DM Loba Plateada
Dungeon Master
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De la Primera Ruina del Mal Elemental
Crónica de los días aciagos de Amn y del despertar de aquello que mora bajo las raíces del mundo.
Casi dos años habían transcurrido desde que el Mal Elemental alzó su sombra sobre las tierras de Amn. Y lo que al principio fueron señales dispersas, temblores en las entrañas de la tierra y extrañas perturbaciones en los dominios de la Naturaleza, pronto se convirtió en una calamidad de proporciones que pocos habrían podido imaginar. Pues el mal no surgió de un solo lugar ni avanzó por un único sendero, sino que extendió sus raíces como una enfermedad antigua, hiriendo las distintas regiones del país y quebrantando los cimientos mismos del mundo conocido.
Así fueron heridos los campos, los bosques, las montañas y las moradas de los pueblos. Hubo muerte y desolación en muchas regiones de Amn; ciudades y aldeas quedaron quebrantadas, y quienes sobrevivieron al terror se vieron obligados a abandonar sus hogares. Llegaron entonces los caminos a llenarse de gentes errantes: familias sin techo, hombres malheridos, niños enfermos y ancianos que apenas podían sostenerse, todos huyendo de una tierra que ya no les ofrecía sustento ni refugio.
Y entre todos aquellos males, uno se alzaba por encima de los demás en su amenaza, pues nacía de las entrañas de Álandor y parecía dispuesto a alterar para siempre el orden de las cosas. No era solamente la destrucción de una región lo que se temía, sino el nacimiento de un nuevo orden de existencia, donde la corrupción reemplazara a la vida y donde las leyes antiguas de la Naturaleza fueran sometidas a una voluntad extraña. ¿Cómo podrían sobrevivir los pueblos si los campos dejaran de dar fruto, si las aguas de los ríos se tornaran venenosas y las montañas ya no ofrecieran manantiales? Pues ninguna muralla, ningún estandarte ni ejército podría alimentar a los hombres cuando la tierra misma se negara a sostenerlos.
Casi dos años habían transcurrido desde que el Mal Elemental alzó su sombra sobre las tierras de Amn. Y lo que al principio fueron señales dispersas, temblores en las entrañas de la tierra y extrañas perturbaciones en los dominios de la Naturaleza, pronto se convirtió en una calamidad de proporciones que pocos habrían podido imaginar. Pues el mal no surgió de un solo lugar ni avanzó por un único sendero, sino que extendió sus raíces como una enfermedad antigua, hiriendo las distintas regiones del país y quebrantando los cimientos mismos del mundo conocido.
- Al sur, Purskull y Kalathyr, cultos oscuros y criaturas nacidas del fuego sembraron destrucción entre las tierras habitadas.
- En Costa Sur, el mar se alzó contra sus propias orillas, manifestándose en la forma de elementales desatados que inundaron poblaciones y arrasaron cuanto hallaron a su paso.
- En las minas del Bosque de Álandor, la tierra despertó con una voluntad ominosa, y aconteció allí que un gnomo llamado Fenrick llegó en busca de secretos y conocimientos, sin saber quizá que encontraría ante sí fuerzas cuyo origen precedía a la memoria de muchos pueblos.
- Al norte, en los Picos de las Nubes, el Equilibrio se quebró también, y las montañas, que durante incontables eras habían permanecido como centinelas de piedra, comenzaron a mostrar señales de una corrupción que no pertenecía a su naturaleza.
Así fueron heridos los campos, los bosques, las montañas y las moradas de los pueblos. Hubo muerte y desolación en muchas regiones de Amn; ciudades y aldeas quedaron quebrantadas, y quienes sobrevivieron al terror se vieron obligados a abandonar sus hogares. Llegaron entonces los caminos a llenarse de gentes errantes: familias sin techo, hombres malheridos, niños enfermos y ancianos que apenas podían sostenerse, todos huyendo de una tierra que ya no les ofrecía sustento ni refugio.
