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Diario de Dominic Brightsoul

Wallack

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Alas de libertad​

Desde pequeño he sufrido las burlas de la gente por ser distinto a los demás. El plateado color de mi pelo y las alas no ayudan a crecer en un mundo donde se teme a lo diferente. Donde la burla es un escudo ante el miedo. Pero no puedo culpar sino sentirme apenado por ellos.

Eso me marcó bastante de pequeño, obligándome a recluirme en casa por miedo a seguir sufriendo. Sin embargo ayudó a moldear mi personalidad. Aquello que antes me dolía, ahora es una coraza. Antes me afectaba, me dolía, ahora, me hace sentir lástima y cierta pena por quién en lugar de respetar, ataca ante el miedo o la envidia.

Por este motivo, vagué por Faerun tras abandonar Cormyr en busca de, ¿tal vez aventuras? ¿o quizás un sitio en el que encajar? pero seguro ayudar a los demás. Resolver entuertos, apoyar al débil y aplicar justicia.

Durante un tiempo trabajé ayudando mercaderes y sus caravanas. Defendiendo a nobles que necesitan ayuda y ayudando allá donde fuera. Pero durante todo este tiempo, como errante caballero, no logré encontrar un sitio en el que encajase. Hasta que llegué a Amn.

Al poco de llegar a la capital, la ciudad de la moneda, pude encontrarme a un mestizo elemental, un genasí de fuego. Encontré semiorcos y semielfos. También he conocido otra aasimar, diría como yo pero somos realmente muy diferentes en cuanto a rasgos. Un kenku llamado Graznido. En definitiva, he encontrado gentes de muchos trasfondos diferentes y donde antes realmente destacaba, aquí casi paso desapercibido.

Casi, porque por supuesto siempre están las burlas motivadas principalmente por la envidia y el miedo a lo desconocido, pero no me afectan, y además, me ayudan a conocer más a las personas. Entre ellas, los miembros de la Orden del Radiante Corazón, que, junto a sus aliados, acabaron con un grupo de alzados en el camposanto de la capital. Allí estuve yo, ayudando en lo que pude, pero dándome cuenta de que no soy el héroe que creía ser al lado de tan grandes personalidades.

Todo esto me ha hecho ser más humilde. Me consideraba una creación divina, un milagro, destinado a impartir justicia y el bien allá dónde fuese, pero me he dado cuenta que no soy más que otro más en un mar de gentes. Estoy destinado para algo grande, lo sé, lo siento dentro de mi, corre por mis venas, pero va a ser un camino largo, duro y lleno de desafíos que me encargaré de superar.

Creo que la llegada a esta ciudad, donde me establezco y ayudo todo lo que puedo, ha sido una buena idea, tal vez de lo mejor que me ha podido pasar hasta ahora. Aquí encajo mejor de lo que pensaba, he conocido a gente extraordinaria y puedo aprender allá donde mire porque siempre hay alguien dispuesto a enseñar.

Gracias por acogerme Athkatla. Gracias por darme alas de libertad.
 
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El Rey de las ratas​

Hace unas lunas me encontré con un desconocido que resultó llamarse Jack. Me enseñó sus habilidades, puede cambiar de forma casi a placer, tanto, que se convirtió en un reflejo de mi mismo. Por un momento me entraron dudas, qué belleza tenía delante.

Tras una larga conversación partimos hacia el sur, donde unos hombres rata habitan según los rumores. En el camino nos encontramos con la maestre Sheela y Ecthelion, Stoya, una preciosidad de mujer, así como también un tipo de negro, un jinete llamado Horatio y un buen maese llamado Tagnar.

Antes de llegar a la entrada de la senda hacia la cueva de los lobos del sur, pudimos ver entre los arbustos un hombre rata portando dos puñales y de intensos ojos rojos. Jack, con sus habilidades, tomó su misma forma y trató de dialogar. El hombre rata instaba a matarnos y entregarnos al señor, mientras Jack trataba de persuadirle en no hacerlo.

Cuando nos quisimos dar cuenta, mi espada estaba desenvainada y estábamos cargando contra ellos. Dos hombres rata super escurridizos. Stoya lanzaba conjuraciones que desconozco mientras Horatio cargaba aquí y allá tratando de derribarles y consiguiéndolo en más de una ocasión. Ecthelion y yo combatíamos contra uno mientras Sheela se ocupaba de otro.

