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Edric Negrocorazón

Thorken

Piedra calcinada de la Espiral
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3/3/07
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Los recuerdos que envuelven mi historia pasada tienen un orden cronológico que me han marcado a día de hoy.

Miedo, tristeza, soledad, dolor, ira, odio, disciplina, orden, obediencia, libertad.


Los látigos de los esclavistas nos fustigaban con total desprecio, aun puedo escuchar los gritos de dolor, el olor a orines y heces de todos los que compartían camino conmigo, yo era demasiado joven por suerte, vigoroso, útil. Pero el sabor del miedo es para mi algo tan cotidiano como el respirar.


No recuerdo cuando empezó mi viaje, pero si recuerdo que a veces eramos menos, y otras más ... y el camino era largo, interminable, el estómago vacío, rugiendo hambre. Sangre y miseria por todas partes, pero aun entre la miseria puede crecer un sentimiento invencible, imperecedero; supervivencia.


Mi destino final fue Alcázar Zhentil, a la cual llegue para formar parte de las más miserables partes del ejercito zhentilar, la carroña que servía de señuelo en batallas o emboscadas, o aquellos que remataban a los moribundos y recogían lo que de valor nos brindase el campo de batalla.

Pronto comprendí, que la obediencia era el camino para alcanzar el futuro, que en aquella época significaba un día más de vida, pero aun más pronto comprendí, que toda mi vida era una prueba, una prueba que se convertiría en el camino que finalmente me podría llevar a la libertad; Bane.


Dejar de ser un oprimido para convertirme en el opresor, ese era mi destino y para ello, serví con total devoción a mis órdenes, a mis misiones, a mis superiores, y a mi fé.

Fue así como conocí a Lord Negrocorazón, y así como logré hacerme un lugar en su cohorte, el más joven paje de sus filas.



En aquel entonces tendría unos catorce años, y puedo afirmar que dejé de ser un niño desde el momento en que recibí el primer latigazo. Desde aquel entones hasta ahora, mi espalda se ha convertido en el mapa que ha marcado mi vida, el precio que pagué por mis decisiones menos acertadas y mis dudas. Lord Negrocorazón me bendijo un día con las palabras que guiarían mi vida, tras azotarme me dijo.

Serás Edric a partir de ahora, y serás soldado a mi servicio, desde este momento, espero que este dolor y la sangre que corre por tu espalda te enseñen a que tu nombre ha sido obtenido a un alto precio, has conocido el más profundo abismo, y sólo aquellos que comprenden el significado de ello pueden despedazar a los demás para lograr imponerse al resto.


A partir de entonces, mi vida cambió. El servicio a mi Lord sin duda me convirtió en un hombre nuevo, alguien que sabe bien el poder de la ley, la estupidez de la piedad, el sinsentido del miedo. A partir de entonces me convertí en el más fiel de sus vasallos, hice una escultura con mi corazón, sabiendo elegir el camino correcto, tomar las decisiones de las que no pudiese equivocarme, y me convertí en lo que soy ahora.


Dos años hace que logré llegar a Amn, tras un largo periplo no exento de problemas, dos años hace que Lord Negrocorazón, me concedió su nombre para añadirlo al mio y me encomendó la misión de restaurar el honor que conlleva servir al Tirano en las azotadas tierras de Amn. Dos años han pasado y aquí estoy.


Mi misión, ha comenzado
 

Thorken

Piedra calcinada de la Espiral
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3/3/07
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Me despierto y realizo mi rutina habitual. Tomo con mis manos el flagelo que siempre me ha acompañado, elevando antes unas oraciones a Bane. Cierro mis ojos y recuerdo el motivo por el cual estoy ahora donde estoy, el dolor me convirtió en lo que soy, y no debo olvidar que los años como esclavo, bajo torturas diarias me dieron la fortaleza mental para aguantar más allá de toda duda.

Cuando lo tengo claro, decido que parte del cuerpo voy a flagelarme y procedo, tres golpes de látigo, nunca menos, nunca más, misma intensidad. Me detengo y elevo una oración al Tirano mientras afianzo el dolor y lo hago mío.


Ahora puedo afrontar este nuevo día.


Por suerte hay guerra en todas partes, es el momento propicio para que la semilla pueda ser sembrada, en este día, con este dolor en mi mente, mi fe renovada, he decidido alistarme a la Legión Férrea. Loado sea el Tirano por siempre, por todos, eternamente.
 

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