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El Honor y el Deber

Robert Cole

Adorador del Gordo
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Dudo que alguién lo lea xD pero bueno, por si alguién lo hace. La primera parte esta redactada en presente y la segunda en pasado. Como las escribí en días diferentes pues no me dí cuenta, que todos somos humanos. Ale que disfruteis. :twisted:

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Preston
Robert
Anciano
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He seleccionado canciones del Music Box para que pongais mientras leeis, para que se haga un poco más amena la lectura. Asi que abridlo aquí: http://www.puertadebaldur.net/musicbox/musicbox.html o en el acceso directo de la izquierda y poned el número de canción que os vaya diciendo :wink:

Music Box: Canción 123

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-Veo que habeis acudido raudo, eso me alegra*Preston de Argluna recibe a Robert Van de Cole en los terrenos de la Orden*

- *Asiente* No estaba lejos de aquí cuando me encontraron los escuderos Lord.

*Sonrie levemente* Vereis sir… ha ocurrido algo, acompañadme

Preston gira sobre sus pies y comienza a caminar hacia la residencia de los embajadores. Robert algo preocupado le sigue.-

-A todos nos llega un momento en nuestra vida en el cual somos puestos a prueba. Un anciano ha acudido a esta sagrada orden y precisa ayuda, una ayuda... especial.
´
- *Asiente* ¿Es serio señor?

-Es algo que debeis atender vos mismo me temo.

*Robert camina tras Preston y entran en la residencia con paso calmado hasta llegar a la puerta de uno de los dormitorios*

-Es aquí ,entrad. Yo aguardare fuera.

*Robert asiente y se lleva de nuevo el puño al pecho, entra en la habitación cerrando la puerta tras el. El anciano, de pies junto a su cama, viste harapos y empuña un báculo nacarado bastante viejo, de su cuello pende un hermoso medallón el cual parece relucir con luz propia, se reconoce el puño de Torm en él*

-Buen dia caballero *sonrie*


*Su voz suena rasgada, cansada* Buen día jo..joven. *Rie levemente, se puede ver su sonrisa en el rostro apergaminado y desgastado por el sol y la intemperie*

-Me han comunicado que necesita ayuda, todo en lo que pueda servir a otro hijo del Leal...

-Si… me dijeron que… seriais vos el Elegido… ¿Cuál es vuestro nombre, joven caballero?

-Robert Van de Cole, caballero, para servirle.

-Es un …placer, Robert… mi nombre es Angus… Angus de Carcassone... Seguramente conozcais a mis hermanos menores.

*Inmediatamente a la cabeza de Robert vienen las imágenes del bibliotecario de la orden y del custodio de los maestres*

-*Asiente* Desde luego, es un honor señor de Carcassone.

-Como mis hermanos… otrora yo inicié mis andanzas en esta sagrada Orden… aunque de eso hace ya mucho, mucho tiempo…Un dia como hoy un anciano vino a verme, tal como este día habeis hecho… *Hace agitarse el medallón* Y me entregó esto. Además… de hacerme participe de una vieja profecía, leyenda podría llamarse… aunque no cabe duda de que… forma parte de la historia de la creación.

*Robert dirige su mirada de nuevo al medallón y luego al anciano mientras escucha*

- Desde entonces, peregriné en busca de lo que me fue sagradamente encomendado. Pero… mis dias aquí pronto verán su final. Y he de relegar mi sagrada mision… a otro hijo del Leal. ¿Estais preparado, Robert… para escuchar lo que he de deciros?

- Por supuesto caballero *Rompe su silencio y asiente con firmeza*

*El anciano carraspea y se acerca al aparador, en el cual hay una jarra con agua, se sirve y bebe un poco. Robert de mientras, espera con paciencia, atento a lo que el anciano tenga que decir*

- Desde tiempos inmemoriales, los siervos de los dioses han velado, protegido y luchado por sus Adalides… siempre fue así aunque… hubo un breve período de tiempo, una epoca ya olvidada en la que los cimientos del curso natural de las cosas se tambalearon. Apenas duró unos instantes en todo el espacio de la eternidad… pero las consecuencias aún perduran escondidas como una vieja herida jamás curada… perdura… hasta nuestros días.

