Novedades

El frio tendrá que esperar

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
Nunca pensé quedarme demasiado tiempo en la ciudad de la moneda, no era un lugar que me atrajese demasiado cuando abandoné mi tierra natal y llegue a Amn. Sin embargo, no podía dejar de pensar que el destino así lo quería y en Zakhara sabemos que contra sus designios no se puede luchar.

De los calidos parajes de mi tierra natal pretendía llegar hasta el más extremo frío, un opuesto que me atraía y me repelía de nombre El valle del viento helado. Sin embargo, mis pasos no me llevaban hacía el norte, caminaba en círculos, siempre en círculos esquivando los recuerdos de un tiempo que quería alejar de mí pero que él, me recordaba tan cercano.
Sujeté su medallón en mis manos, sabía que no era él y que era la única forma de acabar con todo aquello. Resultaba tan doloroso, borrar los recuerdos con la suplantación de otros, ¿era una decisión acertada?. Lo más probable es que no, pero una promesa era una promesa y aunque bien sabía que las promesas se las lleva el viento decidí confiar.

Guardé el medallón junto a las lentes, dejé mi mente en blanco y cogí el libro que aquel pescador me dio, decidida a saber más. Toque sus tapas como si de una frágil criatura se tratase y me detuve en los pequeños huesecillos que sobresalían, la energía que de el se desprendía era poderosa, pero apenas tenía una parte. ¿Qué hay de malo en saber?, Estaba convencida en que debía juntar las piezas y desentrañar el misterio, no hay nada malo en juntar todas las partes. Ras se equivocaba y Calen no se había pronunciado abiertamente, dejar esto a un lado sólo me parecía una cobardía y en cuanto a Zarna, aún me quedaba su opinión. Volví a tocar el libro, cada vez más segura de que desentrañando el misterio podría sacar un buen beneficio por ello y abandonar las dichosas plantas.

Deslicé mis manos por sus hojas y me adentré en su lectura.
 

Sam

Liche táctico
Registrado
9/9/08
Mensajes
540
Edad
40
Que siga esperando. ¡A ver si te inspiras y hay más!

Sam,
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
Tímidas luces anuncian el alba para indicarme que es hora de romper el embrujo de la noche. Recorro la ciudad que despierta hasta la posada donde me dejaré caer. El abrazo del ensueño me recorre y las imágenes de aquel viaje se suceden con una cada vez más borrosa nitidez…

Siento el frío en mi piel cuando los picos nevados aparecen ante mí, descoloridos y observo las figuras que reconozco y que inevitablemente veo sin rostro hasta que mi visión se centra en sus rostros y por fin los visualiza. Al frente Khane y el señor Uelh abriendo el difícil paso por entre la nieve, tras ellos Calen y Zarna y finalmente el Brasero de Kosut y lo que parece ser mi proyección.

Avanzamos con dificultad, pero avanzamos, el tiempo no nos es propicio pero los ánimos y la ignorante valentía nos hacen ascender. Me reconozco observando desde mi posición a cada uno de ellos, sus semblantes que se pueden entrever a través de los ropajes que nos cubren me hacen pensar que lo que empezó como una bravuconería, ha dejado de serlo, no hay lugar para bromas, no es una mentira; sólo frío y ascensión.

Oigo las indicaciones de Khane y lo que sea que planifique con el señor Uelh y creo entender que debemos ocuparnos de la retaguardia, no veo nada, pero lo que sigue a continuación es un caminar a tientas y de repente el viento se intensifica, la nieve nos cubre y cuando mi vista puede fijarse en algo solo logro ver una enorme mole blanca que agita sus alas tratando de levantar el vuelo hacía nosotros. La nieve que levantaba me impide ver más allá de la blancura, pero siento los gritos de exhalación y el suelo retumbar, risas y cantos y la sierpe en el suelo como una prolongación más del paraje.
Las bromas y las caras de incredulidad cuando me mofo de la hazaña. Sonrío.

Mi duermevela me lleva hasta la gruta donde decidimos descansar poco después. Siento miedo cuando veo a Zarna tan cerca de él, curiosa, ignorante y mete patas como siempre. La veo jugar con él y el momento fatal, una caída y todos los ojos clavados en su cintura. Quiero correr y llevarlo lejos, pero algo me dice que no lo haga, miro a Ras y me siento algo más tranquila… espero.

