Prólogo: La nueva senda del acero
Toda persona tiene la posibilidad de elegir entre varios caminos. La vida desde que nacemos hasta que morimos nos obliga a evolucionar y a transformarnos. El que quiera curar, seguirá el camino de la medicina; el poeta, el camino de la poesía; existen una gran cantidad de caminos como el de la arquería, el de la magia, la adivinación, y una variedad de artes y oficios infinitos. Y tan amplia es la vida, que nos permitirá abrazar diversas sendas.
Cada persona elegirá el camino que crea más adecuado a sus inclinaciones. El camino de los guerreros tiene pocos adeptos. Contrariamente a lo que se tiene entendido, la senda de guerrero no debería limitarse solo al conocimiento de los secretos del acero. Se trata, por el contrario, de una doble vía: cultural y marcial. El camino de las letras y de la espada. El hecho de que seamos torpes en una o más habilidades no es una excusa para evitar el trabajo de perfeccionamiento.
Es responsabilidad personal de cada guerrero el desarrollo de sus propias habilidades. Se supone que un guerrero debe estar preparado para morir. Debe partir del hecho de que al iniciar el combate, ya está muerto y tiene que luchar para evitar tal fin. Debe incluso abrazar la muerte si para logra la victoria fuera necesario, evitando así titubeos y miedos.
En rigor, el camino de la muerte no se limita a los guerreros. Chamanes, campesinos, hasta los sectores más humildes tienen sus deberes y se avergüenzan cuando no los ejecutan con diligencia; también saben que van morir y se resignan frente a este hecho inevitable; hasta aquí no hay ninguna diferencia con los guerreros.
Pero el camino del guerrero está dirigido a superar y aniquilar a sus oponentes, no importa el ámbito en que se produzca la confrontación, tanto si se trata de un duelo individual como de un combate entre varios. El guerrero quiere ser útil a los intereses de su señor, también a los suyos propios, que consisten en ser conocido y respetado, y de esta forma ocupar un lugar en la sociedad. Esto es algo perfectamente posible de conseguir mediante el adecuado uso de las artes marciales.
No faltan las personas que descreen de la utilidad de aprender las artes marciales; suponen que es un conocimiento que se demuestra inútil en un momento de verdadera emergencia. Por eso se insiste tanto en que el aprendizaje y la práctica de la ciencia de las artes marciales deben ser hechos de modo tal que sirvan realmente en cualquier ocasión, y que se constituyan en fundamento para la práctica de todos los otros caminos. Por ello, es de suma importancia el cultivo de estudios de todo tipo, a fin que se pueda perfeccionar en tiempos de paz los conocimientos adquiridos y aplicarlos cuando el acero hable.
Muy establecido está como debe ser un guerrero. Como debe ir armado y como debe actuar en el campo de batalla. Tanto panoplia defensiva como armamento están pensados para enfrentamientos rápidos, a veces solo de una única colisión después del desenvainado, y con fuertes y precisas estocadas basadas en la potencia de los ataques. Así son los duelos entre samuráis y es por ello que las Onna-bugeisha, a fin de compensar su menor complexión respecto a los varones, usan naginatas para aprovechar la inercia de estas armas de asta larga, así como el mayor alcance que tienen para evita el cuerpo a cuerpo.
Este tratado de artes marciales intenta ofrecer una alternativa a este modo de lucha ancestral. La nueva propuesta está basada en la sutileza, la paciencia, la meditación y la defensa.
Esta nueva senda, a la que llamaremos Sukoshi Ken Ryu, no está carente de dificultad, pues al contrario que el kendo tradicional debe propiciar combates largos y estratégicos, en los que, si bien la fuerza es importante, lo es más la resistencia física y la destreza.
Así mismo las armas empleadas en el Sukoshi Ken Ryu deben ser ligeras y de rápidos movimiento. Las más adecuadas son unas kodachi o wakizashi gemelas. Realizando ataques poco profundos y rápidos en puntos concretos del enemigo y guardando rápidamente las distancias despues de las estocadas para esperar a la defensiva el momento del siguiente ráfaga de golpes.
Ninguna armadura es propicia para el Sukoshi Ken Ryu, ya que limitaría la movilidad de los ataques y la esquiva de las embestidas del rival. Así pues es esencial el bloqueo defensivo con el filo de las armas y la agilidad.
Tal como se ha apuntado al inicio de este capítulo, esta senda no debe basarse solo en la marcialidad. Es de vital importancia el cultivo intelectual de todo conocimiento. Desde la poesía más erudita a las estacionalidades de los cultivos, pasando por las artes místicas y arcanas de los Wu Jen.