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El Fin de Tharador el Lobo Blanco

Manny_LoneWolf

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El Fin de Tharador, el Lobo Blanco


Tharador dejó la pequeña pala a un lado, justo encima de las tablas que había sacado del suelo: el guerrero había hecho un agujero lo bastante grande como para poder colocar un baúl. Suspiró un poco y luego pasó una mano por la frente para retirarse algo de sudor, viendo entonces como la luz del día se filtraba por la ventana.

Estiró sus brazos, tomó las asas del arcón y lo introdujo con calma en el hoyo esperando no haber hecho demasiado ruido. Una vez dentro, fue cuando el hombre abrió la tapa para luego pasar una mano por el interior, apreciando el buen acabado y pensando a la vez que había escogido de manera idónea.

Sentado de manera seiza, Tharador giró levemente su cintura para tomar una capa doblada, mostrando esta el paso de los años y el haber tenido mejores días. Observó el bordado de un guantelete cerrado en puño, de color escarlata, recordando aquellos inicios en su andadura por la defensa de la pequeña villa de Edive junto a todos aquellos mercenarios que había liderado. Era curioso que un hombre como él, habiendo sufrido tanto en su juventud por las lealtades rotas de aquellos en los que creía, se había aferrado tan fuerte en la protección de la gente inocente de un lugar tan alejado de Cormyr, aquella que había sido su patria.

—¿Dónde habrás acabado, loca? —preguntó en voz alta como si el pensamiento se hubiera apoderado de él, todo para acabar sonriendo de un lado al recordar a Khora, aquella que había sido su mano derecha en tan variopinto grupo.

Acarició la tela de la prenda con ambos pulgares, colocándola luego y con cuidado en el interior del baúl, terminando por plisarla un poco. El guerrero llevó las manos hasta su propio cuello, pegó un pequeño tirón de una fina cadena de plata para romperla tras tomar lo que colgaba de ella. Cuando abrió el puño, en su palma, pudo observar un círculo de siete estrellas blanco-azuladas con una niebla roja fluyendo del centro. Sus pensamientos se vieron poblados de recuerdos en el templo de Mystra, en aquellas aventuras formando parte del grupo de Estrellas Fugaces, esas destinadas a brillar con intensidad bajo una gran fuerza de voluntad contra la oscura noche de Shar. Acarició el símbolo de la Dama de los Misterios con el pulgar y de manera cariñosa para luego sonreír.

—Es difícil no echar de menos a la Abuela Sauce —recordó a Lorissa, anciana elfa que le había ayudado a encontrar de nuevo un hogar bajo conocimiento y sabiduría.

El hombre estiró su brazo para dejar caer lentamente el colgante, con efecto similar al de una pequeña cascada gracias a la cadena, para que finalmente este quedara encima de la capa que había guardado antes.

Tharador se masajeó las muñecas y luego suspiró. Después volvió a girar un poco su cintura para tomar una caja sencilla, sin adornos, claramente castigada por el paso del tiempo. Abrió la tapa que emitió un leve crujido y pudo observar el broche que había dentro: una pequeña arpa dentro de una luna creciente, todo en plata. Agitó un poco la caja para tomar el objeto entre el índice y el pulgar, girando un poco su muñeca para hacerlo brillar con la luz que entraba por la ventana. A su cabeza le vinieron pensamientos y vivencias, las veces que había tenido que mentir por el bien común, las ocasiones que había tenido que luchar donde otros no podían, los momentos de arriesgar su vida para que los indefensos pudieran respirar un día más.

— Abajo con la tiranía: justicia e igualdad para todos —surgieron las palabras del interior del guerrero, como si de un mantra se tratara, recordando los momentos en el que había actuado con el sobrenombre de Colmillo.

El hombre dejó caer la caja sin cuidado alguno que chocó con las maderas del suelo, y luego lanzó de manera controlada el broche para que quedara sobre el resto de los objetos dentro del baúl.

Miró a su alrededor y vio que ya estaba acabando, pues pocos objetos de valor le quedaban. Esta vez tomó un estuche de acabados exquisitos, delicados se podría decir, donde varias letras de caligrafía élfica se podían apreciar en los bordes. Deslizó el pequeño pasador para abrir el recipiente y luego obtuvo lo de su interior, el famoso broche argénteo de Rilifein.

