Lysabeth
Copia de fichas de Kronos
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El ejercito de Minsorran viajaba hacia el sur, por barco por tierra, cruzando las tierras del Lago Esmel, pasando por Gambitón, o haciendo un lánguido giro alrededor de las tierras de Amn cruzando el cristalino Alandor hasta desembocar en el Mar, compañeros, amigos, ciudadanos, hombres de fe y aguerridos caballeros y mujeres que se cernían en una batalla que marcaría un antes y un después en la historia de Amn y de sus aliados, las batallas y las guerras no significan nada, solo con un cúmulo de muertes, desolación y tristezas, rara vez traen la alegría, solo a aquellos que miran desde arriba y mueven las piezas del tablero mientras cruzan sus manos sobre la mesa esperando a que sus riquezas y pretensiones sean cumplidas, a mis espaldas una enorme caravana, personas cargadas de energías y esperanzas subiendo los pertrechos, botiquines, vendas, pociones, elementos curativos, agujas, bisturís y demás herramientas y materiales que había encargado que fueran recopilando, la vida de muchos estaría en mis manos en mas de una ocasión y no me podría permitir que alguien muriera a mis ojos.
Tranquilo camino, Aun puedo recordar como las miradas de los ciudadanos de Esmeltaran y demás ciudades que fuimos atravesando se quedaban extrañados mirándonos, algunos guardias exaltados se acercan a preguntar y pedir explicaciones, pero sin demora alguna, algunos sonreían, otros eran mas conscientes de a donde viajaban, por suerte o por desgracia no todos los que viajaban a la batalla estaban informados o eran conscientes del mal que podría caernos encima.
- Hermana, ¿Qué te quedaras conmigo atendiendo a los caídos?.. – Dice con una voz baja y pensativa mirando de reojo a Sarah.
- ¿Yo? ¿Me vas a privar de devolver a esas criaturas del lugar donde no tendrían que a ver salido?.. – Arruga el ceño mirando a su hermana, típico juego de riñas y miradas de complicidad.
- No podría permitirme no volver a verte mas... y no te preocupes estaremos al frente atendiendo a los heridos en combate también – comenta algo apresurada con cierta sonrisa cómica en su rostro.
- Menos mal, siempre me acabas encasquetando tus tareas – tuerce el gesto unos instantes mientras palmea su caballo con una de sus manos en un golpe seco.
- Vamos!, si seguro que te gusta, además se que no me dejarías solas – le saca la lengua con una sonrisa graciosa.
A lo lejos se podría ver a Dainan el Sin, que dirigía al grupo de Soldados de los Leones hacia el lugar, había sido destituido de su cargo como Sargento, pero se había ganado el respeto de sus compañeros, y eso no se lo podría robar ni el oficial mas rencoroso, Gemto dirigía un grupo de soldados mas grueso, siquiera podías ver recoger las tropas con una simple mirada, en cabeza, un líder nato, iba desplegando a los soldados y asignando los frentes y tareas, las guardias y poniendo a algún sargento ocupando grupos mas pequeños de forma organizada en una especie de tienda de campaña donde planificaban los pormenores de las estrategias de guerra, aun no se como dos personas tan atareadas hemos acabado juntas, el destino es a veces tan incierto, cuando llegamos a Zinner me dirigí al puesto de comandamiento y me adentre donde los oficiales planeaban la batalla, necesitaba antes dedicarle una sonrisa.
- Mi Teniente, ¿tiene un momento para atenderme? – poniendo un poco de énfasis en la silaba “mi”, el resto de oficiales guardaban silencio para después cernirse en algunos cuchicheos, pocos se atrevían a decirle algo a la cara, a la Garra del León, y el que lo hacia no acababa en buen lugar.
- - Ten cuidado.. – le recoloca un poco las ropas del pecho con sus manos – no puedo permitirme perderte en una guerra absurda, no dudes en avisarme para cualquier cosa, no te hagas el valiente, no quiero heroicidades Gemto.. –comienza con una retahíla de palabras en voz baja susurrándole al oído, finalmente le da un calido beso en los labios y se marcha sin interrumpir mas la reunión
Un Grupo de Leones había sido puesto a mi mando para la protección del puesto de atención medica de Zinner, había decidido poner la base de atención medica fuera de la ciudad, en caso de una batalla nuestra tarea se vería dificultada, si esta llega a la ciudad, era mejor preparar un lugar a las afueras hacia el norte, cercano a la ciudad, con posibilidad de retroceder y volver a Minsor en caso de peligro, los clérigos y clerigas de los leones, algunas creyentes del templo de Mystra, y mi persona junto a mi hermana tomábamos y preparábamos las tiendas de campaña, y comenzábamos a repartir y destapar los víveres, y materiales curativos por los distintos puestos del campamento mientras un grupo de soldados se comenzaba a distribuir por el perímetro levantando lagunas barricadas entre otras cosas para asegurar la zona y ver la posición estrategia del puesto de campaña, Dainan era un gran apoyo para mi, siempre estaba dispuesto a dar su mano, y no le importaba partirse en dos, y doblar sus horas de trabajo para que estuviera mas a gusto.
