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El Arbol de la Vida

Zhay

Guerrero puro pero feliz
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Prólogo

El manto de la noche caía oscuro y silencioso en el bosque de Weldath. Las luces de las luciernagas y los fuegos fatuos parpadeaban ante el frío viento invernal. Las ramas parecían susurrar secretos nunca oídos, los animales buscaban refugio en sus madrigueras. Todo era silencio.

Una extraña quietud se apoderaba del bosque como si la esperanza y la vida se hubieran extinguido. Como si la pérdida fuera el único destino. Las hojas que se arremolinaban entorno a la alada y solitaria figura que hacía guardia en el campamento. Parecían susurrar un quedo mensaje.

- Trescientas espadas, trescientos elfos... Trescientas.

Hacía tan solo unos días que la crueta batalla había acontecido y el bosque entero estaba sumido en la tristeza. Los elfos miraban al cielo casi sin esperanza alguna, sin estrellas que brillaran en el firmamento para darles aliento y seguir luchando.

A unos metros de la figura un guardia se apoyó en su lanza, bostezando. La joven sacerdotisa se acercó a el con paso quedo, preocupada por si algún tipo de magia afectaba al joven, por si enemigo había jugado una nueva carta.

- ¿Dimeth? -Preguntó la elfa, viendo al elfo bostezar aún mas, algo insólito en su raza, que por norma, era inmune al sueño, pues ellos solo meditaban. Parpadeó un par de veces y palmeó el rostro del elfo al ver, atónita como el joven guardián caía dormido.

- ¿Como sabremos si la espada nos ha elegido? -Susurró una voz cercana, un eco fantasmal del pasado.

El viento helado se levantó y agitó las ramas de los árboles. Auril gritaba con furia. Una maraña de hojas se levantaban, volando con suaves deslizamientos hacia la profundidad del bosque.

- Ven... ven... -Le susurraban.

Ella les siguió, casi hipnotizada por el misterio de esa voz, mas sus pasos pararon, e incluso retrocedieron al ver aparecer una sombra, vestida con una antigua armadura élfica. Sus ojos eran siniestros y le miraban con dureza.

- El juramento... El Honor del pasado. La espada hacedora de reyes.

- ¿Quien eres? -La elfa puso una mano en la empuñadura de su milenaria espada Vel'Daoine, la hoja de estrellas, no con intención de atacar, sino porque aquel gesto le hacía sentir mas segura.

- Ehtlando... Ehtlando...

Estaba tan nerviosa que ni siquiera reaccionó al nombre del Gran Sabio Ehtlando, portador del regalo de Corellon, el conjuro que creaba un Filo Lunar. Parpadeó un par de veces, estupefacta mientras la figura parpadeaba y desaparecía. Le costó buscar de nuevo con la mirada a la figura fantasmal que se había desplazado en un abrir y cerrar de ojos a la izquierda.

- Petición, no permitais que caigan mas de dos elfos de un mismo clan este día... Starym.

La sombra volvió a desaparecer. La elfa le seguía a trompicones, usando toda su concentración para no perder de vista al misterioso ser. Cada vez se movía mas rapido hacia el este.

- ¿El conocimiento os ha hecho cambiar de aprecer? ¿Hay algún clan que queira probar una tercera vez? -El eco de su voz parecía golpear los arboles y se arrastrado por las hojas. - Yo reclamo...-Lo siguiente le fué imposible de entender.- ... en nombre del clan Durothil.

La elfa fué a decir algo pero se cayó al oír el nombre del Clan Durothil, aquel de cuya sangre era Sével, su amigo y guardián.

- Trescientas espadas, trescientos elfos. No olvideis la gloria del pasado. No la olvideis... Pues ahí siguen aguardiando a que sean llamados de nuevo. Llamadnos... Llamadnos. Honor entre hermanos, el pueblo defendemos...

- Aillesel Seldarie [Seldarine Bendito]. -Suspiró la elfa.

- Llamadnos y acuideros.