*Hace una leve pausa y tras dar otro trago de agua sigue hablando*

-Tres seres, los padres de los Solares… la estirpe primigenia de los Celestiales… Esos seres se rebelaron con la llegada de los nuevos dioses, e intentaron cambiar el rumbo de lo que sucederia, querian destronar a los que ahora… son los dioses de la Triada. Pero no lo lograron, no formaba parte de su destino.

*Robert permanece en silencio, atento, su ceño se frunce tras las ultimas palabras*

-Fueron expulsados... y condenados. Cada uno a un plano de existencia. Torm expulsó a uno de ellos aquí, a Faerun.

*Robert alza ambas cejas* ¿Y ha estado en estas tierras todo este tiempo?

-Aun esta perdido… Aunque, en mi larga busqueda, creo haber encontrado la forma de dar con él.

*Hace una leve pausa y mira a Robert a los ojos*

-La misión divina que nos ha sido encomendada es la de liberar el alma torturada que lleva demasiado tiempo sufriendo, y concederle por fin el descanso eterno, purificar sus pecados para que finalmente logre descansar en paz.

*Coloca el baston cerca de él y lleva las manos al medallón el cual saca y muestra*

-Tomad esto. Aquí esta el resultado de la busqueda de toda mi vida.

*Robert extiende la mano derecha para sujetar el medallón cuidadosamente* ¿Qué es exactamente caballero? *observa el medallón de cerca. Cuando lo toca, una sensación de calidez le inunda… un nuevo valor llena su corazon y no puede evitar que una sonrisa debil y tranquila se dibuje en su rostro*

- Es la llave… eso creo al menos, la llave de la prisión de aquel que sufre. Tendreis que continuar con ello… buscad en el medallón, pues la respuesta está en él.

-Pero… ¿Cómo encontrar una prision con una llave? *levanta la mirada del medallón hacia el anciano*

-Si yo lo supiesese *Sonrie* Hubiera concluido mi busqueda largo tiempo atrás… Que Torm os conduzca a la Luz, joven caballero… es todo lo que puedo deciros… *Se acerca al camastro, algo cansado… y feliz de haber terminado finalmente su peregrinación*

- Será un honor continuar su eterna busqueda.

-Estaré aquí hasta que sea llamado *Se tumba en la cama y entrecierra los ojos*

- Si desea cualquier cosa… no dude en llamarnos, será un honor atenderle *Da un paso hacia atrás y colgandose el medallón del cuello sale de la habitación*
 

Robert Cole

Adorador del Gordo
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Lord Yyrkoon de Carcassone
Robert Van de Cole
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Music Box: Canción 147
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El sol se ocultaba tras las almenas del castillo de la orden, la luz rojiza del atardecer refulgía sobre la piedra del castillo, y los exhaustos ordenados caminaban hacia el interior de este o de sus respectivas residencias. Robert Van de Cole sin embargo ya estaba dentro, llevaba muchas horas en su habitación. La luz del sol poniente incidía sobre un precioso amuleto de bordes dorados y un guantele alzado, grabado con increíble precisión, en el centro del mismo.

Lo examinó durante horas, girándolo en sus manos, concentrado con los ojos cerrados, observando cada mínimo detalle. Pero no encontró nada… ni paso nada. Se acercó a la ventana de su habitación colgándose de nuevo el amuleto en el cuello y guardándolo bajo su ropa, pegado al pecho. Apoyado en la repisa de su ventana, mirando al patio, tuvo una idea.


El sol se había puesto prácticamente, la oscuridad se cernía sobre los terrenos de la orden, y la luz de las lejanas antorchas y de las habitaciones del castillo eran lo único que iluminaba el camino. Subió por la pequeña colina hasta las puertas de la capilla y abrió sus puertas. La madera ligeramente corroída por el paso de los años crujió ligeramente mientras la puerta se cerraba tras él, caminó firmemente hacia los altares de la tríada y sus respectivos bustos, y cesó el paso cuando vio la figura de un hombre de espaldas a él, arrodillado frente a la estatua del Leal.

- Lord de Carcassone…

Robert se llevó el puño al pecho con una leve inclinación de cabeza. Lord Yyrkoon de Carcassone giró la cabeza al oír el ruido seco del puño del caballero golpeando contra su pecho y se puso en pie.

- Sir Van de Cole… creo que ha mantenido una charla con mi hermano Angus…

- Así es Lord, precisamente de eso quería hablaros.