Y entre todos aquellos males, uno se alzaba por encima de los demás en su amenaza, pues nacía de las entrañas de Álandor y parecía dispuesto a alterar para siempre el orden de las cosas. No era solamente la destrucción de una región lo que se temía, sino el nacimiento de un nuevo orden de existencia, donde la corrupción reemplazara a la vida y donde las leyes antiguas de la Naturaleza fueran sometidas a una voluntad extraña. ¿Cómo podrían sobrevivir los pueblos si los campos dejaran de dar fruto, si las aguas de los ríos se tornaran venenosas y las montañas ya no ofrecieran manantiales? Pues ninguna muralla, ningún estandarte ni ejército podría alimentar a los hombres cuando la tierra misma se negara a sostenerlos.
Del nacimiento de la Alianza Verdelinde
Mas no acontece que la oscuridad avance siempre sin encontrar resistencia, ni que el mal extienda sus dominios sin que alguna voz se levante para desafiarlo.
Y en aquellos días de temor, cuando los pueblos de Amn comenzaban a perder la esperanza, una voz conocida resonó entre aventureros, órdenes y agrupaciones de las tierras amenazadas. Era la voz del Enclave Esmeralda, quien convocó a sus hermanos Guardianes y llamó también a cuantos estuvieran dispuestos a defender la vida frente a aquella amenaza.
Así nació la Alianza Verdelinde.
Sus cimientos fueron establecidos sobre los principios del Enclave Esmeralda: la preservación de la vida, la defensa del Equilibrio Natural y el rechazo a toda fuerza que pretendiera corromper el orden del mundo. Mas sus muros no fueron levantados únicamente por manos druídicas, ni sus estandartes pertenecieron a una sola causa. A ella acudieron representantes de diversas agrupaciones, órdenes, credos y pueblos, pues comprendieron que, ante un enemigo que amenazaba con destruirlo todo, las antiguas diferencias debían ceder ante una necesidad mayor.
¿Qué importaban las disputas de los hombres, las rivalidades entre órdenes o las diferencias de sus dioses, si la tierra que los sustentaba estaba siendo consumida bajo sus pies?
Fue entonces que el asentamiento llamado Verdelinde, levantado en torno a la protección del Enclave, adquirió un propósito mucho mayor que el de un simple refugio. Sus tiendas y empalizadas dieron cobijo a los desplazados; sus sanadores atendieron a los heridos y enfermos; sus almacenes procuraron alimento a quienes habían perdido sus cosechas y sus hogares. Cada jornada llegaban nuevos grupos, a veces por decenas, otras por cientos, buscando protección bajo la sombra de sus defensas.
Pero Verdelinde no fue solamente refugio para los desamparados. Se convirtió también en centro de mando y comunicación, en lugar de reunión para los héroes que habían jurado combatir en los distintos frentes. Desde allí partían mensajes, informes y provisiones hacia las tierras lejanas; allí se recibían noticias de las batallas y se coordinaban los esfuerzos de quienes, separados por montañas, ríos y regiones enteras, compartían una misma causa.
Y así, mientras el mal se extendía por Amn, Verdelinde se convirtió en uno de los últimos lugares donde la esperanza todavía podía echar raíces.
Y en aquellos días de temor, cuando los pueblos de Amn comenzaban a perder la esperanza, una voz conocida resonó entre aventureros, órdenes y agrupaciones de las tierras amenazadas. Era la voz del Enclave Esmeralda, quien convocó a sus hermanos Guardianes y llamó también a cuantos estuvieran dispuestos a defender la vida frente a aquella amenaza.
Así nació la Alianza Verdelinde.
Sus cimientos fueron establecidos sobre los principios del Enclave Esmeralda: la preservación de la vida, la defensa del Equilibrio Natural y el rechazo a toda fuerza que pretendiera corromper el orden del mundo. Mas sus muros no fueron levantados únicamente por manos druídicas, ni sus estandartes pertenecieron a una sola causa. A ella acudieron representantes de diversas agrupaciones, órdenes, credos y pueblos, pues comprendieron que, ante un enemigo que amenazaba con destruirlo todo, las antiguas diferencias debían ceder ante una necesidad mayor.
¿Qué importaban las disputas de los hombres, las rivalidades entre órdenes o las diferencias de sus dioses, si la tierra que los sustentaba estaba siendo consumida bajo sus pies?
