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[Ecos del Sepulcro] Protegiendo el Alma

Vinter

Vampiro buceador de lagos
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I. “Tratado de Plata Bendita: Del bloqueo necrótico. Por Eothain del clan Blaydd, Caballero de la Luna.”

“Mucho se ha escrito sobre la plata y sus procesos de forja, pero pocos son los textos que yo haya visto respecto de las propiedades de la plata como metal en un arma, o en una armadura, o incluso en un escudo. Muchos creen que la plata, siendo un metal precioso como lo es, resulta un material endeble y delicado, pero estas afirmaciones no pueden estar más lejos de la realidad. Si bien es cierto que la plata de ley por sí sola no resulta suficientemente dura como para mantener un filo o la forma de un martillo, con el adecuado tratamiento y la forja que le corresponde, cambia notablemente, en especial una vez se le suministran las bendiciones correspondientes.

No desvelaré en este texto los secretos de la bendición de la plata de la iglesia de Selûne, ya que se trata de un proceso muy concreto que nosotros conocemos, y solamente las Videntes y las Sacerdotisas deben ser capaces de realizar por los ritos que estos implican, pero sí puedo ofrecer una visión general de las propiedades del metal bendito, y ya de paso, ofrecer un procedimiento abreviado.

La plata de por sí sola, es un metal dispensado tradicionalmente como un remedio para el combate contra criaturas malignas. Su origen suele ser subterráneo, pero no por ello es menos reluciente. Se le llama el mineral de la luna por su tono gris pálido y centelleante, y de forma inherente, tiene propiedades que dañan a aquellas criaturas de corazón maligno, convenientemente tratada. Mientras que la simple plata de Ley no tendrá efecto alguno sobre un no-muerto, sobre un licántropo la plata será una molestia, una irritación, un escozor como el borde de la coraza de una armadura sobre la piel de quien no lleva la sobrecota. Sin embargo, si esta plata adquiere la forma de un filo, como por ejemplo, un cuchillo, se encontrará con que la piel de los licántropos la atraviesa como si fuera mantequilla, y a los no muertos al introducir el filo en la carne, los quema.

Pero entonces, ¿por qué escribo estas líneas dedicadas a este metal tan concreto? Muy simple, porque la forma final de la plata no es el de cubertería bonita, de igual modo que el acero puede ser reforzado con ácidos para formar patrones de damasco y reforzar sus filos, la plata puede ser tratada con ungüentos de aceite y agua benditos, para reforzar sus propiedades. Si bien es cierto que el procedimiento es secreto para generar los ungüentos, no lo es así el uso de éstos en la forja.

En primer lugar, es necesario que el lingote de plata se encuentre al rojo. Esto no es difícil, dado que la plata tiene un punto de templado sorprendentemente bajo por su condición de metal blando. Lo difícil es mantener ese templado sin dañar la aleación de metal. En este proceso, hace falta tener al lado el barril con el aceite o el agua benditos, que se emplearán para templar los lingotes y ungirlos en el material bendito que les corresponde.

Este proceso es delicado. Hay que dejar el lingote a templar en el aceite durante varios minutos, no como haríamos con el hierro o el acero. Mover la pinza o tu brazo en este proceso sería fatal para el metal, pues el aceite bendito debe impregnarse incluso dentro del propio lingote, o de lo contrario, sería una bendición defectuosa. Tampoco vale dejar el lingote inerte en el aceite a través de un mecanismo, has de sostenerlo tú mismo, pues si bien es cierto que la presión constante del mecanismo ayuda, solo tú puedes medir con precisión el tiempo que lleva para que el lingote se endurezca suficiente.

El lingote de plata bendita, al contrario que el lingote de plata de ley refulge incluso en la propia oscuridad con luz de luna, rechazando la oscuridad y las impurezas que de normal suelen asentarse sobre el metal sin trabajar ni pulir. Una vez el lingote de plata bendecido se encuentra en condiciones, es hora de darle forma. Quizás, esta sea la parte más delicada de todo el proceso, puesto que la plata bendita sigue sin estar endurecida como debe, y para el siguiente proceso se necesita una forja especial, una capaz de alcanzar temperaturas mucho más altas que las habituales.

Sin embargo, el proceso de forjado es secundario en lo referente a este tratado, pues ahora que el lingote está listo, puedo enumerar sus funciones. Estos lingotes se emplean para realizar herramientas de toda clase. Desde armas, hasta estiletes ceremoniales, o incluso piezas de joyería para distintos ritos religiosos en múltiples religiones a lo largo y ancho de Faêrun.

Es importante destacar esto, puesto que la plata por mucho que sirva para combatir el Mal también tiene un aspecto protector extremadamente importante, dado que por otros tratados que he tenido en mis manos, y de hecho numerosas pruebas que he podido hacer sobre el terreno, la plata tiene la mayor de sus virtudes en un simple motivo, que no por ser simple resulta baladí: Rechaza la energía necrótica. Por completo.

La energía necrótica es un tipo de energía inherente a la oscuridad, aunque no por eso es necesariamente maligna. Al contrario que la energía positiva, o radiante, la energía necrótica es su polar opuesto, y se emplea en especial, para dañar a aquello que vive. Sin entrar en especificaciones metafísicas en las que no me encuentro suficientemente versado como para ofrecer una filosofía acorde, habré de mencionar que la plata repele la energía necrótica. Sirve como escudo, probablemente por las bendiciones que la plata bendita contiene, pero justamente por la combinación de la injerencia natural de la plata como un metal benigno, en conjunción a las bendiciones de un clérigo de dicado al Bien – preferentemente Selûnitas o Elistraeeitas-, esto redobla las capacidades protectoras de este metal, convirtiéndolo en el instrumento perfecto para escudar a su usuario de maldiciones, energía necrótica o incluso de ser empleado para retener a criaturas que se alimenten de energía necrótica.

Por eso mismo, unas boleadoras de plata, unos grilletes o incluso una cadena armada de este metal bendito puede ser capital para luchar contra nigromantes, no muertos u otras criaturas cuyo flujo de energía depende de lo necrótico. La pregunta es, ¿es esto suficiente para evitar la transfusión?

¿O quizás solo sirve para dañar y retener?”


Eothain levantó la cabeza del libro, con las yemas de sus dedos manchadas en tinta, en medio del Salón de la Luna, con los tomos que habían encontrado Zilvra y Baldrak en sus intentos de investigar los materiales con los que el Heraldo había sido apresado la última vez. Claramente, la técnica exacta era un secreto de los Encapuchados, pero no tenían por qué replicarla. No querían capturarlo para siempre, solo suficiente tiempo para entregarlo y mantener al esgrimista separado de la Negrarma.

Ahora, la pregunta era, ¿cómo podía él aislar el Negrarma por métodos convencionales cuando ni los encapuchados pudieron hacerlo? La respuesta podía encontrarse en la plata. O... Allá donde moría la magia.

El hierrofrío.

Una medida drástica para un arma drásticamente mortal y terrible. Una aberración nacida de los planos sombríos. Pero para poder emplearlo, tenía primero que descubrir cómo interrumpir el flujo de la simbiosis entre el arma y el espadachín, si la información que había recopilado Vys era correcta. Y la plata contenía ese secreto. Solo tenía que encontrar una forma adecuada de interrumpir el flujo para que el espadachín no esgrimiese su arma.​

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