Tras un corto pero intenso combate, escuchamos como unos ruidos se dirigían hacia el interior de la cueva. Decidimos seguir, pues aventureros suelen visitar esta zona y sería un peligro dejar todo desatendido. Son una amenaza, claramente, para la ciudad. Avanzamos hacia el interior de la cueva y apenas pudimos prepararnos, pues una segunda batalla comenzó.

Dos hombres ratas, armados con sendos puñales se acercaron a nosotros mientras dos arqueros permanecían atrás. No recuerdo mucho del combate, Jack cayó al suelo, Sheela también y si yo no lo hice fue puramente por suerte. Pude apartarme a tiempo o quizás Sheela les entretuvo bastante.

Tras acabar con esas amenazas decidimos volver, no era seguro seguir adelante, debemos informar a la guardia para que vigile el lugar mientras organizamos un grupo lo suficientemente selecto para poder averiguar qué está pasando ahí dentro. Es mi deber ayudar a solucionar estos problemas y asegurar que la paz sigue en este lugar.

Todo lo acontecido me ha hecho pensar. He llegado a Amn creyéndome, tal vez, más especial de lo que realmente soy. Había oído escuchar hablar de la Orden pero ¿convertirme en escudero? ¿yo? ¿Un caballero de Tyr reducido a escudero? Ese era mi pensamiento, al menos, antes. Sin embargo, tras conocer más a Sheela y ver su entrega y dedicación, tal vez, convertirme en su escudero no sea degradarme, sino un honor. Uno de los más grandes.

Ahora debo pensar, no es fácil tomar una decisión así sin más. Por lo pronto, trataré de encontrar un grupo de gente dispuesto a ayudar a seguir adelante en la investigación y averiguar qué diantres ocurre con esos asquerosos hombres rata. No me disgusta su mestizaje, sino su maldad.

Acabaré con el Rey de las ratas.

// perdonad si me dejé algún nombre
 
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Escudero de Tyr​

Llegué a Amn en mi búsqueda de entuertos que resolver e injusticias que solucionar. Pero lo hice con la idea de pasar y seguir adelante en esa interminable búsqueda de justicia divina.

Aquí conocí a la Orden del Radiante Corazón y había quién me preguntaba si me uniría. Mi respuesta, siempre, un tajante no. Una Orden me frenaría, me cortaría las alas.

¡Qué equivocado estaba!

Tras combatir codo con codo con Sir Ecthelion, entonces escudero y la maestre Sheela, me di cuenta de cuánto tengo que aprender. Pensaba que era un ser celestial superior al resto, pero ellos, simples humanos, como algún engreído diría, me dieron una lección de humildad.

No por no ser humilde, si no por pensar que soy algo que no soy. Por eso, tras combatir a su lado, pude ver cómo son realmente. Cómo están dispuestos a todo con tal de ayudar.

¿Por qué no me uniría a la orden? Quieren lo mismo que yo, siempre será mucho más fácil conseguirlo si lo hago con ellos, que intentándolo por mi mismo.

Por eso hablé con la maestre, y ella me aceptó.

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Viajamos a Nashkel, a una fuente ceremonial y allí dialogamos sobre qué es lo que significa formar parte de la Orden. De cómo puedo ayudar y de cuál es mi visión.

Y allí mismo, tras beber de la fuente, la maestre Sheela me nombró Escudero del Radiante Corazón.

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No tengo todavía asignado a ningún caballero de quién ser su escudero. Mi mayor honor sería el serlo de la propia maestre, pero en realidad, cualquier caballero que me acoja bajo su manto será suficiente para crecer, aprender y pronto, ser un caballero más. Un Caballero de Tyr.

Tras el nombramiento, volvimos a Mínsor y nos separamos, pues la maestre es una persona muy ocupada y yo, quería conocer más la ciudad y patrullar los alrededores.

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Entré en una cueva cercana, que ya habíamos visitado, pero de la que la muerte emana constantemente. Allí me enfrenté a diferentes alzados, tratando de liberar el lugar.

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- Yo os expulso de esta tierra! - Grité mientras el eco hacía que mi mensaje retumbara en toda la estancia.

