Vinter
Gerardo de Amn
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Un cuaderno reposa tranquilamente sobre un escritorio, en una posada, de cualquier lugar de Amn. Tapizado con una portada de cuero rojo cuarteada por el tiempo, la salitre, la nieve, el frío y el sol, hojas amarillentas llenas de garabatos y runas, la primera hoja contiene la siguiente inscripción:
“Este es el diario de viaje de Nell, hijo de Vinful. Si estás leyendo esto sin su permiso, eres un trozo de pedazo de bosta de un ñú cotilla.”
Día 1 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Hemos bajado del barco. El drakkar ya se ha marchado, no sin antes habernos dado unas cuantas monedas de oro para empezar. No es que seamos gente rica, pero han hecho una aportación muy generosa. Echaré de menos a nuestros camaradas y hermanos, pero a partir de este punto es cuando debemos ir solos. No podemos ir más hacia el sur, el Drakkar no aguantaba más, los remeros echan de menos a sus familias, y nos han hecho el gran favor de traernos hasta aquí. Si debemos viajar más hacia el sur, lo haremos a pie.
Y bueno, he perdido a Runa. Lo primero que hizo, fue irse a una taberna, la perdí entre el gentío, ¿pero cuánta gente hay en este pedazo de tierra? ¿Cómo vive tanta gente entre las murallas y no se matan entre ellos? Yo llevo aquí apenas un día y casi me quiero tirar dentro de un pozo a ver si me dejan tranquilo. Y por encima la gente piensa que soy idiota. Claro, ven un norteño, grandote y nada sofisticado, y se creen que no sé lo que vale una moneda de oro. ¿Una manzana a un darten? Menos mal que Runa no estaba ahí, si no sí que me hubiera metido en un problemón de los gordos.
En fin, al menos he conocido a alguna gente honesta por aquí. Es curioso, las prostitutas se comportan mejor, me tratan mejor y piensan que soy menos estúpido de lo que aparento, que la mayoría de amnianos ‘de bien’. No sé si será que tratar con puteros las ha vuelto más listas y mejores juzgadoras del carácter, o que tienen esa predisposición natural. Pero la verdad es que tengo que agradecérselo a las chicas, me han ayudado mucho. He sabido de un lugar de red de tráfico de esclavos. Debo ir a aquella isla pirata... Brynnley, y conseguir tabaco de contrabando. El guardia se deja sobornar con eso, seguro que a Runa le interesará. Pero necesitamos armas, y armaduras. Las nuestras empiezan a estar oxidadas por la salitre, y mi alabarda ya ha empezado a dentarse por los combates con los piratas en el mar, los orcos, los tritones y otras cosas... Y las hachas de Runa empiezan a tener el mástil del bastón quebradizo. Nuestras cotas de malla ya han empezado a sufrir del deterioro del tiempo y la mar también. Necesitamos oro, y dinero.
Voy a salir a buscar trabajo. He oído de una plaga de lobos que se comen ovejas en los pastos del sur. Seguramente paguen bien por la cabeza de su alfa, y segurísimo que hay más de un curtidor en esta ciudad que necesite pieles. Solo tengo que asegurarme de no partir la piel...
Día 2 de nuestra llegada a tierras sureñas.
¡Me cago en la madre que parió a Runa! Bueno, perdón, Thora, pero tu hija la ha liado bien gorda. Le ha partido una silla en la espalda a un puñetero putañero y he tenido que gastarme la mitad del oro en sacarla del calabozo. ¡Joder, Runa!
En fin, ya está bien, no pasa nada. Ha sido un pequeño revés. Lo bueno es que he conseguido un montón de monedas de plata por matar al alfa, y otras tantas por asesinar a los lobos y vender sus pieles. No fue el combate más memorable, ni la gesta más gloriosa... Pero ha sido por el bien de mi hermana.
