eldroth12
Copia sin mente de un convocado
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- 6/9/09
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EL arquero camina solo, su fata ha desistido de intentar animarle, su caballo aguarda en las inmediaciones de Purskul. El camina solo, con los hombros encorvados, la mirada prendida de la hierba. Sus ojos denotan que hace días que no duerme bien, sus manos nerviosas acuden a la empuñadura maltrecha de un arco roto al menor sonido.
(MI error, mi fallo, debería haber caído yo, no el)
Todo había comenzado hacia una semana, el había terminado de apilar los leños y los tocones en el claro de la arboleda de los 17, entonces un cuervo se presento en Purskul, esperando paciente sobre la cabeza de Elealan. Thodrel venia cargado con víveres para el campamento del claro, ahora ya no eran solo para el, eran para cualquiera que tuviese la voluntad de ayudar. Miró al cuervo, reconociéndole rápidamente como el fiel amigo de Ender. El cuervo tenia un mensaje en una de sus patas, un pequeño pergamino, enrollado con un mensaje.
“Reúnete conmigo en Crimmor, te espero, acude lo antes posible hermano.”
Miro preocupado al cuervo que salio volando, justo después de que el explorador le diera unas migajas de pan mojado en leche en la palma de su mano. Monto en su caballo y salio al galope para Crimmor. Al llegar allí el cuervo le esperaba en una casa guardada por un hombre oscuro, siniestro, armado con una guadaña. Entro con paso tembloroso para encontrarse con Ender.
-Herma..mano, tenemos una misión…. Y y quiero que me acompañes.
Sus pasos no se dirigían hacia ningún lugar, solo caminaba, levantaba la cabeza solo para hablar con conocidos o desconocidos, preguntando por un semielfo tartamudo. Cuando sabia que había andado demasiado, se sentaba a roer sin ganas una manzana o a obligarse a engullir unos tragos de agua. Al poco se levantaba, y continuaba con su caminar.
(Solo tenia que cuidar de Ender, solo tenia que hacer lo que mejor se me da, pasar desapercibido, solo tenia que hacer eso..)
Volvía a estar en el mismo lugar, ahora acompañado de Ender y de Aldarion, la saltarina también estaba allí, así como una mujer que nunca antes había conocido, pero que respondía al nombre de Iria.
Era el día, había estado preparándose para ese momento, sus botas acolchadas estaban listas, su ropas, su capa, su alma. Todo listo.
Andaban en grupo, dejando que fueran Aldarion o la saltarina los que abrían la marcha, Thodrel estaba en el centro de la formación, mientras Iria y Ender cerraban el grupo. Así avanzaban, poco a poco, cuarto a cuarto. Pasando desapercibidos, sin abrir la boca, sin decir nada.
El grupo avanzo en silencio, solo dos veces, tuvieron problemas, Una bola de fuego lanzada por un arcano que estaba de guardia en las catacumbas, por desgracia alcanzo al explorador, que se pego a la pared, apagándose las ascuas silenciosamente mientras miraba a un murciélago escapar del resplandor de la llamarada. .
-Escuche un ruido, ya sabes como me gusta quemar a las ratas y a los murciélagos que rondan la zona. -Rió sonoramente, a carcajadas ahogadas mientras sus compañeros le coreaban con bromas y chanzas.
No, no les habían visto, y siguieron su camino.
Bajaron por unas entradas de las alcantarillas descolgándose silenciosamente por unas cuerdas. Todo tranquilo, todo despejado hasta que llegaron a unas zonas llenas de Kobolds dy hielo, estaban en grupo, nos vieron…. Luchar contra ellos era sencillo, hacerlo sin hacer ruido no tanto. Acabaron con ellos rápidamente. Al parecer los pasos de Thodrel e Iria no habían sido todo lo silenciosos que debieran y los Kobolds atacaron.
Entraron en las catacumbas, depositaron las piedras, las escondieron, todo parecía ir bien, nada parecía fallar.
