- Toda historia tiene un principio y la de Nathan no iba a ser distinta. Nos remontamos treinta y cuatro años atrás, en una de las ciudades-estado de Thesk, donde un mediano aventurero y explorador de interiores y exteriores llamado Zilbi Lavan se acercó a buscar trabajo.
Mientras paseaba por el Camino Dorado, escucho los gritos de una mujer y su bebé pidiendo auxilio y como todo héroe que se precie, acudió al rescate.
Una pareja y su hijo de no más de un año estaban siendo asaltados por los Amos sombríos de Telflamm. Cuando nuestro héroe llegó a escena en el suelo yacían muertos el padre del niño y uno de los asaltadores, mientras la madre protegía al niño entre sus brazos y tres hombres se les aproximaban.
El mediano, armado con dos espadas cortas les gritó “dejarlos en paz o tendré que acabar con vosotros, escoria” en ese momento dos de los hombres se abalanzaron sobre él “estúpido hin, ahora sabrás lo que es bueno, nadie se interpone ante los hombres de...” pero antes de que pudieran terminar la frase, Zilbi les había degollado en un sutil movimiento.
Por desgracia no llegó a tiempo al tercer individuo que propino una asestada mortal en el corazón de la mujer y corrió con el niño en brazos.
Zilbi corrió tras ellos, mientras cargaba una flecha en su arco y sin dejar de correr disparó, pasando más cerca de la cabeza del crio que del asaltante y entonces sucedió, un hombre de barba blanca y un gran espadón apareció en el camino y con un movimiento espectacular logró hacerse con el crio y derribar al asesino quien cayó al suelo con parte de las piernas apuntadas por el corte del espadón.
El hombre apoyó el espadón en su hombro mientras lo sujetaba con la diestra y con su siniestra sostenía al pequeño que pese todo el ajetreo, no lloraba, como si se sintiera a salvo.
El joven hin explicó lo que había sucedido más atrás, con la muerte de los padres del niño y preguntó “que será del pequeño, quiere que me lo lleve a la ciudad y le busque una familia?” a lo que la figura barbuda contestó “yo me ocuparé de él, hay una capilla de la mano que ayuda cerca de aquí, lo llevaré si no tiene inconveniente” el hin que veía como un marrón tener que ocuparse del pequeño accedió de buen grado “venga, a más ver” se despidió con un gesto y continuó su camino tranquilo.
-¿De verdad pensabais que el hin se ocuparía?*Ríe y continua la historia*
El hombre, dejó al niño en la capilla de Shondakul con un anciano sacerdote llamado William al que le dio unas claras instrucciones “instruye al niño como uno de los jinetes del viento, muestrale el camino, confío en ti” el hombre miró al mocoso y le dijo “pequeño, no sabes el gran futuro que te espera y todo lo que te deparara el futuro” entregó al niño y tal y como apareció se desvaneció con el viento.
-Algunos dicen que era el mismo Shondakul, pero quien sabe, solo serán habladurías.
-¿Pero que pasó con el pequeño? Cuenta... cuenta…
-Esta bien, pues veréis…
-Pues como os decía, para este anciano, cuidar de una criatura tan pequeña iba a ser todo un reto o una maldición, pues él nunca había querido tener hijos o por lo menos responsabilizarse de ellos, pues algunas habladurías dicen que el carroza de William había sido todo un semental en su tiempo, pero nunca se quedaba mucho en un mismo sitio, por lo que dejó a su posible descendencia en manos de sus amantes.
Pero esta vez era distinto, el lo sentía distinto, pues creyó ser forzado por un poder superior, cuando aceptó la responsabilidad de instruirle.
Al desconocer el nombre del niño, le puso el de su padre Nathan y lo apellidó como él. Nunca se preocupó de quien era en realidad el pequeño, no le buscó una familia, solo hizo lo que le pidieron, cuidar al chaval he instruirle como religioso y así lo hizo durante años, hasta que Nathan aprendió a escuchar la voz del divino Shondakul.
-¿De verdad escuchaba la voz de Shondakul?
- Bueno, es una forma de decirlo, con esto quiero decir que era capaz de manifestar su poder.
-Mani que?
- Manifestar, evocar, poder realizar sortilegios divinos. Bueno dejarme que siga.
Como decía; pasaron los años con las enseñanzas de William al ahora joven chico. Nathan, como todo chaval, era inquieto y muy movido, apasionado por descubrir lo que le depararía el futuro. Siempre que podía se escapaba del santuario para ir a ver a un grupo de gnomos que vivían cerca, en las montañas Faucedragón.
