Nyoki
Enano con acento ruso
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Nacido en Gambiton como cualquier otro Hin, Dyéh muy tempranamente fue cedido a manos de un caballero para enseñarle el oficio de escudero y ayudarle en sus gestas. Su familia no podía permitirse alimentar a otra boca más por lo que aprovecharon ésta oportunidad. Éste caballero había sido amigo de la familia desde antaño, su nombre era Tyler, aunque ya era algo mayor no dudó en concederles el favor de cuidar de su hijo hasta que se hiciera mayor. Así pues el mediano creció al lado de Tyler y los recuerdos que tiene de su familia son gracias a las historias que el caballero contaba a Dyéh sobre ellos. Durante el transcurso de los años Dyéh aprendió todo lo que un escudero tiene que saber, no era el mejor en lo suyo pero ayudaba en lo que podía. Tyler y Dyéh estuvieron juntos durante dieciséis años y por el camino atravesaron un montón de aventuras.
Llegó el día en que Tyler murió a causa de una enfermedad, su viejo cuerpo no aguantó. En los últimos momentos de agonía cedió a Dyéh toda su fortuna, que era más bien poca: su caballo, comida, su armadura y algo de dinero.
“…Ha llegado el día en que nuestros caminos se separan pequeño mediano, algún día nos volveremos a encontrar… Yo sé que eres fuerte y llevarás una vida que todo el mundo envidiará. Has nacido para ser algo importante, lo sé”.
Fueron sus últimas palabras.
Dyéh se encontraba sólo pues casi pasada su adolescencia. Vagó durante meses sin rumbo intentando encontrarse a si mismo, lo único que sabía hacer era ser escudero. Intentó encontrar otros caballeros pero todo eran negativas. El tiempo pasaba y cada vez tenía menos comida y menos dinero, pasó sus últimos días en una posada cerca de Gambiton hasta que se le acabó el dinero y lo echaron.
Muy a su pesar vendió el caballo por un puñado de monedas y su armadura también, aunque pocos días después volvía a estar sin dinero. Mendigó a partir de ahí, por calles, caminos, cualquier sitio era bueno aunque sin mucho éxito.
Cuando ya creía que todo estaba perdido y que las últimas palabras de Tyler no se habían cumplido pues estaba en sus últimas sin comida ni bebida y casi inconsciente… Notó que alguien lo agarraba con fuerza y se lo llevaba “¡Oh! Brandobaris, has escuchado mis súplicas” pensó.
Cuando despertó estaba recostado en un sofá, junto a unos personajes muy peculiares, al principió pensó que estaba muerto pues esa situación era un tanto surrealista: dos personajes, uno un poco más alto y el otro de la estatura de Dyéh, con las caras pintadas de blanco, unos labios pintados muy grandes y de clolor rojo, con una nariz roja y como una pelotita, con rizos verdes, unas ropas muy coloridas y unos pantalones que a primera vista se veía que les iban enormes sujetados con unos tirantes.
“Ey, colega ¿estás bien?...”
Dyéh se quedó mirándolos perplejo y volvieron a preguntar. El mediano se reincorporó y le ofrecieron algo de comida y bebida.
“Jopé, colega, pensábamos que te nos ibas” Aún sin creer la situación que estaba viviendo Dyéh les preguntó dónde estaba y porqué le habían salvado.
“¡El circo ha llegado a la ciudad colega! ¡Tú también habrías hecho lo mismo por nosotros!”
[thumbnail=center]http://www.danielberehulak.com/gallery/large/2010_07_21_Isl_Circus_0621.jpg[/thumbnail]
¿Circo? Se fijó mejor en la sala donde estaba, podía ver una cama, sillas, mucho color por las paredes… Y un tocador con muchos botecitos.
“¿Payasos..?”
Los dos personajes se echaron a reír. ¡Claro que eran payasos! Pasó un día más ahí y luego fue a conocer al propietario del circo y éste le ofreció un puesto de trabajo en el circo. No estaba bien pagado pero tendría comida y una cama calentita.