La sombra desapareció junto al altar de Corellon pero otras tantas aparecieron rodeando el altar. La luz procedente de una única estrella que brillaba en el firmamento iluminaba el claro. En el centro apareció el espíritu del anciano elfo, que susurraba palabras que no podía oir. Los demas espíritus rodeaban al anciano haciendo un círculo mientras que a sus pies yacían trescientas espadas, clavadas en el suelo, una frente a cada familia.

Allí congregados había espíritus de todas las grandes familias, portando sus estandartes, incluidas los clanes Starym y Durothil. El anciano terminó su silenciosa letanía desvaneciendose en un estallido de miles de motas blancas. Las espectrales espadas empezaron a resplandecer con una luz intensa y plateada similar a la de la mismísima luna.

Era la ceremonia de Reivindicación de los Filos lunares.

Los elfos se acercaban y tomaban las espadas, que eran alzadas al cielo de forma gloriosa. Pero otras cien espadas cayeron al suelo, junto con los cuerpos inertes de sus portadores, carbonizados. Valanae observaba la escena estupefacta, era ver un trozo de la historia con sus propios ojos. Aquello no tenía precio.

Cien orgullosos elfos solares avanzaron de nuevo hacia las espadas caídas, y cien mas fallecieron. Finalmente, escarmentados ante la muerte de dos de sus miembros, algunas familias recogieron las espadas del suelo, sin blandirlas. La rabia de los Starym era palpable.

Todos empezaron a desaparecer, era lo que debían hacer, su lugar era Árvandor y no el plano material primaro. Un ultimo susurro salió de ellos.

- Buscandos... encontradnos. Hacednos llamar... Los reverendos acudiermos para defender al Pueblo.

Cuando el último fantasma hubo desaparecido sus ojos captaron el reflejo de algo que brillaba a la luz de la luna sobre el altar del Padre. Un fragmento de una espada, sin empuñadura, sin filo, tan solo un trozo de ella descansaba allí. Un trozo de un Filo Lunar.
 

Zhay

Guerrero puro pero feliz
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El filo Lunar I

Nubes negras de tormenta comenzaban a aparecer por el horizonte del Weldath. ¡Zash! Varios relámpagos danzaban por el cielo llenando de sombras el bosque. El susurro de una bella voz aparecía y desaparecía en los distintos rincones de Suldanessalar. Pero no era un susurro en realidad, era una canción. Una hermosa y triste, una canción del más allá.

Una elfa y su guardián hablaban entre susurros, uno frente al otro. Sus palabras apenas resonaban bajo el estruendo de los truenos, ocultando así sus confidencias y secretos.

- ¿Que es eso? -Dijo Sével. -Esa voz... Valanae.

La lluvia empezó a caer en el bosque y con ella una espesa niebla emergió entre las sombras de los árboles, dandole a todo un aspecto inquietante y terrorífico. La elfa tiró de la manga del guardian Hojacantante para ponerse a cubierto cuanndo reparó en aquella niebla. El, inmediatamente, llevó su siniestra a la espada élfica que reposaba en su cadera, protegiendo con su cuerpo a la clériga.

Pero aquella niebla les rodeaba por momentos, haciendoles perder el sentido de la orientación, mientras Sével desenvainaba la espada con una mano y protegía a la sacerdotisa con la otra, girando alrededor de ella.

- Aillesel Seldarie... -Dijo la elfa pues a sus oídos llegaba el lamento de una dama elfa, una triste canción que embotaba su alma y hacía que sus ojos ardiesen amenazando en llanto. -Estoy escuchando la canción...

- Coge mi mano... intenta guiarme hasta la fuente de esa voz, Valanae.

- No te se decir con toda esta lluvia... Diría... Diría que viene de allí. -Señaló al frente.

Apenas daban un paso en aquella dirección cuando de entre las sombras aparecieron dos figuras, una bella dama elfa y acompañada de su consorte, un elfo noble que portaba ropajes antiguos y ricos. Sével y Valanae se quedaron quietos, siendo testigos mudos de aquella escena.

- Zilvra... Corre.

- Sí, sí amor mío.


El llano de un bebé elfo quebró el sonido de aquella tormentosa noche. Hasta aquel momento no habían reparado en el. El noble elfo se paró y encaró a su mujer.