(Alas, he oído un batir de alas, no se si dos o diez, pero algo ha revoloteado por nuestra zona. Algo ha averiguado nuestras intenciones…. De prisa, hemos de ser mas rápidos. )
Se detuvo, los nudillos blancos por la tensión, sus manos estaban apretando las empuñaras de las espadas, al parecer llovía, las gotas entraban en sus ojos a la par que otras salían por propia necesidad. No se dio cuenta de que lloraba, hasta que las gotas de agua siguieron saliendo, de la rabia, cuando bajando la cabeza la capucha aun se le mojaba. Mirando la tierra que comenzaba a ser un barrizal continuo con sus pasos.
-Que demonios es esto! Por los dioses, este desprendimiento no sale en el mapa!! -El hombre gato susurro alterado, crispado viendo que solo tres de las 5 piedras necesarias habían sido colocadas.
El pequeño grupo se miro buscando soluciones, no las había. Nada que no tardara demasiado, nada que no fuera una orquesta de las cinco jarras tocando en mitad de la guarida del enemigo. Desilusionados, miraban en derredor, mientras Aldarion intentaba sin éxito cavar una grieta. Era el único camino a seguir y estaba cerrado.
Ender saco un pergamino e inscribió en el un corto mensaje a los arcanos, para que supieran que habíamos conseguido solo 3 de los 5 objetivos y que probablemente supieran del ataque.
Al salir, guerreros esqueletos, en oleadas, pequeños grupos, pero alerta, sabían que estábamos allí. Las espadas silbaban, los arcos disparaban con cadencia rítmica, los sonidos de los esqueletos al morir de nuevo y desmoronarse en el suelo retumbaban en las catacumbas. Ya no había sigilo, solo supervivencia, ya no importaba acabar la misión antes del amanecer, ahora solo importaba salir y llegar a tiempo a la batalla, informar, apoyar.
(No dejare solo al loco de Ender, seré su sombra, si el entra, yo iré tras el. No le pasara nada)
Ahora caminaba sabiendo que algo o alguien le seguía, ruidos, murmullos, estaba cerca de una ciudad, Athkalla. Camino sin rumbo, con el susurro de su fata al oído, no la escuchaba, no entendía que le decía, no importaba, sabia que solo eran palabras de animo. Escucho una voz conocida, era Delom, le preguntaba por Ender, el explorador negaba, negaba y se giraba en dirección contraria mirando al suelo de nuevo, Su fata le seguía susurrando reproches, ahora no quería escuchar.
Había llegado corriendo al cementerio, allí los druidas estaban rodeados de cadáveres, era de día, pero la luz del sol no cruzaba unas negras nubes que amenazaban tormenta aunque nunca llegase a llover. La senda seguía un reguero de cuerpos desmembrados, mutilados por el peso de santos aceros, de gruesas hachas enanas e incluso certeras saetas. Los druidas a los que se habían sumado avanzaron por la senda marcada de cadáveres para encontrarse un espectáculo mas dantesco si cabe.
Las tropas de asalto estaban allí, El puente levadizo era un colapso para los ojos y los oídos. Cadáveres de amigos y aliados por doquier compartían espacio con los restos de los esqueletos y los zombies, alguna pequeña montaña de polvo se arremolinaba con el viento que silbaba en los oídos de los presentes. Sanadores encorvados, de rodillas rezando a sus dioses por las almas y los cuerpos de los compañeros. Hermanos de armas arrastrando maltrechos compañeros caídos fuera del lugar para acercarse implorantes a los clérigos. Gente preguntando por amigos del otro destacamento, caos. solo caos en los ojos del explorador. Su hermano, no estaba.
Las puertas levadizas del castillo cedieron y con un retumbar chocaron contra el puente levadizo, aplastando cadáveres y esparciendo las pequeñas montañas de sacrílego polvo. La guarnición de vanguardia entro en tropel, mas combate, pero por fortuna, los que avanzaban salieron mas o menos indemnes, mientras los druidas y clérigos iban buscando a los que se podían salvar entre los cadáveres en la retaguardia. Al entrar en el castillo, un joven caballero, con un porte majestuoso a pesar de una armadura abollada y un rostro empapado en sudor, pidió voluntarios para salvaguardar el patio exterior. Los druidas y el explorador se quedaron junto a un arcano, un enano y el valiente caballero.
