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El camino del crepúsculo - Kennan Hawker

MotiSJL

Minsorrano sin caminos
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La luna llena caía sobre el santuario como un peso silencioso.
No hay antorchas en el Santuario de Selûne durante los entrenamientos nocturnos. Solo ella. Solo su luz fría cayendo sobre la piedra, sobre Athkatla extendida abajo como un mar de pequeñas luces que no saben lo que se está gestando ahí arriba.
Me llevaron allí esta noche. Por primera vez.
El monje me esperaba en el centro del santuario. Quieto. Tan quieto que durante un instante pensé que era una estatua más entre las columnas. Solo cuando habló entendí que llevaba observándome desde que crucé la puerta.
"Las sombras no son ausencia de luz," me dijo. "Sino su reflejo más sutil."
No entendí nada. Lo admito.
Pero asentí porque algo en su voz me decía que entender vendría después. Con el cuerpo. No con la cabeza.
Empezamos a pelear.
No como entreno yo normalmente — todo impulso, todo movimiento, todo ruido. El monje se movía de una manera que mi cuerpo no reconocía. Cada golpe suyo llegaba desde un ángulo que yo no había calculado. Cada esquiva parecía que la hacía antes de que yo terminara de decidir el golpe.
Caí varias veces.
No físicamente — caí por dentro. Por primera vez en mucho tiempo sentí que no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando delante de mí.
Y entonces, en mitad de un intercambio, me detuvo con una sola palabra.
"Mira."
Señaló la luna.
"El camino de las sombras bajo Selûne no es para esconderse. Es para moverse como el crepúsculo que abraza el mundo."
Seguimos.
Algo cambió en mí en ese momento. No sé explicar qué. Solo sé que empecé a sentir el peso de mi propio cuerpo de una manera nueva. Cada golpe que daba ya no salía disparado sin control — empezaba a sentir el instante exacto en que debía soltarlo. El monje lo notó.
"La sombra protege a quien comprende el equilibrio entre luz y oscuridad," dijo, sin dejar de moverse. "Selûne nos enseña que incluso en la noche más profunda hay un sendero iluminado para quien actúa con propósito."
Hasta ese momento yo había vivido entendiendo la luz como lo único bueno. El amanecer. El sol. Lo visible.
Esa noche, bajo la luna llena, empecé a entender que también había un camino en lo que no se ve.
Hacia el final del entrenamiento sentí algo nuevo correr por mis brazos. No la energía cálida que conozco desde siempre. Algo distinto. Más denso. Más oscuro. Negro azulado, como el cielo justo antes del amanecer, como la cara oculta de la luna.
El monje lo vio antes que yo.
"No buscamos dominar desde la sombra," dijo, deteniéndose por primera vez en toda la noche. "Buscamos guiar desde el equilibrio."
Y después, mirándome fijo:
"Cada golpe debe ser tan preciso como el ciclo de Selûne. Impecable y necesario."
Cuando terminamos, el cielo empezaba a perder su negro más profundo. Faltaban horas para el amanecer pero ya se notaba el cambio, esa transición casi imperceptible que solo conoce quien lleva años esperándola cada mañana.
El monje me miró una última vez.
"Las sombras te darán ventaja," dijo, "pero tu corazón debe permanecer al servicio de la luz. Recuerda: no somos hijos de la oscuridad. Somos los guardianes de su armonía."
Luego extendió la mano, como invitándome a algo que todavía no terminaba de comprender del todo.
"Entonces, caminarás el sendero del crepúsculo."
No sé todavía qué significa eso del todo.
Pero sé que cuando salí del santuario y miré Athkatla dormida bajo la luna, algo en mí había cambiado para siempre.
Ya no veía solo la ciudad.
Veía las sombras entre los edificios. Los callejones oscuros. Los rincones donde la luz no llegaba.
Y por primera vez en mi vida, no me dieron miedo.
Me dieron un lugar donde caminar.

Kennan Hawker
Escudero del Clero de Selûne
Caminante del Crepúsculo

 
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