—Mi sangre es vuestra sangre, pues todos somos hermanos —dijo en voz baja y en un idioma élfico muy cuidado, de años de perfeccionamiento—: larga vida a la reina.

Tharador posó el broche dentro del estuche y luego lo dejó con sumo cuidado junto al resto de cosas, asintiendo de manera cortés en señal de respeto.

Y llegó el momento, pues ahí mientras mantenía la postura seiza, el hombre llevó su mano al cinto para desatar ambas armas orientales que siempre lo acompañaban. Las katanas habían sido su seña de identidad, propias del estilo que su maestra le había enseñado hasta la adultez y que él mismo había perfeccionado con el paso de los años. Sin embargo, esta vez nadie continuaría el legado, pues había tomado la decisión de que no iba a enseñar a su nuevo hijo a matar: pero sí a vivir.

Sostuvo la primera arma con ambas manos tras estirar un poco los brazos e inclinó la cabeza luego, listo para pronunciarse en el idioma del lejano este.

—Solo hay lugar para un lobo en el mundo, sea blanco o negro.

Sendas armas fueron dejadas después dentro del baúl, acariciando Tharador estas con la palma como último gesto de despedida. Habiendo dejado todo lo que quería, echó el cierre para luego enterrar el arcón valiéndose de sus propias manos, y finalmente dejar el suelo como estaba al recolocar las tablas encima.

El guerrero abandonó su postura para ponerse en pie, pasando luego la mano por su frente con idea de retirar el sudor de esta. Sonrió de manera tenue al ver que todavía quedaba algo de luz a pesar de que esta iba menguando por el atardecer, y entonces sus pasos lo llevaron a abandonar la estancia para ir al gran salón: allí observó que Thayara se había quedado dormida en uno de los sillones cercanos a la cuna de Elowen.

—¿Va bien la vigilancia? —preguntó Tharador sonriendo de un lado, dando un leve puntapié en una de las botas de su hija que ya había pasado la tercera década.

La mujer abrió los ojos y luego masajeó estos tras suspirar sonoramente. Después pasó su mano por la media melena, no pudiendo evitar que su mechón blanco heredado de su madre Nayrah se sobrepusiera sobre el resto del pelo.

—El último tramo del viaje hasta aquí lo hice en caravana, padre, ¿sabes lo incómodo que es dormir en estas? —terminó por preguntar ella de manera retórica.

—Ah, ¿pero se puede dormir en estas? —dijo Tharador en tono bromista.

Ambos rieron y el padre inclinó su cuerpo luego para mirar en el interior de la cuna, viendo como el pequeño mestizo de elfo dormía plácidamente como el bebé que era, asomando de la sábana tan solo la pequeña cabeza de orejillas levemente puntiagudas.

Thayara se puso en pie para luego y estiró un poco su ropa de viaje, buscando su capa con la mirada tras olvidar dónde la había dejado.

—En el perchero —dijo Tharador, cabeceando hacia la puerta principal.

Su hija asintió y caminó hasta allí, tomando la prenda para echársela por encima cerrando luego el broche con calma. Después volvió hasta su padre y lo miró con ojos curiosos.

—Tengo que atender unos asuntos por aquí y luego volveré a Argluna: pasaré antes para despedirme de ti y de Anith.

El hombre asintió y luego abrazó de manera repentina a su hija, que la pilló completamente por sorpresa. No obstante, esta reaccionó y cerró el gesto para compartirlo con su progenitor. Una vez separados, Tharador pasó la mano por la frente de Thayara con la intención de recolocarle algún mechón tras la oreja, dejando que, de nuevo, el blanco heredado por su madre volviera a imperar sobre el resto.

—Siempre he lamentado no haber conseguido que te reunieras con tu madre, y mucho más el haber estado ausente: siempre he pensado que he sido un padre terrible.

La mujer lo miró con seriedad, luego elevó ambas cejas con gesto de sorpresa y finalmente relajó el resto para dedicarle una sonrisa.

—¿Ya estás sentimental? —preguntó manteniendo la sonrisa—. No es la primera vez que hablamos de esto y creo que a veces hay cosas que se escapan de nuestras capacidades, por lo que sabíamos que madre no volvería. Y sobre lo otro... —Thayara estiró un poco el cuello para mirar hacia la cuna, volviendo a dirigir su mirada hasta el guerrero instantes después para acabar con la breve pausa— Sería injusta si yo juzgara lo bueno que ha sido mi padre conmigo, pero sí hay algo que puedo decir, y es que por lo menos tuve uno siempre que lo necesité aunque no estuviera a diario conmigo: eso es lo importante para mí.

