El Festival de las Estrellas de Kara-Tur fue todo un éxito, los asistentes disfrutaron de una noche mágica de la mano de la Eterna Melodía y otros bardos impecables. La noche comenzó con el cuento de "La Princesa y el Pastor, haciendo el deleite de los asistentes:
"Cuenta aún hoy la leyenda, que la princesa Orihime tejía espléndidas telas para su padre, el rey Tentei, a orillas del río
Amanogawa. Su padre se encontraba complacido, mas, la princesa sentía gran pena, porque tejiendo y tejiendo todo el día, no
tenía tiempo para conocer a nadie y así nunca encontraría al ser amado.
Tras sus súplicas, su padre accedió a concertarle una cita con el pastor Hikoboshi, que vivía al otro lado del río Amanogawa y fue
traído hasta el lado de Orihime por su padre.Cuando se conocieron, se enamoraron al instante ¡un flechazo os digo!
Así pues no tardaron en casarse para vivir felices juntos.
Pero, algo sucedía. Ocupaban mucho tiempo dándose al amor y los rebaños del pastor eran descuidados y sus reses se extraviaban.
Orihime dejó sus tareas de lado y dejó de tejer las hermosas telas al lado del río que tanto gustaban a su padre. Éste, lleno de
furia, decidió castigar a Orihime e Hikoboshi por su descuido y decretó que ambos tendrían prohibido verse.
Orihime le suplicó y le rogó entre llantos desesperados que fuera clemente, pues anhelaba el calor de su marido y su amor, y su
padre, conmovido, les concedió un pequeño deseo. Dejaría que ambos amantes se vieran el séptimo día del séptimo mes si Orihime
había terminado su trabajo en el telar.
Pero al irse a encontrar, los amantes desolados descubrieron que no había puente en el río que pudieran cruzar para verse. ¡Cuan
fue el horror de ambos, que ni barca ni puente ni camino podían atravesar ese río encantado! El llanto de Orihime, atrajo una
bandada de urracas, que vinieron en su ayuda al verla tan desesperada y el prometieron que la ayudarían a ver a su amor.
La bandada se coloco en fila, disponiendo sus alas como puente entre los dos, y por fin ambos amantes se reunieron como habían
esperado tan ansiadamente. Las urracas les prometieron volver cada año siempre y cuando no lloviese, y así fue que los amantes
pudieron verse hasta el final de sus días."
Tras el cuento, los asistentes escribieron sus deseos y los sellaron, colgándolos de un árbol de cerezo hecho con prestidigitación y luego todos se quemaron en una barca al son de una breve canción, con la esperanza de que el humo transportara estos cerca de las estrellas y con un poco de ayuda de los Dioses se hagan realidad.
"Las hojas de bambú susurran,
meciéndose en el alero del tejado.
Las estrellas brillan
en los granos de arena dorados y plateados.
Las tiras de papel de cinco colores
ya las he escrito.
Las estrellas brillan,
nos miran desde el cielo."