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El Encuentro en el Umbral de la Arcanum

Guty

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Crónica del Diálogo entre Dos Siervos del Telar

Relato del encuentro entre Alastor de Mystra y maese Alaric Thorne en las estancias de la Arcanum Scholla


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El vestíbulo de la secretaría de la Arcanum Scholla guardaba esa quietud solemne y laboriosa propia de los lugares donde se custodia el saber. El eco amortiguado de pasos lejanos sobre las losas de piedra pulida se mezclaba con el rasgar metódico de las plumas de los escribanos tras el mostrador de roble, mientras la luz de la mañana atravesaba los altos arcos, iluminando las motas de polvo que danzaban sobre los legajos administrativos.

Alastor aguardaba de pie junto al mostrador, con su báculo de fresno firmemente apoyado sobre el suelo y el peso de su cuerpo ligeramente inclinado de una pierna a otra con esa paciencia pausada que dan los años de camino. Su túnica azul marino con ribetes dorados y el medallón de las siete estrellas que reposaba sobre su pecho denotaban el porte de un estudioso que no busca deslumbrar, sino pasar desapercibido entre los afanes del día.

Fue en ese momento cuando un joven caballero arcano de porte marcial, ataviado con túnica oscura y capucha baja, se aproximó al mostrador. Al reparar en la presencia del viajero, el recién llegado se detuvo con educación.

—¿Buen día, caballero. ¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó con voz templada.

Alastor se volvió despacio, apartando la mirada del secretario para dedicarle una sonrisa franca y afable.

—Buen día, mi buen hombre —respondió Alastor, acomodando el pliegue dorado de su capa sobre el hombro—. Quizás sí. He dedicado estos últimos doce años a la investigación de campo en el sur, a la filología de textos antiguos y a la custodia del saber en los templos de la Señora de los Misterios. Sin embargo, el conocimiento que se encierra en una cripta o en un grimorio solitario termina por marchitarse.

El joven maestro retiró la capucha con un gesto grato, revelando un rostro resuelto y despejado, extendiendo su diestra abierta en señal de bienvenida.

—Un placer —dijo con una leve sonrisa—. Soy Alaric Thorne, caballero arcano y maestro de la Arcanum Scholla, bajo el Decanato de Batalla. Me alegra escuchar eso; un arcano devoto al conocimiento siempre tendrá cabida entre nosotros.
Alastor estrechó la mano con firmeza y calidez, reconociendo al instante la mirada del otro.

—Un placer conocerle formalmente, maese Alaric... creo que nuestros caminos ya se cruzaron tiempo atrás, cuando combatimos la amenaza del Demiliche —recordó Alastor con una sonrisa nostálgica—. Yo soy Alastor de Mystra, devoto de la Dama y estudioso de los saberes arcanos.

—Así fue, un asunto de lo más curioso —asintió Alaric, cuyos ojos reflejaron un brillo de sincero aprecio—. Yo soy otro devoto de Mystra también, y a pesar de que mi especialidad es el combate, no dejo de ser un estudioso. Mi única lealtad es con la Dama de los Misterios y la protección de su cuerpo, La Urdimbre, aquella que nos permite canalizar nuestra magia. Conociendo mejor tu labor, ¿qué tienes pensado para el futuro?

Alastor apoyó ambas manos sobre la empuñadura de su bastón, sintiendo en el pecho ese dulce consuelo que solo nace al encontrar a un hermano de fe en tierra ajena.

—Es un auténtico honor encontrar a otro devoto de Nuestra Señora aquí, maese Alaric. El filo bien guiado y el estudio riguroso son dos caras de una misma defensa del Telar —explicó Alastor con tono reflexivo y humilde—. Respecto al futuro, deseo reintegrarme a la vida académica: volcar estos años de estudio para apoyar a la Scholla y a sus alumnos, enseñar la ética y la física de la Transmutación, y culminar un tratado que acerque el buen uso del Arte a las gentes comunes. Si en el camino puedo servir de apoyo a las investigaciones de esta ilustre casa, será un absoluto placer colaborar.
Las palabras de Alastor parecieron encajar con una precisión providencial en las inquietudes del caballero arcano.

—Vaya... me alegra escuchar eso —respondió Alaric con evidente satisfacción—. Tenemos una vacante en el Decanato del Tiempo y la Materia, perfecto para un transmutador. Además, como proyecto personal, busco contribuir a disminuir, aunque sea un poco, la arcanofobia que nos rodea; me alegra escuchar a alguien que comparta esos mismos ideales de democratizar el Arte.

Alastor alzó las cejas levemente, con una mezcla de sorpresa contenida y profunda gratitud, inclinando la cabeza con modestia.

—El tiempo y la materia... las dos hebras que mi padre y mis maestros me enseñaron a venerar —reflexionó Alastor en voz baja, antes de añadir con firmeza—: He dedicado buena parte de mis tratados a desentrañar cómo la transmutación gobierna la estructura de los primordios y la aceleración de las hebras temporales. Si la Scholla estima a bien evaluar mis credenciales o poner a prueba mis métodos, estaré más que honrado de asumir el decanato y servir a los alumnos con todo mi empeño.

Alaric asintió, explicando con claridad la estructura institucional de la academia:
—Ahora mismo, la Decana Jadzia Odger, decana de las artes místicas y segunda máxima autoridad tras el Rector, se encuentra de viaje. A su vuelta le comentaré el asunto; os contactaremos para una pequeña prueba de demostración y el claustro de maestros deliberará. A cada maestro le corresponde una licencia mágica y la responsabilidad de impartir clases a los alumnos. Pude ver que eras un hábil mago en el asunto de los liches, pero ya sabes cómo son las cosas: todo lleva un protocolo.

—La paciencia es la primera virtud del erudito; los tiempos de la Dama son siempre perfectos —respondió Alastor con serenidad intachable—. Me parece un procedimiento intachable y prudente. Estaré a la entera disposición de la Decana Jadzia y del claustro para la prueba que estimen oportuna.

Para facilitar la deliberación, Alastor añadió con modestia sus antecedentes:
—Para conocimiento del cuerpo docente, podéis hacerles saber que en mis años en Amn tuve el honor de ejercer como docente en la Universidad Myrdon Salasker y coordinar como Magíster a los Centinelas del Saber. No lo menciono por vanidad de títulos pasados, sino para que la Scholla tenga la certeza de que comprendo la responsabilidad que exige estar al frente de un aula y velar por la seguridad de los alumnos.

—En ese caso, estoy seguro de que vuestra candidatura saldrá adelante; tenéis experiencia de sobra en el rubro —concluyó Alaric con una sonrisa de confianza.

—Y dejo claro aquí también que podéis contar conmigo para lo que necesitéis en la lucha contra la arcanofobia en Amn y el buen empleo de La Urdimbre —añadió Alastor con mirada resuelta, extendiendo su diestra con afecto fraterno.

—Así lo haré, podéis estar seguro —respondió Alaric, estrechando su mano con firmeza—. El placer ha sido todo mío. Fue un auténtico gusto intercambiar impresiones con otro arcano.

Tras una última despedida respetuosa, el joven caballero arcano se retiró hacia los pasillos interiores, mientras Alastor permanecía un instante en el umbral del vestíbulo.

Apretó suavemente la madera de su báculo de fresno y contempló los arcos de piedra que se abrían ante él. Doce años de peregrinaje y estudio no habían sido en vano: las puertas de la enseñanza volvían a abrirse, y el camino para sembrar la concordia en Amn acababa de dar su primer paso firme.

Offtopic :
Gracias a @Aeron por la buenissima escenilla.
 

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