Dyéh tenía muchos prejuicios respecto a las personas que trabajaban en los circos y en las festividades en general pero una vez vio todo lo que significaba trabajar ahí, se enamoró. .. Todo eran risas, fiesta, ver al público sorprendido… era un sitio fascinante para él.
Ahí trabajaba de chico de los recados al principio, después pasó a limpiar las heces de los animales y otras bestias magníficas, poco a poco fue escalando posiciones. Hizo muy buenas amistades con algunos compañeros de trabajo aunque poco le conocían aún, gracias a estas amistades le recomendaron al jefe que trabajase dentro del espectáculo como cómico y así fue. A partir de ahí, su reputación aumentó y sus amistades crecieron, ya era conocido por todo el circo.
Sus apariciones eran un espectáculo y provocaba risas a todo el público, él no podía ser más feliz pues había encontrado su elemento.
Una noche mientras iba para su camerino después del espectáculo quedó maravillado hasta tal punto que no pudo quitar ojo en ningún momento… Él no se había enterado de la contratación “del tío nuevo” en el circo, era un humano de aspecto algo sucio con el pelo largo y ondulado color grisáceo muy delgado. Ahí estaba, subido en una tarima cubierto con una capa, todo el mundo en silencio y una luz que sólo le iluminaba a él… De pronto la voz del jefe resonó por todo el lugar.
“¡Damas y caballeros! Con vosotros… Hyfilna el de las mil formas”.
[thumbnail=center]http://i.imgur.com/8iiik.jpg?1[/thumbnail]
El humano movió la capa, tapándose aún más y de pronto su silueta se encogió, se podía oír el cuchicheo del público… se destapó y un trasgo salió de ahí ¡toda la sala estaba fascinada y algunos empezaron a gritar y a salir corriendo! El jefe volvió a hablar entre risas.
“No os preocupéis ¡es todo parte del espectáculo”
Dyéh no podía creérselo ¿era eso ilusionismo? ¿Era un mago? ¿Qué pasaba ahí?
Pasó poco tiempo antes de que empezaran a hablar y el mediano se empezase a interesar por Hyfilna. Al principio el humano era bastante frío con él, pero con el paso del tiempo y el carácter de Dyéh se hicieron grandes amigos hasta tal punto de hacer la apertura del espectáculo ellos dos juntos.
Dyéh se dedicaba a hacer trucos simples de magia mientras hacía su monólogo y Hyfilna le daba coba a su historia cambiando de aspecto. Tanto era su confianza que Hyfilna acabó por enseñarle los secretos del cambio de formas, al principio el mediano se quedó asombrado pues no sabía que se podía hacer eso, él siempre había pensado que era puro ilusionismo y disfraces perfectos. Pero Hyfilna era alguien especializado en la magia de transfiguración que había llegado a tal punto de especialización que podía cambiar su aspecto, y hasta el momento se había dedicado a hacer espectáculos en diferentes circos para sorprender al gentío aunque antes había dedicado su vida a las aventuras. Dyéh lo tenía claro más que nunca, se sentía tan identificado con él que quería eso, quería ser como él, pero sabía que tenía un largo camino por delante.
Lo bueno no dura para siempre, y eso era verdad en el caso de Dyéh y de todos los demás, la época dorada del circo duró poco más, pues el propietario andaba metido en asuntos poco legales y aún no se sabe muy bien quién fue, ni el porqué, algunos dicen que eran los ladrones de las sombras, otros dicen que eran otra banda organizada, el caso es que de la noche a la mañana el circo estaba desmantelado, las bestias habían desaparecido como por arte magia junto con el propietario y algunos más.
[thumbnail=center]http://www.circopedia.org/images/thumb/5/52/Carmo_Circus_after_the_1930_fire.jpg/350px-Carmo_Circus_after_the_1930_fire.jpg[/thumbnail]
Buscó a Hyfilna pero éste había desaparecido, sabía que no había sido capturado, pues tenía mil maneras para escaparse aunque se dio cuenta que sus caminos se habían separado y en ese momento recordó las palabras de Tyler.
