Uncia
Pastilla perdida de Lunanegra
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Nunca pensé quedarme demasiado tiempo en la ciudad de la moneda, no era un lugar que me atrajese demasiado cuando abandoné mi tierra natal y llegue a Amn. Sin embargo, no podía dejar de pensar que el destino así lo quería y en Zakhara sabemos que contra sus designios no se puede luchar.
De los calidos parajes de mi tierra natal pretendía llegar hasta el más extremo frío, un opuesto que me atraía y me repelía de nombre El valle del viento helado. Sin embargo, mis pasos no me llevaban hacía el norte, caminaba en círculos, siempre en círculos esquivando los recuerdos de un tiempo que quería alejar de mí pero que él, me recordaba tan cercano.
Sujeté su medallón en mis manos, sabía que no era él y que era la única forma de acabar con todo aquello. Resultaba tan doloroso, borrar los recuerdos con la suplantación de otros, ¿era una decisión acertada?. Lo más probable es que no, pero una promesa era una promesa y aunque bien sabía que las promesas se las lleva el viento decidí confiar.
Guardé el medallón junto a las lentes, dejé mi mente en blanco y cogí el libro que aquel pescador me dio, decidida a saber más. Toque sus tapas como si de una frágil criatura se tratase y me detuve en los pequeños huesecillos que sobresalían, la energía que de el se desprendía era poderosa, pero apenas tenía una parte. ¿Qué hay de malo en saber?, Estaba convencida en que debía juntar las piezas y desentrañar el misterio, no hay nada malo en juntar todas las partes. Ras se equivocaba y Calen no se había pronunciado abiertamente, dejar esto a un lado sólo me parecía una cobardía y en cuanto a Zarna, aún me quedaba su opinión. Volví a tocar el libro, cada vez más segura de que desentrañando el misterio podría sacar un buen beneficio por ello y abandonar las dichosas plantas.
Deslicé mis manos por sus hojas y me adentré en su lectura.
De los calidos parajes de mi tierra natal pretendía llegar hasta el más extremo frío, un opuesto que me atraía y me repelía de nombre El valle del viento helado. Sin embargo, mis pasos no me llevaban hacía el norte, caminaba en círculos, siempre en círculos esquivando los recuerdos de un tiempo que quería alejar de mí pero que él, me recordaba tan cercano.
Sujeté su medallón en mis manos, sabía que no era él y que era la única forma de acabar con todo aquello. Resultaba tan doloroso, borrar los recuerdos con la suplantación de otros, ¿era una decisión acertada?. Lo más probable es que no, pero una promesa era una promesa y aunque bien sabía que las promesas se las lleva el viento decidí confiar.
Guardé el medallón junto a las lentes, dejé mi mente en blanco y cogí el libro que aquel pescador me dio, decidida a saber más. Toque sus tapas como si de una frágil criatura se tratase y me detuve en los pequeños huesecillos que sobresalían, la energía que de el se desprendía era poderosa, pero apenas tenía una parte. ¿Qué hay de malo en saber?, Estaba convencida en que debía juntar las piezas y desentrañar el misterio, no hay nada malo en juntar todas las partes. Ras se equivocaba y Calen no se había pronunciado abiertamente, dejar esto a un lado sólo me parecía una cobardía y en cuanto a Zarna, aún me quedaba su opinión. Volví a tocar el libro, cada vez más segura de que desentrañando el misterio podría sacar un buen beneficio por ello y abandonar las dichosas plantas.
Deslicé mis manos por sus hojas y me adentré en su lectura.