Fue entonces que el asentamiento llamado Verdelinde, levantado en torno a la protección del Enclave, adquirió un propósito mucho mayor que el de un simple refugio. Sus tiendas y empalizadas dieron cobijo a los desplazados; sus sanadores atendieron a los heridos y enfermos; sus almacenes procuraron alimento a quienes habían perdido sus cosechas y sus hogares. Cada jornada llegaban nuevos grupos, a veces por decenas, otras por cientos, buscando protección bajo la sombra de sus defensas.
Pero Verdelinde no fue solamente refugio para los desamparados. Se convirtió también en centro de mando y comunicación, en lugar de reunión para los héroes que habían jurado combatir en los distintos frentes. Desde allí partían mensajes, informes y provisiones hacia las tierras lejanas; allí se recibían noticias de las batallas y se coordinaban los esfuerzos de quienes, separados por montañas, ríos y regiones enteras, compartían una misma causa.
Y así, mientras el mal se extendía por Amn, Verdelinde se convirtió en uno de los últimos lugares donde la esperanza todavía podía echar raíces.
De las victorias y de la herida que permaneció abierta
No permanecieron ociosos aquellos que respondieron al llamado. Héroes de distintas procedencias, acompañados por compañías de aventureros y guerreros de numerosas órdenes, marcharon hacia los lugares donde la calamidad había tomado forma.
Y hubo victorias.
Fue entonces cuando los Guardianes del Equilibrio, los hijos del Enclave Esmeralda, asumieron el peso de aquella empresa junto a integrantes de otras agrupaciones. Bajo la guía de sus más antiguos defensores, penetraron en las regiones heridas del bosque, exploraron los lugares donde la corrupción se manifestaba con mayor fuerza y descubrieron aquello que después sería conocido como los Nodos de Corrupción.
Eran estos como ramificaciones de un mal que se extendía bajo la tierra, pues se hallaban unidos al corazón oscuro mediante raíces profundas que atravesaban las entrañas del bosque. Y comprendieron los Guardianes que, mientras aquellos vínculos permanecieran intactos, la fuerza corruptora continuaría alimentándose y extendiendo su dominio.
Así comenzó una larga empresa de exploración, sacrificio y combate. Uno tras otro fueron descubiertos y destruidos aquellos nodos, debilitando de manera significativa el poder que se ocultaba en las profundidades. Hubo pérdidas dolorosas, y muchos entregaron su vida en aquella lucha; otros regresaron heridos, llevando consigo las marcas de una guerra que pocos podrían comprender.
Así mismo, hubo un grupo de jinetes liderados por Radix apodado "El Jinete Furioso" que logró llegar hasta el Alcázar con un sacrificio significativo en vidas humanas, abriéndose paso entre las aberraciones corruptas y dando lugar a un nuevo camino por el cual poder transitar para futuras incursiones.
Mas al fin, la corrupción menguó.
Los temblores se hicieron menos frecuentes, las grietas dejaron de extenderse con la misma violencia y algunas regiones comenzaron a recuperar parte de su antiguo verdor. Las aguas volvieron a correr por ciertos cauces y los animales, lentamente, regresaron a los lugares de los que habían huido.
Y durante un tiempo pareció que la calamidad había sido vencida. La vida cotidiana regresó poco a poco a las tierras de Amn. Los comerciantes retomaron sus rutas, los campesinos volvieron a sembrar, los refugiados comenzaron a reconstruir sus hogares y las compañías que habían combatido juntas se dispersaron hacia sus propios destinos. Verdelinde continuó creciendo, mas ya no resonaban allí con igual frecuencia los llamados de guerra, ni acudían tantos héroes a sus puertas.
Pero aquella paz no era sino una tregua. Pues el corazón de la corrupción jamás había sido destruido.
Y hubo victorias.
- Al sur, en Purskull y Kalathyr, las fuerzas enemigas del culto de la llama fueron enfrentadas y derrotadas.
- En Costa Sur, los defensores hicieron frente a las aguas desatadas y lograron contener la devastación que había amenazado sus poblaciones.
- En las minas de Álandor, la tierra fue disputada a las fuerzas que pretendían someterla.
- En los Picos de las Nubes se combatió contra aquello que había quebrantado el Equilibrio de las montañas.