- Hazlo callar o nos descubrirán. Rápido, si llegamos al palacio del Ungido... El nos protegerá si le contamos...

Parecían correr pero a la vez la escena se desarrollaba en el mismo lugar. Sével, desconfiado y protector, aún tenía a Valanae a su espalda, interponiendo su cuerpo a una posible amenaza, pero la elfa miraba perpleja la escena que sus ojos le mostraban, asomando la cabeza por un lado del cuerpo del semielfo que era bastante mas alto que ella.

Sus ojos captaron el reflejo de algo que el noble elfo portaba a su espada, semienvuelto, aunque no lo suficiente como para que no pudieran ver la empuñadura de una espada. Su cruz era un Fénix alzando el vuelo de forma elegante.

- ¿Será un filo lunar?

Comenzó a decir la sacerdotisa, pero otros sonidos acallaron su voz. Otras fantasmales figuras acechaban a la pareja espectral con agilidad felina, y portando espadas tambien, a la caza.

- Maldición, nos tienen atrapados. - Se giró hacia la bella dama elfa que sostenía al bebé. - Por mi honor... no permitiré que te ocurra nada a tí ni a nuestro heredero.

- No, por favor, sigamos huyendo... no me abandones.
-Suplicó sumida en el llanto la elfa.

- Rápido Zilvra... ¡Huye!

Valanae y Sével intercambiaban palabras entre susurros, totalmente absorbidos por la situación, cavilando las posibles respuestas a aquel enigma. Sus ojos se movían frenéticos entre las figuras, intentando captar el mayor número de detalles. "Zilvra... Zilvra... ¿Me suena ese nombre? Vamos... has estudiado muchísima historia, si es importante tienes que saberlo...".

- ¡Huye por el amor de Corellon! -Exclamó la sacerdotisa a la bella dama elfa que tenía al bebé en brazos.

Un grupo de elfos solares, como los propios nobles, los rodearon, blandiendo sus espadas. Aquello hizo fruncir el ceño a ambos espectadores, pues aunque no les era del todo desconocidos hechos históricos del estilo, sí que le sorprendía, pues no reconocían el momento histórico en el que pudiera desarrollarse la escena.

Los cuatro guerreros solares eran elegantes, portaban hermosas armaduras y tenían el aspecto orgulloso y a la vez majestuoso que caracterizaba al linaje dorado. Incluso sus armas estaban encantadas con antiguas runas de gran poder, que Valanae apenas era capaz de reconocer, aunque lo que sí vió fueron sus capaz rojas, con el símbolo del Fénix alzando el vuelo, el mismo que en la empuñadura.

- Por fin te encuentro, hermano. -Dijo uno de los elfos avanzando hacia el noble que portaba la espada en el cinto. - Y veo que llevas... a tu hijo. -Esbozó una sonrisa que a Valanae le hubiera gustado quitarle del rostro de un buen puñetazo. - Me lo has puesto muy facil, hermano mayor.

Los espectadores alzaron las cejas al darse cuenta de que eran hermanos y ademas, gemelos, pues sus rostros eran idénticos. Pronto las cosas cuadraron para ellos, seguramente el que huía lo hacía temeroso de un intento de asesinato para poder ser el heredero de la casa.

- Iba a asesinarte igualmente. Yo seré el heredero de la casa y ahora tu... No serás nada. -Las palabras del engreído espectro confirmaron las sospechas de los que aún caminaban con vida. -Nuestro padre sabía de tus planes de denunciarnos ante el consejo y el Ungido Eltargrim.

- ¿Como? ¿Como es posible?
-Contestó el hermano mayor, compungido.

- Ademas veo que tu traición es todavía mayor. -Observó la espada con la que su hermano había huído, legado de su casa. -¿Crees que eso te salvará? Ninguno de nuestra familia es digno de despertarla. Nunca nadie la despertó desde el fallecimiento de Ehtlando. Esa espada es solo un sucio truco para que algun elfo lunar sea coronado Rey y tratar de imponerse a la gloria y el poder de los elfos solares. Sabes que nadie es digno... Dejame al menos que te mate con mi propia espada, será rápido.