Sin embargo, se mantenían en silencio. Los cadáveres reanimados se movían torpemente pero lanzaban peligrosos golpes que conseguía detener gracias a mi espada. Algunos impactaban en el escudo.

Las antorchas que iluminan los pasillos de la tenebrosa gruta crepitaban y creaban fantasmagóricas formas en las paredes mientras nos movíamos en un baile de combate a muerte.

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- Yo os perdono. Ahora descansad. - Grité mientras acababa con uno de los alzados.

El combate fue agotador, aquellos alzados aparecían de cualquier parte. De la misma oscuridad. Dudé si alguien los estaba controlando directamente o si, vagaban, restos de alguna conjuración ya olvidada, por los interiores de la cueva.

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La lucha por la vida y la luz fue agotadora, pero tuvo su recompensa. Un corte en el rostro que sanará pronto, algunas costillas entumecidas que durante unos días me recordarán lo que es ser escudero. Pero también un montón de alzados que ya no molestarán a nadie.

Me doy por satisfecho, por ahora. Pero cada vez me exigiré más.

Creo que he tomado la decisión correcta uniéndome a la Orden. Conseguiré más junto a ellos. También creceré más. Espero un día poder aportar tanto como ellos hacen.

Llegué presentándome como Caballero de Tyr. Qué equivocado estaba. Ahora despido estas líneas como Escudero de Tyr.
 
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Años de soledad
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No me reconozco. Miro estos años atrás y no me reconozco. No es propio de mi hacer lo que hice. Me avergüenzo de haber dejado este diario tan vacío y sin uso y por haber abandonado Amn sin despedirme.

La verdad es que todo comienza como comienzan las historias de los héroes. Con una carta y una desgracia en su interior. Mis padres habían enfermado. Ambos, casi al mismo tiempo, ya bastante mayores, sin su único hijo junto a ellos. Por eso, abrir esa carta, se sintió como una puñada en mi corazón. Dejé todo y volví al viejo hogar tan raudo como pude. Tan solo dejé una nota de despedida. Pero siendo un recien llegado a Amn no significaría mucho, no tenía vínculos con nadie.

Tomé mi corcel y marché rumbo a Cormyr. A Suzail, su capital, donde al llegar, el frio viento del ambiente me golpeó en el rostro, pero eso era nada frente a cuando la nostalgia y los recuerdos me golpearon de frente. Casi caigo del caballo.

Las calles estaban cambiadas, también sus gentes, pero al mismo tiempo, todo seguía igual. Eso me permitió llegar pronto al viejo y humilde hogar familiar donde entre miradas furtivas por mi ajena apariencia entré como si nunca hubiera salido.

Las maderas crujían al andar y un metálico cubo ensordecía la estancia con su tintineo constante por las goteras que atravesaban la techumbre. Las toses componían una lúgubre melodía que enturbiaban el lugar al juntarse con las fantasmagórias formas que se creaban por las sombras de las velas que iluminaban la habitación donde mis padres yacían.

Al entrar, las toses cesaron y sus ojos se abrieron de par en par. Intentaron hablar pero con un gesto de mi mano guardaron silencio. No era necesario que gastaran fuerzas. Me acerqué, me coloqué a su lado y nos dimos la mano.

Estuvimos varias horas hasta que noté como la mano de mi madre perdía fuerza en su agarre y, poco después, hacía lo mismo la mano de mi padre. Hacía ya un rato que el único sonido que había en la vieja casa venía del cubo ya lleno de agua que trataba de solucionar, de manera temporal, el problema de las goteras. Ni si quiera la vela parecía moverse. El ambiente estaba cargado, casi lleno de muerte, pero al mismo tiempo, cálido y agradable. Tal vez el volver a estar en casa me hizo ver que hay mucho más donde estábamos que donde estaremos.

[...]

Después de un humilde y breve funeral común con otros recien fallecidos, fui a ver a Isaiah, quién en su día me introdujo al mundo de los dioses. Le entregué las llaves de la humilde casa familiar y sin mediar otra palabra, me marché.

