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Diario del reflejo empañado

Txapelman

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Dramatis personae.

Loreliel Colmillo Plateado (Agosto)
Guardiana legendaria de El Enclave Esmeralda y protectora del Bosque Alandor. Experta en el combate con espada de dos hojas y la capacidad de adoptar la forma de lobo debido a su herencia Lythari. Se muestra paciente y protectora con los jóvenes.

Luthien Silverveil (Julio)
Joven risueña y educada de paso ligero, de trato amable al saludar durante la noche.

Radix (Agosto)
Jinete y rastreador de pocas palabras. Impetuoso, curtido en los peligros de los senderos silvestres.

Sével Aseir Puestaluna (Julio)
Trovador y viajero noble de ademanes expresivos. Muy leal a Alexander, a quien considera su hermano, y decidido a acompañarle ante cualquier peligro en el norte.

Boti (Junio)
Cambiaforomas del Enclave Esmeralda. Arisco, tener cuidado con lo que se dice delante de él. Cuesta de entenderle.

Deladra Astraveil (Junio)
Elfa de postura relajada pero siempre armada, de trato diplomático y firme con el Pueblo. Muestra un profundo desprecio hacia Alaric, aunque es capaz de mantener las formas mediante obsequios tradicionales de té.

Nyvara Faerlaith (Junio)
Erudita de apariencia refinada, esta alta elfa solar y Olin Gisir del Enclave de Tethir, equilibra su rol como diplomática. Su trato es sereno pero firme. Prefiere combatir las amenazas antes que usar la diplomacia. Concibe el Arte como una expresión pura belleza. A pesar de la pesada carga de sus deberes en una región convulsa, se muestra dispuesta a dialogar y a ofrecer su tiempo al Pueblo, siendo conocida además por su afición a las fresas con miel de la Luz del Álandor, lugar donde acostumbra recibir correspondencia y recados.

Sylwen Galanodel (Junio)
Sacerdotisa acólita de Sehanine y Portadora de la Paz en el Concilio de la Primavera, esta elfa lunar de complexión atlética destaca por sus profundos ojos azul oscuro de destellos dorados y su cabello del color de la medianoche. Condecorada como heroína del norte por sus méritos en batalla, combina modales sumamente corteses y un andar silencioso con una recta firmeza a la hora de velar por la seguridad de sus tierras sagradas, cuestionando la presencia de encapuchados extraños como yo.
 
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Mayo
Parte I
​

Me vi envuelto en un ruidoso festejo a las afueras de la posada de La Luz de Alandor, rodeado de una alegría general que me resultaba del todo ajena. Un mediano insistió en ponerme en las manos un porrón de vino que sostuve con absoluto desconcierto, sintiéndome como un extranjero en mitad de una celebración festiva que no alcanzaba a comprender.

Entre los presentes, Alexander me ofreció apartarnos hacia un ambiente más tranquilo para poder relacionarme con otros de mi sangre, una propuesta que acepté en silencio buscando un respiro.

En nuestro camino hacia un refugio tranquilo, nos vimos sorprendidos por unos trasgos que pretendían cortarnos el paso. Entre la elfa solar que nos acompañaba, y Alexander, pudieron con ellos sin problema alguno, yo opté por mantenerme al margen, protegiendo el recipiente de vino que me habían entregado.

Una vez alcanzada la tranquilidad del Claro de Eldat, deposité el envase intacto en el suelo con el respeto de quien realiza un ritual. Me retiré con calma las prendas que ocultaban mi rostro, y revelé mis facciones ante la Olin Gisir Faerlaith, como muestra de buena fe.

Buscaba un refugio donde descansar con seguridad, me ofreció su disposición para futuros encuentros, indicándome cómo hacerle llegar mis mensajes.

La despedida de la arcana fue seguida de su teleportación, en un alarde de su propio poder.

Me cubrí de nuevo la piel y el rostro con el paño grueso, sumido en una profunda incomprensión ante los confusos paralelismos mágicos que Alexander intentaba explicarme con torpeza. Sin deseos de prolongar un debate abstracto que nada aportaba a mi seguridad, recogí la ofrenda del suelo y me dispuse a regresar con él a los llanos.​
 
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Mayo
Parte II
​

Tuve la reunión con la representante del Enclave Esmeralda, en el Claro de Eldat, ni más ni menos que Loreliel Colmillo Plateado, para comentar sobre las condiciones de uso del espacio sagrado del Bosque Alandor.

Expuse mi deseo de contar con un refugio seguro donde descansar, recibir visitas y organizar una serie de charlas de carácter mundano y mágico, incluyendo un concurso de poemas feéricos.

La Guardiana aceptó mis intenciones bajo la firme condición de mantener el orden y asumir la responsabilidad, advirtiéndome además de que las razas monstruosas o los drows que carecieran del pase de Alandor no serían tolerados.