- Nuestra sangre sucia no es digna portadora de esta espada pero quizas... Mi hijo si que pueda. -Declaró el prófugo, nervioso ante la risa lunática de su hermano.

- Tu hijo morirá junto a su madre esta noche.

- Jamas deseé ensuciar mi sangre, pero mi hijo nació antes del ritual. Su sangre es élfica. Podrá portarla.

- No lo entiendes, hoy morirás.
-Sonrío seguro el orgulloso solar. - Intenta salvar a tu hijo, desenfúndala. -Retó a su hermano mayor, quien, desesperado, cavilaba sus posibilidades, pues sabía que moriría si tocaba la espada.

- Zilvra, corre.

- No, no lo hagas amor mío. ¡Morirás!


El bello fantasma de la elfa corrió hacia su esposo y trató de detenerlo pero el apartó sus manos delicadamente, ante la espectante mirada de Valanae, que estaba humedecida por los acontecimientos, sintiendose un impotente testigo de aquella historia. La semicelestial abrió los labios cuando vió que la mano del fantasma se acercaba a la empuñadura del filo lunar que portaba, con la anticipación de quien sabe lo que va a ocurrir a continuación.

- Mi sangre corrupta... La sangre corrupta de mi familia... Corellon permite solo usarla una vez, salva a mi hijo... Salva a nuestro linaje. Te lo ruego.

- Padre, permitele salvar a su hijo, su causa es justa.
-Valanae se unió a la plegaria del fantasma y parpadeó varias veces, dejando caer las lágrimas causadas por la tristeza, la rabia y la impotencia.

Finalmente posó la mano en la empuñadura y las alas del fénix se abrieron formando una cruz de alas en vuelo. Los rubíes de los ojos se prendieron en llamas al desenfundarla. La hoja era negra como la luna nueva. Un filo lunar.

Los frenéticos ojos de Valanae se movían de un lado a otro buscando una similitud de aquella espada con la esquirla que había encontrado en el altar, por si en aquella ocasión pudiera leer la inscripción al completo y conocer el nombre de aquella casa que cometió tan alta traición como era asesinar a sus hermanos.

El grito de dolor del elfo interrumpió la búsqueda de la sacerdotisa. El cuerpo del fantasma prendió en llamas blanquecinas y se consumió ante sus horrorizados ojos, muriendo instantáneamente. La espada cayó al suelo con un sonido metálico y las alas del fénix se apagaron, plegandose sobre la empuñadura de nuevo.

Su hermano gemelo miró con indiferencia como el espectro fallecía, mientras el llanto de la hermosa Zilvra rasgaba el alma de Valanae, haciendole temblar ante la sola idea de asomarse solo un poco al dolor que estaba sintiendo aquella elfa.

- Zilvra, si me hubieras elegido a mí. -Rió con júbilo el terrorífico elfo solar. -Debo matarte. -Dijo mientras los otros guardias rodeaban a la elfa y desenvainaban las espadas.

- No, por favor. Piedad... ¡Es tu sobrino!

La hoja cayó inexorable y sin arrepentimiento sobre la elfa, pero Valanae no lo vió pues cerró los ojos para proteger su mente de tal atrocidad. Aunque al no oir el golpe descargarse abrió de nuevo los ojos solo para ver, en su perplejidad, como otro espectro había desaparecido y había parado con una hoja negra el golpe del solar.

- Soy el Reverendo. Tu sentencia es la muerte.

- Te lo mereces, por matar a tu propia sangre. -Dijo Valanae para sí misma, mirando con severidad y el corazón desbocado al perplejo elfo solar.

Con una maestría sin igual el Reverendo cortó a los cuatro guerreros que acompañaban al noble, e hirió a este último mortalmente.

- ¿Qué eres? -Dijo mientras agonizaba con su último aliento.

- Soy la guardia que protege al pueblo y he venido a dictar sentencia. La muerte. No destruirás mas vidas elfas.

