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El diario de un escudero I

MotiSJL

Minsorrano sin caminos
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8/4/26
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Eutanasio llegó temprano esa tarde, como siempre, cuaderno en mano dispuesto a apuntar cualquier palabra que su maestro dejara caer.
No esperaba encontrarse lo que encontró.
Kennan ya estaba en el tatami, pero no en la postura tranquila de siempre. Golpeaba al muñeco de práctica con una intensidad que Eutanasio no le había visto antes —ni en sus mejores días, ni en los peores. Cada impacto sonaba distinto, más seco, más cargado.
El muñeco, que llevaba semanas aguantando entrenamientos, se astilló por un costado.
Kennan no se detuvo.
"¿Maestro?"
No obtuvo respuesta. Kennan seguía golpeando, ahora con los nudillos ya enrojecidos, la respiración entrecortada, los ojos fijos en un punto que Eutanasio no lograba identificar.
Se acercó un poco más, inseguro.
"¿Vamos a... empezar la clase?"
"Golpea."
La voz sonó distinta. Cortante.
"¿A quién?"
"A lo que tengas delante. No preguntes tanto."
Eutanasio miró al muñeco, ya bastante deteriorado, y dudó antes de acercarse.
Kennan, sin previo aviso, le lanzó un golpe de entrenamiento más rápido y más fuerte de lo habitual. Eutanasio consiguió bloquearlo por pura suerte, tambaleándose hacia atrás.
"Eso... duele, maestro."
"Bien. Así aprendes más rápido."
Nunca antes le había hablado así.
El Kennan que conocía corregía con paciencia, incluso cuando Eutanasio se caía por enésima vez, incluso cuando confundía la izquierda con la derecha en el peor momento posible. Este Kennan no explicaba nada. Solo exigía repetición, más fuerza, más velocidad, sin importarle demasiado si el golpe llegaba limpio o no.
En un momento del entrenamiento, Eutanasio trastabilló y cayó al suelo, con el labio partido por un golpe que no consiguió esquivar a tiempo.
Se quedó ahí un segundo, aturdido, esperando la mano de ayuda de siempre.
No llegó.
"Levántate."
Eutanasio le miró desde el suelo, confundido, algo asustado por primera vez desde que le conocía.
"Maestro, esto no es... esto no se parece a como entrenábamos antes."
Kennan se quedó callado un instante, como si esa frase hubiera logrado atravesar algo, aunque fuera solo un poco.
"El mundo tampoco se parece al de antes."
No dijo nada más.
Eutanasio se levantó despacio, con la boca sangrando, sin atreverse a preguntar de nuevo. Anotó algo en su cuaderno —no las palabras sabias que solía apuntar, sino algo más parecido a una nota de preocupación, escrita con letra temblorosa.
"El maestro ya no sonríe cuando corrige. Ya no explica el por qué. Solo dice que golpee más fuerte."
Cuando terminó la sesión, Kennan se sentó solo en un extremo del dojo, sin dirigirle la palabra a nadie más, con la mirada perdida en algún punto que solo él parecía ver.
Eutanasio, antes de marcharse, se atrevió a preguntar una última cosa.
"¿Estás bien, maestro?"
Kennan no respondió enseguida.
"Vete a casa, Eutanasio."
No era una respuesta.
Pero fue la única que obtuvo.

 
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