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Diario de una Geisha

thedead210

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La noche era escasa, ese fue mi primer pensamiento al caminar entre ella como una más. Siempre veía cómo el sol despuntaba por el horizonte antes de poder detenerle; me quedaba hasta el límite de tiempo para poder contemplar ligeramente su resplandor, mas nunca tocarlo. Era como un amor perdido, un amante cuyo perfume sabes que nunca volverá a llenar el aire, pues ya se ha marchado.

Mi tiempo en esta ciudad no ha variado, solo mi visión de los seres que la habitan. Contemplo cómo son capaces de realizar los mayores actos de belleza, pero al mismo tiempo esa otra parte que les hace ser bestias encerradas… Una bestia, sí; una que esta noche me urge a moverme por estos tejados rápidamente hasta llegar al distrito de la tumba. Prudente, pues este territorio no es de los ordenados o selunitas, sino de las sombras… y, en caso de molestarles demasiado, no iría bien para mi figura o mis planes.

Salté desde la muralla mientras corría por el muro hasta agazaparme cerca de los murales y estatuas que decoraban la entrada del Hueso. Creo recordar que esta puerta tenía otro nombre, mas nunca me molesté en aprenderlo. Mis oídos, ahora más agudos que cuando era simplemente yo, fueron los primeros en captarlos: una cuerda tensándose y siendo soltada, el impacto contra algo y su caída. Esa noche, al fin, podría saciarme, mas debía tomar precauciones.

Decidí camuflarme en una sombra; al menos este pequeño truco me permitía moverme de forma que no supieran que iba a estar ahí. Seguí oyendo los alborotos de la batalla mientras veía una especie de tigre blanco aparecer junto a una figura vestida de rojo, una elfa, parece ser. Notaba que mi cuerpo se tensaba por la falta de sangre, dispuesto a lanzarse para degollarla al instante, pero eso traería demasiada atención si empezaba a dejar cadáveres aquí y allá…

Me acerqué hacia la elfa; sus rasgos se me hicieron más claros: pelo moreno, pálida en comparación con otros elfos, ¿quizás un poco más pequeña? Aunque manejaba bien su arco, debía tener cuidado. Esperé el momento ideal para aparecerme: un breve intercambio de palabras antes de que la bestia tomara el control. Odiaba esto…
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No permitirme ser yo, ser un animal que solo luchaba para saciar un hambre eterna. A veces odio recordar la transformación y cómo me arrebataron todo lo que era. ¿Justifica eso lo que hago? No, obviamente no excusará nada. Lo que sucedió ya es historia; ahora debía concentrarme en evitar que una maldita flecha me atravesara el cráneo. Tengo que reconocer que Kath lograba manejarse bien, aunque al final logré decidir la pelea.

Viéndola tirada en el suelo fue lo que decidió su sentencia. Me abalancé hacia ella comenzando a beber; el mordisco era placentero y más cuando su sangre empezó a brotar a borbotones en mi boca. Notaba a ese animal esconderse en mi interior: saciado, placentero hasta quizás las próximas horas. Mas, al menos, pude contenerme y no matar a esta mortal.

Siempre debo recordarme no dejar cadáveres y, por ello, decidí arrastrarla hasta el barrio bajo, que sanara ahí. Al final, mi objetivo estaba cumplido, de forma que ahora toca reposar… Alcé la mirada mientras veía el horizonte, cómo los rayos del sol comenzaban a arrastrarse, un sueño que alguna vez llegaría; un sueño del que espero poder escapar.


Offtopic :
Agradecimientos a Kath por el ratito
 
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thedead210

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Me tumbé en el suelo de la cripta mientras observaba el mural donde, apenas horas antes, Tessela estaba apoyada, desangrándose… Todavía recordaba la imagen con detalle; recordaba cómo, si bien decaía, algo en su sangre gritaba por explotar, la sensación de un relámpago que recorrió mi cuerpo mientras drenaba su vitae. Quizás podría disfrutar esa sensación de nuevo.

Deposité mis herramientas de pintura a mi lado mientras preparaba las mezclas con cuidado. Este pequeño momento me recordaba a mi hogar, cuando preparaba el té junto a mi madre en nuestra casa del puerto; era una vida sencilla en aquel entonces. Sin preocupaciones más allá de las clases de etiqueta que toda dama debe recibir o cómo aprender a ejecutar correctamente la danza de flores en verano.