He llevado a Runa a rematar al resto de la manada y ahuyentarlos de nuevo, pues parece que mis esfuerzos no fueron suficiente. Más dinero para ambos. Hemos conseguido renovar algo de nuestro equipo, y conseguir nuevas piezas. Incluso algunos objetos con seids. Quiero decir... Mágicos.
Tengo que acostumbrarme a usar esos términos.
Día 4 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Es impresionante, pero hemos logrado llegar a Brynnley. Nos ha costado algo de oro, pero fuimos y volvimos victoriosos, incluso con nuevas armas. No me figuraba que en una isla de sucios piratas sureños íbamos a encontrar semejante calidad en sus aceros y sus objetos. Y la gente tampoco era tan horrenda. Reconocían la fuerza bruta cuando la veían, y no osaban acercarse a nosotros. Creo que se daban cuenta de que, si hacían el idiota, se llevarían una paliza. Me gusta más así. Es más honesto, menos engañoso. Y no tienen la armadura de un guardia de la ciudad para resguardarse si nosotros nos enfadamos.
En fin, hemos ido a la cofradía. Yggfrigg no estaba. Regamos el suelo con la sangre de nuestros enemigos. Los empalé con sus propias armas, les atravesé las cuencas oculares con sus cuchillos y les he partido el esternón a bastonazo limpio, en un arranque de ira. Ni siquiera usaba la falcata, ni la alabarda. Qué frustración. ¿Dónde estás, hermana? Te echo de menos. Te quiero.
Joder si te quiero. No me puedo imaginar lo que te puede estar pasando. Nell te echa de menos. Tranquila Ygg, voy a por ti.
Día 10 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Llevo unos días sin escribir, es cierto... Pero he estado muy ocupado. Runa y yo hemos decidido salir más allá de los límites ‘seguros’ de este lugar. Hemos conocido a otros sureños honestos, y a otros norteños varados aquí con nosotros.
Ha sido muy agradable. Un hombre llamado Anskarr me ha ofrecido trabajo con su gente. La verdad es que me sentí tentado de aceptar cuando los vi interactuar entre ellos, como una gran familia de cafres que luchaban por dinero, pero se querían. Lo notaba. Compartían la hoguera, anécdotas y había una curiosa sociedad montada alrededor de ese grupo de mercenarios, pero tengo otros deberes que hacer. He conocido a otra sacerdotisa de Tempus, Gwendolyn. Hermosa, sabia y fuerte, como debe ser. Sigrid... Diablos, esa mujer es preciosa, pero es casi tan alta como yo. Y algo me dice que si hubiera querido, me podría partir en dos. Las dos tienen propuestas interesantes. Un altar a Tempus, y un asentamiento en la nieve. También conocimos a otra Ruathem llamada Yngvild. No sé por que, pero tiene un aire de hermana mayor que me ha inspirado confianza desde que la conocimos. Quizás es porque echo de menos nuestro hogar.
Voy a ayudarlas. Son de fiar, y me quisieron ayudar... Y uno nunca tiene demasiados amigos. Sí, debo hacer honor al juramento de los Ruathem.
Día 11 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Bueno, he decidido apodar a una de mis gujas la ‘Guja Rúnica’. ¿El motivo? Runa está babeando todo el tiempo. Pero de una forma increíble, y lo más gracioso es que parece funcionarle. Supongo que en Amn hay más gente de la tendencia de Runa que de la mía, no voy a meterme en eso.
Aunque admito que me da un poco de envidia.
Bueno, vale, bastante envidia.
Pero para el caso, muchas se quedaban a cuadros cuando Runa se les insinuaba. Porque claro, es más bruta que parir un orco por el culo, así que... Me toca tirar de la correa. Y esa correa es la Guja Rúnica. Es decir, le doy un golpecito en la cabeza con el bastón. Lo mejor es que funciona, ¡es como adiestrar a un perrito!
Tranquila, Ygg, no me he olvidado de ti pese a nuestras vivencias. Voy a por ti. Te quiero, hermana.
