicó una afable sonrisa y cuando dijo – Necesito de un jovencito fuerte como tú...- En ese momento no pude evitar recordar la reciente cruzada contra roedores y la tuve que interrumpir – Disculpe señora...¿No tendrá nada que ver con roedores verdad? - La anciana se mostró un tanto desconcertada, pero negó con la cabeza y ya me explicó que necesitaba unos caracoles especiales que solo crecían en unos arbustos cercanos por que a una de sus nietas se le escurrió y la corriente se lo llevo, al parecer los necesitaba con urgencia y no iba a negar mi ayuda a una anciana...Aunque cuando me alejé para ir a buscar los dichosos caracoles no pude evitar suspirar y pensar que tal vez ser aventurero no era lo que yo creía.
Así fue como la búsqueda de los caracoles comenzó, marché por la carretera siguiendo las indicaciones de unos enanos comerciantes que hay junto al río para no perderme, y pensé que esto no me llevaría demasiado, a fin de cuentas, ¿Cuál complicado sería encontrar unos caracoles que no deberían importarle a nadie? Pues de nuevo el buen Christian se equivocó, por que no no solo no encontró un solo y misero caracol si no que le tocó alejarse del camino, donde caracoles no vi ni uno pero trasgos y bandidos que querían robarme y/o matarme si que encontré y en abundancia, en esos momentos agradezco las agotadoras y duras lecciones de esgrima de mi padre...Lo único bueno que puedo destacar de esto, es que cuando estaba por dar por imposible la búsqueda del caracol, me topé con dos personas que no solo no querían robarme y/o matarme, si no que de buen grado me ayudaron y debo decir que fueron muy amables conmigo, una de ellas era la señorita Shiphae una culta y habilidosa elfa lunar (Eso pensaba en aquel momento, por su tono de piel y elegancia) la cual no era ni más ni menos que magistrada de Amn, y la otra era la señorita Velatha una afable elfa con una gran habilidad con el arco, así como bastos conocimientos del bosque, con ella al lado seguro que no te pierdes en un frondoso bosque. Ambas tomaron su preciado tiempo para ayudar a un desconocido como yo, ayudándome en la búsqueda del caracol así como también dedicándome algunos buenos consejos, siempre les estaré agradecido por ello. Aunque, por desgracia ni con su valiosa ayuda pudimos dar con el caracol, pero no teman esta búsqueda tuvo un buen final unos días más tarde donde al fin pude encontrar al dichoso caracol…
De repente, alguien parece llamar a la puerta de la habitación y el joven Christian guardó los pergaminos y se encaminó a abrir, dejando la continuación de sus memorias para otro día.
Tras no pensarlo demasiado, ya que de hacerlo lo mismo se iba directamente a dormir, el joven se acomodó y armado con pluma, tintero y pergamino comenzó con la ardua tarea de plasmar sus pensamientos en los pergaminos que conformarían su propio diario.
No soy un buen escritor, pero creo que será buena idea escribir mis vivencias y pensamientos, para si en algún momento durante mi viajes me pierdo a mi mismo. - Musitó el joven mientras comenzaba a escribir.
Para aquel que encontrara estos escritos, debe saber que su propietario y creador es Christian Laestar hijo de Diana Laestar y Wilfred y hermano de cuatro agotadoras harp… *Parece que Christian tachó la palabra por miedo a que el diario pudiera caer en manos de las harpías de sus hermanas* bellas, recatadas y agradables hermanas.
Antes de decidir echarme a los caminos como un humilde aventurero trabajé como granjero en las tierras familiares, y debo decir que mi vida ha sido plácida, nunca me ha faltado sustento y tengo una familia a la cual aprecio con todo mi ser, lo único que no hecho en falta son las inacabables jornadas de trabajo en las tierras familiares. Aunque, por otro lado la vida del aventurero es bastante peligrosa y en ocasiones solitaria, pero supongo que todo tiene su parte positiva y su parte negativa, y debo decir que no me arrepiento de mi decisión de convertirme en aventurero, pues desde que me eché a los caminos no he parado de aprender, tener vivencias únicas y conocer a gente singular que jamás habría conocido de otra forma.