Palabras salidas de su boca que confiesan lo que realmente es y el resto con sus ojos inquisitivos posados sobre él. Recorro sus rostros y una extraña sensación me quema por dentro cuando creo ver ¿aceptación?. Las palabras del señor Uelh retumban en mi semi inconsciencia, “mi familia”, tan sólo los ojos como brasas plantean dudas. No importa, ahora no importa.

El sueño me lleva por fin y en él una sonrisa y un abrazo me dan pie a un ultimo pensamiento,” quizá después de todo el pasado pueda quedar atrás”.


El frio del que fuera mi destino inicial, "el Valle del viento helado" tendrá que esperar...
 

Sam

Liche táctico
Registrado
9/9/08
Mensajes
540
Edad
40
Precioso, Uncia. Precioso. No hay más.

Sam,
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
Días nefastos

Tymora no estaba de mi parte, vaya que no.

Tras el desafortunado encuentro con el mestizo y ese mediano, tras la amenaza y la nota donde nos citaba, pensé que ya tenía suficiente mala suerte por ese día. Que equivocada estaba y es que parece mentira que no me conozca, cuando intento arreglar algo, siempre la acabo liando y la lié, vaya si la lié.

El clérigo de Kossut accedió a hablar conmigo y todo iba bien, hasta que le pedí que guardase el secreto, que callase aquello que todos habíamos visto en el viaje a los picos. ¿Qué le suponía tener la boca cerrada?. Claro, no había contado con el factor sorpresa.

---No tengo porque guardar nada, no veo el motivo de callar. Acabará haciéndote daño y yo tengo que protegerte.

Sus palabras me atravesaron. ¿Protegerme?, ¿De qué?, la lista era infinita. No me preocupaba en absoluto lo que ocurriese, ni el mediano, ni lo que pudiese pasar cuando sabía que tarde o temprano las ligaduras del genio me reclamarían.

Lo miré con los ojos llameantes, sólo deseaba golpearle. Me limité a decirle que no entendía nada, que si no pensaba hacer lo que le pedía que se marchase. Una sutil forma de mandarle a la mierda.

Y allí estaba, pensando que después de todo no había sido buena idea ir a parar a aquellas tierras, que si quería evitar que le hicieran daño lo mejor era alejarse. Estaba decidida a irme.

Sin embargo, cuando crees tener controlado tu camino, cuando crees dominarlo, el destino te da un revés y todo se quiebra y los días nefastos terminan en un suspiro dejándote desnuda para empezar de nuevo, así ocurrió aquella extraña noche...

 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
Había decidido tejer la red por completo, enredarme en ella y quedarme en esas tierras. Pensé que él debía ser realmente torpe para hacer que me quedase o yo demasiado incauta.
¿Te quedaras por siempre? ––preguntó
Por siempre, hasta que “Él” me lo impida –– Contesté enseñándole aquel maldito tatuaje.

Vuelvo a frotar mi tatuaje en esta fría noche, quizá si lo rasgo, si lo borro, quizá …
¿A quien pretendo engañar?, una condena que llegará, más pronto o más tarde pero lo hará.

Recordaba sus palabras frente a la hoguera, el como sus ojos me miraron cuando entregó la espada a Uelh y nos comunicó que aquello que perseguía había dejado de ser lo más importante para él. Mis ojos desviaron su mirada con una mezcla de sentimientos; por un lado la certeza de que sus sentimientos eran reales y sinceros, por otro la culpa, la sensación de que esa renuncia le pasaría factura en un futuro. Recordaba mi silencio mientras me dejaba llevar por esos sentimientos y pensaba con convicción que no iba a dejar las cosas así.

Había tejido la red y sin embargo no había tenido ocasión de hablarle a solas, necesitaba preguntarle tantas cosas, necesitaba… aquella palabra se clavaba en mis entrañas pues conocía su significado y me aterraba. Sin embargo, estaba decidida a aquello, si él renunciaba a su búsqueda, la iniciaría yo en su lugar, sin vuelta atrás.
 