La bella mujer elfa aguardaba su muerte con los ojos cerrados, aferrando con desesperación a su hijo mas cuando abrió los ojos no vió nada. El espectro se había desvanecido, estaba rodeada de sangre por la brutal masacre y en el suelo se hallaba el filo lunar de su marido. Sin saber como, pero terriblemente aliviada, envolvió la espada en su manto y se marchó.

El nombre tallado en el Filo... Dlardragezh.
 

Zhay

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El Filo Lunar II

Dos figuras contemplaban el cielo del anochecer, de tonos rosaceos, lilas y naranjas. Todo parecía en calma, mientras el resto de guardianes descansaban para el largo día que les quedaba por delante. Todo era gris y silencioso despues de primera batalla, y el asedio era como una mano rodeando un cuello, asfixiandolo sin dejar aire entrar a los pulmones.

- Nuestra guardia ha acabado, Valanae.

- Cierto.
-Alzó la mirada hacia Sével y asintió, dejando paso al relevo.

Dos figuras femeninas se acercaban a la torre mientras ellos descendían, esperandolos bajo las escaleras. Las estrellas espezaron a alzarse en el firmamento del Weldath, los fuegos fatuos brillaban en la ciudad de Suldanessalar... mientras los cantos a la luna resonaban como un susurro entre los árboles, sin duda provinientes de los devotos de Corellon y Sehanine.

- Nos han estado pasando cosas extrañas, a Sével y a mí. -Dijo la sacerdotisa nada mas unirse a sus compañeras, con una inclinación de respeto.

- ¿Que clase de cosas? -Aniel habló y Valanae apreció que lo hiciera con su habitual serenidad, pues bastantes nervios había ultimamente.

- Fantasmas, espectros.

- Visiones del pasado.
-Completó el semielfo, mientras Valanae le agradecía el inciso con un leve asentimiento.

- He encontrado este trozo de espada sobre el Altar de Corellon, es un filo lunar. O lo que queda de el.

Les contaron a grandes rasgos lo ocurrido durante las visiones que el semielfo y ella compartieron la noche anterior, sobre aquel elfo asesinado a manos de la espada. Les contó tambien a que Casa pertenecía, a la casa Dlardrageth. Pronunciar ese nombre le daba escalofríos, pero aún así lo hizo.

- Os ruego me acompañeis a la ciudad. Quiero buscar en la biblioteca de la Casa Telkárar, y cuatro pares de ojos ven mas que dos.

Dicho esto ascendieron a traves de los árboles hasta una de las ramas mas altas del Arbol de la Vida. Allí yacían las propiedades de la gran casa Telkárar, un conjunto de edificios anexos construidos mediante magia dentro de los arboles decorados ricamente al estilo de Myth Drannor. Allí, justo en la entrada del edificio principal encontraron a Vlara de Telkárar.

- Tia Vlara. -La sacerdotisa Corellita se inclinó con respeto.

- ¿En que puedo ayudaros en esta noche tan profunda?

- Necesito entrar en la biblioteca tía, hay una información relevante que debo encontrar.

- ¿Y traes invitados a tan altas horas de la noche? Están todos meditando en sus aposentos, ¿no puede esperar a mañana?
-La noble elfa frunció el ceño ante la negativa de su sobrina.

- Se que es extraño, pero es urgente y dentro de pocas horas vuelvo a tener turno de vigilancia en la torre norte. No haremos ruido, te lo prometo. -Usó su mejor sonrisa, aquella que sabe que en el fondo siempre derretía a su tía, incluso cuando ella jamás lo reconociese.

- Ya sabes que a tu tío no le hace mucha gracia... -Miró a Sével.- Y como os pille en la biblioteca... No os ofendais, pero por mucho que pasen los siglos ya sabeis como son los conservadores solares.

- Sí, lo sé, lo sé.
-Contestó el semielfo.

- Se rapida, y no hagas ruido Valanae... como tu tío vea que un semielfo coge uno de sus libros pasaran decadas antes de que te vuelva a dirigir la palabra.