Día 15 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Han pasado unos días bastante ajetreados desde que escribí por última vez, pero han ocurrido batallas épicas y legendarias desde aquella vez. Conocimos a un hombre llamado Krynos, y una hermosa mujer semielfa de Calishum... No, Calimsham.
Krynos no me cayó muy en gracia. Creo que piensa que soy idiota. Que no tengo ni idea de cómo es el sur, de combatir, me considera primitivo y básico. Tengo esa sensación, pero tampoco ha hecho nada grave para ganarse mi enemistad. Debería hablar seriamente con él, porque es un hombre honorable y con un gran valor. Fuimos con él hacia las Colinas Desoladas, y luchamos codo con codo. Es un guerrero prodigioso, pero lo que más me ha gustado ha sido que Runa y yo fuimos partícipes de toda una partida de guerra. Desjarretamos, matamos y destrozamos orcos durante horas, uno tras otro. Era un combate duro y una batalla todavía más dura y sangrienta, ¡pero por los dioses, cómo lo necesitaba! Y creo que Runa también.
Gritos, insultos proferían de mi boca, cada vez que un pielverde caía ante mi guja... Y Krynos aguantaba todos los golpes con su escudo, como una tortuga. Era impresionante, cómo movía el escudo... En un muro de escudos, ese hombre sería irremplazable.
Definitivamente tengo que hablar con él.
No quiero ser su enemigo, ni llevarme mal con él. Es un guerrero honorable. Debemos permanecer unidos.
No me he olvidado, Yggfrigg. Pero necesitamos mejorar y ser más fuertes para rescatarte. Te quiero, hermana.
Día 16 de nuestra llegada a tierras sureñas.
De acuerdo, esto... Es curioso, pero mi vida acaba de dar un vuelco inesperado. Estaba con Runa, adaptando nuestras armaduras nuevas en el sastre, cuando una chica llamada Lucille apareció por la puerta de la sastrería. Y ni corta ni perezosa, ¡nos ha invitado a un baile! Bueno, primero a mí, y luego a Runa. Esto me preocupa un poco, no voy a negarlo. No soy sureño, no conozco de sus buenos modales. Bueno, no demasiado... Pero a decir verdad, no nos vendría mal ir, aunque sea solo para aprender un poco más y que dejen de considerarnos unos sureños idiotas.
Luego apareció una belleza sureña llamada Nilum. Qué digo belleza, lo era aun más... El problema es que no sé de ningún termino que pudiera definirla mejor. No mentiría si dijera que por un instante me sentí débil de rodillas al verle el rostro.
Pero en fin, no es el punto de esta entrada. Resulta que es hermana de un hombre llamado Shack, que es un trovador. Al principio no estaba muy seguro de querer ir con ella a una de sus clases, menos aun cuando usó un conjuro de telepue... Teleportación, pero entonces resultó ser mucho menos malo de lo que yo pensaba. Eso sí, el mareo no me lo quitaba nadie.
Y resultó que me divertí en la clase. Menos mal que no estaba Runa,se hubiera partido de risa a mi costa por culpa de que me sacaron a bailar, ¡pero anda que no era guapa la moza que me sacó! Y además aprendí bastantes cosas. Me reí, me enteré del poder de los trovadores, y empecé a entender mejor a los skalds, cuando hablaban del poder de la magia a través de las estrofas, de las palabras y de su ingenio. De cómo sentían sus seids venir solo a través de su creatividad y sus venas.
Empecé a entender por qué mi madre quiso que yo me entrenase en las artes cuando era crío... Y la verdad es que me he dado cuenta de lo necio que he sido cuando he estado rechazando sus ofertas de enseñarme una y otra vez. Lo llevo en la sangre, me gusta, es... Divertido, es creativo, me da libertad.
Si alguna vez lees esto, madre, que sepas que tenías razón. Cantaré el mejor de los cantares, y la mejor de las sagas. Escribiré las mejores gestas.
Gracias, Nilum. Gracias Shack. Gracias, mamá.