(debía haber entrado, nada hice fuera, nada pude aportar… matamos a unos pocos que huían de la luz, si, pero dentro habría acompañado a mi hermano, quizás hubiera podido darle una esperanza.. Y no… lo que encontré dentro)
La luz se origino dentro del castillo mientras este se resquebrajaba, algunos malditos intentaron huir, pero cayeron rápido, la misión había sido un éxito, los valientes salían con trofeos y abrazaban a los compañeros que habían luchado solos. Otros salían fatigados apoyados en los hombros de compañeros igual de maltrechos, las caras eran entre tensión al limite de la cordura y sonrisas de satisfacción.
Seguía un camino que había andado antes, mas de una vez, atravesó el puente, giro sobre la loma, atravesó los árboles, paso entre las rocas y entro en un lugar familiar, aquí también llovía, pero sus ojos ahora estaban secos. Arrastro los pies a la orilla del calmado lago mientras las gotas de lluvia rebotaban en su superficie dando pequeñas puñaladas al aire. Camino hasta un conocido circulo, se sentó arrastrando la espalda por una de las rocas y mirando la hierba asintió a las presencias que sabia que estaban pero que ni siquiera había mirado a los ojos. Saco un arco destrozado, y un pequeño vial de sangre, los deposito en la hierba y hablo por fin, Tenia la garganta atragantada de emociones, pero hablo calmado, levantando la vista repasando a los presentes por primera vez.
( La victoria había sido nuestra, la alegría de la victoria era nuestra, eso debía ser, pero no era así, el amargo sabor de la derrota, del fracaso, me corroe por dentro, se que hice lo que pude, pero podría haber hecho mas, si hubiera hecho mas, seguiría teniendo a un loco tartamudo a mi espalda y no solo en mi cabeza)
Niennor, Claunys, Vashard y Muriel le miraban, pero no le importaba. Contó lo que sabia, asintió a las palabras de los hermanos y compañeros y cuando la conversación hubo terminado, recogió con cariño las piezas del arco, envolviéndolas con mimo en una pequeña lona, guardo el vial en su pechera, se levanto con rodillas temblorosas y asintiendo de nuevo sin mirar a los presentes y arrastrando sus pasos, volvió a los caminos, a preguntar a conocidos y desconocidos por un tartamudo semielfo.
(MI error, mi fallo, debería haber caído yo, no el)
Todo había comenzado hacia una semana, el había terminado de apilar los leños y los tocones en el claro de la arboleda de los 17, entonces un cuervo se presento en Purskul, esperando paciente sobre la cabeza de Elealan. Thodrel venia cargado con víveres para el campamento del claro, ahora ya no eran solo para el, eran para cualquiera que tuviese la voluntad de ayudar. Miró al cuervo, reconociéndole rápidamente como el fiel amigo de Ender. El cuervo tenia un mensaje en una de sus patas, un pequeño pergamino, enrollado con un mensaje.
“Reúnete conmigo en Crimmor, te espero, acude lo antes posible hermano.”
Miro preocupado al cuervo que salio volando, justo después de que el explorador le diera unas migajas de pan mojado en leche en la palma de su mano. Monto en su caballo y salio al galope para Crimmor. Al llegar allí el cuervo le esperaba en una casa guardada por un hombre oscuro, siniestro, armado con una guadaña. Entro con paso tembloroso para encontrarse con Ender.
-Herma..mano, tenemos una misión…. Y y quiero que me acompañes.
Sus pasos no se dirigían hacia ningún lugar, solo caminaba, levantaba la cabeza solo para hablar con conocidos o desconocidos, preguntando por un semielfo tartamudo. Cuando sabia que había andado demasiado, se sentaba a roer sin ganas una manzana o a obligarse a engullir unos tragos de agua. Al poco se levantaba, y continuaba con su caminar.
(Solo tenia que cuidar de Ender, solo tenia que hacer lo que mejor se me da, pasar desapercibido, solo tenia que hacer eso..)
Volvía a estar en el mismo lugar, ahora acompañado de Ender y de Aldarion, la saltarina también estaba allí, así como una mujer que nunca antes había conocido, pero que respondía al nombre de Iria.
