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DICK CARS EL ILMATARI

farraces

Bug de oscuridad
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Novicio Dick Cars:
La Llegada a Athkatla
El aire de Athkatla era un golpe denso y cargado. Una mezcla de especias exóticas, el hedor del puerto de la Ciudad Baja y una capa subyacente de riqueza podrida que, a Dick Cars, el joven novicio de Ilmater, le pareció casi palpable.

Había viajado durante semanas desde la relativa sencillez del norte, y el bullicio de la ciudad más grande de Amn era un asalto a sus sentidos.

El Hilo de Lino y el Norte

Dick venía de la aldea de Lino Largo, un lugar pequeño y tranquilo cerca de los vastos campos de trigo y lino de la parte norte de Tethyr, justo en la frontera. Su vida anterior no había sido de grandes sufrimientos, al menos no del tipo físico y brutal. Era el hijo de un molinero que había prosperado humildemente.

Una Vida de Abundancia Tranquila

Su niñez fue cómoda. Dick no conoció el hambre ni el frío más allá de las normales molestias de un invierno riguroso. Sin embargo, su corazón sensible estaba constantemente oprimido por las pequeñas penas que veía:
* La cojera de su abuelo, un dolor crónico que la medicina simple no podía aliviar.
* La sequía inesperada que forzó a los granjeros a endeudarse con prestamistas sin corazón de la ciudad cercana.
* La simple tristeza en los ojos de un niño que había perdido su juguete favorito.
El dolor que sentía Dick era el sufrimiento vicario; el peso de la pena de los demás. A menudo se le veía llorar en silencio en un rincón de la casa, no por sí mismo, sino por la injusticia de que existiera el dolor. Este rasgo, a menudo visto como debilidad en otros niños, fue lo que le llamó la atención al Padre Theron, el anciano sacerdote de Ilmater que administraba el pequeño santuario de la aldea.

El Llamamiento del Dios Sangrante

A los dieciséis años, Dick se unió al Padre Theron como novicio. La conversión fue más una aceptación de su propia naturaleza. Theron le enseñó:

"El sufrimiento es inevitable, hijo, pero la resistencia y la compasión son las armas de nuestro Señor. No tienes que buscar el dolor, sino estar donde se necesita tu mano."

Durante sus años en Lino Largo, Dick se dedicó a las tareas propias de un Ilmatari: curar heridas menores con ungüentos de hierbas, escuchar las confesiones de dolor y distribuir raciones del almacén de la iglesia a los más necesitados. Se convirtió en un buen herbolario, con manos sorprendentemente firmes para los vendajes. Pero su fe y sus habilidades aún no se habían puesto a prueba en una verdadera crisis.
Fue el Padre Theron quien, sintiendo que sus días llegaban a su fin, lo instó a viajar. "Aquí solo hay pequeñas grietas, Dick. Ve a donde la roca se ha roto. Ve a una ciudad donde el sufrimiento sea un rugido, no un susurro. Athkatla necesita hombres de corazón, y tú lo tienes grande."

La Pruebas de Athkatla

El viaje fue largo y desmoralizador. Cruzar Tethyr y entrar en Amn fue presenciar una brutalidad que superaba todo lo que había visto en Lino Largo: caravanas de esclavos custodiadas, la indiferencia de los guardias de caminos, y la absoluta crueldad de la pobreza en las afueras de las ciudades. Cada escena era una punzada que el novicio registraba, obligándose a no apartar la mirada.

El Hospicio de San Annur

Finalmente, Dick encontró su camino hasta el Hospicio de San Annur en Athkatla, un faro de la fe de Ilmater en medio del caos. El hospicio no era un templo de mármol; era un edificio grande y funcional, con muros de piedra gris y un aire de perpetua actividad. El símbolo del Mártir Resiliente, estaba tallado modestamente sobre la puerta.
Una de las hermanas, con cicatrices faciales que Dick intuyó no venían de la guerra sino del servicio, lo recibió en la entrada.
"Busco prestar mis servicios," dijo Dick con voz sorprendentemente firme, a pesar de su temblor interior.
La hermana, lo miró de arriba abajo. Dick vestía su simple túnica de lino y portaba solo una pequeña mochila con su manual de fe, sus herramientas de herbolario y un poco de pan seco.
"Aquí no hay gloria, novicio," gruñó la hermana de San Annur. "Solo hay pus, sangre, lágrimas, y la miseria humana en su estado más puro. ¿Vienes de dónde?"
"De Lino Largo, en Tethyr, hermana," respondió Dick.