Aún recuerdo mis inicios por la Ciudad de la Moneda, quedé asombrado al ver los altos muros de la ciudad, el imponente portón abierto de par en par que me invitaba a acceder a la capital del reino, y la enorme cantidad de variopintas personas que entraban y salían de esta, no podía esperar a entrar en la ciudad y dedicarme a recorrerla en su totalidad, pero justo cuando iba a acercarme a los guardias para que me permitieran el paso, un anciano parecía llamarme en la distancia y hacerme gestos con las manos para que me acercara, al principio pensé que se confundía de persona, pero cuando dijo – Tú, el joven pálido del sombrero. - vi que de los presentes yo era el único que cumplía esa descripción, así que me acerqué a ver que necesitaba este anciano. Al poco de acercarme, este me dijo que le siguiera y nos fuimos acercando a un almacén un tanto descuidado y viejo que decía ser de su propiedad, cuando estábamos frente a la puerta de su almacén me dijo – Necesito de un joven fuerte y capaz para una tarea, no te preocupes muchacho te pagaré bien, lo haría yo mismo...Pero ya estoy demasiado mayor. - En ese momento, pensé que sería mi primer trabajo como aventurero y la verdad no me vendría nada mal pues el viaje había sido largo y costoso, y unas monedas me ayudarían a no tener que dormir en una cuadra o a la intemperie, así que le sonreí y le dije pensando que sería una tarea digna de un aventurero - ¡Por supuesto buen hombre! Ha dado con la persona indicada, dígame, ¿Qué difícil tarea que haga por usted? ¿Unos trasgos le han robado algo? ¿Su nieta ha desaparecido? - Pero mis expectativas se hicieron añicos cuando el anciano negó con firmeza y me dijo – No, nada de eso joven, solo necesito alguien que se haga cargo de los roedores que agujerean mis sacos de grano. - Pobre de mi, pensé que había sido seleccionado para una tarea singular por mis habilidades, pero cualquier joven armado con un palo podría haberse hecho cargo de esta tarea...Pero, el trabajo es trabajo, y el dinero ganado honradamente es el que mejor se asienta en la bolsa, y debo añadir que esos roedores eran enormes y agresivos pero no dejé que se escapara ni uno, aunque si vuelvo a casa, omitiré mentar esta tarea como mi primer trabajo como aventurero, ya que quisiera evitar que mis hermanas hicieran mofa de esto, pues su crueldad no conoce límites.
Tras la victoriosa cruzada contra los roedores del almacén preferí postergar mi entrada a la capital hasta el día siguiente, y pensé que así podría aprovechar para conocer las inmediaciones de la capital. Así que marché hacia el este, y cuando dejé atrás un punto de vigilancia de la guardia de Amn, me topé con un pequeño riachuelo donde había una anciana junto con una adolescente y una infante, las tres se encontraban metidas en el riachuelo hasta las rodillas y parecían discutir por algún motivo, al pasar les dedique un saludo y entonces la anciana me miró y rápidamente salió del agua mientras decía en voz alta – Disculpad joven, necesitaría de vuestra ayuda – Al escucharla no me quedó más remedio que detener mi marcha y acercarme, la anciana me dedicó una afable sonrisa y cuando dijo – Necesito de un jovencito fuerte como tú...- En ese momento no pude evitar recordar la reciente cruzada contra roedores y la tuve que interrumpir – Disculpe señora...¿No tendrá nada que ver con roedores verdad? - La anciana se mostró un tanto desconcertada, pero negó con la cabeza y ya me explicó que necesitaba unos caracoles especiales que solo crecían en unos arbustos cercanos por que a una de sus nietas se le escurrió y la corriente se lo llevo, al parecer los necesitaba con urgencia y no iba a negar mi ayuda a una anciana...Aunque cuando me alejé para ir a buscar los dichosos caracoles no pude evitar suspirar y pensar que tal vez ser aventurero no era lo que yo creía.
Así fue como la búsqueda de los caracoles comenzó, marché por la carretera siguiendo las indicaciones de unos enanos comerciantes que hay junto al río para no perderme, y pensé que esto no me llevaría demasiado, a fin de cuentas, ¿Cuál complicado sería encontrar unos caracoles que no deberían importarle a nadie? Pues de nuevo el buen Christian se equivocó, por que no no solo no encontró un solo y misero caracol si no que le tocó alejarse del camino, donde caracoles no vi ni uno pero trasgos y bandidos que querían robarme y/o matarme si que encontré y en abundancia, en esos momentos agradezco las agotadoras y duras lecciones de esgrima de mi padre...Lo único bueno que puedo destacar de esto, es que cuando estaba por dar por imposible la búsqueda del caracol, me topé con dos personas que no solo no querían robarme y/o matarme, si no que de buen grado me ayudaron y debo decir que fueron muy amables conmigo, una de ellas era la señorita Shiphae una culta y habilidosa elfa lunar (Eso pensaba en aquel momento, por su tono de piel y elegancia) la cual no era ni más ni menos que magistrada de Amn, y la otra era la señorita Velatha una afable elfa con una gran habilidad con el arco, así como bastos conocimientos del bosque, con ella al lado seguro que no te pierdes en un frondoso bosque. Ambas tomaron su preciado tiempo para ayudar a un desconocido como yo, ayudándome en la búsqueda del caracol así como también dedicándome algunos buenos consejos, siempre les estaré agradecido por ello. Aunque, por desgracia ni con su valiosa ayuda pudimos dar con el caracol, pero no teman esta búsqueda tuvo un buen final unos días más tarde donde al fin pude encontrar al dichoso caracol…
De repente, alguien parece llamar a la puerta de la habitación y el joven Christian guardó los pergaminos y se encaminó a abrir, dejando la continuación de sus memorias para otro día.