Un manchurrón de tinta ocupa el resto de la hoja, probablemente el tintero se derramó en ese pedazo de hoja. En cualquier caso, quedan muchas hojas del cuaderno por rellenar todavía.
“Este es el diario de viaje de Nell, hijo de Vinful. Si estás leyendo esto sin su permiso, eres un trozo de pedazo de bosta de un ñú cotilla.”
Día 1 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Hemos bajado del barco. El drakkar ya se ha marchado, no sin antes habernos dado unas cuantas monedas de oro para empezar. No es que seamos gente rica, pero han hecho una aportación muy generosa. Echaré de menos a nuestros camaradas y hermanos, pero a partir de este punto es cuando debemos ir solos. No podemos ir más hacia el sur, el Drakkar no aguantaba más, los remeros echan de menos a sus familias, y nos han hecho el gran favor de traernos hasta aquí. Si debemos viajar más hacia el sur, lo haremos a pie.
Y bueno, he perdido a Runa. Lo primero que hizo, fue irse a una taberna, la perdí entre el gentío, ¿pero cuánta gente hay en este pedazo de tierra? ¿Cómo vive tanta gente entre las murallas y no se matan entre ellos? Yo llevo aquí apenas un día y casi me quiero tirar dentro de un pozo a ver si me dejan tranquilo. Y por encima la gente piensa que soy idiota. Claro, ven un norteño, grandote y nada sofisticado, y se creen que no sé lo que vale una moneda de oro. ¿Una manzana a un darten? Menos mal que Runa no estaba ahí, si no sí que me hubiera metido en un problemón de los gordos.
En fin, al menos he conocido a alguna gente honesta por aquí. Es curioso, las prostitutas se comportan mejor, me tratan mejor y piensan que soy menos estúpido de lo que aparento, que la mayoría de amnianos ‘de bien’. No sé si será que tratar con puteros las ha vuelto más listas y mejores juzgadoras del carácter, o que tienen esa predisposición natural. Pero la verdad es que tengo que agradecérselo a las chicas, me han ayudado mucho. He sabido de un lugar de red de tráfico de esclavos. Debo ir a aquella isla pirata... Brynnley, y conseguir tabaco de contrabando. El guardia se deja sobornar con eso, seguro que a Runa le interesará. Pero necesitamos armas, y armaduras. Las nuestras empiezan a estar oxidadas por la salitre, y mi alabarda ya ha empezado a dentarse por los combates con los piratas en el mar, los orcos, los tritones y otras cosas... Y las hachas de Runa empiezan a tener el mástil del bastón quebradizo. Nuestras cotas de malla ya han empezado a sufrir del deterioro del tiempo y la mar también. Necesitamos oro, y dinero.
Voy a salir a buscar trabajo. He oído de una plaga de lobos que se comen ovejas en los pastos del sur. Seguramente paguen bien por la cabeza de su alfa, y segurísimo que hay más de un curtidor en esta ciudad que necesite pieles. Solo tengo que asegurarme de no partir la piel...
Día 2 de nuestra llegada a tierras sureñas.
¡Me cago en la madre que parió a Runa! Bueno, perdón, Thora, pero tu hija la ha liado bien gorda. Le ha partido una silla en la espalda a un puñetero putañero y he tenido que gastarme la mitad del oro en sacarla del calabozo. ¡Joder, Runa!
En fin, ya está bien, no pasa nada. Ha sido un pequeño revés. Lo bueno es que he conseguido un montón de monedas de plata por matar al alfa, y otras tantas por asesinar a los lobos y vender sus pieles. No fue el combate más memorable, ni la gesta más gloriosa... Pero ha sido por el bien de mi hermana.
He llevado a Runa a rematar al resto de la manada y ahuyentarlos de nuevo, pues parece que mis esfuerzos no fueron suficiente. Más dinero para ambos. Hemos conseguido renovar algo de nuestro equipo, y conseguir nuevas piezas. Incluso algunos objetos con seids. Quiero decir... Mágicos.