Valanae sabía que era cierto, vaya que si lo sabía. Su tío tenía un caracter de mil demonios, sobre todo tratandose de libros, algo había heredado de el en lo que a eso se refiere. Se adentraron en silencio, de puntillas, por los pasillos y las salas de la Casa Telkárar, intentando no llamar la atención y mucho menos sacar de su ensueño a Vanian de Telkárar. Iban pasando una tras otro innumerables pasillos, con estatuas ancestrales de guerreros elfos y grandes arcanos, adornando cada esquina.

Lienzos de la antigua Myth Drannor recorrían las paredes, mientras los ojos de los cuatro elfos las recorrían, imaginandose una vez mas como sería estar allí, en aquella epoca y en aquel lugar. Al girar una esquina encontraron una pequeña antesala en la que había dos portones de roble, adornados con runas en Esprúar.

- Este era mi abuelo Rhaenian. -Comentó la elfa en un susurro, señalando el cuadro que presidía la sala.

Valanae abrió una de las puertas de la sala, el portón hizo ruido al abrirse, ella había entrado en aquella biblioteca mas veces de las que un humano podría contar a lo largo de su vida, y sabía que lo haría. Para colmo erró el primer paso, haciendo mas ruido del que debería. Ante ellos se abrió la enorme biblioteca, llena de libros de arriba a abajo como arboles que abrían sus ramas hacia el cielo, mientras multitud de escaleras permanecían aguardando a los curiosos.

En el centro de la sala una estatua de un elfo con una túnica, y encapuchado les observaba con mirada petrea. Una inscrpción en su base era la única seña de identidad "Eltargrim Irithyl, El Ungido". Leer aquel nombre siempre hacía que el pecho de Valanae se hinchara de orgullo. Aquella sala siempre le pareció como estar en otro mundo, como estar en la Ciudad de la Canción.

- Tenemos que encontrar libros de historia sobre la Reivindicación de los Filos lunares, seguramente hablará de sus propiedades. Luego sobre la familia Dlardrageth. Las genealogías están... Aquí.

Cuando la sacerdotisa fué a coger el libro este voló de sus manos, escapandose con vida propia. Contempló con horror como todos los libros de la zona empezaban a animarse y a flotar alrededor de ellos. Solo uno quedaba en la estantería, uno en un elfico tan antiguo que le costaba descifrar.

Los presentes, excepto Sével y Valanae empezaron a combatir contra los libros animados mientras estos últimos les miraban estupefactos, presa del terror.

- ¡No! -Gritó Valanae.

- ¡Envainad!

- No los estropeeis...
-La alada se llevó las manos a la cabeza en gesto de pura desesperación.

Una multitud de libros yacían en el suelo, destrozados mientras la elfa sentía que los ojos le esconcían por las ganas de llorar. Si había algo que amase en esta vida eran los libros, y ahora la mitad de la biblioteca mas grande de Suldanessalar yacía con las hojas rotas y desperdigados.

- ¡Que es ese alboroto! - Resonó una voz desde la escalera mientras unos pasos apresurados se acercaban a la biblioteca, los pasos de Vanian.

- Genial... seguro que la culpa será del semielfo. -Se lamentó Sével.

Ya no había tiempo para usar el conjuro Remendar en los libros destrozados antes de que Vanian de Telkárar llegara a la biblioteca. Así que cogió el libro que había quedado en la estantería y este saltó de sus manos y se posó sobre uno de los numerosos escritorios. De el salió un espectro, un guerrero de la antiguedad yacía de pie frente a ellos.

- ¡QUIEN ESTA EN MI BIBLIOTECA! -Gritó a pleno pulmón el elfo solar.

- Myth Drannor... Myth Drannor... -Dijo el espectro.

- ¡QUIEN ESTA EN MI BIBLIOTECA! -Repitió Vanian, cuya voz sonaba cada vez mas cercana. - ¡¿COMO SEA UNO DE ESOS ENANOS QUE VI...?! -Dejó la frase sin acabar pero el castigo que prometía su voz fué suficiente para que Valanae deseara que la tierra le tragase.

Se apresuró a intentar leer el libro pero al ver que no le daría tiempo se dispuso a guardiar para estudiarlo mas tarde a salvo a, por ejemplo, diezmil millas lejos de Suldanessalar. Pero algo le volvió a sorprender, en una pagina en blanco empezó a dibujarse un bosque élfico, mientras unas lineas en fina caligrafía comenzaba a escribirse sola. En un haz de potente luz y ante los estupefactos ojos de sus compañeros, la elfa desapareció.
 