Raggnarokk

Escritor de muchotexto
Registrado
4/8/09
Mensajes
87
Edad
40
:shock: *Con los ojos como platos se acomoda las lentes tras el "shock"*
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
Una decisión y algunas notas

Los días pasan como un torrente de lluvia cuando él está cerca de mí y se detienen en un plomizo sopor cuando se encuentra lejos. Se perfectamente que no debo pensar en ello en estos momentos, que todo lo que me rodea puede cambiar si descuido un momento la tarea que tengo pendiente y sin embargo mi mente no puede dejar de llenarse de él.
Cierro los ojos con fuerza hasta que mis pensamientos se diluyen y logro centrarme en lo que ahora es importante.

Recordaba en ese momento aquella habitación de esa lejana ciudad llamada Caravassar, la posada donde habíamos compartido habitación para descansar de la extenuación, fueron muchas jornadas de viaje y aunque recordaba los caminos, las penurias, aquellas criaturas a las que se habían enfrentado, el cansancio, el hambre y el dolor de cada músculo; en ese momento sólo recordaba cuando él le prometió que haría cualquier cosa que estuviese en su mano por desligarla de aquel maldito tatuaje que grabado a fuego la apresaba.

"La carne nos hace y nos da aspecto, pero son nuestros actos los que harán de nosotros lo que somos, aquello que elegimos ser…" Dann, no voy a dejarte a tu suerte... pues, tu eres parte de mí. Si algo te ocurriera, a mi también me afectaría, como parte de mi propia alma. ¿Qué clase de "hombre" sería, si teniendo la posibilidad de cambiar las cosas, no hiciera nada?



Sabía que no iba a cejar en su empeño y realmente en su fuero interno deseaba que así fuese, egoístamente deseaba que todo aquello acabase, no se me ocurrió otra cosa que aceptar, eso sí, con una condición:

Se que no vas a parar, que no lo dejaras estar, pero entonces has de saber una cosa; que yo tampoco voy a dejar que tu renuncies a tu búsqueda, ya que si lo haces, si lo abandonas, será algo que pese en tu conciencia y eso no podría perdonármelo. Si tu quieres ayudarme, yo te ayudaré a ti.


Recordaba la convicción férrea con que le hablé y aquellos ojos lilas parpadear como signo de su confusión, sus palabras balbuceantes no supieron que decir, no había nada que decir, él había tomado una decisión con respecto a mí y yo había tomado otra. Ambos sabíamos que era el camino adecuado, aunque no exento de peligros, pero… ¿Qué es la vida sin algo que nos haga luchar por aquello a lo queremos?, ¿qué es el sentido de nuestra existencia si dejamos pasar los días sin luchar por lo que nos importa?.

En estos momentos me parece una locura, quizá porque desde esa toma de decisión, porque quizá desde que reunimos al grupo y uno por uno expusieron su punto de vista, accediendo a aquella locura que podía convertirnos en algo legendario o llevarnos a la muerte en apenas un zarpazo, pese a los riesgos, la unión de todos era tan estrecha que ni ninguno vaciló. Quizá porque ahora todo iba en serio, la decisión estaba tomada.

Ahora queda lejano y mi convicción se desmantela cuando se acerca el día en que partiremos de nuevo a la extraña ciudad comercial de Caravassar para tratar con un genio. Las dudas me corroen, no se sí seré capaz de presentarme ante él, no se si seré capaz de hacer nada y la información que de estas criaturas voy extrayendo me resulta tan pobre, tan escasa para enfrentarnos a ellos que solo deseo hundirme en un agujero y no salir, esperar a que la tormenta pase y no me pille en medio.

Suspiro levemente y rechazo aquella cobardía que me asalta, volviendo al cuaderno de notas que voy completando lentamente. Queda mucho por hacer…


Un cuidado cuaderno de notas, apuntes, anotaciones, bocetos que poco a poco se va llenando con toda la información que Dannai ha ido encontrando sobre la criatura contra la que de una manera u otra van a enfrentarse para romper las ligaduras que la atan.

(El contenido del cuaderno en texto oculto)




Escribo estas palabras que pronunció aquella extraña mujer de nombre Ayrin de Rashemen, ya que estas carecen de la reflexión más importante:

" La calma de Calen, la habilidad de Uelh, el temperamento de Zarna, la entrega de Khane y el 'fuego' de Dannai ". El mayor grupo de insensatos que jamás pisó tierras amnianas.