Como muestra de buena fe, me comprometí a remitir una ficha previa con los contenidos de cada actividad a nombre de un tal Boti, con copia a la propia Loreliel.

Aprovechando que estaba presente, la pregunté sobre las maldiciones de la licantropía, ya que me habían dicho que acudiera a ella. La expliqué que había iniciado junto a una muchacha llamada Casia, una investigación sobre las maldiciones. Loreliel reconoció el poder de los druidas y clérigos para ayudar con las maldiciones de los afectados y, aunque admitió que sus métodos pasados solían implicar el derramamiento de sangre, valoró el interés de las nuevas generaciones por buscar vías pacíficas que influyeran en las decisiones de estas criaturas.​
 
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Junio
Parte I - Episodio I
​

Me encontraba descansando en el Claro de Eldat cuando la Olin Gisir, Nyvara Faerlaith, hacía acto de presencia en el campamento. Me levanté para saludarla mientras ella se aproximaba con pasos tranquilos bajo una suave brisa.

Le transmití mi deseo de conocer las historias del Pueblo gentil, con los que quisiera relacionarme y saber cómo podía ayudar, señalando que el Enclave Esmeralda ya me había concedido permiso para pernoctar y descansar en ese lugar.

Al exponerla mi investigación sobre la maldición de la licantropía y el respaldo que ya poseía de la Iglesia de Selûne, la Arcanum Schola y el clero de Oghma, Nyvara se mostró bastante escéptica. Aunque reconoció que era una empresa noble, consideró ilusa la idea de rehabilitar a las bestias que acechan el bosque y sugirió que abatirlas seguía siendo la mejor opción.

Me sugirió de manera directa que obtendría mejores resultados al entablar lazos con el Pueblo, si decidía dejar de ocultar mis rasgos bajo los gruesos ropajes oscuros.

Mientras profundizábamos en unos extraños rumores sobre el comportamiento del bosque, la Cinnaess Sylwen Galanodel irrumpió de forma silenciosa. La Sacerdotisa, recién llegada de su periplo por Faerûn norte, saludó a Nyvara y se aproximó intrigada al escuchar una voz que le resultaba desconocida, la mía.

Tras realizar mi presentación formal con el susurro que me caracteriza, Sylwen posó la mirada sobre mí con evidente curiosidad. Me preguntó de forma directa si corría por mis venas la sangre del Primero y, tras confirmarlo, cuestionó con firmeza los motivos por los cuales ocultaba mi rostro en un lugar donde nadie del Pueblo debería temer...

La tensión parecía ir en aumento...
¿Se mostrará dejando ver su rostro?
¿Preferirá mantenerse en el anonimato?
No se pierdan el próximo episodio de...
El Diario del reflejo empañado
Próximamente... La conclusión.​
 

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Junio
Parte II
​

Caminaba por los senderos del Bosque de Alandor en dirección al Claro de Eldat, hasta que divisé a los lupinos que acompañaban a la Guardiana Loreliel. Seguí el rastro de trasgos muertos, hasta que encontré a la guardiana junto a más cuerpos abatidos, al parecer pretendían profanar el sagrado Claro de Eldat. Tras un breve cruce de palabras, seguí mi camino, con la intención de encontrar al Guardián Boti. Una vez llegamos, una dríada se aproximó con curiosidad, provocando en mí una reacción instintiva, desconfianza, por lo que mantuve la debida distancia y me limité a inclinarme con fría serenidad.

El ser feérico fue cambiando de forma, hasta mostrarse un elfo, era el Guardian Boti, ataviado con su pesada armadura, dispuesto a escuchar el propósito de mi visita. Nos acercamos los tres a un improvisado campamento y tomé asiento sobre los troncos que me ofrecieron. Expuse con cautela mis intenciones. En primer lugar, manifesté mi gratitud por la hospitalidad que se me brinda al permitirme pernoctar en el claro y le puse al día lo concretado con la Guardiana Loreliel, organizar charlas y clases en el anfiteatro. Acto seguido, señalé las sutiles pero alarmantes alteraciones que he observado durante mis noches en el lugar. Las flores no abren como debieran, el agua sabe diferente y la fauna, junto a los ents y las feeries, se les nota inquietos. Por ello, ofrecí mi cooperación para lo que estimen oportuno. Finalmente, compartí unos rumores inquietantes, un nombre antiguo, Tharizdun, una entidad primordial y antiquísima de la que se dice que forjó el mismísimo Abismo.