Fue entonces cuando los Guardianes del Equilibrio, los hijos del Enclave Esmeralda, asumieron el peso de aquella empresa junto a integrantes de otras agrupaciones. Bajo la guía de sus más antiguos defensores, penetraron en las regiones heridas del bosque, exploraron los lugares donde la corrupción se manifestaba con mayor fuerza y descubrieron aquello que después sería conocido como los Nodos de Corrupción.
Eran estos como ramificaciones de un mal que se extendía bajo la tierra, pues se hallaban unidos al corazón oscuro mediante raíces profundas que atravesaban las entrañas del bosque. Y comprendieron los Guardianes que, mientras aquellos vínculos permanecieran intactos, la fuerza corruptora continuaría alimentándose y extendiendo su dominio.
Así comenzó una larga empresa de exploración, sacrificio y combate. Uno tras otro fueron descubiertos y destruidos aquellos nodos, debilitando de manera significativa el poder que se ocultaba en las profundidades. Hubo pérdidas dolorosas, y muchos entregaron su vida en aquella lucha; otros regresaron heridos, llevando consigo las marcas de una guerra que pocos podrían comprender.
Así mismo, hubo un grupo de jinetes liderados por Radix apodado "El Jinete Furioso" que logró llegar hasta el Alcázar con un sacrificio significativo en vidas humanas, abriéndose paso entre las aberraciones corruptas y dando lugar a un nuevo camino por el cual poder transitar para futuras incursiones.
Mas al fin, la corrupción menguó.
Los temblores se hicieron menos frecuentes, las grietas dejaron de extenderse con la misma violencia y algunas regiones comenzaron a recuperar parte de su antiguo verdor. Las aguas volvieron a correr por ciertos cauces y los animales, lentamente, regresaron a los lugares de los que habían huido.
Y durante un tiempo pareció que la calamidad había sido vencida. La vida cotidiana regresó poco a poco a las tierras de Amn. Los comerciantes retomaron sus rutas, los campesinos volvieron a sembrar, los refugiados comenzaron a reconstruir sus hogares y las compañías que habían combatido juntas se dispersaron hacia sus propios destinos. Verdelinde continuó creciendo, mas ya no resonaban allí con igual frecuencia los llamados de guerra, ni acudían tantos héroes a sus puertas.
Pero aquella paz no era sino una tregua. Pues el corazón de la corrupción jamás había sido destruido.
Del largo silencio y de la falsa paz
Bajo las raíces de Álandor, allí donde la luz no penetra y donde las antiguas piedras guardan secretos anteriores a la memoria de los pueblos, el corazón del mal permaneció oculto.
No había muerto. No había sido purificado. Tan solo había sido debilitado.
Y mientras los habitantes de Amn reconstruían sus vidas, aquello que moraba en las profundidades aprendía de sus derrotas. Había conocido las armas de los hombres, los dones de los druidas, la voluntad de los dioses y la resistencia de quienes se habían unido para combatirlo. Y, en su silencio, comenzó a reunir de nuevo sus fuerzas.
Las raíces corruptas se replegaron hacia las entrañas de la tierra; las energías dispersas fueron atraídas de nuevo hacia su centro, y aquello que había sido herido comenzó a sanar, aunque no con la luz de la vida, sino con la paciencia oscura de algo que aguardaba su momento.
Así transcurrieron los meses, y con ellos llegó una falsa sensación de seguridad. La Alianza Verdelinde, que en sus días de mayor necesidad había congregado a numerosos defensores, vio menguar sus filas. Algunos regresaron a sus hogares, otros siguieron sus propios caminos y muchos dejaron de acudir a los llamados, pues creyeron que el peligro había pasado.
Mas los Guardianes del Enclave Esmeralda no olvidaron.
Los guardianes Esmeralda, así como algunos viajeros que frecuentaban los senderos de Verdelinde, sentían una inquietud difícil de explicar cada vez que dirigían la mirada hacia las grandes grietas que aún fracturaban el suelo. Había en ellas un silencio extraño, como el de una bestia que contiene el aliento antes de abalanzarse sobre su presa.
Y los más sabios comprendían que una herida cerrada en la superficie no siempre significa que la enfermedad haya abandonado el cuerpo.