Lord Yyrkoon dio un paso al frente con una tenue sonrisa dibujada en su rostro.

- Lo suponía… Debe saber, que mi hermano ya no está con nosotros.

Robert levantó un poco la cabeza mirandole a los ojos.

- Ha desaparecido, nadie le ha visto salir de su habitación ni del castillo, sin embargo ya no esta.

- ¿Cómo es eso posible Lord?


- Mantengo la hipótesis de que mi hermano no estaba realmente con nosotros, y que su presencia ha sido designio del Leal.

Robert asintió algo confundido, había charlado con él, le había sentido al entregarle el amuleto.

- Seguramente para delegar su misión en otro servidor del Leal…

Yyrkoon giró su cabeza hacia al estatua y dio dos pasos hacia ella con una mano en el corazón.

- Lord… su hermano me entregó esto…

Robert descolgó su amuleto del cuello y se lo tendió a Yyrkoon.

- ¿Mm? ¿Qué es?

- Al parecer, la llave para liberar a un antiguo traidor del Leal, un celestial que se volvió contra su señor y fue castigado por toda la eternidad en una prisión, aquí, en faerun.


- Acompáñeme

Yyrkoon echó a andar hacia el altar y depositó el colgante sobre él. Lo examinó mientras Robert observaba la escena. Murmuro salmos y sostuvo el amuleto entre sus manos, finalmente se giró.

- ¿Es una llave dices?

- Eso me dijo vuestro hermano Lord…


- Es evidente que cuenta con la bendición de Torm, más no hay nada más que pueda deciros…

Sostuvo el amuleto entre las manos y se lo devolvió a Robert con una leve sonrisa en los labios. Yyrkoon echó a andar hacia la puerta.

- Lord, ¿Qué debo hacer ahora?

- No tengo esa respuesta, pero, podéis preguntárselo a “Él”

Robert observó al amuleto y luego la estatua de su señor, el Leal. Con el amuleto entre sus manos caminó hacia los pies de esta y se arrodilló delante de ella.

- Mi señor, ayuda a este hijo tuyo que no encuentra el camino, ayúdame a liberar de su tormento a ese traidor que ya ha sufrido demasiado, ayúdame a liberar su alma al fin y permitirle alcanzar la redención.

Una extraña sensación surgió del amuleto y se extendió por sus brazos y su cuerpo llegandole al pecho, de repente una sucesión de imágenes pasaron frente a sus ojos:

“La traición de un soldado, la falta a la palabra de un caballero, la humillación de un fuerte a un débil.”

Abrió los ojos soltando el aire de golpe, con una extraña sensación de angustia en el pecho, sujetó el amuleto por la cadena y lo observó. Nada parecía ser diferente. Finalmente se lo colocó en el pecho. De repente, aquella zona en la que el colgante tocaba su piel pareció oprimirse dificultándole la respiración. Se puso en pie y levanto la vista hacia la estatua de su señor. Desde el momento en que su mirada se posó sobre la estatua, Robert quiso correr, huir lejos, alejarse lo más posible de esa estatua. Finalmente su fuerza de voluntad no fue suficiente y tuvo que salir de la capilla. Al cerrar las puertas tras él, la culpa le invadió el corazón. Había dado la espalda a la imagen de su señor, del Leal, había fallado en su deber.

Con el amuleto oprimiéndole el pecho, caminó por los terrenos de la orden exhausto, dirigiéndose hacia el segundo busto que Torm tenía junto al camino. Se dejó caer frente a él y levantando la cabeza hacia la estatua suplicó.

- Ayúdame, mi señor, pues este hijo tuyo esta perdido.

Las imágenes volvieron a su cabeza, esta vez demasiado nítidas. El exterior parecía estar cada vez más lejos, y las voces de los escuderos y postulantes se alejaban en su mente.

Todo estaba oscuro.


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Music Box: Canción 173
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Despertó sobre la fría piedra, envuelto en la oscuridad. Una tenue luz llegaba desde las profundidades de la cueva. Robert se puso en pié, confuso, el amuleto colgaba de su cuello y se zarandeaba en la oscuridad.

Echó a andar cuidadosamente por la cueva, dirigiéndose hacia el origen de la luz. Y ahí estaba, una columna de luz en la que una sucesión de imágenes imposibles de distinguir se movían rápidamente.