Era el día, había estado preparándose para ese momento, sus botas acolchadas estaban listas, su ropas, su capa, su alma. Todo listo.
Andaban en grupo, dejando que fueran Aldarion o la saltarina los que abrían la marcha, Thodrel estaba en el centro de la formación, mientras Iria y Ender cerraban el grupo. Así avanzaban, poco a poco, cuarto a cuarto. Pasando desapercibidos, sin abrir la boca, sin decir nada.
El grupo avanzo en silencio, solo dos veces, tuvieron problemas, Una bola de fuego lanzada por un arcano que estaba de guardia en las catacumbas, por desgracia alcanzo al explorador, que se pego a la pared, apagándose las ascuas silenciosamente mientras miraba a un murciélago escapar del resplandor de la llamarada. .
-Escuche un ruido, ya sabes como me gusta quemar a las ratas y a los murciélagos que rondan la zona. -Rió sonoramente, a carcajadas ahogadas mientras sus compañeros le coreaban con bromas y chanzas.
No, no les habían visto, y siguieron su camino.
Bajaron por unas entradas de las alcantarillas descolgándose silenciosamente por unas cuerdas. Todo tranquilo, todo despejado hasta que llegaron a unas zonas llenas de Kobolds dy hielo, estaban en grupo, nos vieron…. Luchar contra ellos era sencillo, hacerlo sin hacer ruido no tanto. Acabaron con ellos rápidamente. Al parecer los pasos de Thodrel e Iria no habían sido todo lo silenciosos que debieran y los Kobolds atacaron.
Entraron en las catacumbas, depositaron las piedras, las escondieron, todo parecía ir bien, nada parecía fallar.
(Alas, he oído un batir de alas, no se si dos o diez, pero algo ha revoloteado por nuestra zona. Algo ha averiguado nuestras intenciones…. De prisa, hemos de ser mas rápidos. )
Se detuvo, los nudillos blancos por la tensión, sus manos estaban apretando las empuñaras de las espadas, al parecer llovía, las gotas entraban en sus ojos a la par que otras salían por propia necesidad. No se dio cuenta de que lloraba, hasta que las gotas de agua siguieron saliendo, de la rabia, cuando bajando la cabeza la capucha aun se le mojaba. Mirando la tierra que comenzaba a ser un barrizal continuo con sus pasos.
-Que demonios es esto! Por los dioses, este desprendimiento no sale en el mapa!! -El hombre gato susurro alterado, crispado viendo que solo tres de las 5 piedras necesarias habían sido colocadas.
El pequeño grupo se miro buscando soluciones, no las había. Nada que no tardara demasiado, nada que no fuera una orquesta de las cinco jarras tocando en mitad de la guarida del enemigo. Desilusionados, miraban en derredor, mientras Aldarion intentaba sin éxito cavar una grieta. Era el único camino a seguir y estaba cerrado.
Ender saco un pergamino e inscribió en el un corto mensaje a los arcanos, para que supieran que habíamos conseguido solo 3 de los 5 objetivos y que probablemente supieran del ataque.
Al salir, guerreros esqueletos, en oleadas, pequeños grupos, pero alerta, sabían que estábamos allí. Las espadas silbaban, los arcos disparaban con cadencia rítmica, los sonidos de los esqueletos al morir de nuevo y desmoronarse en el suelo retumbaban en las catacumbas. Ya no había sigilo, solo supervivencia, ya no importaba acabar la misión antes del amanecer, ahora solo importaba salir y llegar a tiempo a la batalla, informar, apoyar.
(No dejare solo al loco de Ender, seré su sombra, si el entra, yo iré tras el. No le pasara nada)
Ahora caminaba sabiendo que algo o alguien le seguía, ruidos, murmullos, estaba cerca de una ciudad, Athkalla. Camino sin rumbo, con el susurro de su fata al oído, no la escuchaba, no entendía que le decía, no importaba, sabia que solo eran palabras de animo. Escucho una voz conocida, era Delom, le preguntaba por Ender, el explorador negaba, negaba y se giraba en dirección contraria mirando al suelo de nuevo, Su fata le seguía susurrando reproches, ahora no quería escuchar.