Ahora todo era más interesante, si se me permite decirlo. Acechaba en la noche, disfrutaba del rocío nocturno constantemente y, aunque el astro había pasado de ser un viejo amigo a fulminarme con su presencia (un pequeño defecto de mis bendiciones, si debo decir), era una vida interesante y plena. Sobre todo cuando encontraba presas dispuestas a ser tomadas.

Comenzamos en la cripta antigua, preparándonos para salir al acecho. Dediqué mi tiempo a hacer un mural en esta; por supuesto, la pregunta de siempre: ¿qué representa? Mi respuesta fue concisa: a vos, querido, sois una serpiente al fin y al cabo. Continué mis trazos pensando en cuánto juego daría una vez comenzara todo y pudiéramos ejecutar lo que tanto tiempo ansiábamos. Claramente, eso debería esperar, pues todo tenía un orden, y ese orden se dio cuando el astro decidió ocultarse en el horizonte.

Todos los ojos carmesí se acentuaron mientras comenzamos a acelerar hacia la salida de la cripta. No nos cansábamos, no nos agotábamos, no sentías dolor en tus músculos si te lanzabas desde cualquier lugar. Adoro esta vida…

Llegamos hasta la llamada “Cripta de los Héroes”, un lugar curioso, pues en vez de héroes siempre hay esqueletos que pululan por aquí, aunque a veces, en la oscuridad, escucho algo acechar… Imaginaciones mías, espero. Estuvimos registrando el sitio, pero no había ninguna presa; una pena…

Entonces, los pasos de una armadura resonaron. Me oculté rápidamente en las sombras mientras mis acompañantes salían a conocer a los dos nuevos visitantes: un tiefling con armadura ¿quizás un paladín o caballero? y… una joven. Parecía ser arcanista por su bastón mágico, aunque era bastante bella… Disfruto las cosas bellas; mantenerlas debe ser responsabilidad de todo vástago, aunque algunos olvidan esa lección…

Un intercambio de palabras tensas antes de que surgiera de entre las sombras junto a la arcana. Alcé mi abanico hacia su cuello; este fue el primer consejo que aprendí: nunca permitas que una arcana verbalice un conjuro. Podría fulminarte.

A partir de ahí, el trato se selló. Ella deseaba escapar; él también, pero estaba con mis acompañantes, menos… diplomáticos. De todas formas, la Bestia rugía en mi interior, lanzándose como un lobo hambriento contra la arcana, comenzando a drenar su sangre. Notaba su magia en su interior luchando contra mí, como si un parásito infecto hubiese entrado en ella. Mas poco me importó mientras consumía la esencia de esta mortal, esta criatura que solo serviría como alimento… su lugar adecuado.

Finalmente, poco me importó el tiefling. Solo sé que intentó luchar en vano y acabó siendo apaleado por mis acompañantes. Y ahora… volvemos a esta cripta, una donde debo dejar un recordatorio de lo sucedido, una obra que permita conocer lo que sucede… Se me ocurre el estilo perfecto…


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*Horas después, en uno de los muros de piedra dentro de la Cripta de los Héroes, habría aparecido una pintura. En ella se ve una figura que, en caso de conocerla, corresponde al rostro, las prendas y el porte de Tessela, representados con todo lujo de detalles. Sobre ella, una figura oscurecida porta prendas oscuras; sus facciones parecen veladas, permitiendo únicamente observar dos ojos carmesí que se abalanzan, como un depredador, hacia esta.*

Offtopic :
Agradecimientos a Tessela y a Zordakar por la mini escena. ¡Nos vemos en el sv!
 

thedead210

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Las criptas eran mis viejas compañeras, o al menos eso me hacía creer la noche. Un ruido ensordecedor taponaba mis oídos mientras el maldito pregonero anunciaba, una vez más, la visita de los ordenados a las criptas.
De nuevo… me relamí los labios con suavidad, contemplando todas las posibilidades, pues otro acto de este teatro acababa de comenzar.