“Has nacido para ser algo importante, lo sé”
Ya lo sabía, primero aprendería todo lo que Hyfilna le confesó y trató de enseñarle durante todo este tiempo y finalmente le encontraría para seguir aprendiendo de él.
Así empieza la aventura de Dyéh, después del circo, se encaminó hacia Athkatla una ciudad donde oyó decir que está plegada de aventureros, ese sería un buen sitio para aprender o buscar, si era necesario, aventuras.
Llegó el día en que Tyler murió a causa de una enfermedad, su viejo cuerpo no aguantó. En los últimos momentos de agonía cedió a Dyéh toda su fortuna, que era más bien poca: su caballo, comida, su armadura y algo de dinero.
“…Ha llegado el día en que nuestros caminos se separan pequeño mediano, algún día nos volveremos a encontrar… Yo sé que eres fuerte y llevarás una vida que todo el mundo envidiará. Has nacido para ser algo importante, lo sé”.
Fueron sus últimas palabras.
Dyéh se encontraba sólo pues casi pasada su adolescencia. Vagó durante meses sin rumbo intentando encontrarse a si mismo, lo único que sabía hacer era ser escudero. Intentó encontrar otros caballeros pero todo eran negativas. El tiempo pasaba y cada vez tenía menos comida y menos dinero, pasó sus últimos días en una posada cerca de Gambiton hasta que se le acabó el dinero y lo echaron.
Muy a su pesar vendió el caballo por un puñado de monedas y su armadura también, aunque pocos días después volvía a estar sin dinero. Mendigó a partir de ahí, por calles, caminos, cualquier sitio era bueno aunque sin mucho éxito.
Cuando ya creía que todo estaba perdido y que las últimas palabras de Tyler no se habían cumplido pues estaba en sus últimas sin comida ni bebida y casi inconsciente… Notó que alguien lo agarraba con fuerza y se lo llevaba “¡Oh! Brandobaris, has escuchado mis súplicas” pensó.
Cuando despertó estaba recostado en un sofá, junto a unos personajes muy peculiares, al principió pensó que estaba muerto pues esa situación era un tanto surrealista: dos personajes, uno un poco más alto y el otro de la estatura de Dyéh, con las caras pintadas de blanco, unos labios pintados muy grandes y de clolor rojo, con una nariz roja y como una pelotita, con rizos verdes, unas ropas muy coloridas y unos pantalones que a primera vista se veía que les iban enormes sujetados con unos tirantes.
“Ey, colega ¿estás bien?...”
Dyéh se quedó mirándolos perplejo y volvieron a preguntar. El mediano se reincorporó y le ofrecieron algo de comida y bebida.
“Jopé, colega, pensábamos que te nos ibas” Aún sin creer la situación que estaba viviendo Dyéh les preguntó dónde estaba y porqué le habían salvado.
“¡El circo ha llegado a la ciudad colega! ¡Tú también habrías hecho lo mismo por nosotros!”
[thumbnail=center]http://www.danielberehulak.com/gallery/large/2010_07_21_Isl_Circus_0621.jpg[/thumbnail]
¿Circo? Se fijó mejor en la sala donde estaba, podía ver una cama, sillas, mucho color por las paredes… Y un tocador con muchos botecitos.
“¿Payasos..?”
Los dos personajes se echaron a reír. ¡Claro que eran payasos! Pasó un día más ahí y luego fue a conocer al propietario del circo y éste le ofreció un puesto de trabajo en el circo. No estaba bien pagado pero tendría comida y una cama calentita.
Dyéh tenía muchos prejuicios respecto a las personas que trabajaban en los circos y en las festividades en general pero una vez vio todo lo que significaba trabajar ahí, se enamoró. .. Todo eran risas, fiesta, ver al público sorprendido… era un sitio fascinante para él.
