Wallack
Pornorroleador en sequía
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Alas de libertad
Desde pequeño he sufrido las burlas de la gente por ser distinto a los demás. El plateado color de mi pelo y las alas no ayudan a crecer en un mundo donde se teme a lo diferente. Donde la burla es un escudo ante el miedo. Pero no puedo culpar sino sentirme apenado por ellos.
Eso me marcó bastante de pequeño, obligándome a recluirme en casa por miedo a seguir sufriendo. Sin embargo ayudó a moldear mi personalidad. Aquello que antes me dolía, ahora es una coraza. Antes me afectaba, me dolía, ahora, me hace sentir lástima y cierta pena por quién en lugar de respetar, ataca ante el miedo o la envidia.
Por este motivo, vagué por Faerun tras abandonar Cormyr en busca de, ¿tal vez aventuras? ¿o quizás un sitio en el que encajar? pero seguro ayudar a los demás. Resolver entuertos, apoyar al débil y aplicar justicia.
Durante un tiempo trabajé ayudando mercaderes y sus caravanas. Defendiendo a nobles que necesitan ayuda y ayudando allá donde fuera. Pero durante todo este tiempo, como errante caballero, no logré encontrar un sitio en el que encajase. Hasta que llegué a Amn.
Al poco de llegar a la capital, la ciudad de la moneda, pude encontrarme a un mestizo elemental, un genasí de fuego. Encontré semiorcos y semielfos. También he conocido otra aasimar, diría como yo pero somos realmente muy diferentes en cuanto a rasgos. Un kenku llamado Graznido. En definitiva, he encontrado gentes de muchos trasfondos diferentes y donde antes realmente destacaba, aquí casi paso desapercibido.
Casi, porque por supuesto siempre están las burlas motivadas principalmente por la envidia y el miedo a lo desconocido, pero no me afectan, y además, me ayudan a conocer más a las personas. Entre ellas, los miembros de la Orden del Radiante Corazón, que, junto a sus aliados, acabaron con un grupo de alzados en el camposanto de la capital. Allí estuve yo, ayudando en lo que pude, pero dándome cuenta de que no soy el héroe que creía ser al lado de tan grandes personalidades.
Todo esto me ha hecho ser más humilde. Me consideraba una creación divina, un milagro, destinado a impartir justicia y el bien allá dónde fuese, pero me he dado cuenta que no soy más que otro más en un mar de gentes. Estoy destinado para algo grande, lo sé, lo siento dentro de mi, corre por mis venas, pero va a ser un camino largo, duro y lleno de desafíos que me encargaré de superar.
Creo que la llegada a esta ciudad, donde me establezco y ayudo todo lo que puedo, ha sido una buena idea, tal vez de lo mejor que me ha podido pasar hasta ahora. Aquí encajo mejor de lo que pensaba, he conocido a gente extraordinaria y puedo aprender allá donde mire porque siempre hay alguien dispuesto a enseñar.
Gracias por acogerme Athkatla. Gracias por darme alas de libertad.
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