No había muerto. No había sido purificado. Tan solo había sido debilitado.
Y mientras los habitantes de Amn reconstruían sus vidas, aquello que moraba en las profundidades aprendía de sus derrotas. Había conocido las armas de los hombres, los dones de los druidas, la voluntad de los dioses y la resistencia de quienes se habían unido para combatirlo. Y, en su silencio, comenzó a reunir de nuevo sus fuerzas.
Las raíces corruptas se replegaron hacia las entrañas de la tierra; las energías dispersas fueron atraídas de nuevo hacia su centro, y aquello que había sido herido comenzó a sanar, aunque no con la luz de la vida, sino con la paciencia oscura de algo que aguardaba su momento.
Así transcurrieron los meses, y con ellos llegó una falsa sensación de seguridad. La Alianza Verdelinde, que en sus días de mayor necesidad había congregado a numerosos defensores, vio menguar sus filas. Algunos regresaron a sus hogares, otros siguieron sus propios caminos y muchos dejaron de acudir a los llamados, pues creyeron que el peligro había pasado.
Mas los Guardianes del Enclave Esmeralda no olvidaron.
Los guardianes Esmeralda, así como algunos viajeros que frecuentaban los senderos de Verdelinde, sentían una inquietud difícil de explicar cada vez que dirigían la mirada hacia las grandes grietas que aún fracturaban el suelo. Había en ellas un silencio extraño, como el de una bestia que contiene el aliento antes de abalanzarse sobre su presa.
Y los más sabios comprendían que una herida cerrada en la superficie no siempre significa que la enfermedad haya abandonado el cuerpo.
Del regreso del Mal Elemental
Entonces, cuando muchos habían vuelto a creer en la paz, aconteció lo que nadie deseaba y que, sin embargo, algunos habían temido durante largo tiempo.
La tierra tembló.
No fue un estremecimiento pasajero, ni el leve movimiento al que los habitantes de aquellas regiones habían aprendido a acostumbrarse. Fue un estruendo profundo y terrible, como si las montañas mismas hubiesen sido sacudidas desde sus cimientos. Los edificios se estremecieron, las murallas de la Ciudad de la Moneda se agrietaron y las casas de Gambitón sintieron la violencia de aquel golpe bajo sus cimientos. En Verdelinde cundió el caos, y las gentes salieron de sus refugios mientras los Guardianes trataban de comprender la magnitud de lo ocurrido.
Y entonces apareció la bruma.
Desde el norte del Páramo de Álandor comenzó a extenderse una niebla rojiza y pestilente, cargada de una energía que hacía enfermar cuanto tocaba. No era la bruma que cubre los valles al amanecer, ni el vapor que se alza de los ríos cuando llega el frío. Era una exhalación corrupta, nacida de las profundidades, que avanzaba sobre la tierra como el aliento de una criatura antigua.
Las fuerzas apostadas en Verdelinde no tardaron en responder. Los cuernos de guerra resonaron entre las empalizadas, los defensores tomaron sus armas y las compañías que aún permanecían en el asentamiento marcharon hacia el lugar donde la corrupción comenzaba a abrirse paso.
Y allí contemplaron horrores que superaban cuanto habían conocido en los días de la primera calamidad.
La corrupción había aprendido a transformar la vida de formas perversas. Criaturas que antaño habían recorrido los bosques y las tierras salvajes aparecieron convertidas en aberraciones, deformadas por una fuerza que había retorcido sus cuerpos y quebrantado cuanto quedaba de su naturaleza. Y de las mismas grietas emergieron seres que jamás debieron caminar bajo el cielo, criaturas de las profundidades cuya sola presencia anunciaba que las fronteras entre el mundo conocido y los abismos subterráneos estaban siendo quebrantadas.
La batalla fue feroz. Los defensores lucharon mientras la bruma se extendía y la tierra volvía a estremecerse bajo sus pies. Pero pronto comprendieron que aquello no era una simple reaparición de los males anteriores.
El Mal Elemental había regresado, y era más poderoso que antes.
La tierra tembló.