Ahí trabajaba de chico de los recados al principio, después pasó a limpiar las heces de los animales y otras bestias magníficas, poco a poco fue escalando posiciones. Hizo muy buenas amistades con algunos compañeros de trabajo aunque poco le conocían aún, gracias a estas amistades le recomendaron al jefe que trabajase dentro del espectáculo como cómico y así fue. A partir de ahí, su reputación aumentó y sus amistades crecieron, ya era conocido por todo el circo.
Sus apariciones eran un espectáculo y provocaba risas a todo el público, él no podía ser más feliz pues había encontrado su elemento.
Una noche mientras iba para su camerino después del espectáculo quedó maravillado hasta tal punto que no pudo quitar ojo en ningún momento… Él no se había enterado de la contratación “del tío nuevo” en el circo, era un humano de aspecto algo sucio con el pelo largo y ondulado color grisáceo muy delgado. Ahí estaba, subido en una tarima cubierto con una capa, todo el mundo en silencio y una luz que sólo le iluminaba a él… De pronto la voz del jefe resonó por todo el lugar.
“¡Damas y caballeros! Con vosotros… Hyfilna el de las mil formas”.
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El humano movió la capa, tapándose aún más y de pronto su silueta se encogió, se podía oír el cuchicheo del público… se destapó y un trasgo salió de ahí ¡toda la sala estaba fascinada y algunos empezaron a gritar y a salir corriendo! El jefe volvió a hablar entre risas.
“No os preocupéis ¡es todo parte del espectáculo”
Dyéh no podía creérselo ¿era eso ilusionismo? ¿Era un mago? ¿Qué pasaba ahí?
Pasó poco tiempo antes de que empezaran a hablar y el mediano se empezase a interesar por Hyfilna. Al principio el humano era bastante frío con él, pero con el paso del tiempo y el carácter de Dyéh se hicieron grandes amigos hasta tal punto de hacer la apertura del espectáculo ellos dos juntos.
Dyéh se dedicaba a hacer trucos simples de magia mientras hacía su monólogo y Hyfilna le daba coba a su historia cambiando de aspecto. Tanto era su confianza que Hyfilna acabó por enseñarle los secretos del cambio de formas, al principio el mediano se quedó asombrado pues no sabía que se podía hacer eso, él siempre había pensado que era puro ilusionismo y disfraces perfectos. Pero Hyfilna era alguien especializado en la magia de transfiguración que había llegado a tal punto de especialización que podía cambiar su aspecto, y hasta el momento se había dedicado a hacer espectáculos en diferentes circos para sorprender al gentío aunque antes había dedicado su vida a las aventuras. Dyéh lo tenía claro más que nunca, se sentía tan identificado con él que quería eso, quería ser como él, pero sabía que tenía un largo camino por delante.
Lo bueno no dura para siempre, y eso era verdad en el caso de Dyéh y de todos los demás, la época dorada del circo duró poco más, pues el propietario andaba metido en asuntos poco legales y aún no se sabe muy bien quién fue, ni el porqué, algunos dicen que eran los ladrones de las sombras, otros dicen que eran otra banda organizada, el caso es que de la noche a la mañana el circo estaba desmantelado, las bestias habían desaparecido como por arte magia junto con el propietario y algunos más.
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Buscó a Hyfilna pero éste había desaparecido, sabía que no había sido capturado, pues tenía mil maneras para escaparse aunque se dio cuenta que sus caminos se habían separado y en ese momento recordó las palabras de Tyler.
“Has nacido para ser algo importante, lo sé”
Ya lo sabía, primero aprendería todo lo que Hyfilna le confesó y trató de enseñarle durante todo este tiempo y finalmente le encontraría para seguir aprendiendo de él.
Así empieza la aventura de Dyéh, después del circo, se encaminó hacia Athkatla una ciudad donde oyó decir que está plegada de aventureros, ese sería un buen sitio para aprender o buscar, si era necesario, aventuras.