He podido averiguar que la criatura a la que llamé en aquella noche fatídica, es lo que se denomina en algunos libros y pergaminos que he consultado como Ajenos. Tienden a denominarse Genios en una nomenclatura común, sin embargo suele ser más frecuente llamarlos por el nombre de cada uno de los tipos, que por lo que sé, se dividen en:

Djinn
Efreet o Ifrit
Dao
Marid
Janni

Por lo que he leído, habitan en los planos elementales, aunque disfrutan viniendo al plano material para obtener ciertos bienes. Además de ser criaturas engañosas y dominantes de la magia ilusoria en su mayoría.

De los tres tipos, tengo claro que aquel que me ató en Zakhara fue un Efreet, proveniente del plano elemental del fuego y que suerte la mia que tuvo que ser uno de ellos… engañosos, vengativos y crueles. Cómo siempre, Beshaba elije lo mejor para mí… Ahora se que mis sentidos estaban nublados aquella vez y mi ignorancia sobre estas criaturas me hizo ser una presa fácil, se que siempre trataran de confundir, engañar y aturdir. Esto es lo más valioso que tengo por el momento, eso y esta imagen para poder estudiarlo detenidamente.





Necesito saber más.

Las anotaciones terminan con unos garabatos de frustración. Parece ser toda la información obtenida hasta el momento.
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
El vértigo de la libertad

Abrí mis cansados ojos a la vida plena, carente de ataduras y ligaduras y sentí vértigo. La sensación de embriaguez que me había acompañado durante la noche hasta que logré conciliar el sueño, se había desvanecido para abofetearme en una ráfaga de sentimientos que nunca había conocido… Libre, era libre de mis actos, libre de tomar mis propias decisiones, de encaminar mis pasos, de decidir como equivocarme, de actuar y tener el derecho a arrepentirme o a no hacerlo. Mi estómago se precipitaba en un caos increschente mientras el vértigo me aferraba a la cama donde acababa de despertar.

Poco a poco logre calmar aquella sensación al evocar lo que había sucedido, los rostros ajados, las heridas físicas y el dolor de alguna que otra alma de aquellos a los que amaba, de aquellos que habían dado su vida sin pensarlo por liberarme de aquel yugo en forma de tatuaje que durante tres inviernos me había atrapado. Recordé lo ocurrido:


Primera Parte: El Viaje

<object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=b574db2" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object>

El viaje fue un desahogo para todos, una descarga de las tensiones que habíamos ido acumulando durante los días previos. Los certeros golpes arremetidos calmaban los nervios, todos menos los míos que se intensificaban conforme la distancia a Caravassar se iba reduciendo; debía conservar las fuerzas y no malgastar la energía que de seguro necesitaría más adelante. Mis compañeros se bastaban y sobraban para defendernos de los ataques que, como si de una conspiración se tratase, salían a nuestro paso para impedirnos llegar a la ciudad. He de decir, que sin demasiado éxito.

No tuve noción del tiempo, no se cuantas jornadas transcurrieron desde que partimos de Púrskul hasta que vi por fin las murallas que anunciaban nuestro destino. No había cansancio, y si lo había, no era consciente de su presencia. Vi las murallas y pensé en correr y deshacer el camino hecho, dar media vuelta, pero los semblantes convencidos de mis compañeros me impidieron dar rienda suelta a mis impulsos y entre.

En aquel momento sólo una ciudad más, no había ojos que la estudiaran detenidamente, que disfrutaran de su arquitectura, de su comercio o de sus habitantes.
No sé cuanto tiempo descansamos, no creo que fuese mucho, pues apenas note variación en la luz taciturna; el momento que esperábamos había llegado y la respuesta, fuese cual fuese estaba a escasos pies. Hacía allí nos encaminamos.
Sentí su presencia aún antes de verle, sentí mi corazón apretándome el pecho como si pretendiese impedir que respirase una vez más, elevé la vista y allí estaba imponente. Mis piernas se clavaron al suelo y fui incapaz de dar un paso más. La figura del Dao levitaba delante de nosotros y sus brazos cruzados sobre el pecho amedrentaban cualquier acercamiento, sin embargo me revolví inquieta al ver a Khane acercarse para hablar con él y rememoré todos los fantasmas del pasado cuando el Dao exigió que me aproximase a él para examinarme, alguien me empujo, creo que fue Zarna, pero no puedo estar segura de ello…