Ese fue el día que me cambió. De esto han pasado ya varios años y desde entonces he estado vagando solo. Me he unido a grupos, he ayudado a gente, pero siempre me he sentido solo. Mis padres, mi hogar, era mi única constante en este mundo tan salvaje, tan extraño, tan ... ajeno. Y ahora, sin ellos, ando perdido sin rumbo fijo, sin saber que hacer.

Algo que tenía siempre tan claro, parece haberse esfumado. ¿Pero ha sido realmente así? ¿O es la primera vez que siento una pérdida real y por eso no he sabido reaccionar? Este no soy yo. De hecho creo que es la primera vez que estoy sintiendo miedo. Miedo a lo desconocido y a no saber qué hacer. Miedo a estar perdido y no encontrarme.

Por eso he vuelto a Amn, porque después de mi hogar, es el único sitio en el que me he encontrado. No sé si a mi mismo o simplemente no me sentía perdido. Pero estos años en soledad me han cambiado. Ya no soy la misma persona que antes y, en cierto modo, tampoco están las mismas personas que conocí. Pero es normal, el tiempo pasa para todos, y aunque pase de manera diferente para unos y otros, apenas formé ningún férreo vínculo. Creo que nunca quise hacerlo, y ahora me arrepiento.

Creo que debo empezar de cero, de nuevo en Amn, donde, tal vez, encuentre mi sitio, me encuentre a mi mismo y pueda encontrar una nueva constante en mi vida, un lugar que llamar hogar.
 
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Vergüenza

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Hoy, creo que por primera vez, he sentido vergüenza. Vergüenza de mi mismo. Pero creo que de aquí también podré aprender. Y con ello, crecer.

Hoy ha sido un día muy especial. No para mi, sino para quién pudo haber sido mi hermano. Hoy Karnes Hoja Mellada ha sido ascendido a Caballero de la orden. De esa orden de la que formé parte como escudero apenas unos meses. De aquella orden de la que me fui sin más que una mísera carta como despedida.

Y es que hoy, al llegar a Mísnor, un sentimiento de nostalgia me invadió. Pasé poco tiempo allí pero volver a ver sus calles, sus templos ... el castillo. Hizo que se me encogiera el corazón. ¿Cómo es posible? Apenas pasé tiempo aquí y sin embargo siento que es, ahora mismo, de donde pertezco. ¿Cómo puedo sentirme así por una tierra que no me acogió más de unas dekhanas?

Entrar al castillo fue un martirio. Una vergüenza para mi. El paso que di al cruzar el umbral de la puerta fue el más duro que di. Nunca una distancia tan corta me había costado tanto. Sentí que había decepcionado a mi familia, a mis antiguos compañeros, a Tyr. A mi mismo.

Pero es extraño. Ese sentimiento se desvaneció al entrar. Al ver las altas bóvedas de la estancia principal. Al ver que nadie se acordaba de mi a pesar, de bueno, ser tan distinto. No llegué a probar la llave de mi antigua habitación, sería una falta de respeto hacerlo. Pero la pregunta me invadió. ¿Seguiría funcionando? ¿Podría hacer como que el tiempo no ha pasado y sigo siendo un escudero?

Recorrí las escaleras y me senté al fondo de la sala donde se llevaba a cabo la ceremonia. Allí pude ver toda la escena imaginándome a mi en aquel lugar. Si estoy sintiendo todo esto ¿tendría sentido intentarlo otra vez? ¿debería decirles que fui un escudero y abandoné? aunque fuera por mis padres. No volví inmediatamente después. ¿Lo entenderían? Estoy en vuelto en dudas. En dudas y en vergüenza.

Estos últimos días desde mi vuelta a Amn estoy conociendo gente. Hay quienes me saludan por el nombre. Parece que vuelvo atrás en el tiempo y a la vez me siento desubicado. ¿Tal vez esa sea mi penitencia? ¿O tral vez no? ¿Debo arrancarme otra pluma para ello? Tyr sigue sonriéndome. Tal vez esto sean minucias para un dios pero es una enorme losa para un mero mortal.

¿Qué debo hacer? ¿Mirar al pasado y tratar de volver a la orden? ¿Seguir adelante y ver que me deparará el futuro? Tal vez necesite ayuda. Alguien que me escuche. ¿Pero quién? Estoy solo. Por ahora.

Cierro estas páginas con vergüenza y pesambre. Pero también con esperanza e ilusión.
 
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