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El joven lord

Vys

Minsorrano sin caminos
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El joven lord estaba en el Cuervo Negro la noche más fría de esta dekhana.

Los que llegaron le encontraron en la misma mesa de siempre, con una copa sin tocar y un mapa desplegado sobre la madera. No había muchos detalles en él. Los que había los había puesto él mismo: una línea hacia el sur y una marca en tinta roja sobre Los Dientecillos.

Dijo que había estado allí. Que había encontrado rastros.

Los audaces, como siempre, son bienvenidos. La salida será con la llegada de la segunda luna.

Offtopic :
Todos invitados y bienvenidos.
Jueves, 11, 22h hasta la medianoche.
Punto de encuentro: Caravasar.
 

Meivel

Minsorrano sin caminos
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30/10/25
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La pelirroja entró en el Cuervo Negro cuando los rumores de la presencia del joven lord llegaron a sus oídos. Se acercó a su mesa y sonrió ladina.
Se sentó a su lado con una cerveza en la mano y le miró con curiosidad.
Cuéntame, mh? Dónde iremos esta vez?

Offtopic :
Alli estará Saravelita, aunque a partir de las 22:30h, ya tu sabeh ;)
 

PackLeader

Orco del Desolado
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14/8/25
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-Una figura de armadura ligera con placas afiladas y bufanda de pelaje gris con una capa del mismo color caminaba de forma silenciosa por aquella taberna, si presencia ya era conocida en aquella taberna, una capucha negra ocultaba su rostro, pero a la vez blancos mechones de pelo se asomaban tímidos por los laterales de la capucha, dichos pasos le llevaron a flanquear al joven lord ahí sentado, mientras que Saravel le abordaba por el otro lado. Con su mano palmeó la espalda del joven lord y entonces se apoyo sobre la mesa mirandole-

"Dime, joven lord... ¿Que presa nos aguarda esta vez? Los thalvarne aceptamos el nuevo reto."
 

Meyares

Vampiro buceador de lagos
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*La figura encapuchada de anchos hombros, se hace presente en la ciudad de Caravassar buscando al joven Lord para ofrecerle nuevamente sus servicios*


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Vys

Minsorrano sin caminos
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El joven lord había pasado un tiempo fuera. Quizá en los dominios de los que procedía. Quizá en casas de ricos comerciantes y gentilhombres negociando los precios de sus capturas. Hasta que entrada una noche cualquiera volvía a estar en su mesa del fondo. Todavía bien vestido, sin ostentar. Todavía con vino sin tocar. Por la taberna se mencionaba que quienes habían ido a sus empresas habían vuelto con cicatrices interesantes y bolsillos pesados.

Esta vez no había mencionado adónde irían. Ni región, ni ruta, ni naturaleza de lo que buscaba.

Necesitaba lo de siempre. Gente que supiera moverse. Que no hiciera demasiadas preguntas antes de cobrar, y ninguna después. Que entendiera que explorar no era lo mismo que saquear, y que capturar no era lo mismo que matar, aunque a veces una cosa llevara a la otra.

La paga sería buena.

Aunque quizá no suficiente.


Offtopic :
Todos invitados.
Fecha propuesta inicial: Martes, 11 22h
Recomiendo predisposición a rolear huesos rotos.
Cualquier rol previo con Drakarth en la posada es bienvenido.
 
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Kath Cantolunar

Pelo de la barba de Faurin
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*Karley se dejaría caer despreocupadamente junto a la mesa del joven al verle, dejando entrever una curiosidad que no se molestaría en ocultar. Su mirada se pasea por él durante varios segundos, estudiándolo con descaro antes de volver a fijarse en él*

-Qué tienes en mente esta vez?
 

Vys

Minsorrano sin caminos
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Capturad al Kraken

El joven lord no era hombre que mostrara temor ante la brutalidad ni el tamaño de sus presas; en realidad, parecía hallar en ellas una suerte de sosiego, como si el peligro fuera para él lo que la oración es para otros hombres. Reunió al grupo y les mostró cuál sería su próximo objeto de estudio, y explicó (con ese tono suave, casi indiferente, que era ya su sello) los pasos que la partida habría de seguir: inmovilizar a la criatura, aprender de su hábitat cuanto pudiera aprenderse, y dejar constancia escrita de todo ello para cautiverios venideros. El joven señor había encontrado el rastro de la bestia en un templo sumergido y olvidado que se alzaba (o se hundía, mejor dicho) en la costa acantilada de Amn.