Tengo que acostumbrarme a usar esos términos.
Día 4 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Es impresionante, pero hemos logrado llegar a Brynnley. Nos ha costado algo de oro, pero fuimos y volvimos victoriosos, incluso con nuevas armas. No me figuraba que en una isla de sucios piratas sureños íbamos a encontrar semejante calidad en sus aceros y sus objetos. Y la gente tampoco era tan horrenda. Reconocían la fuerza bruta cuando la veían, y no osaban acercarse a nosotros. Creo que se daban cuenta de que, si hacían el idiota, se llevarían una paliza. Me gusta más así. Es más honesto, menos engañoso. Y no tienen la armadura de un guardia de la ciudad para resguardarse si nosotros nos enfadamos.
En fin, hemos ido a la cofradía. Yggfrigg no estaba. Regamos el suelo con la sangre de nuestros enemigos. Los empalé con sus propias armas, les atravesé las cuencas oculares con sus cuchillos y les he partido el esternón a bastonazo limpio, en un arranque de ira. Ni siquiera usaba la falcata, ni la alabarda. Qué frustración. ¿Dónde estás, hermana? Te echo de menos. Te quiero.
Joder si te quiero. No me puedo imaginar lo que te puede estar pasando. Nell te echa de menos. Tranquila Ygg, voy a por ti.
Día 10 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Llevo unos días sin escribir, es cierto... Pero he estado muy ocupado. Runa y yo hemos decidido salir más allá de los límites ‘seguros’ de este lugar. Hemos conocido a otros sureños honestos, y a otros norteños varados aquí con nosotros.
Ha sido muy agradable. Un hombre llamado Anskarr me ha ofrecido trabajo con su gente. La verdad es que me sentí tentado de aceptar cuando los vi interactuar entre ellos, como una gran familia de cafres que luchaban por dinero, pero se querían. Lo notaba. Compartían la hoguera, anécdotas y había una curiosa sociedad montada alrededor de ese grupo de mercenarios, pero tengo otros deberes que hacer. He conocido a otra sacerdotisa de Tempus, Gwendolyn. Hermosa, sabia y fuerte, como debe ser. Sigrid... Diablos, esa mujer es preciosa, pero es casi tan alta como yo. Y algo me dice que si hubiera querido, me podría partir en dos. Las dos tienen propuestas interesantes. Un altar a Tempus, y un asentamiento en la nieve. También conocimos a otra Ruathem llamada Yngvild. No sé por que, pero tiene un aire de hermana mayor que me ha inspirado confianza desde que la conocimos. Quizás es porque echo de menos nuestro hogar.
Voy a ayudarlas. Son de fiar, y me quisieron ayudar... Y uno nunca tiene demasiados amigos. Sí, debo hacer honor al juramento de los Ruathem.
Día 11 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Bueno, he decidido apodar a una de mis gujas la ‘Guja Rúnica’. ¿El motivo? Runa está babeando todo el tiempo. Pero de una forma increíble, y lo más gracioso es que parece funcionarle. Supongo que en Amn hay más gente de la tendencia de Runa que de la mía, no voy a meterme en eso.
Aunque admito que me da un poco de envidia.
Bueno, vale, bastante envidia.
Pero para el caso, muchas se quedaban a cuadros cuando Runa se les insinuaba. Porque claro, es más bruta que parir un orco por el culo, así que... Me toca tirar de la correa. Y esa correa es la Guja Rúnica. Es decir, le doy un golpecito en la cabeza con el bastón. Lo mejor es que funciona, ¡es como adiestrar a un perrito!
Tranquila, Ygg, no me he olvidado de ti pese a nuestras vivencias. Voy a por ti. Te quiero, hermana.
Día 15 de nuestra llegada a tierras sureñas.
Han pasado unos días bastante ajetreados desde que escribí por última vez, pero han ocurrido batallas épicas y legendarias desde aquella vez. Conocimos a un hombre llamado Krynos, y una hermosa mujer semielfa de Calishum... No, Calimsham.