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El Vigia de Solonor

Las hojas caían muertas del gran Arbol de la Vida, marchitas como marchitos estaban los desazonados corazones de los elfos del Weldath. El sonido de un cuerno quebró el fúnebre silencio de aquella triste noche. Mientras tanto, dos elfas salían del palacio, caminando al ritmo lento y renqueante de una de ellas.

Ambas se detuvieron mirando hacia los bordes de la ciudad, al sentir el sonoro cuerno retumbar hasta en sus almas, con temor a que fuera un nuevo ataque. Se apresuraron a bajar al Claro del Cisne de la Primavera, prestas a la llamada de auxilio, que dudaban fuera para algo bueno, teniendo en cuenta la nefasta situación en la que se hallaba la ciudad.

Bajo las quebradizas y débiles ramas del Arbol de la Vida se encontraron con un varón, que las acompañó tambien en su camino hacia el lugar del que provenía el sonido del cuerno. Los hechos no tardaron en acontecer, pues el quejido moribundo de una elfa hizo sus corazones temblar de nuevo.

Los pasos se hicieron mas urgentes mientras se acercaban a la maltrecha elfa, que balbuceaba palabras entre estertores de muerte, mientras la sangre manaba a borbotones de los desgarros causados por lo que podrían parecer animales salvajes.

- Muertos... No-muertos... -Balbuceaba.
- ¿No-muertos? ¿Donde? -Kael'thas 'Ojos del Seldarine' apretaba los puños con rabia mientras el El'Tael Sével y la joven Valyndra se unían al grupo.
- Vig...ia...d...e...Sol...o...no...r...

La exploradora dejó de respirar, pero una sonrisa se esbozó en sus labios mientras veía por fin ansiadas y celestiales puertas de Árvandor, acudiendo a su encuentro... Y por fin trascendió, a pesar de los intentos desesperados de los presentes por no perder una vida elfa mas.

Kael'thas, afectado por la muerte de la exploradora, cogió su cuerpo entre sus brazos y lo llevó hasta el campamento, donde se encargarían de amortajarlo y enterrarlo debidamente. Volvió sobre sus pasos cuando dejó a buen recaudo lo que quedaba de aquella elfa trascendida.

- Una torre de vigia. Me suena de eso, la verdad. -Dijo Lire.
- Sí... al noreste...si no me equivoco. -Añadió Kael'thas mientras Valanae asentía.
- El liche Mallin levanta toda aquella criatura que muere bajo sus "dominios" en Myth Rhynn. No se me ocurre otra manera de que no-muertos nos hayan atacado. -Comentó Valanae, ceñuda.

Todos quedaron en silencio, consternados ante la presencia de la no-muerte en sus ya muy castigadas tierras. Cerraron el pequeño circulo que formaban, intentando no llevar palabras funestas a sus hermanos, demasiado corroídos moralmente, como para soportar semejante mazazo emocional.

- Buscaremos a un grupo mas nutrido de hermanos, con diferentes habilidades y saldremos de expedición, para investigar este suceso. -Valanae habló con su habitual tono calmado, aunque en sus ojos brillaba algo de furia, por aquella muerte.

Así fué como subieron a la ciudad Arbórea y buscaron a los hermanos y hermanas que estuvieran dispuestos al marchar al norte, para encontrar respuestas a esta nueva amenaza.


Añado en la agenda un post para poner fecha :)
 

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Minsorrano sin caminos
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Yo propongo el próximo domingo 10 a las 21.00 o el miércoles 13 a las 22.00 :roll:
 

Silverlad

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Me amoldo a todos los horarios por la noche, excepto jueves y noches con casos excepcionales.
 

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Aprovecho el post para anunciar que esta trama va a continuar en cuanto Lich se tome sus merecidas vacaciones. Intentemos, ahora que tenemos un DM dedicado a la facción, no quemarlo mas de la cuenta, que nos tiene que durar mucho :)
 
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