Había llegado corriendo al cementerio, allí los druidas estaban rodeados de cadáveres, era de día, pero la luz del sol no cruzaba unas negras nubes que amenazaban tormenta aunque nunca llegase a llover. La senda seguía un reguero de cuerpos desmembrados, mutilados por el peso de santos aceros, de gruesas hachas enanas e incluso certeras saetas. Los druidas a los que se habían sumado avanzaron por la senda marcada de cadáveres para encontrarse un espectáculo mas dantesco si cabe.
Las tropas de asalto estaban allí, El puente levadizo era un colapso para los ojos y los oídos. Cadáveres de amigos y aliados por doquier compartían espacio con los restos de los esqueletos y los zombies, alguna pequeña montaña de polvo se arremolinaba con el viento que silbaba en los oídos de los presentes. Sanadores encorvados, de rodillas rezando a sus dioses por las almas y los cuerpos de los compañeros. Hermanos de armas arrastrando maltrechos compañeros caídos fuera del lugar para acercarse implorantes a los clérigos. Gente preguntando por amigos del otro destacamento, caos. solo caos en los ojos del explorador. Su hermano, no estaba.
Las puertas levadizas del castillo cedieron y con un retumbar chocaron contra el puente levadizo, aplastando cadáveres y esparciendo las pequeñas montañas de sacrílego polvo. La guarnición de vanguardia entro en tropel, mas combate, pero por fortuna, los que avanzaban salieron mas o menos indemnes, mientras los druidas y clérigos iban buscando a los que se podían salvar entre los cadáveres en la retaguardia. Al entrar en el castillo, un joven caballero, con un porte majestuoso a pesar de una armadura abollada y un rostro empapado en sudor, pidió voluntarios para salvaguardar el patio exterior. Los druidas y el explorador se quedaron junto a un arcano, un enano y el valiente caballero.
(debía haber entrado, nada hice fuera, nada pude aportar… matamos a unos pocos que huían de la luz, si, pero dentro habría acompañado a mi hermano, quizás hubiera podido darle una esperanza.. Y no… lo que encontré dentro)
La luz se origino dentro del castillo mientras este se resquebrajaba, algunos malditos intentaron huir, pero cayeron rápido, la misión había sido un éxito, los valientes salían con trofeos y abrazaban a los compañeros que habían luchado solos. Otros salían fatigados apoyados en los hombros de compañeros igual de maltrechos, las caras eran entre tensión al limite de la cordura y sonrisas de satisfacción.
Seguía un camino que había andado antes, mas de una vez, atravesó el puente, giro sobre la loma, atravesó los árboles, paso entre las rocas y entro en un lugar familiar, aquí también llovía, pero sus ojos ahora estaban secos. Arrastro los pies a la orilla del calmado lago mientras las gotas de lluvia rebotaban en su superficie dando pequeñas puñaladas al aire. Camino hasta un conocido circulo, se sentó arrastrando la espalda por una de las rocas y mirando la hierba asintió a las presencias que sabia que estaban pero que ni siquiera había mirado a los ojos. Saco un arco destrozado, y un pequeño vial de sangre, los deposito en la hierba y hablo por fin, Tenia la garganta atragantada de emociones, pero hablo calmado, levantando la vista repasando a los presentes por primera vez.
( La victoria había sido nuestra, la alegría de la victoria era nuestra, eso debía ser, pero no era así, el amargo sabor de la derrota, del fracaso, me corroe por dentro, se que hice lo que pude, pero podría haber hecho mas, si hubiera hecho mas, seguiría teniendo a un loco tartamudo a mi espalda y no solo en mi cabeza)
Niennor, Claunys, Vashard y Muriel le miraban, pero no le importaba. Contó lo que sabia, asintió a las palabras de los hermanos y compañeros y cuando la conversación hubo terminado, recogió con cariño las piezas del arco, envolviéndolas con mimo en una pequeña lona, guardo el vial en su pechera, se levanto con rodillas temblorosas y asintiendo de nuevo sin mirar a los presentes y arrastrando sus pasos, volvió a los caminos, a preguntar a conocidos y desconocidos por un tartamudo semielfo.