Me aventuré rápidamente mientras recogía mi cabello; las ventajas de la inmortalidad son que una aprende a caminar por un techo y a recogerse el pelo al mismo tiempo. Corrí hasta alcanzar la zona más profunda: esos mortales son criaturas de tradiciones, y en aquellas criptas nunca se aventuraba nadie salvo cuando un ataque hacía eco.

Decidí bajar hasta los puentes de piedra mientras ajustaba diferentes pernos y resortes. Debería agradecer a la artesana el próximo ocaso. Terminé los primeros mientras valoraba qué enfoque debía tomar esta vez…
¿Shar? ¿Más terror?
La última vez sabía que el terror les motivó, pero ahora debía ser algo más… religioso.
Sí, me gustaba cómo sonaba en mi mente.

Di una pirueta en el aire al llegar a los pasillos principales. Comencemos a tejer…
Una vidente, una figura que los observa, una perdida…
No. La Perdida.
Si siguen avanzando…

Debía ser sencillo, no aburrido: tensión, alerta, armas alzadas, reuniendo coraje mientras contemplaban los horrores ante ellos. Dibujé, pinté, describí una escena en mi mente mientras montaba un símbolo sacrílego.
Tras esto… a esperar.
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Horas más tarde, todo cuadraba en mi mente. Avancé de nuevo por la cripta; el ruido de aquel grupo resonaba a varios metros. Me acerqué, acechando. Vi sus auras, sus miradas: algunas temblorosas, otras desafiantes. Y a la cabeza… Mernalyn. ¿Cómo podría describir tal molestia?

Por un instante creí que nuestras miradas se cruzaron. Tuve que retroceder mientras canalizaba las sombras en mi persona y avanzaba. Oí su destrozo, oí los gritos de las engendras que custodiaban las criptas y, mientras regresaba, lo vi…

En un mural, pintado con la sangre que ellos no derramarían:

“La sangre os llama.
La deuda se cobra.
El infierno siempre se cobra aquello que se le debe.”

Mi espalda se tensó. Sentí a la bestia rugir en mi interior. La odiaba y la amaba, pero ellos…
¿Creían poder imitarme?
¿Creían poder obrar mis actos como yo?

No… no… NO.
Criaturas insignificantes. Mendigos de la vida que no comprenden mis bendiciones. ¿Cómo osaban? ¿Cómo creían ser como yo?
Yo soy perfecta. Ellas no.

Pagarán. Descubriré quién lo hizo y pagarán.

Y mientras el impulso tomaba el control avancé, atajando hasta escucharles por última vez. Sus pasos resonaban cerca del territorio de mi reina. Me asenté en el marco y decidí guardar paciencia, aunque podría haber atacado. Sabía que hoy sería derrotada, pero el tiempo solo bendice a una figura en esta danza.

Aguardé… pero una voz pareció imponerse con mayor cordura, y el grupo marchó de vuelta.

Templé mi ímpetu. Sosegué esa imperfección de mí, esa que había destrozado mi mandíbula mientras la rabia fluía, recuperándola poco a poco a su delicada forma.

Sí. Así debía ser. Volví de nuevo hacia la cripta de la reina, soltando mi cabello.
Y jurando… jurando que volvería.

Offtopic :
Agradecimientos a todos los involucrados en la visita a las criptas. Espero que os gustase la ambientación. ¡Un saludo!
 
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thedead210

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Somos eternos… Somos la noche.

Esa frase me reconfortaba mientras la locura de la Bestia comenzaba a acecharme. Había pasado un ocaso entero sin consumir sangre; trataba de pintar para distraerme de aquella bestia que empezaba a surgir por la necesidad, pero era imposible y lo sabía. Poco a poco, un mural de una dama siendo arropada por los brazos de la Pérdida comenzaba a definirse: sus brazos pálidos rodeaban las prendas purpúreas de la dama del centro, cuyo pelo moreno caía en una larga trenza adornada con detalles plateados.

La celda a mi alrededor parecía encogerse conforme las horas pasaban. ¿Lentamente? No. Tan solo una carrera en la que yo era la presa, donde aquella repugnancia regresaba impulsándome a cazar. No sabía controlarla, nunca podría, y siempre sería presa de un mero animal que fracturaba todo a mi alrededor, que rompía quien era yo. Recordaba el inicio de la dekhana, la marcha por el cementerio antes de divisar una figura que portaba prendas blancas y azuladas. Reconocía a esa desdichada y maldita Mernalyn caminando hacia las criptas antiguas.

