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Diario de Kemper Banji

Orofea

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Día del Torneo (O Cómo Me Convertí en el Titán de la Arena)

Durei organizó un torneo de lucha. Sin reglas bien definidas, como me gusta.

Medio mundo vino a mirar desde las gradas. Vraask sentado junto a Kath poniéndole ojitos, intentando parecer interesante mientras ella brillaba como siempre, para mojar pan está la condenada. Fery estaba ahí con su presencia de paladín que ocupa demasiado espacio. Brizaelinth, la drow, observando con esa calma inquietante que tienen los de su raza. El Capitán Ewan -que estaba aún más taciturno de lo normal-, Eclipse con su séquito de encapuchados (Migajas y otros tipejos más que no merecen nombres), Bertrat mirándome de reojo, Calendil, Sylwen.
Durei pidió voluntarios para el primer combate.
Silencio absoluto.

Todos se miraban entre ellos esperando que otro fuera el valiente. Nadie quería ser el primero en bajar y potencialmente hacer el ridículo delante de tanta gente. Así que esperé unos segundos para ver si alguien más se movía, disfrutando del silencio incómodo.
Y entonces bajé yo.

Las gradas reaccionaron. Algunos aplausos. Más murmullos de "es muy pequeño" que elegí ignorar. Migajas, uno de los encapuchados de Eclipse, dijo: "A éste le puedo yo" y dio un paso adelante casi inmediatamente. Supongo que pensó que podría con un hin sin problemas. Error clásico.

Desenvainó dos espadas cortas con un floreo innecesario. Yo saqué mis kukris sin ceremonia. Durei dio la señal y empezamos.

No duró ni un minuto. Me moví rápido, esquivé su primer ataque que era demasiado amplio y predecible, entré por su lado descubierto y lo barrí. Cayó al suelo antes de poder siquiera intentar un segundo golpe.
Victoria limpia. Rápida. Profesional. Son muchos años ya dedicándome a esto.

Subí entre aplausos y palmadas en la espalda de Bertrat que me miraba con esa mezcla de orgullo y envidia que solo los primos tienen. Me senté a disfrutar mi victoria bebiendo una cerveza y al buscar el abrebotellas no que me faltaba mi esmeralda. Pequeña pero valiosa. "Se te habrá caído durante el combate", dijo Migajas.
Bajé a buscarla.

Migajas estaba ahí, y de repente dice que la ha "encontrado". La tenía en la mano. Mi esmeralda. Pero cuando le pedí que me la devolviera, se negó. El muy cabrón intentando quedarse con lo que era mío.
"Revancha entonces", dije, manteniendo la calma. "El ganador se queda la esmeralda."
Aceptó. Supongo que pensó que había tenido mala suerte la primera vez y que podría compensarlo. O quizá simplemente era demasiado orgulloso para devolverla sin intentarlo de nuevo.

Esta vez intentó ser listo. Se escondió entre las sombras usando habilidades mágicas (¡y eso que había acordado que no se podía!) y empezó a tirarme abrojos, esos clavos retorcidos que se supone que te ralentizan y te hacen daño si los pisas. Como si nunca hubiera visto abrojos antes. Como si no llevara años esquivando trampas peores.
Los evité sin esfuerzo, siguiendo sus movimientos torpes entre las sombras, y cuando vi su silueta me lancé directo hacia él. Lo pillé desprevenido. Lo tiré al suelo antes de que pudiera siquiera soltar otro puñado de abrojos.
Segunda victoria. Mi esmeralda de vuelta en mi bolsillo donde debía estar.

Las gradas estaban animadas ahora. Dos victorias contra el mismo tipo. Migajas se levantó despacio, claramente dolorido y más claramente humillado. Y entonces Bertrat se levantó de su asiento.
"Yo también quiero un turno", dijo.
Migajas parecía que quería negarse pero el orgullo es más fuerte que el sentido común. Bajó otra vez.

No voy a mentir, fue un poco triste de ver. Bertrat correteando con sus piernas cortas intentando mantener distancia mientras cargaba la ballesta una y otra vez. Pero funcionó. Le dio tres virotes buenos, sólidos, que hicieron que Migajas finalmente dijera basta y se retirara cojeando. No literalmente a su casa, pero espiritualmente ya estaba camino de lamerse las heridas y el orgullo en privado.
Dos Banji. Tres victorias totales contra el mismo pobre desgraciado. La familia quedó bien representada esta noche.