La hermana frunció el ceño. "Un lugar con un nombre tan suave... Has venido un largo camino desde la mantequilla. Dinos, novicio de lino: ¿Qué has visto en tu vida que te prepara para el hedor de un moribundo, para el grito de un niño sin brazos, para la vista de la podredumbre? ¿Por qué Ilmater te necesita en Athkatla?"
Dick tomó un respiro, recordando la calma del Padre Theron. Miró a la hermana directamente a sus ojos cansados.
"Hermana," dijo, su voz ahora baja pero clara, "En Lino Largo, vi pequeñas penas que nunca terminaban. Vi el dolor oculto tras las sonrisas forzadas de la gente decente. Aprendí a cuidar de la pequeña herida antes de que se infecte y cause una gangrena. No he venido por la gran mártir, sino por el pequeño y constante sufrimiento que consume a esta ciudad día a día."

Se tocó el pecho donde llevaba su cordón rojo. "Mi vida fue de una tranquilidad injusta. El Señor nos enseña a tomar la carga. He venido a Athkatla para cargar con el dolor que no me pertenece, para que la gente de este lugar pueda tener un momento de alivio. Quiero que la grandeza de mi fe se encuentre en la magnitud del dolor que pueda curar, no en mi propia fama."
La hermana de San Annur no sonrió. Simplemente asintió, su expresión dura no se suavizó, pero algo en sus ojos se encendió con un respeto cauteloso.
"Tienes manos de herbolario," dijo la hermana. "Ve a la cocina. Pregunta por la Hermana Marta. El dolor siempre tiene hambre, novicio. Tu servicio comienza ahora."
Y así, el Novicio Dick, el muchacho de lino, entró al Hospicio de San Annur, listo para enfrentar un sufrimiento más grande de lo que jamás había imaginado, pero con un corazón ya entrenado en la difícil disciplina de la compasión.

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IDIOMA MULANO

Dick Cars, su vida diaria es una mezcla de cuidado a los enfermos y los pobres de la ciudad, y la preparación para la acción contra las injusticias manifiestas, acorde a los principios de su Orden.

Amn es una tierra centrada en el comercio, y aunque Dick ve mucho sufrimiento, también nota un flujo constante de personas y bienes de lugares lejanos, incluidos los mercaderes y, trágicamente, los esclavos del este.

A través de los contactos de la Orden del Guantelete, Dick escuchó reportes alarmantes, las caravanas de esclavos que cruzaban el Mar Interior o el desierto contenían un número creciente de personas oprimidas de la etnia Mulan y regiones circundantes.

Su primer viaje no fue a Thay, sino a la ciudad portuaria de Procampur, un centro comercial que recibe muchos barcos desde el este.
Dick viajó allí con la bendición de San Annur, llevando fondos y medicinas.

En Procampur, descubrió que podía consolar a los esclavos recién llegados, pero no podía entender sus palabras. El dolor era universal, pero sus lamentos específicos eran en una lengua extraña y gutural, el Mulhorandi.
Se sintió frustrado por no poder ofrecer consuelo verbal a aquellos que más lo necesitaban.

Motivado por su incapacidad para servir plenamente, Dick tomó la decisión de hacer de esta causa una parte fundamental de su ministerio.

Durante todas las semanas que Dick iba y venía asiduamente aprendió las frases básicas de consuelo, ánimo y sanación en Mulhorandi. Comenzó a memorizar el sonido del idioma.

Sirviendo en santuarios que lindan con las tierras Mulan. Estudió antiguas escrituras de la fe traducidas al Mulhorandi (encontrando el alfabeto Infernal de Thay como una variante oscura).
La gramática comenzó a encajar.

La práctica constante con mercaderes, refugiados y otros sacerdotes Mulhorandi hizo que el idioma se volviera fluido, dominando las jergas y los tonos.

Dick Cars regresaba siempre al hospicio de San Annur, más fuerte en su fe y con un nuevo conocimiento. El Mulhorandi para él ya no es solo una herramienta, sino una marca de su sacrificio y un testimonio de su compromiso con los sufrientes.

Ahora, cuando Dick se encuentra con cualquier persona de origen Mulan, puede hablar directamente a su corazón. Él lleva el "idioma Mulano" no como un lujo, sino como el lenguaje del dolor compartido y la esperanza perseverante, la verdadera esencia de un clérigo de Ilmater y un Caballero del Guantelete.

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