Esta vez, varios rostros nuevos formaban la partida junto a las expediciones habituales del lord: el corpulento Malkav; los versados en las artes arcanas, Arthal, Nyx y la maestra Jadzia; y, junto a ellos, los ya curtidos Karley y Liam, veteranos de otras cacerías. Partieron, como era costumbre, bajo el ojo atento de la luna, siguiendo los caminos de Amn que discurren próximos a la costa, sin apartarse jamás del aliento salado del mar. Descendieron después los escarpados frentes costeros hasta una playa poblada de maderos y mástiles rotos, restos de naves que allí hallaron su fin, deshechas contra la roca. Cruzaron en silencio el umbral del templo, adornado con símbolos cuyo origen no sabía leer, y con advertencias tan ominosas como ignoradas. Como otras veces, Drakarth, no acepta amenaza alguna capaz de apartarlo de su caza.
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En el interior del templo, avanzaron con el agua cubriéndoles los tobillos, y los moradores del lugar no tardaron en advertir su llegada, pues las ondas que sus pasos dejaban en la superficie los delataron antes que sus voces. Pronto el agua que se colaba en sus botas se tiñó del carmesí de criaturas sanguinarias, impía mezcla entre hombre y escualo. A cada paso libraron combate, pero ni la ferocidad de aquellos moradores bastó para detener el avance de la partida.

Y así, en lo más hondo del templo, hallaron por fin la bestia que el joven lord había ansiado tener ante sí desde que empezara a preparar el viaje. Los cazadores lograron debilitar al Kraken, y sus tentáculos quedaron sujetos (unos empalados con lanzas contra el suelo, otros ceñidos y constreñidos por cadenas). El lord cazador de bestias, aprovechó entonces la ocasión para llevar a cabo sus experimentos y mediciones sobre la criatura, hasta que las heridas, una tras otra, la condujeron a la muerte.

Cuando la bestia dejó de moverse, los mercenarios recogieron cuanto pudo recogerse y abandonaron el templo antes de que la marea, ajena a hazañas y a nombres, volviera a reclamar aquel lugar para sí. De la caza no quedó más rastro que el que ellos mismos decidieron llevarse; del joven lord, como siempre, ninguno, hasta que una noche volviera al Cuervo Negro.

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Vys

Minsorrano sin caminos
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Predilectos

El joven lord no solía interesarse por presas cuyo tamaño y ferocidad no pudieran estrechar el corazón de un hombre valiente. Sin embargo aquella vez aceptó seguir un rastro que no prometía captura alguna. El grupo de caza partió de Caravassar con destino al bosque de los Dientecillos, esa espesura que crece encajonada entre los riscos que le dan nombre, y explicó a sus cazadores que no buscaba bestia concreta, sino conocimiento de la zona: cartografiar aquellas tierras desconocidas para el norteño.

Los veteranos Karley y Zahal, junto con el grupo de mercenarios que se hacían conocer como los Thalvarne: Liam Draevar, Kraven Valdrow, Kaelyra Valenne y Kordark Muerteciega; siempre los primeros en desenvainar, cualidad que complacía enormemente a lord Morvakar. Saravel, luchadora de combate frontal y físico, se sumó por segunda vez a la partida.

En el bosque, el grupo de caza tuvo que reclamar el camino a las arañas de tamaño mayor que un hombre que colgaban de las ramas como fruta podrida para caer sobre quien pasara bajo ellas. No resultaron gran contratiempo y murieron frente a la armas de los cazadores, aunque no sin dejar tras de sí más de una herida. El joven lord, señaló huellas que se perdían entre las rocas en la ladera de piedra de las montañas hasta la boca de cueva.

En el interior, las huellas resultaron pertenecer no a una sola bestia, sino a varias criaturas de Malar y lobos huargo que defendían aquellas grutas como si algo en ellas mereciera el derramamiento de su sangre. La partida avanzó luchando a cada paso, hasta encontrar en una de las cámaras escarbadas de esta gruta un altar dedicado al Sangriento Señor del Salvajismo. El joven lord se detuvo ante él más tiempo del que ninguna otra piedra, por labrada que estuviera, hubiera merecido jamás su atención. No dijo palabra sobre lo que veía en ella, y quienes lo acompañaban tampoco preguntaron, pues no era hombre a quien se le preguntaran esas cosas. Solo cuando ordenó continuar pareció volver del todo a sí mismo.

Donde la angosta cueva encontró su final, en la última cámara, un hombre lobo aguardaba. Quizá un antiguo campeón del Cruel Dios de las Bestias que esa noche vería como su corona de astas se fracturaba ante los sedientos cazadores de Drakarth. La partida le dio muerte tras un combate reñido, del que ninguno de los cazadores salió indemne, pero todos salieron con vida.

No hubo en este viaje gran captura que llevarse ni presa que anotar para futuras empresas. Solo sangre y huesos, y un altar que el joven lord no volvió a mencionar. Aunque tampoco olvidó.


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Offtopic :
Debía este relato del viaje a los Dientecillos.
Muchas gracias a todos los que habéis colaborado en la historia en los dos últimos viajes. Tanto los nuevos como los habituales en las partidas.
 
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Conectados

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