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<El Despertar de los Dragones> El Precio del Poder.

DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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Una silueta esmeralda surcó los cielos oscuros del Bosque Maldito.
Era una dragona verde, cruzando velozmente el laberinto vivo que protege la Torre del Eterno Eclipse.
Al posarse, su forma cambió: una mujer de mirada afilada y poder contenido entró en la torre sombría.




Frente al trono de sombras del nigromante, habló con voz firme, pero cargada de pesar:



– Lohezet... Capa Conjuro ha sido destruida.
– El orbe... ha sido poseído por Lord Soth. Lo han liberado.
– Temo que... hemos fracasado.



Desde las alturas de su torre, entre libros arcanos y velas que lloraban cera negra, Lohezet, el nigromante, alzó la voz con ira desmedida:


– ¡Les advertí! ¡Les advertí lo que ocurriría si caía en malas manos! ¡Me llamaron demente...!
– Perdí mi cordura hallando la forma de absorber el poder del orbe, de hacer frente al mal que se alza en el este...
– ¡Pequé de ambición! Y ahora pagaré con creces mi osadía.
– ¿Y ahora vienen a hablar? ¡Cuando desconfiaban de mí!



Su voz ya no era la del hombre desesperado, sino la del mago que ha mirado al abismo... y ha sonreído.


– ¿Mis métodos no son los más ortodoxos? ¿¡Y qué?!
– En una guerra de dragones, no hay ortodoxia... sólo vencedores y cenizas.
– Que Kansaldi reclame mi alma, si así lo desea... que Lord Soth venga a pedirme explicaciones... –comentó con tono burlón, aunque su desesperación ya se olía en el aire.
– Quizás hasta le sirva una copa cuando llegue.



Dio una media vuelta, dejando que su túnica negra se arrastrara como un velo de sombras.


– ¿Por qué no me dieron a mí el maldito Orbe? –espetó, con voz cargada de veneno y desdén–.
– ¡A esos ineptos los iba a alzar como reyes!
– ¡Nadie más que yo podría haberlo comprendido, mimado, dominado!
– Yo, que estuve dispuesto a perderlo todo para forjar un mañana donde la oscuridad obedezca... donde nosotros seríamos el mañana.
– ¡Les garanticé que, de acabar en mis manos, seríamos los que dieran forma a este tablero...! ¡Les di mi amistad!


Pese a todo, el nigromante estaba dolido. Un hombre huraño, cínico, demente y maligno... pero que aún valoraba cosas como la amistad.



Se volvió de nuevo, ojos brillando con fría furia, pero también con una peligrosa claridad.


– ¡Pero no! Prefirieron entregarlo a manos "dignas", a corazones débiles con esperanzas rotas... y ahora el precio nos alcanza.


Levantó una mano, y las velas se apagaron una a una con un susurro.


– Ante tal urgencia... no hay lugar para la diplomacia, ni para el consenso.
– El mundo se desangra, y yo ya no seré cirujano ni creador... seré verdugo.
– Tomaremos medidas más severas. Y que los dioses cierren los ojos... si no les gusta lo que van a ver.
-Decidles que... nos veremos pero no bajo los cielos...
-Esta vez... Esta vez me escucharán...

Offtopic :
Para los que han hablado ON ROL con la dragona verde y para PJS afines en la región de Murann, el próximo martes día 12 reunión con el nigromante a las 21:30/22:00 ya me confirman asistencia.
 

DM Kapillo

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En la Torre del Eterno Eclipse, el nigromante permanece prisionero en su propia torre, aislado del mundo. Solo recibe visitas de la dragona verde, su confidente. Sus últimas creaciones, los dracónidos, han sido aniquilados, y apenas le quedan soldados más allá de sus lacayos no muertos. Las cabezas de sus bellas bestias cuelgan en las puertas de la torre, un macabro recordatorio de su fracaso. Se dice que no ha abierto la puerta ni derramado una lágrima por lo que más ama: sus creaciones.
Encerrado y protegido por árboles oscuros y un laberinto viviente, aguarda en silencio, esperando no ser encontrado. Aunque poco o nada se sabe de quiénes han matado a sus dracónidos.
 

DM Kapillo

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Hace algunas dekhanas...
... En la madrugada de la Torre del Eterno Eclipse.

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El sello de cera negra estaba marcado con una calavera coronada por espinas, símbolo inequívoco de Lord Soth.

Lohezet rompió el sello con un chasquido seco y leyó en voz alta:


"Lohezet,
Despojo inútil de huesos y polvo escondido en la mediocridad como un insecto bajo la piedra. Te concedo la oportunidad de demostrar que sirves para algo más que pudrirte en tu propia irrelevancia.
No confundas el imperativo de esta orden con un llamado de cortesía. Te exijo que abandones tu rincón de fracaso y te persones ante mí en Nueva Dargaard, donde recibirás instrucciones dignas que habrás de cumplir solícito, con la dedicación de un siervo inepto al que se le ha permitido seguir existiendo.
Te sacaré de tu hedionda costra de mediocridad si eres capaz de cumplir unas simples directrices, aunque tu carne, mente y alma no merezcan tal esfuerzo ni consideración."

Al terminar, sus dedos temblaban apenas, pero el pergamino crujió entre ellos.

La dragona poliformada esta vez en su forma de drow lo observaba, midiendo cada microgesto. Sabía reconocer el miedo cuando lo olía, incluso si el nigromante intentaba cubrirlo con esa sonrisa cínica tan suya.


-Vaya… murmuró Lohezet, forzando una mueca de burla. -Qué encantador en sus palabras.

Pero sus ojos, no tenían el brillo altivo de siempre. Había una rigidez en su mandíbula, un leve cambio en su respiración.
Lord Soth no enviaba cartas. Lord Soth enviaba sentencias. Y esta… olía demasiado a una.


-Que… que se crea que puede llamarme como a un perro… continuó, intentando recuperar su tono de voz firme.

Pero su voz se quebraba, como si una corriente helada le atravesara el pecho.


-Todo esto no habría ocurrido si yo tuviera mi preciado Orbe, almenos tendríamos una oportunidad y podríamos darle forma al mundo...

El silencio se volvió sofocante. Finalmente, dejó caer la carta sobre la mesa...

-Prepara el vuelo… dijo con voz grave, pero sin mirar a la dragona.

-Si voy a ir a Nueva Dargaard… no será con las manos vacías.

-Yo no asistiré. Estáis solo, Lohezet
dijo la dragona, cruzándose de brazos y clavando sus ojos verdes en él.

Ella se irguió, con orgullo.


-Yo no seré ninguno de sus recipientes. No me postraré ante nadie. Soy reina y soberana del Bosque Sombrío y por ello os ayudé a conseguir ese dichoso orbe… para evitar justamente esto.

Lohezet soltó una risa seca, que sonó más como un carraspeo de delirio.

-Si no venís conmigo… pensarán que os habéis escondido, como los demás. Y creedme… si Lord Soth lo cree, vendrá por vos.

- Y no sólo eso…
añadió, alzando un dedo como quien da una última estocada.

-Pensará que sois aliada del enemigo pues habéis luchado junto a él...

-Y entonces tendréis que demostrar que no es así…

Hubo un silencio cargado. Ella apretó la mandíbula, con rabia. Lohezet, en cambio, parecía más sombrío que nunca, como un hombre que sabe que se dirige al matadero… pero que prefiere elegir él mismo el camino.
 

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