Con el trabajo terminado, y todo dispuesto, poco me quedaba por organizar en el campamento, había dejado al cargo a una de las leonas en las que mas confiaba, y dentro de poco me reuniría con el grupo de clerigas de batalla, para las atenciones medicas en combate, allí vería a mi antigua discípula Raysha Wind, y a Nagath León de Oro entre otros mas, que me acompañarían en dicha batalla, junto a Fenia Meylawen y mi hermana Sarah, un puesto de importancia, pues nuestra supervivencia asegurara que el groso ejercito de los Leones se mantenga en pie férreamente, León confiaba en mi, y me había dejado al cargo del sector medico y clerical, no podía fallar a la confianza de mis compañeros.
Tranquilo camino, Aun puedo recordar como las miradas de los ciudadanos de Esmeltaran y demás ciudades que fuimos atravesando se quedaban extrañados mirándonos, algunos guardias exaltados se acercan a preguntar y pedir explicaciones, pero sin demora alguna, algunos sonreían, otros eran mas conscientes de a donde viajaban, por suerte o por desgracia no todos los que viajaban a la batalla estaban informados o eran conscientes del mal que podría caernos encima.
- Hermana, ¿Qué te quedaras conmigo atendiendo a los caídos?.. – Dice con una voz baja y pensativa mirando de reojo a Sarah.
- ¿Yo? ¿Me vas a privar de devolver a esas criaturas del lugar donde no tendrían que a ver salido?.. – Arruga el ceño mirando a su hermana, típico juego de riñas y miradas de complicidad.
- No podría permitirme no volver a verte mas... y no te preocupes estaremos al frente atendiendo a los heridos en combate también – comenta algo apresurada con cierta sonrisa cómica en su rostro.
- Menos mal, siempre me acabas encasquetando tus tareas – tuerce el gesto unos instantes mientras palmea su caballo con una de sus manos en un golpe seco.
- Vamos!, si seguro que te gusta, además se que no me dejarías solas – le saca la lengua con una sonrisa graciosa.
A lo lejos se podría ver a Dainan el Sin, que dirigía al grupo de Soldados de los Leones hacia el lugar, había sido destituido de su cargo como Sargento, pero se había ganado el respeto de sus compañeros, y eso no se lo podría robar ni el oficial mas rencoroso, Gemto dirigía un grupo de soldados mas grueso, siquiera podías ver recoger las tropas con una simple mirada, en cabeza, un líder nato, iba desplegando a los soldados y asignando los frentes y tareas, las guardias y poniendo a algún sargento ocupando grupos mas pequeños de forma organizada en una especie de tienda de campaña donde planificaban los pormenores de las estrategias de guerra, aun no se como dos personas tan atareadas hemos acabado juntas, el destino es a veces tan incierto, cuando llegamos a Zinner me dirigí al puesto de comandamiento y me adentre donde los oficiales planeaban la batalla, necesitaba antes dedicarle una sonrisa.
- Mi Teniente, ¿tiene un momento para atenderme? – poniendo un poco de énfasis en la silaba “mi”, el resto de oficiales guardaban silencio para después cernirse en algunos cuchicheos, pocos se atrevían a decirle algo a la cara, a la Garra del León, y el que lo hacia no acababa en buen lugar.
- - Ten cuidado.. – le recoloca un poco las ropas del pecho con sus manos – no puedo permitirme perderte en una guerra absurda, no dudes en avisarme para cualquier cosa, no te hagas el valiente, no quiero heroicidades Gemto.. –comienza con una retahíla de palabras en voz baja susurrándole al oído, finalmente le da un calido beso en los labios y se marcha sin interrumpir mas la reunión
Un Grupo de Leones había sido puesto a mi mando para la protección del puesto de atención medica de Zinner, había decidido poner la base de atención medica fuera de la ciudad, en caso de una batalla nuestra tarea se vería dificultada, si esta llega a la ciudad, era mejor preparar un lugar a las afueras hacia el norte, cercano a la ciudad, con posibilidad de retroceder y volver a Minsor en caso de peligro, los clérigos y clerigas de los leones, algunas creyentes del templo de Mystra, y mi persona junto a mi hermana tomábamos y preparábamos las tiendas de campaña, y comenzábamos a repartir y destapar los víveres, y materiales curativos por los distintos puestos del campamento mientras un grupo de soldados se comenzaba a distribuir por el perímetro levantando lagunas barricadas entre otras cosas para asegurar la zona y ver la posición estrategia del puesto de campaña, Dainan era un gran apoyo para mi, siempre estaba dispuesto a dar su mano, y no le importaba partirse en dos, y doblar sus horas de trabajo para que estuviera mas a gusto.
Con el trabajo terminado, y todo dispuesto, poco me quedaba por organizar en el campamento, había dejado al cargo a una de las leonas en las que mas confiaba, y dentro de poco me reuniría con el grupo de clerigas de batalla, para las atenciones medicas en combate, allí vería a mi antigua discípula Raysha Wind, y a Nagath León de Oro entre otros mas, que me acompañarían en dicha batalla, junto a Fenia Meylawen y mi hermana Sarah, un puesto de importancia, pues nuestra supervivencia asegurara que el groso ejercito de los Leones se mantenga en pie férreamente, León confiaba en mi, y me había dejado al cargo del sector medico y clerical, no podía fallar a la confianza de mis compañeros.