Mientras ambos me prestaban atención, Adrie Naïlo hizo acto de presencia en el campamento. Guardé un absoluto silencio para no interrumpir el reencuentro entre ellos, fue cuando la Guardiana Loreliel, comenzó a narrar al recién llegado, lo que estaba aconteciendo actualmente.
​
Eran días de inquietud creciente, cuando la tierra misma comenzó a estremecerse bajo las raíces de los bosques antiguos y los ríos entonaban canciones cada vez más débiles, que los sabios del Enclave Esmeralda comprendieron que los signos ya no podían ser ignorados.

Durante muchas lunas habían observado los cambios. Habían escuchado el lenguaje de los árboles, sentido el temblor oculto bajo el suelo y contemplado con tristeza cómo la corrupción avanzaba silenciosa sobre las tierras de Amn.

Allí donde antaño florecían campos fértiles, la tierra se volvía estéril. Donde cantaban las aves, reinaba el silencio.

Incluso los Guardianes del Bosque, los antiguos Ents que rara vez abandonaban sus largas meditaciones, habían despertado uno tras otro, inquietos por una desarmonía que resonaba en las profundidades del mundo.

Un mal antiguo y primigenio emerge a esta época, pero su llegada trae consigo desequilibrio, perdición, destrucción. Han aparecido elementales de tierra en Alandor, cultitas del fuego en Crimmor y Purskull, ritualistas que traen profecías de la llegada del príncipe.

La amenaza es muy grave para Amn y para toda la vida, por ello ahora se ha creado la Alianza VerdeLinde, yo estoy en la campaña de reclutamiento del os grupos de Amn y de los aventureros errantes, debemos unir conocimientos y esfuerzos.

Son varias cosas, sabemos que hay unos arcanistas cultistas que infectan a trasgos con rituales, los hacen sus sirvientes los dotan de mucha fuerza y resistencia, y estos arcanistas los representa un símbolo.

El arcanista parece adorar o servir a un ser llamado Tharizdun, pues este símbolo lo portaba el gran trasgo poseído en su espalda. El ser es una especie de ente de gran poderde quien se dice creó el propio Abismo o una parte.

En Crimmor y Purskull han ocurrido eventos con los llamados cultitas de la llama, en Crimmor asesinaron a Fabrina la elegida de Chauntea y en Purskull unos de ellos se incendiaron así mismos, y todos hablaban de la llegada de su señor para purificar al mundo.​

Tras concluir el extenso relato y comprobar que mis advertencias sobre el antiguo poder ya formaban parte de sus preocupaciones, entendí que mi presencia allí ya no tenía mucho sentido. Los guardianes agradecieron mi disposición y prometieron hacerme llamar cuando los acontecimientos empeoren, algo que vaticinan no tardará en suceder. Me incorporé con serenidad y me retiré dejándoles con sus cavilaciones.​
 

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Junio
Parte III
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Al ver aparecer a esa diminuta pixi batir sus alas en el campamento norte, me quedé de inmediato embelesado de ella. En este rincón de Amn, donde la corrupción es la moneda, la aparición de un ser feérico fuera del Claro de Eldat, lo haría un objetivo para codiciosos coleccionistas.

En lugar de un maravilloso encuentro, sentí el inminente peligro, en el Feywild, un juego de palabras o un descuido verbal con una de estas criaturas equivale a firmar un contrato vinculante indeseado, por lo que me mantuve en silencio, midiendo cada respiración.

La observé con una mezcla de desdén y fría serenidad mientras ella conjuraba un hilo de agua limpia, y ajena a su alrededor, bebía en pleno vuelo. Mientras se mostraba tan ligera y expuesta, me recordaba la necesidad de ocultarme, tal muestra de fragilidad ante todo lo que nos rodeaba. Observé la sombra que proyectaba contra el suelo, temiendo que sus movimientos ocultaran algún espía para vigilarme. La inocencia no existe.

Sin embargo, toda la tensión y las conjeturas sobre el espionaje o los pactos vinculantes, cayeron como un castillo de naipes cuando la magia de la criatura se disipó. El pequeño ser alado cambió ante mis ojos, revelando que la pixi no era más que Boti.

No había espías ni contratos feéricos en el aire, solo un conocido del Enclave Esmeralda. Dejé ir un suspiro imperceptible, mientras guardaba mis secretos en lo más hondo de mi ser, preparándome para entablar una conversación con precaución como siempre.​
 

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Junio
Parte IV
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Llegué al campamento de la Alianza Verdelinde con el tiempo justo, sintiendo el aire frío del Norte por entre los pliegues de la ropa. El ambiente era una tensa calma, rota solo por el murmullo de los aventureros que se retiraban y los constantes rumores de lo que estaba aconteciendo. Me dediqué a observar los alrededores antes de tomar la decisión de montar mi propia tienda de campaña en un rincón apartado, buscando un lugar lejos de miradas indiscretas.