La aceché hasta que su pobre orientación la guio hacia un callejón sin salida. Surgí de entre las sombras mientras cruzábamos las últimas palabras: su ego, mi ira hacia esa desdichada cruzada que había osado imitar mis obras… No iba a consentirlo. Observé lentamente antes de que el combate se iniciase. Me lancé con agilidad hacia ella, pero fue más rápida; logró frenar mi avance y… y supe que todo había acabado. Como si un aluvión de poder divino se descargase contra mí, como si la ira de una deidad descendiera, mi forma corpórea cedió con demasiada fragilidad. Noté esa sensación que, hace tantos años, me paralizó: como un barco en llamas, me condenó. Vi la hoja de la guadaña de la muerte acercarse a mi cuello antes de que lograse escapar, pero el terror me inundó cuando, unos instantes después, surgí en mi ataúd con un jadeo.

Sostuve mi cráneo, recordando cómo la maza lo había fracturado, cómo me había desvanecido a través de los abismos de las criptas, cómo mi instinto fue huir… Allí, en ese ataúd, rodeada de terciopelo negro, solo pude acurrucarme, como antaño cuando caí al mar, cuando ese mordisco me cambió. Solo recordando cómo la fragilidad sostenía este cuerpo: creía ser capaz de sostenerlo, de estar bendita, pero ahora…

“Marca tu senda sin importar el riesgo… Asume que estarán ahí y sé paciente para controlarlos…”

Esa frase recorría mi mente antes de recomponerme y marchar hacia el llamado. Horas más tarde recordaba cómo todo el caos se desató. ¿Mi propia falla? Sí, sin lugar a dudas. ¿El poder del resto? No cabía duda. Conocía los errores y también veía cómo el ego evitaría que otros los percibiesen. Pero siempre debía haber una cabeza de turco en las fallas.

Las horas pasaban más de lo debido. La sed me inundaba mientras me quedaba sin pintura; tuve que recurrir a mi propia sangre para poder acabarla: una aureola carmesí por encima de la dama morena, conmemorando su transformación, su nueva vida, claro…

“¿Qué pretendéis ser, dama? ¿Una sierva toda vuestra existencia? ¿O una Monarca que se alce?”

La frase resuena con lentitud en mi cabeza mientras vuelvo a observar el mural. Sé que debo tiempo y que mis errores han sido patéticos. Observo mi macuto a mis pies mientras me preparo para salir: deberé ser mejor de lo que era antes, deberé ser perfecta, al fin y al cabo. ¿Qué impulsa a una dama a existir? Su imagen, sin duda.

Ahora recuerdo bien cómo acababa el lema… Somos eternos… Somos la noche, y mi reino surgirá…


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El silencio de las criptas se rompió.

De repente, como un aluvión de gritos, mi mente se llenó de sonidos estridentes al percibir sus andares a través del polvo moribundo de la oscuridad. ¿Qué había sucedido? Marché hacia la zona antigua, una cripta de sombras cubierta de misterio y tinieblas, y allí logré atisbar cómo una expedición entera descendía armada y preparada. Mi cuerpo inmortal se tensó. Vi a los Ordenados, clérigos y aventureros: todos dispuestos para una cacería, avanzando por mis dominios mientras yo permanecía incapaz de intervenir… habría sido suicida enfrentarme a ellos. Demasiado poder. Sus auras casi exterminaban a los alzados sin inteligencia que aún pululaban por el lugar.

Temblé. Una sensación que crecía en mí, como una garra cerrándose alrededor del cuello para cercenarlo sin piedad. Sabía lo que aquello significaba y, aun así, mi cuerpo no sabía cómo reaccionar ahora que era inmortal. ¿Eran capaces de movilizar a tantos… para cazarme?

Recordé las lunas anteriores, cómo la Bestia había tomado el control de mí durante un instante. No… era parte de mí. Debía aceptarla, aunque fuese patética y denigrante. Necesitaba ese poder si quería lograr mis objetivos. Recordaba cómo aquel elfo había escapado en el último momento, cuando trataba de drenar toda su sangre, y ahora ese acto había provocado que todo un séquito de mortales marchase para cercenar mi cabeza.