—Gracias —fue lo único que salió de los labios del hombre, apreciando en lo que se había convertido su hija después de tantos años.

Thayara se alejó de su padre para aproximarse a la cuna de Elowen y posó su vista en el pequeño semielfo.

—Además —tomó la palabra de nuevo antes de girarse hacia su padre—, si tan mal te sientes, ahora tienes otra oportunidad: cuida del pequeño y no dejes escapar a su madre, ¿sí? —Sonrió al final.

La mujer de mechón blanco entre cabello oscuro giró sobre sus talones para luego encaminarse hasta la puerta principal, donde, y tras abrirla, cruzó el umbral y le dedicó un gesto de despedida a su padre para finalmente cerrar la puerta tras de sí.

Tharador se giró algo alertado cuando escuchó al bebé sollozar un poco, moviéndose entonces con rapidez para tomarlo entre sus brazos.

—Calma, calma… —susurró— ¿Ya tienes hambre?

La mirada del hombre se dirigió hasta las escaleras que iban al piso superior, pues escuchó pasos en las estancias de arriba cuando segundos antes no había nadie más en casa. Su rostro no mostró sorpresa alguna, al contrario, pues el alivio recorrió su cuerpo cuando sintió que Anith había utilizado magia para llegar hasta el hogar como siempre hacía: el vínculo les permitía conocer la distancia aproximada entre ellos, así como lo que sentían.

La elfa procedió a descender con calma por las escaleras, de manera grácil y sosegada, como una pequeña brisa de un paso tras otro. Su túnica blanca con detalles plateados demostraba que debía de haber estado trabajando en asuntos del clero de Sehanine antes de su vuelta a casa, o quizá en el Hospicio. Anith sonrió ampliamente al ver a su retoño en brazos de su marido, y este le entregó el bebé justo cuando los tres quedaron muy cerca. La sacerdotisa acarició la mejilla del pequeño Elowen y luego dirigió su mirada a Tharador, para ambos regalarse mutuamente un beso de reencuentro.

—Tiene hambre —dijo Anith.

—Lo supuse, pero, ¿cómo lo has sabido?

—Sentí que estabas empezando a agobiarte.

La elfa sonrió tenue y tomó sus pasos hasta uno de los sillones al lado de la chimenea, tomando asiento después. Una vez allí, abrió la parte superior de su vestido, antes cogida al cuello, y con ello la dejó caer para que su hijo pudiera agarrarse a uno de los pechos con sus pequeños labios.

—¿No tienes frío? —preguntó Anith, pero volvió a hacerlo sin dar tiempo a que Tharador repusiera— ¿Soy yo u hoy hace más frío?

El guerrero negó y entendió la indirecta, por lo que decidió aproximarse hasta la chimenea para colocar dentro leña de la que solían tener preparada. Luego, prendió algunas ramas más pequeñas con algo de habilidad y el fuego empezó a hacer su función con el resto de las maderas.

—¿Qué tal te ha ido el día? —preguntó Tharador.

Anith suspiró levemente mientras el bebé seguía tomando de ella.

—Muchos cambios en poco tiempo, la verdad: los elfos no estamos hechos para cosas tan repentinas pues no somos como los humanos.

El hombre procedió a sentarse en el reposabrazos del sillón para quedar cerca de su esposa y su hijo.

—De seguro que en el Hospicio todo vuelve a su cauce, incluso todo lo relacionado con el bosque del Alandor —sonrió Tharador en un intento de dar cobijo a la elfa de piel pálida para buscar el optimismo en ella.

—¿Y a ti cómo te ha ido? ¿Has podido acabar lo que tenías pendiente?

El guerrero giró un poco su cabeza para mirar en dirección a la habitación donde había enterrado sus más preciadas pertenencias, perdiendo la mirada en unos instantes por pura abstracción. Su esposa aguardó con paciencia a que él retomara la palabra de nuevo, justo cuando vio que él volvía a mirarla.

—Sí —Asintió—. Ahora ya solo queda Thayara, nuestra casita, tú y el bebé.

—¿En ese orden? —preguntó Anith, permitiéndose el lujo de hacer una broma al respecto.

