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El diario de un Mystrano.

Guty

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La ascensión de un Mystrano
Capítulo I


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Gracioso el destino ¿no? Muy gracioso por supuesto. Cada uno tiene vuestro papel en el mundo, y los planos de destino iban tomando forma en mi vida.
En una de mis visitas al templo de Mystra, situado en Edive, he hecho todo como siempre hago, una oración, una plegaria y el conjuro de más alta esfera que conozco manipulado como ofrenda a Mystra, pero esta vez algo diferente pasó.
Al terminar mis costumbres agradecimientos a Mystra, me he sentado en los bancos del templo, Lady Lysebeth empezó una charla amable conmigo y allí pedí para ingresar al templo como fiel, aunque no sabía bien qué deberes conllevaría tal hecho. Lady Lysebeth me pregunto por qué querría hacerlo y yo la respondí sin pestañear que mi real voluntad seria recompensar el bien que Mystra ya hizo por mí y por mi vida, beneficios los cuales son inmensurables.
Lady Lysebeth estaba de acuerdo con mi ingreso al templo, aunque me pedio una prueba, una muestra de que estaba dispuesto para iniciar la senda de un Mystrano, un fiel ferviente. Esta prueba estaba basada en como yo, un erudito, manipulador de la Urdimbre iría me comportar sin utilizar el Arte y si lograría éxito sobrevivir sin el uso exagerado de la misma. Y al final concluyo: Y cuando vos depare con una situación que sea necesario utilizar la Urdimbre ¡no lo haga! Tras esa experiencia, volved para contarme como fue.
 

Guty

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La ascensión de un Mystrano
Capítulo 2

Al salir del templo me he quedado varios días pensativo, me hospede en la posada en el Valle Minsor y he meditado cada palabra que había escuchado. Tras una semana he decidido volver a la capital, exactamente a la ciudad de la moneda, donde siempre me he hospedado desde que volví al país. Cada día sin “magia”, era un día más con abstinencia, pero ¿abstinencia? Si, abstinencia, volvía a sentirme como el flaco rato que salió de Amnagua, aquel crio burlado por todos, el poder que la Urdimbre me proporcionaba, inflaba mi ego, inflaba a mi auto afirmación, la cual me hacía sentirme un poderoso mago, destacable entre todos, donde mis propios profesores rasgaban elogios, donde yo iba me miraban de manera diferente, como un influyente y poderoso ciudadano. Pero fue ahí que vi mi esencia siendo consumida por el poder, aquello que todos me habían avisado de antemano, el poder estaba corrompiendo a mi corazón, por más ingenuo y puro que pudiera ser antaño. El arte es una obra genial, pero si no llevada con la atención que se debería, puede corromper al ser más puro que hay. Poco a poco fue me acostumbrando, de diversas maneras, desde un simples conjuro mano del mago, que yo utilizaba para solventar mis debilidades físicas, hasta mismo a los poderosos conjuros como un teletransporte, conjuro lo cual utilizaba a diario para viajes cortas o largas, era lo que me hacía puntual a todo.
Mis días fueron más largos y mis noches más cortas, mi cuerpo sentía falta de la facilidad que la Urdimbre me proporcionaba, aunque poco a poco sentía como si aquella “abstinencia” escapaba de mi cuerpo junto con mi sudor de los diversos trabajos y que haceres cotidianos.
En una tarde cálida he salido a buscar materiales, exactamente los ingredientes para seguir con mi paulatina experimentación con las plantas mágicas, la herbolaría. Al salir de la ciudad fue atacado por un mañoso kobold, tal cual me ha atacado de manera sucia, aunque no he tenido algunos problemas para neutralizarlo con mis fuerzas. Más adelante, cerca de la cueva que alberga tales ingredientes que he salido buscar, me he deparado con una banda de bribones, algunos arqueros, otros silenciosos como el aire que toca nuestras pieles, cuando fue sorprendido casi que lancé una primorosa tromba de proyectéis de Isaac en la cara de ellos, pero no lo hice, me recuerde de las palabras de Lady Lysebeth como un susurro en mi oído: “Y cuando vos depare con una situación que sea necesario utilizar la Urdimbre ¡no lo haga! Tras esa experiencia, volved para contarme como fue.”

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Me he herido gravemente, algunos cortes en venas que sólo tras una visita al distrito de los templos las he sanado por completo, aunque sentía en mi corazón aquella sensación de deber cumplido, un misto de placer y dolor. –Sonrió amablemente Gaius mirando a los ojos de Lady Lysebeth.

Y eso es todo, Lady Lysebeth, ese es el relato de mi primera experiencia sin magia.
 

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