Les gustaba observarles, sin que nadie se diera cuenta, aprender de ellos, sus costumbres, pero siempre sin involucrarse. Ese día estaban ofreciendo un manjar a un mediano por salvar a uno de los miembros de su comunidad a manos de unos bandidos. Los gnomos reían junto al mediano que parecía pasarlo en grande, despreocupado de lo que ocurriría. Hasta que un gran número de bandidos sombríos intervinieron, aguando la fiesta, algunos con sus arcos, otros a la carrera contra el grupo desarmado que estaba de celebración empuñando armas de todo tipo, espadas cortas, estoques, incluso uno con un gran espadón.
El mediano fue herido de gravedad al comienzo de la batalla, alcanzado por una de las flechas, la pobre gente corría atemorizada, los bandidos ganaban terreno, mientras el joven sacerdote observaba aterrado y sin poder moverse la escena.
De pronto de abrió el tejado de una de las casas y apareció un extraño aparato construido por los gnomos, con forma de dragón y expulsaba fuego por la boca. Los sombríos huyeron del lugar aceleradamente.
Cuando todo había pasado, se escuchó la voz de uno de los gnomos pidiendo ayuda para los heridos, Nathan tragó saliva y salió de su escondite, ofreciendo sus conocimientos. Tocando las heridas con sus manos desnudas y rezando al señor del viento, consiguió cerrar las heridas de muchos de los presentes, incluido el hin.
Todos agradecieron la ayuda del muchacho, el mediano, que se presentó como Zilbi Lavan, y le entregó una extraña brújula dorada “esta brújula no solo muestra el norte, si no te guiará a tu destino, a mi me la regaló una druida en Amn hace mucho tiempo y me dijo que se la diera al chico que ayuda. Hasta hoy, no sabía quien era” Nathan cogió la brújula y se despidió “hasta que los vientos nos vuelvan a reencontrar”.
[dropshadow=blue]Capitulo 3: EL VIAJE[/dropshadow]
Durante algunos años más, Nathan continuó aprendiendo los secretos de manos de William. Su día sagrado Cabalvento, William, Nathan y otros sacerdotes que acudían al evento, adoptaban forma gaseosa y eran conducidos por el viento a diferentes puntos de Faerun, ante la mirada de un centenar de exploradores y curiosos que acudían al evento.
Nuestros amigos William y Nathan siempre viajaban a los alrededores, como si algo no quisiera que abandonaran el lugar y tras una caminata llegaban de nuevo al mismo destino.
Pero uno de esos días fue distinto, de nuevo el hin Zilbi Lavan acudió por allí, acercándose a Nathan al reconocerlo. “Que hay mi salvador ¿Preparado para el gran día? Hmm… veo que llevas la brújula que te regale al cuello ¿Encontraste tu destino?”
“¿Mi destino? Creo que no y la brújula no funciona, no marca ni el norte bien”
“Quizás es que no la usas bien” Dijo Zilbi, añadiendo “Hoy, antes de tu transformación a forma gaseosa, usa el alfiler de la brújula, pincha el dedo con ella y te guiará”
“Siempre pensé que el pincho que tenía la brújula era un defecto”
“Abre tu mente muchacho” y entre risas se alejó para charlar con otras personas de allí.
En el momento del evento, Nathan pincho su dedo con la punta que salia de la brújula, saliendo una gotita de sangre y la aguja de la brújula comenzó a girar sin detenerse. Llego el momento de asumir su forma gaseosa, miró a William y le dijo “Gracias por todo lo que me has enseñado este tiempo, pero creo que el viento esta vez me llevará lejos de aquí y es posible que sea la última vez que nos veamos, por lo que recordaré todas tus enseñanzas y promulgaré la palabra del viajero allí donde los vientos me lleven” William no le dijo nada, solo sonrío y asintió complacido.
Ante la mirada de un gran numero de personas, los clérigos ascendieron y poco a poco su cuerpo se transformó en gas, este fue empujado por el viento, llevando a cada uno a un lugar distinto. Uno de los jóvenes que había llegado, fue devuelto al templo, quien asumiría este como su hogar hasta que le tocara viajar.
William, que ya había cumplido su cometido allí fue trasladado a un recóndito y alejado lugar, donde poder continuar de nuevo su camino y Nathan, que portaba la brújula al cuello en el momento del evento, fue enviado a Amn, para encontrar su destino.