Lo siguiente que recuerdo, es la búsqueda de las gemas que el Dao había solicitado como apertura para un portal que nos llevaría a encontrar la pieza clave que me libraría de las ataduras; De no haber sido por Clara habríamos tardado demasiado en juntar tal cantidad, es mucho lo que le debo. El pago estaba hecho, ahora sólo quedaba cruzar el Portal, un insignificante paseo al plano elemental de tierra en busca de una esmeralda esférica perfecta, una nimiedad. Estaba convencida de que había llegado nuestro momento, de que no volveríamos a vernos y sin embargo nadie vacilo en cruzarlo.

Cruzamos el portal, cuando nuestros ojos se acostumbraron a la extraña luz del lugar pudimos ver una amplia caverna terrosa, de húmeda piedra que mediante relieves iba creando sinuosas galerías que se perdían a nuestros ojos y en las paredes, en el suelo, trozos de gemas imperfectas que como si de una tormenta de granizo se tratase habían cubierto el lugar. Su reflejo concedía una tenue luz verdosa, que hacía el lugar más siniestro si cabe.

Apenas dimos unos pasos cuando todos nos detuvimos y con la vista al frente reconocimos lo que eran los primeros seres vivos con los que nos topábamos, que por la forma en que nos miraban, no resultaron ser demasiado amigables. Eran unas enormes criaturas, bestias que hacían temblar el suelo de la caverna a su paso y que embistieron contra nosotros con una fuerza brutal, mis flechas ígneas eran una leve caricia para ellos, tan solo los mortíferos golpes de Uko, Zarna, Calen, Ras y Khane lograron acabar con ellos. Pudimos recobrar aliento unos instantes antes de adentrarnos más en la caverna, siempre alertas, siempre buscando, tuvimos que detenernos nuevamente pues lo que parecían ser familias enteras de micónidos nos cerraban el paso con una hostilidad palpable. Con la adrenalina del combate aún en nuestra sangre y los restos de las bestias en las ropas, el grupo cargó contra ellos, líquidos que poblaban los pasillos de la caverna y paredes testigos de la batalla que escurrían restos gelatinosos. Todo ello y nuestro aspecto dejaba mucho que desear mientras nos íbamos abriendo paso.

Cansados llegamos a un corredor presidido por un par de estatuas, avanzamos observando los arañazos que cubrían la pétrea pared y todos exhalamos una exclamación de asombro cuando visualizamos una estancia, en cuyo centro, un arco de estatuas protegían la estatua central, enorme, magnánima, imponente que se mostraba ante nosotros como guardiana y custodia del preciado objeto que habíamos venido a buscar; a sus pies, una perfecta esmeralda esférica que como si de un embriagador bebedizo se tratase nos hizo bajar la guardia, todos nuestros ojos se encontraban fijos en la esmeralda y en la forma de hacernos con ella…

Recuerdo que pensaba la manera de hacernos con ella, quizá cambiando la esmeralda por un objeto del mismo peso, recuerdo que meditaba cuando un ruido atronador me devolvió a la realidad, los gritos agónicos ¡¡Corred!!,¡¡Corred!!, la cruenta mirada de las estatuas y el enorme Golem, un golpe seco en mi cabeza y oscuridad…
 

Raggnarokk

Escritor de muchotexto
Registrado
4/8/09
Mensajes
87
Edad
40
:::::::::::::::::

Aun recuerdo bien lo ocurrido, el esfuerzo que cada uno hizo a su manera, por alguien a quien consideraba mucho más que una compañera, por la 'libertad' de que le había sido arrebatada a causa de aquellas ligaduras... todos y cada uno de ellos, compañeros de un viaje, en el que apesar de las dificultades demostraron ser mucho más de lo que eran.