Krynos no me cayó muy en gracia. Creo que piensa que soy idiota. Que no tengo ni idea de cómo es el sur, de combatir, me considera primitivo y básico. Tengo esa sensación, pero tampoco ha hecho nada grave para ganarse mi enemistad. Debería hablar seriamente con él, porque es un hombre honorable y con un gran valor. Fuimos con él hacia las Colinas Desoladas, y luchamos codo con codo. Es un guerrero prodigioso, pero lo que más me ha gustado ha sido que Runa y yo fuimos partícipes de toda una partida de guerra. Desjarretamos, matamos y destrozamos orcos durante horas, uno tras otro. Era un combate duro y una batalla todavía más dura y sangrienta, ¡pero por los dioses, cómo lo necesitaba! Y creo que Runa también.
Gritos, insultos proferían de mi boca, cada vez que un pielverde caía ante mi guja... Y Krynos aguantaba todos los golpes con su escudo, como una tortuga. Era impresionante, cómo movía el escudo... En un muro de escudos, ese hombre sería irremplazable.
Definitivamente tengo que hablar con él.
No quiero ser su enemigo, ni llevarme mal con él. Es un guerrero honorable. Debemos permanecer unidos.
No me he olvidado, Yggfrigg. Pero necesitamos mejorar y ser más fuertes para rescatarte. Te quiero, hermana.
Día 16 de nuestra llegada a tierras sureñas.
De acuerdo, esto... Es curioso, pero mi vida acaba de dar un vuelco inesperado. Estaba con Runa, adaptando nuestras armaduras nuevas en el sastre, cuando una chica llamada Lucille apareció por la puerta de la sastrería. Y ni corta ni perezosa, ¡nos ha invitado a un baile! Bueno, primero a mí, y luego a Runa. Esto me preocupa un poco, no voy a negarlo. No soy sureño, no conozco de sus buenos modales. Bueno, no demasiado... Pero a decir verdad, no nos vendría mal ir, aunque sea solo para aprender un poco más y que dejen de considerarnos unos sureños idiotas.
Luego apareció una belleza sureña llamada Nilum. Qué digo belleza, lo era aun más... El problema es que no sé de ningún termino que pudiera definirla mejor. No mentiría si dijera que por un instante me sentí débil de rodillas al verle el rostro.
Pero en fin, no es el punto de esta entrada. Resulta que es hermana de un hombre llamado Shack, que es un trovador. Al principio no estaba muy seguro de querer ir con ella a una de sus clases, menos aun cuando usó un conjuro de telepue... Teleportación, pero entonces resultó ser mucho menos malo de lo que yo pensaba. Eso sí, el mareo no me lo quitaba nadie.
Y resultó que me divertí en la clase. Menos mal que no estaba Runa,se hubiera partido de risa a mi costa por culpa de que me sacaron a bailar, ¡pero anda que no era guapa la moza que me sacó! Y además aprendí bastantes cosas. Me reí, me enteré del poder de los trovadores, y empecé a entender mejor a los skalds, cuando hablaban del poder de la magia a través de las estrofas, de las palabras y de su ingenio. De cómo sentían sus seids venir solo a través de su creatividad y sus venas.
Empecé a entender por qué mi madre quiso que yo me entrenase en las artes cuando era crío... Y la verdad es que me he dado cuenta de lo necio que he sido cuando he estado rechazando sus ofertas de enseñarme una y otra vez. Lo llevo en la sangre, me gusta, es... Divertido, es creativo, me da libertad.
Si alguna vez lees esto, madre, que sepas que tenías razón. Cantaré el mejor de los cantares, y la mejor de las sagas. Escribiré las mejores gestas.
Gracias, Nilum. Gracias Shack. Gracias, mamá.
Un manchurrón de tinta ocupa el resto de la hoja, probablemente el tintero se derramó en ese pedazo de hoja. En cualquier caso, quedan muchas hojas del cuaderno por rellenar todavía.