No fue un estremecimiento pasajero, ni el leve movimiento al que los habitantes de aquellas regiones habían aprendido a acostumbrarse. Fue un estruendo profundo y terrible, como si las montañas mismas hubiesen sido sacudidas desde sus cimientos. Los edificios se estremecieron, las murallas de la Ciudad de la Moneda se agrietaron y las casas de Gambitón sintieron la violencia de aquel golpe bajo sus cimientos. En Verdelinde cundió el caos, y las gentes salieron de sus refugios mientras los Guardianes trataban de comprender la magnitud de lo ocurrido.
Y entonces apareció la bruma.
Desde el norte del Páramo de Álandor comenzó a extenderse una niebla rojiza y pestilente, cargada de una energía que hacía enfermar cuanto tocaba. No era la bruma que cubre los valles al amanecer, ni el vapor que se alza de los ríos cuando llega el frío. Era una exhalación corrupta, nacida de las profundidades, que avanzaba sobre la tierra como el aliento de una criatura antigua.
Las fuerzas apostadas en Verdelinde no tardaron en responder. Los cuernos de guerra resonaron entre las empalizadas, los defensores tomaron sus armas y las compañías que aún permanecían en el asentamiento marcharon hacia el lugar donde la corrupción comenzaba a abrirse paso.
Y allí contemplaron horrores que superaban cuanto habían conocido en los días de la primera calamidad.
La corrupción había aprendido a transformar la vida de formas perversas. Criaturas que antaño habían recorrido los bosques y las tierras salvajes aparecieron convertidas en aberraciones, deformadas por una fuerza que había retorcido sus cuerpos y quebrantado cuanto quedaba de su naturaleza. Y de las mismas grietas emergieron seres que jamás debieron caminar bajo el cielo, criaturas de las profundidades cuya sola presencia anunciaba que las fronteras entre el mundo conocido y los abismos subterráneos estaban siendo quebrantadas.
La batalla fue feroz. Los defensores lucharon mientras la bruma se extendía y la tierra volvía a estremecerse bajo sus pies. Pero pronto comprendieron que aquello no era una simple reaparición de los males anteriores.
El Mal Elemental había regresado, y era más poderoso que antes.
De la batalla final que se avecina
Ante el resurgimiento de la calamidad, Arkhaneus Melena Plateada, uno de los más poderosos druidas del Enclave Esmeralda, no demoró su respuesta. Reunió a un grupo de Guardianes y marchó nuevamente hacia el Páramo de la Muerte, pues conocía bien la naturaleza de aquella amenaza y sabía que era preciso oponerle los dones antiguos de la Naturaleza. Ya en tiempos pasados había contenido allí la expansión del enemigo, y ahora se disponía a emplear de nuevo su poder para frenar el avance de aquella energía corruptora.
Mientras tanto, el círculo de ancianos del Enclave Esmeralda estableció un punto de defensa en el norte de Álandor. Desde allí organizó a los defensores y dispuso sus fuerzas para impedir que la corrupción alcanzara el asentamiento.
Pues si el enemigo lograba atravesar aquellas tierras y quebrantar las defensas que protegían Verdelinde, la última esperanza de muchos pueblos quedaría expuesta a una ruina terrible.
Y no era pequeña la tarea que aguardaba a quienes permanecían allí.
La Alianza Verdelinde ya no contaba con la multitud de defensores que antaño habían acudido a su llamado. Sus filas habían menguado durante los días de falsa paz, y muchos de aquellos que antes habrían respondido sin vacilar se encontraban ahora lejos, dispersos o ajenos a la gravedad del nuevo peligro.
Mas el enemigo no aguardaría a que los hombres reunieran de nuevo sus fuerzas.
Verdelinde.
Pues allí se alzaba el Monolito del Nuevo Brote, una obra nacida del sacrificio de numerosos druidas que habían entregado parte de su energía, su salud y sus propias fuerzas para dar forma a un poderoso baluarte sagrado. Mediante los dones reunidos de decenas de servidores de la Naturaleza, el monolito emitía una vasta onda de energía purificadora que mantenía a raya la corrupción y protegía las tierras circundantes.
No era una obra hecha para conquistar ni para destruir, sino para preservar. En torno a ella se había reunido la esperanza de los refugiados, de los pueblos desplazados y de cuantos todavía creían que la vida podía prevalecer sobre aquella oscuridad.