Segunda Parte: En otro lugar

La gruta vibró con fuerza, grandes piedras caían sobre nosotros, la gran estatua se giraba hacia nosotros, ella estaba tendida en el suelo, había recibido un fuerte golpe el cual habría sido fatal de no ser por las protecciones mágicas; Calen tomó rápidamente aquella gema esférica en un hábil y fugaz movimiento, todas y cada una de las estatuas empezaron a resquebrajarse, a moverse de manera automática, como accionadas por alguna misteriosa fuerza que las controlaba dispuestas a acabar con nosotros.

No había tiempo para pararse a pensar, todos sabían que no habría otra manera de salir de aquel lugar si no era por la fuerza

- ¡¡ Salid de aquí , corred , CORRED!! - Los gritos estridentes de Uko fueron suficientemente claros como para hacer reaccionar al grupo al instante.

Recuerdo como evitando los filos de aquellas carcasas vacias, la alcé y me aferré fuerte a ella, teniendola en mis brazos nuevamente. Miré atrás sin dejar de correr mientras Calen y Zarna avanzaban junto a mí, Uelh y Uko se quedaron haciendo frente a nuestros perseguidores, codo con codo, espalda contra espalda. Tan solo el sonido de los brutales impactos del filo de sus armas con la dura piedra de la que esos seres estaban compuestos se podía escuchar en los pasadizos durante nuestra huida.

Las galerias se desplomaban y se sacudian con una fuerza inconmensurable, apenas podía manenter la respiración a causa del terrible esfuerzo. Nuestros compañeros habían quedado atrás, ¿estarían bien? ¿lograrían salir? , me maldije mil veces por no quedarme ahí con ellos, pero sabía bien que su esfuerzo sería inutil si no la llevaba de vuelta a salvo. Una fuerte explosión abrió una gran brecha en el tunel por el que estaba escapando, denuevo la mala fortuna me perseguía através de los planos, maldita sea mi estampa...

- ¿Quieres que te lleve algo o que? ¡Por aquí, corre! -

La voz de Zarna me hizo reaccionar, y girando al oirla avanzamos por otro pasillo mientras que de la brecha abierta, surgía otra de esas bestias acorazadas, la cual nos perdió de vista mientras se abalanzaba contra esas estátuas que nos perseguian.

Las paredes de la gruta se desplomaban, las grietas eran cada vez más gruesas, pero habíamos llegado ante el portal que debería traernos de vuelta a la ciudad comerciante donde nos esperaba el Dao. Calen puso la enorme gema en los brazos de Dannai y giró mirando hacia el interior de la gruta donde nuestros compañeros aun deberían estar, no pude pronunciar palabras, estaba decidido a quedarme, no iba a abandonar a más compañeros, me negaba rotundamente a eso.


- ¿Que haces aun ahí ? - Dijo Zarna mientras tomaba entre sus manos su enorme arma acercandose.
- ¡Tenemos que esperar a los demás, no podemos dejarles aquí! - Protesté, esto era una locura.

Ella se acercó y con un firme pero sutil gesto nos empujó a mi y a Dannai, que aun estaba inconsciente, hacia el portal, haciendonos volver mientras solo podía ver como nuestros compañeros quedaban en ese plano...

Volví en mi... abriendo los ojos rápidamente, el cuerpo entero me dolía... pero fue un alivio ver como todos y cada uno de nuestros compañeros estaban ahí aun, frente al Dao... preparados para entregarle aquella gema con la que finalmente, liberaríamos del yugo de esclavitud a nuestra compañera... por la que todos y cada uno de nosotros, habíamos formado este pequeño grupo, esta extraña “familia”.
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
:::::::::::::::::

Tercera parte. Rotas


No calculé cuanto tiempo estuve inconsciente, ni reparé en los daños de mi cuerpo hasta que las manos de los Jadin se posaron en mí y recobré toda consciencia. Miré uno a uno a mis compañeros y allí estaban, agotados, exhaustos, hechos trizas, pero vivos.

Me puse en pie como buenamente pude, mientras veía a Khane acercarse con la enorme gema en la mano hacía el Dao, otorgándosela.

Una vez con la gema en la mano el Dao dio una sonora palmada sobre ella reduciendola a cenizas; no pude evitar cierto pesar al ver aquella belleza que tanto había costado y tanto debía valer hecha añicos.