Debía ser prudente. Acecharlos desde las sombras, esperar una oportunidad. Y esta surgió cuando un joven elfo decidió ser lo bastante necio como para alejarse del grupo, apartándose para revisar su macuto. ¿Un acto de temeridad, quizá? Su cabello negro caía largo, sin recoger; el arco que portaba resultaba poco práctico en un espacio tan estrecho, aunque había oído hablar de arqueros capaces de ignorar tales limitaciones. Sus ojos azules se centraban en su bolsa, ajenos a todo lo demás.

Los sentidos élficos son precisos; ocultarme no serviría de nada. Surgí de entre las sombras frente a él, y su atención se dirigió de inmediato hacia mi figura. Supo al instante qué, o quién, tenía delante, pero su vacilación fue notable. Su mano temblaba al sostener el arma. Percibía su miedo, su inquietud; me evaluaba… y ese fue su mayor error.

Bastó una mirada. Nuestros ojos se encontraron durante unos instantes; cualquier cruzado sabría que aquel era el peor error posible frente a una vastaga como yo. Su voluntad cedió, abrazada por una vieja amiga que hacía años no visitaba. Ahora solo era momento de conversar, aunque en él surgían atisbos de rebelión. Tal vez había potencial en ese joven, pero no era el día para comprobarlo.

Lo guié a través de pasillos estrechos y abismos hasta alcanzar mi zona privada. Kaladriem era el nombre que pronunciaba una y otra vez, mientras su lengua se soltaba y yo me preguntaba hasta qué punto deseaba que aquello terminase. Podría haberlo usado como rehén, obligar a la expedición a retirarse, pero tardaría demasiado en llegar hasta ellos y conocía bien el riesgo de mostrarme.

Opté por una solución más simple: un mensaje. Un recordatorio.

Relamí mis labios al sentir cómo un placer antiguo emergía en mi interior. Siempre que el daño surge, siempre que la carne sangra. Prefería hacerlo cuando eran conscientes. Até su cuerpo a un pilar y el embrujo cesó. A partir de ese momento, dediqué horas de mi existencia a acuchillar, a maltratar, a observar cómo su sangre caía en borbotones por las heridas, evitando siempre los puntos vitales. Con el paso del tiempo, mi sed de vitae quedó saciada.

Lo que antaño había sido un rostro élfico de belleza delicada se transformó lentamente en una obra macabra bajo mi mano. Antes podría haber sido algo más; ahora solo era un recordatorio de lo que sucede cuando la necedad y el impulso alteran el destino. El viaje solitario de un elfo que apenas comenzaba a caminar terminó convertido en una figura sin orejas, con el rostro cubierto de cortes y punzadas que lo desfiguraban, pálido por la sangre perdida.

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Sentía éxtasis en mi obra, en mis artes perfeccionándose. Practicar con cuerpos vivos, mantenerlos al borde de la muerte… todo ello despertaba mi placer y, al mismo tiempo, la calma de un corazón inmortal. ¿Había cambiado tanto?

Recordé aquella celda, encerrada y privada de vitae durante la dekhana, mi mente fracturándose mientras luchaba por no abrir en canal a cualquier criatura para beber de su sangre. Sí, había cambiado. Quizá comprendía mejor los aspectos de la Dama de la Pérdida, pero una Monarca no debe dejar caer su máscara: debe ser perfecta y saber cuándo moverse.

Finalmente, horas después, arrastré el cuerpo insípido del elfo hasta las escaleras que conducían a la superficie. Sus gemidos débiles me indicaban que seguía vivo, aunque al borde de conocer a Kelemvor. Para él, las horas serían eternas. Pero el mensaje era claro y para elfo… este regresaría. Regresaría en busca de venganza. Su dios lo animaría, y su afán por cazar a la vastaga que convirtió su existencia en un infierno no cesaría.

Conocía bien esa sensación. La recordaba mientras evocaba aquella cruzada que casi me destruyó. La venganza no cede… pero debo ser paciente. Al final, el tiempo es la herramienta que permite controlarlo todo.

Offtopic :
Agradecimientos a Kaladriem por el rato!
 
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