Pronto me crucé con Sylwen Galanodel y su compañera, quienes me advirtieron con insistencia que no plantara mi refugio cerca del círculo central ni de un extraño altar del que brotaban raíces oscuras y un líquido negruzco emponzoñado. Me aconsejó permanecer al amparo de las hogueras principales, admitiendo que aún desconocían el origen de semejante putrefacción. Agradecí sus palabras, mientras caminaba arrastrando mis pertenencias hacia otro lugar.

Más tarde, Loreliel, sacando un poco de su tiempo, se acercó para ponerme al corriente de la situación de la Alianza y me guió hacia el monolito erigido por el Enclave Esmeralda, el cual sirve para contener el avance de la corrupción, aunque su poder se debilita por momentos.

Mientras contemplaba las profundas y nauseabundas grietas de la tierra junto a otros recién llegados, Un recién llegó nos llamó la atención. Apareció exhausto y completamente cubierto de sangre ajena, alertando de que un atroz demonio alado en el bosque de Dientecillos había masacrado a su expedición en cuestión de segundos. Ante el horror de los presentes y las urgentes tareas de sanación que asumieron varios de los presentes, yo no tuve más remedio que quedarme al margen.

Poco después se sumó otro aventurero, confirmando que varios compañeros habían sido despedazados por aquel apóstol demoníaco del que él, apenas logró escapar gracias al Arte. Viendo que el caos se trasladaba hacia el hospicio para intentar revivir a los caídos y que mi presencia allí era del todo inútil, decidí alejarme de los demás y retirarme a descansar bajo el manto protector de la noche, con la intención de realizar nuevas anotaciones en mi diario.​
 

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Julio
Parte I
​

Las noticias que llegaban sobre el conflicto en el norte no dejan de ser descorazonadoras, pero fue a las puertas del sotano y en el ambiente cargado de la taberna donde encontré algo de calma momentánea. Tras prepararme para salir, me crucé primero con, con quien compartí una breve incursión en el cementerio de Athkatla.

De vuelta a la posada, me senté con dos aventureros quienes ya se encontraban en el lugar tomando algo, a quienes se sumó brevemente otro. Entre copas de vino carmesí y cartas esparcidas sobre la mesa, la conversación discurrió pronto hacia el caos que reina en la Alianza Verdelinde y los Frentes del Norte. Tenía mis reservas sobre el hermetismo con el que se están manejando las investigaciones de las que sugerían mis compañeros, ya que no son creía que son infundadas, por que los Guardianes de El Enclave Esmeralda, ya dejaron claro que habría total transparencia entre todos los grupos. Mientras unos hablaban de buscar avatares en el sur o expediciones desesperadas donde cayeron varios combatientes, otros tantos organizaban grupos cerrados sin transparencia. No quedaba más, que debatir los extraños fenómenos climáticos que sacudían la región y el peso de los antiguos y olvidados que comenzaban a susurrarse entre grietas y monolitos inestables.

Entre el murmullo de la sala y las reflexiones sobre la necesidad de hacer algo, se me ofreció a brindarme ayuda en lo que pudieran.

Finalmente, otro aventurero hizo acto de presencia justo cuando nos disponíamos a dar por finalizada la velada. Con un leve intercambio de pullas y risas, me despedí de los presentes con un gesto pausado, retirándome a descansar con la mente puesta en los preparativos del viaje y las lecciones que habré de aprender para mantenerme a salvo en los convulsos días que se avecinan.​
 

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Septiembre
Parte II
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Seguí con mi paseo hacia el Enclave de Tethir, cuando antes de llegar al campamento Verdeline, escuché unas voces. Me acerqué a cotillear y me encontré con la sacerdotisa Shade y un enano al que no recuerdo conocer, quienes conversaban sumidos en un evidente pesar.

Al acercarme, la sacerdotisa compartió conmigo el motivo de su melancolía, un doloroso suceso vinculado a un intento de sanación de unos seres afectados por una maldición que no todos lograron superar con vida. Manteniendo la absoluta discreción exigida ante la delicadeza del asunto, escuché sus palabras sin que me afectase la situación de vida o muerte de dichas criaturas, pero igualmente la ofrecí mi apoyo ante la carga emocional que arrastraba.

En un intento de desviar la atención hacia cuestiones más mundanas, pero no por ello, menos importantes, la sacerdotisa me propuso colaborar en un proyecto comunitario para la ciudad de Nashkel, la adquisición a gran escala de diez barriles de fuego de alquimista destinados a alimentar una especie de "calefactores" para los inviernos. Aunque el enano expresó con sorna sus recelos sobre los riesgos explosivos de semejante encargo, acepté organizar una expedición para la próxima dekhana.

Poco después de la llegada de Zula y su inseparable compañero Barabas, me retiré del campamento para preparar la futura expedición.​
 
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