-acércate y enseñame la marca. Me acerque para mi gusto demasiado cerca del Dao y le mostre la marca, mis ojos se desviaron del polvo que contenía su mano al que ahora era vertido en mi muñeca. Me estremecí al sentirlo sobre mi piel y respire cuando vi que el dibujo del tatuaje se rompia en la parte que las llamas se unian, note los murmullos de mis compañeros, la relajación tras toda tensión; que duró apenas unos intantes en que la mirada del Dao se endureció y con sus dedos cubiertos por el polvo de la gema trazó un círculo sobre mi frente, cuando con su atronadora voz hizo adelantarse al grupo y dibujo un círculo en la frente de cada uno.

Una cruel sonrisa aparececio en el rostro del Dao a la vez que entonaba un extraño salmo en un idioma desconocido. Recuerdo las miradas confusas, incluso asustadas, recuerdo retorcerme inquieta al sentir un intenso dolor en la frente, como si el polvo estuviese penetrando en mi piel directo hacía la nuca, la mano de Uelh en la empuñadura, el cuerpo crispado de Uko, el semblante abatido de Khane, los puños cerrados de Calen y la confusión de Zarna que dierón rienda suelta a toda la tensión contenida cuando el Dao se dirigió a nosotros como sus siervos.

-¿Qué nos has hecho?-Pronunció Khane. -!Que cojones es eso de amo!- oí espetar a Uko mientras me arrodillaba suplicante y abatida para que los dejase a ellos, a fin de cuentas yo ya había tenido una atadura, ¿acaso importaba otra?.

Lo poco que recuerdo de aquel momento fue la discusión, el tratar de razonar, la impotencia que todos sentíamos, la sangre de Uelh salir por su boca, las lagrimas de sangre de Uko que el Dao hacía salir de sus ojos y la desesperación de no poder hacer nada.

-La esmeralda que me habeis traido no solo ha eliminado la magia de fuego del Ifrit, si no que os ha atado a mi y lo habeis hecho voluntariamente- Las palabras del Dao se introdujeron en nuestras mentes.

Salimos de su presencia con la ira rasgando nuestras entrañas, con ansias de acabar con su vida unos, abatidos otros. Apenas nos atrevíamos a mirarnos los unos a los otros cuando la estruendosa carcajada del Dao a nuestras espaldas detuvo nuestros pasos, la carcajada fue acompañada de una sonora palmada y al instante llevamos todos nuestras manos a la nuca, un dolor intenso como si algo nos rasgase la piel nos detuvo, noto algo caer desde mi nuca. Cuando el dolor cede y puedo abrir los ojos veo como unas diminutas criaturas corren desde cada uno de nosotros hasta donde está el Dao.


-!Que cojones!-espetó Uelh al verlas correr directas a la enorme mano del Dao que con una sonrisa las recoge.

-¿Qué... que es... eso?.

El Dao fijaba su vista en Khane al oirle preguntar.

-Bien, se terminaron los juegos, gracias por traerme estos pasatiempos. Largaos de aquí, vamos.


Aún atónitos y sin creernos que todo había acabado nos dejamos caer en el campamento más cercano para recobrar fuerzas.
Nuestra nuca estaba intacta y nuestra libertad también. A fin de cuentas Tymora nos había guiñado un ojo aquel día y el destino de mi lejana tierra nos había sido propicio.
 

redzarna

Pitillo desechado de Talivia
Registrado
21/3/10
Mensajes
165
Edad
38
¡Genial! Solo puntualizar que en la salida del plano elemental, lo que Zarna le dijo a Khane fue "¡Estás en medio, cruza de una vez!", y el sutil empujón consistió en una patada :lol: Una pena no haberme quedado a lo que vino después :(
 

Uncia

Pastilla perdida de Lunanegra
Registrado
21/12/07
Mensajes
270
<object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=6234917" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object>

El Rasgar de la Telaraña


Jirones de nada y el rasgar del aire deshaciendo en mil pedazos la telaraña que había enredado nuevamente su camino, como si de una pequeña presa se tratase, frágil e inexperta, había enmarañando de vanas y falsas palabras el sentido de su existencia.

