DM Kapillo
Sombrero perdido de Astrid
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Apenas han pasado unos días… y ya en cada puerto, en cada taberna de las islas Nelazander, se murmura lo mismo una fuerza temible arrasó con los tesoros del clan Cráneo Negro. Nadie los vio venir con claridad, pues llegaron envueltos en una niebla antinatural, nacida de los conjuros del Conclave Negro, del mismísimo Barón Mortus y de la inmortal Miruh aunque esto solo lo saben unos pocos...
Eligieron el oeste de la isla, un paraje maldito por siglos de naufragios y espectros de marineros condenados por la caída de los aboleths en las profundidades. Allí comenzó la guerra que fue bautizada con un nombre ya temido...
Nadie escuchó más que el silbido mortal de sus virotes, los huesos quebrándose bajo los golpes de Ahmad y de un mercenario oscuro a las órdenes del tumulario, mientras las dagas de Thyfala y Cheepzul buscaban las gargantas en la oscuridad. Así despejaron el paso para que la horda se adentrara sin obstáculos.
Más adelante encontraron una grieta en los cimientos de la mansión fortificada...
Lo que
respiraba cayó bajo sus hachas y conjuros, y pronto el oro fue suyo. Pero un obstáculo aguardaba: barrotes de un metal extraño, más allá de la fuerza de cualquier bestia. Fue entonces que la bruja Velaxa, con un solo gesto de su magia etérea, los convirtió en polvo y abrió el camino para tomar el codiciado oro...
Otros dicen que la victoria fue gracias a la astucia del cambiaformas Alaister, adoptando la forma de arpía, quien negoció con las alimañas del cielo. Pactaron sangre a cambio de alas, y cuando los vigías fueron segados, las arpías descendieron en un coro de chillidos, envolviendo las almenas en un festín de carne y terror.
Pero la fortuna siempre exige su precio. Cuando los cofres rebosaban de oro, los cielos rugieron. Una tormenta estalló sobre la isla y, con ella, el Padre Relámpago. El dragón azul se precipitó sobre la ciudad, derrumbando torres y murallas, vomitando fuego eléctrico entre gritos y caos.
La compañía huyó a las mazmorras del fuerte pirata. Allí liberaron a los prisioneros del clan Cráneo Negro… aunque más que liberar los tomaron como esclavos. Y cuando todo parecía perdido, fue Gob, el Brazo Armado de los Rundeen, quien arrancó de cuajo las rejas de las letrinas, abriendo un camino inmundo de piedra, pestilencia y... mierda.
Así escaparon, cargando oro manchado de sangre y heces, llevando esclavos a sus espaldas y con el rugido del dragón azul retumbando sobre ellos. Un botín valioso, obtenido a base de crueldad, sangre, gloria… y heces...
Eligieron el oeste de la isla, un paraje maldito por siglos de naufragios y espectros de marineros condenados por la caída de los aboleths en las profundidades. Allí comenzó la guerra que fue bautizada con un nombre ya temido...
El desembarco de Nemessor.
Las huestes se dividieron en dos. Sondakur, Khaldros Halkon y el eterno tirano Talkorion descendieron a las cavernas, enfrentando monstruos marinos y ocultando a sus tropas entre ellas, hombres de los Rundeen, miembros del ejército muranní y los sangrientos zhentarim bajo la roca húmeda. Mientras, un grupo de subterfugio abría el camino... Dientes, los Sombras de Hierro y miembros del cónclave...
Las huestes se dividieron en dos. Sondakur, Khaldros Halkon y el eterno tirano Talkorion descendieron a las cavernas, enfrentando monstruos marinos y ocultando a sus tropas entre ellas, hombres de los Rundeen, miembros del ejército muranní y los sangrientos zhentarim bajo la roca húmeda. Mientras, un grupo de subterfugio abría el camino... Dientes, los Sombras de Hierro y miembros del cónclave...Nadie escuchó más que el silbido mortal de sus virotes, los huesos quebrándose bajo los golpes de Ahmad y de un mercenario oscuro a las órdenes del tumulario, mientras las dagas de Thyfala y Cheepzul buscaban las gargantas en la oscuridad. Así despejaron el paso para que la horda se adentrara sin obstáculos.
Más adelante encontraron una grieta en los cimientos de la mansión fortificada...
Lo que
respiraba cayó bajo sus hachas y conjuros, y pronto el oro fue suyo. Pero un obstáculo aguardaba: barrotes de un metal extraño, más allá de la fuerza de cualquier bestia. Fue entonces que la bruja Velaxa, con un solo gesto de su magia etérea, los convirtió en polvo y abrió el camino para tomar el codiciado oro...
Otros dicen que la victoria fue gracias a la astucia del cambiaformas Alaister, adoptando la forma de arpía, quien negoció con las alimañas del cielo. Pactaron sangre a cambio de alas, y cuando los vigías fueron segados, las arpías descendieron en un coro de chillidos, envolviendo las almenas en un festín de carne y terror.
Pero la fortuna siempre exige su precio. Cuando los cofres rebosaban de oro, los cielos rugieron. Una tormenta estalló sobre la isla y, con ella, el Padre Relámpago. El dragón azul se precipitó sobre la ciudad, derrumbando torres y murallas, vomitando fuego eléctrico entre gritos y caos.
La compañía huyó a las mazmorras del fuerte pirata. Allí liberaron a los prisioneros del clan Cráneo Negro… aunque más que liberar los tomaron como esclavos. Y cuando todo parecía perdido, fue Gob, el Brazo Armado de los Rundeen, quien arrancó de cuajo las rejas de las letrinas, abriendo un camino inmundo de piedra, pestilencia y... mierda.
Así escaparon, cargando oro manchado de sangre y heces, llevando esclavos a sus espaldas y con el rugido del dragón azul retumbando sobre ellos. Un botín valioso, obtenido a base de crueldad, sangre, gloria… y heces...
Offtopic :
Gracias a todos los que participaron, me lo pasé bien.
Y a @DM Apofis quién me echó una mano
Y a @DM Apofis quién me echó una mano
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