Ser Pato
Perro de Dan
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I
No se muy bien porque estoy escribiendo esto, quizás por mero egocentrismo y pensar que alguien el día que falte, lea mi historia. Mi nombre es Edward Manstein y provengo de una familia bien posicionada en la alta sociedad de Esmeltaran. Mi padre Walder Manstein hizo fortuna con el comercio de telas junto a su esposa, Isabella Kessel, un talentoso sastre que trabajaba para la alta sociedad. El caso es que prosperaron bajo el Auspicio de las familias nobles y bajo la atenta mirada de la Dama Aurea. Compraron una preciosa casa con un taller en los bajos, en la zona mercantil de Esmeltaran y fueron creciendo en poder y influencia. Si lo sé, no he tenido una vida de penurias y pesares, pero siempre fui el díscolo de la familia. Mi hermana mayor Johana heredera el negocio y se casara con algún rico mercader o noble para mayor gloria de mi familia, mi hermano mediano Paul, ingreso en las filas del clero de la Dama Aurea ambos un orgullo para mis padres.
Supongo que esperareis que diga que odio a mi familia, nada mas lejos, gracias a ellos he recibido una educación formidable, aunque para pesar para mi señor padre no acabara ingresando en la guardia aurea ni me casara con alguna rica moza a la que no soportaba. Prefería los embozos, las capas largas y las correrías en los barrios más sórdidos de la ciudad. Fiestas de nobles, peleas de embozados en los callejones, rondar el balcón de alguna dama y jugar a los dados. Esa era mi vida en Esmeltaran, quizás jamás me hubiera planteado meterme en ese mundo de no ser por mi preceptor, siempre estuvo conmigo desde niño. Enseñándome el arte de hablar sin decir nadada, de que una verdad es la más poderosa de las mentiras, y que los de lengua afilada mente rápida y pico de oro, estamos destinados a tomar cuanto quisiéramos. Aprendí muchas cosas de él, cosas que no vienen a cuento aquí solo apuntare uno de sus mil nombres “Ruiseñor”.
El caso es que hace un año mi padre me envió a Puerta de Baldur a casarme con una moza de buena familia, y a quitarse de en medio mi presencia. Como era de esperar, el enlace salió rana, por mi actitud, t me metieron en un barco de vuelta a Amm. Quizás el destino me tenia reservado una broma pesada o quizás todo estuviera planeado. Cuando el navío fue abordado por piratas de las Nelanzher. Gracias a mi habilidad con la palabra me libre de acabar muerto y es mas asegure que mi poderoso y rico padre pagaría un rescate por mi persona. Y así, después de cuatro meses pagaron mi rescate, durante ese tiempo trabe algo de “amistad” con algunos de los marinos, como decía mi preceptor, ten amigos hasta en los rincones mas insospechados.
Volví a Esmeltaran solo para ser recibido por un padre que me “encomendaba” ir a Athkala y buscarme un futuro digno lejos de la bulliciosa Esmeltaran. O dicho de otro modo, lárgate y deja de dar quebraderos de cabeza. Eso hice, tomé algunas de mis pertenecías y partí a la capital. Pues la Ciudad de la Moneda sería el lugar idóneo para que dejara de ser una mera pieza, y empezara a ser un Jugador.
Bueno dejare de escribir por ahora, me parece que pierdo el tiempo, pero quien sabe ahora he de ver a Lady Bignett , la cual quiere un corsé para su hija y creedme soy sastre no un dios capaz de obrar milagros…
[/align]No se muy bien porque estoy escribiendo esto, quizás por mero egocentrismo y pensar que alguien el día que falte, lea mi historia. Mi nombre es Edward Manstein y provengo de una familia bien posicionada en la alta sociedad de Esmeltaran. Mi padre Walder Manstein hizo fortuna con el comercio de telas junto a su esposa, Isabella Kessel, un talentoso sastre que trabajaba para la alta sociedad. El caso es que prosperaron bajo el Auspicio de las familias nobles y bajo la atenta mirada de la Dama Aurea. Compraron una preciosa casa con un taller en los bajos, en la zona mercantil de Esmeltaran y fueron creciendo en poder y influencia. Si lo sé, no he tenido una vida de penurias y pesares, pero siempre fui el díscolo de la familia. Mi hermana mayor Johana heredera el negocio y se casara con algún rico mercader o noble para mayor gloria de mi familia, mi hermano mediano Paul, ingreso en las filas del clero de la Dama Aurea ambos un orgullo para mis padres.
Supongo que esperareis que diga que odio a mi familia, nada mas lejos, gracias a ellos he recibido una educación formidable, aunque para pesar para mi señor padre no acabara ingresando en la guardia aurea ni me casara con alguna rica moza a la que no soportaba. Prefería los embozos, las capas largas y las correrías en los barrios más sórdidos de la ciudad. Fiestas de nobles, peleas de embozados en los callejones, rondar el balcón de alguna dama y jugar a los dados. Esa era mi vida en Esmeltaran, quizás jamás me hubiera planteado meterme en ese mundo de no ser por mi preceptor, siempre estuvo conmigo desde niño. Enseñándome el arte de hablar sin decir nadada, de que una verdad es la más poderosa de las mentiras, y que los de lengua afilada mente rápida y pico de oro, estamos destinados a tomar cuanto quisiéramos. Aprendí muchas cosas de él, cosas que no vienen a cuento aquí solo apuntare uno de sus mil nombres “Ruiseñor”.
El caso es que hace un año mi padre me envió a Puerta de Baldur a casarme con una moza de buena familia, y a quitarse de en medio mi presencia. Como era de esperar, el enlace salió rana, por mi actitud, t me metieron en un barco de vuelta a Amm. Quizás el destino me tenia reservado una broma pesada o quizás todo estuviera planeado. Cuando el navío fue abordado por piratas de las Nelanzher. Gracias a mi habilidad con la palabra me libre de acabar muerto y es mas asegure que mi poderoso y rico padre pagaría un rescate por mi persona. Y así, después de cuatro meses pagaron mi rescate, durante ese tiempo trabe algo de “amistad” con algunos de los marinos, como decía mi preceptor, ten amigos hasta en los rincones mas insospechados.
Volví a Esmeltaran solo para ser recibido por un padre que me “encomendaba” ir a Athkala y buscarme un futuro digno lejos de la bulliciosa Esmeltaran. O dicho de otro modo, lárgate y deja de dar quebraderos de cabeza. Eso hice, tomé algunas de mis pertenecías y partí a la capital. Pues la Ciudad de la Moneda sería el lugar idóneo para que dejara de ser una mera pieza, y empezara a ser un Jugador.
Bueno dejare de escribir por ahora, me parece que pierdo el tiempo, pero quien sabe ahora he de ver a Lady Bignett , la cual quiere un corsé para su hija y creedme soy sastre no un dios capaz de obrar milagros…