Luego vino el combate que todos esperaban. Eclipse contra Ewan. El jefe de los Ladrones de las Sombras contra el Capitán de la Guardia. Jefe de Migajas contra jefe de los Banji, técnicamente. Todos sabíamos cómo iba a terminar pero Eclipse tuvo las agallas de bajar de todas formas.
Fue rápido y doloroso. Ewan le dio un manguallazo (se escribe así) en el costado que sonó como cuando golpeas un saco lleno de carne. Eclipse murmuró una queja y escueta y dignamente admitió derrota. Probablemente ese golpe todavía le duele. Probablemente le dolerá durante semanas.

Después tocó Vraask contra Brizaelinth. Combate a distancia con arcos. Vraask intentando desesperadamente impresionar a Kath demostrando su puntería. Cada flecha iba acompañada de una mirada hacia las gradas donde ella estaba sentada. Patético pero entendible.
Le salió mal. Brizaelinth ganó con esa eficiencia fría que tienen los drows. Vraask se sentó con cara de fastidio absoluto mientras Kath aplaudía educadamente, probablemente sin darse cuenta de toda la actuación.

Y entonces apareció Bardock. El gnomo ingeniero.
Nadie quería bajar. Todos habían visto sus inventos. Todos sabían que tenía magia. Pero yo estaba venido arriba. Dos victorias apabullantes. El público me amaba. ¿Por qué no ir a por una tercera?
Bajé entre aplausos.
Gran error.
El gnomo me miró con esos ojos grandes que tienen los gnomos y antes de que pudiera siquiera adoptar mi postura de combate, me encantó. Literalmente. Sentí la magia envolverme como niebla espesa. De repente estaba paralizado. No podía moverme. No podía ni pestañear. Solo quedarme ahí parado como un idiota mirándolo mientras preparaba su siguiente movimiento.
Rayos de electricidad salieron de sus manos. Me alcanzaron en el pecho. Dolió como mil agujas clavándose a la vez. Luego una bola de fuego que explotó a mis pies. El calor. El dolor. Y yo sin poder moverme. Sin poder esquivar. Sin poder hacer nada excepto recibir castigo tras castigo.

Me fui al suelo como un saco de patatas. El encantamiento se rompió cuando caí inconsciente, así que al menos me ahorré seguir viéndolo preparar más formas creativas de freírme.
Cuando me desperté, alguien me había curado lo suficiente para levantarme. Las gradas habían visto todo. Bertrat intentaba no reírse. Kath parecía preocupada. Ewan tenía esa expresión de "te lo podrías haber imaginado".

Pero entonces Durei empezó a contar victorias para determinar el campeón de la noche.
Kemper: dos victorias. Bertrat: una. Eclipse: cero. Ewan: una. Brizaelinth: una. Bardock: una.
El vencedor de la noche: yo.
Más victorias que nadie. Incluso contando la humillación contra el gnomo.

El Capitán Ewan me entregó el premio. El Cinturón del Titán de la Arena. Pesado, ceremonial, completamente innecesario. Perfecto.
Me lo puse ahí mismo. Las gradas aplaudieron. Bertrat puso los ojos en blanco pero también aplaudió. Incluso Migajas, desde su rincón de dolor y vergüenza, asintió con respeto reluctante.

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Kemper Banji. Titán de la Arena.



Suena bien. Suena a alguien que ganó dos combates apabullantes contra el mismo oponente y definitivamente no fue noqueado por un gnomo con bolas de fuego. Bueno, técnicamente sí lo fue. Pero los detalles son flexibles y el título es mío.

—K.B., Titán de la Arena


P.D.: Migajas intentó robarme mi esmeralda. Dos veces perdió contra mí. Una contra Bertrat. Esa familia no va a olvidar el apellido Banji durante mucho tiempo.
P.D.D.: Bardock me frió como a un pollo. Pero técnicamente sigo siendo el campeón. El cinturón lo demuestra. Nadie necesita saber exactamente cómo fue el último combate.​
 
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