Tharador elevó la comisura de sus labios para luego arrimar su rostro al de la elfa, robándole un pequeño beso de sus finos labios después. Acto seguido, se puso en pie para remover la lumbre con la ayuda de un atizador de metal y luego se pasó la mano por la frente. Con calma, buscó la pipa entre sus pertenencias y le puso algo de tabaco tethyriano, que pudo prender para dar la primera calada gracias a alguna astilla que estaba al rojo vivo por el fuego de la chimenea.

—Voy fuera un rato —dijo tras mostrar la pipa humeante a su esposa, a lo que esta asintió en silencio.

Los pasos llevaron al hombre hasta salir de la casa, apoyando parte de su cuerpo y brazos en la barandilla donde podía apreciar la tranquila villa de Edive. Sus pensamientos se entremezclaron con el humo propiciado por una profunda calada, viéndose preso de la calma del lugar y los sonidos ambientales que proporcionaba la cercanía al bosque. Con ya más años de los que hubiera vivido un humano normal, su cuerpo ya no respondía como antes, por lo que era consciente de su realidad y de que probablemente las muertes habían acabado para él, así que dedicaría su vida a precisamente cuidar de su familia y también de sí mismo.

—¿Al fin encontraste la paz, Tharador?

La voz de su difunta maestra resonó en su interior, y sus ojos se abrieron para mirar a la nada justo antes de responder.

—Sí.


Offtopic :
Y hasta aquí. :) La verdad es que nunca imaginé cómo sería el final de un personaje que me ha acompañado prácticamente diez años en el servidor, y sinceramente, creo que eso es lo mejor que me ha podido pasar al permitir que este no tuviera su destino escrito y sí haya sido presa de los roles llevados por él mismo y los personajes a su alrededor. En cualquier caso, y tras la actuación a 5e junto al paso del tiempo onrol, ya poca cabida lógica tenía el personaje: así que mejor este tenga su merecido descanso. Este post queda abierto por si alguien quiere comentar algo, y bueno, aunque algunos ya no jueguen o no estén con personajes que hayan tenido roles con Tharador, pues igualmente os agradezco mucho el haber formado parte de la vida del personaje, de un modo u otro, ya fuese con roles longevos o con simples «perlitas de rol», que yo les digo. Sin más, un saludo para todos y a seguir dando caña por otra vía llamada Fery. (y)
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
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Offtopic :
me encantó esa frase final preguntando si había encontrado al fin la paz y el diciendo que sí, porque aunque no conocí a tu pj desde el inicio, los roles que teníamos de odio a cuchillo con mi danzarina eran geniales, y luego con Anith pues ya era otra época de Thar de búsqueda en que le hablaba de su pasado, sus guerras, traiciones mientras estábamos en Sulda, y recuerdo que su sueño para Thar era poder envejecer tranquilo con una mujer que estuviese a su lado.

Por entonces creo que ninguno pensamos que en el futuro sería con Anith.

Pero me alegra haber podido ver ese viaje de Thar y su evolución. Es lo bonito del rol y el interpretar tu PJ sin condicionamiento off ni forzarlo, solo dejarle que tome las decisiones acorde a como es y lo que va sucediendo en los roles, que nunca sabes a donde vas a llevar ni qué te puede separar el destino.
 

duBal

Shevarasita que habla bajito
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Offtopic :
Solo tengo el recuerdo de coincidir con tu personaje en una ocasión y fue demasiado breve, sin embargo siempre me llegaron cosas de él. Era uno de esos personajes que uno siempre tenía presentes aunque fuera desde la lejanía. Me alegra que pudieses completar su historia a tu manera y sobre todo me alegra que hayas encontrado una nueva ilusión. A ver si de esta nos vemos más. Un saludo y felicitaciones. ;)
 

Aderin

Pirata sin barco
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//Un pja que era un auténtico héroe que no buscaba la entrega de medallas, y con su despedida un personaje menos de esos antiguos clásicos que no se daba autobombo que te encontrabas por los caminos in Game en situaciones desesperadas y daba ese rol de tan chulo de esperanza.
 

Hela

Calculador épico de fichas de PJ
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Offtopic :
yo queria contestar via relato, pero solo diré que tharador es el culpable de que Calendil habre bien en khondazhano.

Hasta ahí ha sido relevante el puñetero.

Y bueno, on será divertido meterme con él via relato cuando el pequeño Elowen crezca y sepa quien es la tia Calendil :devilish:
 
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