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Duncan Ekhart

Baryx

Niño sin padres ni hospicio
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5/7/06
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La luna alumbraba con todo su esplendor el bosque. Kenshiro se encontraba bajo las ramas de un cerezo, durante los cuatro ciclos lunares que habian precedido a este, su ki ya era uno con el bosque.
Cada arbol, piedra o animal eran una pequeña mota de luz en su ser. Esa noche, algo manchaba el ki del bosque.
Fluyendo como el viento entre las hojas, Kenshiro se encamino hacia aquello que perturbaba su meditacion. Lo primero que percibio fue el llanto de un bebe, lo segundo, el hambre de las criaturas de tinieblas que se cernian sobre el. Despachadas las bestias, recogio al pequeño de ente los brazos de quien lo protegia. El infante, envuelto en mantas, unicamente portaba un pequeño colgante de plata con un nombre "Duncan".

Los años transcurrieron, Duncan crecio como otro mas en el monasterio de Zhu Jidan. Fascinado ante una demostracion de su maestro, decidio seguir la senda de "El Puño Celeste Fugaz" para emular las proezas de fuerza que habia observado.



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A mil metros de altura se encontraba el monasterio Zhu Jidan. Para aprender las enseñanzas del maestro Kenshiro, los aspirantes debían dejar atrás todo vínculo familiar y quedarse a vivir en el templo, realizando labores cotidianas en éste. Las mañanas se empleaban para las tareas cotidianas del templo, tal como traer agua del pozo, barrer el patio interior o cultivar la tierra. Al mediodía se almorzaba, siempre pequeñas raciones. Por las tardes los maestros predicaban una nueva enseñanza de los kami y durante toda la tarde los discípulos ponían en práctica lo aprendido, desde ser uno con el agua a entrar en sintonía consigo mismos. De noche los discípulos tomaban zumo de pomelo recién exprimido y se les daba permiso para disfrutar de algo de ocio, aunque sin duda el favorito era el vuelo de cometa.

El maestro Kenshiro guardaba en el monasterio siete pergaminos que contenían las siete técnicas secretas que los kamis le habían revelado durante su ascensión al Yo Perfecto. Según el maestro Kenshiro, la iluminación le llegó tras pasar un año entero meditando y alimentándose sólo del rocío de la mañana y los insectos que la propia naturaleza ponía en su camino e iban a morir a su boca, sabiendo éstos kamis que la verdad absoluta estaba a punto de serle revelada.

Solo aquel estudiante que lograse hacerle perder pie luchando en la cima del monte Oldcock se habría ganado el derecho a aprender la sabiduría contenida en esos pergaminos. Durante años, varios monjes del monasterio y peregrinos que venían de otros lo intentaron, pero la mayoría acabó malherida o cayó desde las alturas para no volverse a ver.

Una noche de luna roja un grupo de asaltantes cuyo rostro estaba escondido tras máscaras de kamis malignos atacó el monasterio del monte Oldcock. La mayoría de estudiantes pereció durante el combate en defensa del templo y el maestro Kenshiro se enfrentó a veinte hombres armados con katanas con sus manos desnudas. Sin embargo, un ronin que empuñaba la katana con el filo invertido consiguió herir de muerte al maestro y ordenó que se llevaran los pergaminos y prendieran fuego a dicho monasterio.

Los alumnos supervivientes intentaron atender al maestro, pero sus heridas eran demasiado graves. Con sus últimos instantes de vida, el maestro pidió que buscaran al samurai que huele como los girasoles.

Sus más fervientes seguidores decidieron hacer causa común y juraron cumplir la última voluntad del maestro, pues pensaron que había algún tipo de enseñanza profunda detrás de la críptica voluntad de éste.

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En causa común con sus compañeros, ahora sigue la pista del samurai que huele como los girasoles. Confía en que su espíritu animal le lleve al descubrimiento mediante la humildad y la paciencia.
 
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