Loreliel
Pirata sin barco
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Y los rumores se esparcieron como fuego sobre hierba seca, pasando de voz en voz por los llanos exteriores, de tal modo que aun aquellos que no habían sido testigos hablaban de ello como si hubiesen estado presentes. Decíase que en una noche de luna llena, cuando el astro plateado vertía su fulgor sobre el páramo de Álandor, la tierra reposaba en una calma engañosa; pues, a pesar de la amenaza persistente de la Bruma y de la reciente marcha hacia el norte de los defensores de Amn, no se alzaba entonces señal alguna de peligro inmediato. Y en el campamento de Álandor, hombres y aliados conversaban sin inquietud, compartiendo palabras bajo la luz serena de la noche.
Mas aquella quietud fue quebrada de súbito.
Desde la penumbra emergió una bestia terrible: un lobo de pelaje albino, grande más allá de lo natural y lleno de cicatrices, cuyos ojos ardían con furia e instinto de caza, como si en ellos habitara una voluntad antigua y despiadada. Y quienes lo vieron recordaron entonces los susurros que antaño habían corrido por las tierras del sur, pues esta bestia ya inspiraba temor entre los habitantes de Amn. Ahora había llegado al norte, y su presencia no auguraba sino sangre.
Y sin embargo, no logró cumplir su propósito.
Porque como si la misma naturaleza hubiese levantado un escudo viviente, Loreliel la Plateada salió a su encuentro, tomando la forma del lobo Lythari. Ante la bestia se irguió, inflando el pecho y mostrando los colmillos, y su gruñido resonó en la noche como un desafío antiguo, marcando con claridad el territorio que defendía; pues no permitiría que aquella criatura alcanzara a quienes reposaban en el campamento.
Entonces se tensó el aire entre ambos, y por un instante el mundo pareció contener la respiración. Se enfrentaron lobo contra lobo, y el silencio fue quebrado por gruñidos cargados de amenaza. Y el albino abrió sus mandíbulas y lanzó el primer ataque, hincando sus dientes en una de las patas de la Plateada; mas ella no retrocedió, sino que respondió con igual fiereza, aferrando con sus fauces el cuello del albino. Y así se trabaron en un instante de violencia pura, erizados de furia, como si dos voluntades salvajes lucharan por imponer su dominio.
Pero la contienda no se prolongó.
Porque de pronto, el lobo Albino se desprendió y emprendió la huida con velocidad terrible, internándose en la oscuridad del páramo. Y aunque la Plateada permaneció firme en su posición, no le dio caza, pues su propósito no era la persecución, sino la defensa.
Y así terminó aquel encuentro.
Mas no cesaron los rumores, antes bien crecieron; y todos coincidían en una sola certeza: que el Lobo Albino merodea aún por Álandor, y que su hambre no ha sido saciada. Y muchos temen que, cuando vuelva a mostrarse, no lo hará con intención de probar, sino de cazar hasta saciar su furia.
Offtopic :
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