Se acercó a la luz y la observó de cerca. Fue entonces cuando lo vio. Una figura distorsionada tras la columna de luz. Robert caminó en torno a esta y observó al ser.

Un celestial, de alas grisáceas y pelo cano y envejecido que caía hasta el suelo. Decenas de manos incorpóreas sujetaban su cuerpo que parecía estar sentado sobre ellas. Miraba fijamente las imágenes, y los surcos de las lágrimas que una vez corrieron por sus mejillas aún eran evidentemente marcados.

Robert se acercó y se arrodilló frente a él. El celestial no se inmutó, miraba fijamente las imágenes sin percatarse del mundo que lo rodeaba. Robert agachó la cabeza y descolgó el amuleto para colocárselo después al celestial. Este parpadeo lentamente, parecía no haberlo hecho en decenios.


- So… so… sois…. Vos…

Con pena en sus ojos y sus palabras Robert se dirigió a él.

- ¿A quien reconocéis?

- ¿A caso… ya ha termi…terminado… la e…eternidad?

- Muy larga ha sido tu pena… y tu sufrimiento…

- Ahora… se que… me merezco est… esto… mi Lord… mi… cast…castigo… no puede ter…terminar. Vos no deb… debéis… mo…morir.

- ¿No debo morir?

El celestial miró al vacío y recitó unas palabras con tanta ligereza, una muy antigua letanía que parecía haber estado repasando en su cabeza durante años.

- “Y sufrirás el tormento eterno por la mas alta traición, el perdón llegará… cuando la espada que lleve la sangre de mi muerte… te alcance el alma…

Robert agachó su mirada al suelo y la levantó para mirar al celestial a los ojos.

- Tu Lord debe pensar que has cumplido tu penitencia… pues ya has sufrido bastante. Soy tu liberador, tu último camino a la redención.

El celestial observó de nuevo el espejo que reflejaba las imágenes… Las manos que sujetaban su cuerpo no cesaban en su empeño de mantenerlo donde estaba.

- ¿Te arrepientes de tu terrible pecado?

- Si…siempre…

- ¿Estas preparado para liberar tu alma?

- Cuan…cuando sea… preci…so…

Cada vez articular palabras le parecía más complicado. Sus ojos se perdieron de nuevo entre las imágenes y pareció volver a su estado inicial.

- Torm… libera a este traidor tuyo de su prisión pues su arrepentimiento es sincero… y… su fin debe llegar ya…

Las manos seguían sosteniendo al celestial sin dar señal alguna de soltarle. Robert se puso en pie y lo observó durante unos minutos.

Finalmente levantó la espada y la posó en el pecho del celestial con cuidado.


- Y tendrás la liberación que ya te has ganado…

Se arrodilló y giró la espada apoyando la punta en su propio pecho.

- Es mi deber

La espada se hundió en su carne y atravesó su pecho. La sangre brotaba de este empapando sus ropas, capa y espada. Cayó al suelo de lado, y mientras la vida se escapaba de su cuerpo, con el último esfuerzo levantó la espada ensangrentada hacia el pecho del celestial.

- Se… libre y siempre fiel a tu… deber.

La espada se hundió también en el pecho de este. El celestial esbozó una sonrisa. Fue lo último que Robert alcanzó a ver antes de que la oscuridad tapara sus ojos.

Caminaba por la oscuridad, solo oscuridad. Un rayo de luz surgió al fondo de esa oscuridad. Cálido, familiar, agradable. Y las palabras surgieron de ella inmaculadas, puras.



Ahora podrás caminar a mi lado, valiente hijo del Deber… nunca olvides lo que significa ser lo que eres


La luz le envolvió y notó la hierba bajo su cabeza. El gran busto de Torm de los terrenos de la orden se alzaba ante el. Con el amuleto en la mano se puso en pié, sus ropas estaban manchadas de sangre roja y seca y en su pecho era evidente la cicatriz que una espada había dejado en él.

Se colocó el amuleto y lo apretó contra su corazón.

Había cumplido con su deber.
 

Robert Cole

Adorador del Gordo
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PD: Gracias a Arioch, que lo llevó y me mantuvo la maldita tensión hasta el final xD

Pero de verdad, gracias que ha sido una guiada increible.
 
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