La noche era silenciosa desde su habitación en la humilde posada, se podían oír los cascos de los barcos chocar contra el embarcadero y el sonido calmo de la cercanía del mar que hacía unas semanas le había llevado a sueños profundos y reconfortantes, se tornaba ahora una pesadilla. Sus sabanas de seda eran un remolino de pesares y su silueta desnuda bañaba de sudor la noche.

Una y otra vez se castigaba a ella misma por haber sido tan estúpida, por haberse dejado enredar en la miel de sus palabras que ahora ya no reconocía y que poco a poco iban cayendo en el vacío más profundo. ¿Nunca te conocí? Dime ¿Quién eres?.

Se levantó cubriendo su cuerpo con la suave tela de la sábana para acercarse a la ventana, fijó su vista en el puerto y cerró los ojos. Recordó tantas cosas en aquel instante… una risa espontánea que la hacía vibrar, unos brazos fuertes que la habían envuelto tantas noches atrás, sus ojos llameantes cuando la miraba. Se llevó la mano al pecho, justo donde hacía tanto tiempo le dolía y aunque ya ni una sola lágrima bañaba su rostro, aún había algo capaz de oprimirla en noches como aquella, tan intenso y mordaz como un latigazo tras otro. Sin duda era la cruel sensación del vacío, de la nada en que se había convertido desde hacía dos años.

Era consciente de que en aquel mismo instante la telaraña de sentimientos se había rasgado completamente, una telaraña que seguramente nunca más volvería a tejer. La rompía en ese instante, para tratar con el tiempo de liberarse de las ataduras, no ya las ligaduras de un genio, aquello había quedado atrás, sino de otras más cruentas, más poderosas, las propias ligaduras de su recuerdo.

Se separó del alfeizar de la ventana y con un quedo suspiro se acercó al pequeño baúl donde guardaba todas sus pertenencias, sacó el petate y lo depositó sobre la cama hasta que introdujo en él la última de sus pertenencias, a excepción de las ropas que usaría en su viaje.

Se despojó de la suave sábana dándole permiso a la luna para bañar su cuerpo antes de vestirlo. Cogió el petate y se dirigió a la puerta sin poder evitar una última mirada a aquella cama que tantas veces había compartido su felicidad.

Tomo aire y salió a la escurridiza noche que ya desaparecía sigilosa por los tejados de la ciudad de la moneda. Con paso enérgico y sin mirar atrás cubrió el pequeño recorrido que separaba la posada del puerto, compró un pasaje y subió a aquel barco que la sacaría de tierras amnianas.

Sus ojos sólo oteaban la inmensidad del mar, tonalidades de azules y reflejos plateados que bañaban el casco del barco abriéndose a su paso en un lento pero constante vaivén hacía su primer destino, allí donde pensaba encontrar al primero de los suyos.

Sacó un pequeño saquillo de tela grisácea, desató con cuidado el nudo que lo cerraba y extrajo su contenido haciéndolo caer en su mano derecha. Allí, en el centro de la pequeña mano podía verse una preciosa alianza que brillaba sin entender cual era su inminente destino. La miró con pesar, cerró la mano y con decisión lanzó su contenido por la borda del barco. Ahogó un gemido sintiendo como algo se quebraba en su interior y una insignificante gota salada descendía por su mejilla, como si quisiera acompañar la promesa que acababa de tirar por la borda. Dejó que resbalase, solitaria.

Total, ¿qué significado tiene un trozo de metal?, casi importa tan poco como las palabras que ya se llevó el viento. Si alguna vez Tymora vuelve a sonreírme y Beshaba me deja ir de su lado se podrán forjar mil anillos como este. –– se dijo.

Los hechos y nuestras acciones así como las de quienes nos rodean son lo único que queda, todo lo demás, es tan efímero como un suspiro.


//Tenía ganas de escribir el punto, no sé si a parte o final. Así queda por el momento.
:wink:
 

Ragna

Donante voluntario de sangre
Registrado
24/1/10
Mensajes
2,834
Edad
40
Ha quedado precioso, doloroso, pero precioso.

Ya veo a cierto tipejo cortandose las venas XD.
 

Conectados

No hay miembros conectados.
Arriba