- Forma: Hombre Lagarto
«A veces no necesitas entender una forma para aprender de ella, solo necesitas dejar de luchar contra su naturaleza.»
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El hombre lagarto fue una de las primeras formas que probé, cuando apenas comenzaba mi senda y todavía no entendía muy bien qué significaba transformarse de verdad. Al principio fue un desastre, no sabía respirar bien, caminar se sentía extraño, mis manos parecían no responder como yo esperaba y las escamas... las escamas eran otra historia, sentía cada una de ellas de una manera que no sabía explicar, como si todo mi cuerpo estuviera intentando decirme que aquello no era normal. Todo era diferente y yo no entendía nada, así que terminé utilizando cada vez menos aquella forma, porque cuanto menos tiempo pasaba dentro de ella, más cómodo me encontraba.
Hasta que un día vi a una vieja amiga, Teris, que sigue una senda relacionada con la magia arcana, transformada precisamente en un hombre lagarto. Me quedé mirándola y pensé que, si alguien con tanta experiencia había decidido utilizar aquella forma, entonces seguramente había algo que yo estaba haciendo mal.
Así que volví a intentarlo, pero esta vez con más calma.
Empecé a meditar, a escuchar lo que ocurría dentro de mí y, sobre todo, dejé de intentar que aquella forma se comportara como yo quería. Poco a poco las escamas dejaron de parecerme algo extraño, la sensación de la sangre fría empezó a resultarme natural y aquellos instintos que antes me incomodaban comenzaron a tener sentido. Fue como dejar de luchar contra el lagarto que llevaba dentro y permitirle, por fin, que estuviera allí.
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Cuando hice eso, todo cambió.
Por aquel entonces me sentía bastante impotente, siempre he sido un humano sencillo, sin demasiadas cosas que me hicieran destacar, aunque estaba orgulloso de lo que hacía: guiar a quienes se perdían por el bosque, sembrar, plantar, limpiar y cuidar de él, rescatar animales y observarlos para entender un poco mejor cómo se comportaban. Pero cuando llegué a Amn las cosas cambiaron bastante, porque si quería ser un guardián del bosque capaz de ponerse delante de aquello que protegía, no podía seguir sintiéndome débil.
Con el tiempo entendí algo que mi maestro ya había intentado enseñarme, yo no tengo que ser el mejor en todo, mi función es cuidar, guiar, aconsejar y ayudar a que los demás puedan ser más fuertes, y cada criatura que conozco, cada forma que consigo asimilar, tiene algo diferente que enseñarme. No puedo serlo todo, pero sí puedo aprender qué hacer cuando cada situación lo necesite.
El hombre lagarto fue una de las primeras formas que me enseñó eso.
Dentro de ella todo se siente bastante frío, y no me refiero solamente a la sangre, sino también a las emociones. No desaparecen, pero parece que dejan de hacer tanto ruido, como si de repente las cosas fueran mucho más sencillas. Te preocupa encontrar calor, conseguir comida, descansar, estar cómodo y mantenerte a salvo, y cuando aparece una presa, algo dentro de ti simplemente cambia, te vuelves más paciente, más calculador y mucho más directo. No necesitas odiar algo para querer comértelo.
Eso último me costó un poco entenderlo, pero también fue una de las cosas que más me gustaron de esta forma, porque en aquella época tenía demasiadas cosas dentro de la cabeza y ser un hombre lagarto hacía que todo pareciera mucho más sencillo. Pensaba menos en lo que sentía y me concentraba más en lo que estaba ocurriendo delante de mí, y aunque pueda sonar extraño, me encontraba tranquilo. No era una paz espiritual ni algo profundo, simplemente estaba bien, sin darle tantas vueltas a las cosas.
También cambia bastante la forma de percibir lo que tienes delante, la vista se siente más fija y directa, como si fuera mucho más sencillo concentrarse en aquello que tienes delante y dejar el resto en segundo plano, y aunque no diría que veo el mundo de una manera completamente diferente, sí noto que presto atención a cosas que antes podía pasar por alto. Con el agua ocurre algo parecido, el cuerpo parece sentirse mucho más cómodo en ella, nadar, mantener el equilibrio o moverse por terrenos húmedos resulta bastante natural, aunque hay algo importante que recordar: un hombre lagarto no respira bajo el agua, simplemente puede aguantar la respiración durante muchísimo más tiempo que nosotros, lo suficiente como para que el agua deje de sentirse como una barrera.
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Y hablando de cosas que me sorprendieron... esta fue también una de las primeras formas con las que probé a comer de una manera más animal. Sin cocinar, sin preparar demasiado las cosas, simplemente comer lo que había disponible y dejar que el cuerpo hiciera el resto. No voy a decir que sea mi forma favorita de alimentarme, pero una vez que lo pruebas entiendes un poco mejor por qué Boti parece tener hambre todo el tiempo.
En combate nunca he sentido que el hombre lagarto necesite un arma concreta, yo sigo prefiriendo la espada porque es con lo que estoy acostumbrado a luchar, aunque debo admitir que un tridente le queda bastante bien a esta forma. Las garras y los dientes también están ahí, por supuesto, pero eso ya depende de cada uno y de lo cómodo que se encuentre utilizándolos.
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Si esta es vuestra primera vez tomando esta forma, tened paciencia, porque puede asustar bastante al principio. No es como transformarse en un orco o en un trasgo, aquí la sensación es diferente, hay algo mucho más primitivo dentro de vosotros y es fácil pensar que esos instintos significan que estáis perdiendo el control. No creo que sea así, simplemente hay que aprender a escucharlos sin dejar que sean ellos quienes decidan.
Porque cuando consigues encontrar ese equilibrio, empiezas a comprender algo que antes no podías ver.
No estás convirtiéndote en un animal. Estás intentando comprender a una criatura distinta a ti.
Comprendes su paciencia, su hambre, su manera de observar, esa forma tan sencilla de actuar cuando necesita algo y, sobre todo, comprendes que no todo tiene que estar lleno de emociones para tener sentido.
Quizá nunca llegue a ser amigo de un hombre lagarto, y tampoco creo que sea necesario, pero puedo respetarlo, puedo entender mejor cómo acercarme a uno y puedo aprender a convivir con él sin intentar que sea aquello que yo quiero que sea.
Al final, eso es lo que busco con todas mis formas.
No quiero convertirme en las criaturas que admiro.
Quiero aprender a comprenderlas.
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