Sariel
Enano sin acento ruso
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Pasados los días del Juicio, fue la propia Alta Sacerdotisa quien se encargó de hacer llegar la copia del edicto emitido por Justicia Superior. Su semblante se mostraba inusualmente sereno, incluso alegre, como si el peso de la culpa jamás hubiese recaído sobre sus hombros, como quien sabe que ha hecho lo correcto independientemente de lo que algunos embatados dijesen. Apenas podía percibirse en ella el menor atisbo de arrepentimiento por sus actos, al menos en su expresión, aunque, por supuesto, nunca habría de reconocerlo con palabras.
Tras emitir el edicto, sacudió una mano contra la otra, como quien da por concluido un trabajo bien hecho. Dejó escapar un leve gemido de satisfacción mientras se desperezaba con la elegancia lánguida de un felino. Hecho aquello, se dio media vuelta y volvió a internarse en las profundidades del templo.
Por la presente, la Iglesia de Selûne de Amn, en relación con los hechos ocurridos en el traslado de desamparados y refugiados desde la capital, Athkatla, hasta la lejana Nashkel, reconoce públicamente la sentencia dictada por la Justicia de Amn y acepta la condena impuesta por los delitos de Obstrucción y Falsificación.
Reconocemos que durante y después de la travesía, se produjeron muertes entre las personas trasladadas, y que dichas defunciones no fueron declaradas ante las autoridades competentes de los municipios, con la diligencia, claridad y formalidad que se espera.
Reconocemos igualmente la falta de comunicación inmediata y completa que impidió la adecuada intervención de las autoridades locales, dificultando las comprobaciones del estado del grupo, asímismo como la autoridad legítima de Crimmor, privando a estos de examinar el estado de los refugiados, prestar auxilio, verificar los daños sufridos y asegurar que toda persona bajo nuestra custodia pudiera recibir amparo.
Por último reconocemos también que los datos publicados posteriormente en "La Voz de Amn", no reflejaron con veracidad plena lo sucedido durante el viaje, presentando una versión incompleta y engañosa de los hechos. Una omisión que contribuyó a ocultar la real tragedia que llevó en su momento al descenso de la confianza debida en la institución religiosa.
Por todo ello la Iglesia de Selûne acepta su responsabilidad en los actos por la que ha sido condenada y declara que ningún acto esta por encima de la Ley Amniana, no importa la causa, debemos obedecerla.
Que este edicto sirva como reparación pública hacia las autoridades de cada ciudad, la justicia amniana y sobre todo las víctimas y sus familiares.
Reconocemos que durante y después de la travesía, se produjeron muertes entre las personas trasladadas, y que dichas defunciones no fueron declaradas ante las autoridades competentes de los municipios, con la diligencia, claridad y formalidad que se espera.
Reconocemos igualmente la falta de comunicación inmediata y completa que impidió la adecuada intervención de las autoridades locales, dificultando las comprobaciones del estado del grupo, asímismo como la autoridad legítima de Crimmor, privando a estos de examinar el estado de los refugiados, prestar auxilio, verificar los daños sufridos y asegurar que toda persona bajo nuestra custodia pudiera recibir amparo.
Por último reconocemos también que los datos publicados posteriormente en "La Voz de Amn", no reflejaron con veracidad plena lo sucedido durante el viaje, presentando una versión incompleta y engañosa de los hechos. Una omisión que contribuyó a ocultar la real tragedia que llevó en su momento al descenso de la confianza debida en la institución religiosa.
Por todo ello la Iglesia de Selûne acepta su responsabilidad en los actos por la que ha sido condenada y declara que ningún acto esta por encima de la Ley Amniana, no importa la causa, debemos obedecerla.
Que este edicto sirva como reparación pública hacia las autoridades de cada ciudad, la justicia amniana y sobre todo las víctimas y sus familiares.
Tras emitir el edicto, sacudió una mano contra la otra, como quien da por concluido un trabajo bien hecho. Dejó escapar un leve gemido de satisfacción mientras se desperezaba con la elegancia lánguida de un felino. Hecho aquello, se dio media vuelta y volvió a internarse en las profundidades del templo.