Y por ello el enemigo parecía desear su caída por encima de cualquier otra conquista.
Si el Monolito fuese destruido, Verdelinde perdería su más poderosa defensa. Y con ella caerían no solo sus murallas y sus hogares, sino también el refugio donde tantos habían encontrado alimento, sanación y protección cuando todo lo demás les había sido arrebatado.
Así, la tierra volvió a temblar bajo los pies de los pueblos de Amn, y las grietas que habían permanecido silenciosas durante largos meses comenzaron a exhalar de nuevo su aliento corrupto. Los Guardianes del Equilibrio tomaron sus armas; los druidas invocaron los antiguos poderes; los exploradores volvieron a recorrer senderos que habían jurado no abandonar jamás, y los defensores de Verdelinde se prepararon para resistir.
Pues la falsa paz había terminado.
Y aunque muchos habían olvidado el horror de los primeros días, la tierra no lo había olvidado. Bajo sus raíces, el enemigo había permanecido despierto, aguardando el momento de regresar con una fuerza mayor que la conocida por los pueblos vivientes.
Y así comenzó la Segunda Ruina de Álandor, cuando el Mal Elemental, fortalecido por sus derrotas y alimentado por las profundidades, volvió a alzarse contra la vida.
No estaba escrito aún si los pueblos de Amn prevalecerían o serían consumidos por aquella oscuridad. Pero una cosa era cierta: el destino de sus tierras ya no dependería solamente de la fuerza de sus ejércitos, sino de la voluntad de cuantos estuvieran dispuestos a entregar hasta su último aliento por preservar aquello que aún merecía ser salvado.
Porque mientras el Monolito del Nuevo Brote permaneciera en pie, todavía habría esperanza. Y mientras existiera una sola persona dispuesta a defender el Equilibrio, la canción de la Naturaleza no habría sido silenciada.
Mientras tanto, el círculo de ancianos del Enclave Esmeralda estableció un punto de defensa en el norte de Álandor. Desde allí organizó a los defensores y dispuso sus fuerzas para impedir que la corrupción alcanzara el asentamiento.
Pues si el enemigo lograba atravesar aquellas tierras y quebrantar las defensas que protegían Verdelinde, la última esperanza de muchos pueblos quedaría expuesta a una ruina terrible.
Y no era pequeña la tarea que aguardaba a quienes permanecían allí.
La Alianza Verdelinde ya no contaba con la multitud de defensores que antaño habían acudido a su llamado. Sus filas habían menguado durante los días de falsa paz, y muchos de aquellos que antes habrían respondido sin vacilar se encontraban ahora lejos, dispersos o ajenos a la gravedad del nuevo peligro.
Mas el enemigo no aguardaría a que los hombres reunieran de nuevo sus fuerzas.
- La corrupción comenzó a extenderse . . .
- Hacia los territorios de las antiguas hordas orcas, cuyos habitantes, temerosos de aquella fuerza, buscaron protegerse como pudieron.
- Hacia el Bosque de Álandor, sin embargo, el mal halló resistencia ante las defensas élficas y los límites sagrados del Claro de Eldath, donde las antiguas protecciones todavía conservaban su poder.
- También avanzó hacia las fronteras de Khazad y los caminos del río, amenazando con alcanzar nuevas tierras y extender su dominio por regiones que hasta entonces habían permanecido a salvo.
Verdelinde.
Pues allí se alzaba el Monolito del Nuevo Brote, una obra nacida del sacrificio de numerosos druidas que habían entregado parte de su energía, su salud y sus propias fuerzas para dar forma a un poderoso baluarte sagrado. Mediante los dones reunidos de decenas de servidores de la Naturaleza, el monolito emitía una vasta onda de energía purificadora que mantenía a raya la corrupción y protegía las tierras circundantes.
No era una obra hecha para conquistar ni para destruir, sino para preservar. En torno a ella se había reunido la esperanza de los refugiados, de los pueblos desplazados y de cuantos todavía creían que la vida podía prevalecer sobre aquella oscuridad.
Y por ello el enemigo parecía desear su caída por encima de cualquier otra conquista.
Si el Monolito fuese destruido, Verdelinde perdería su más poderosa defensa. Y con ella caerían no solo sus murallas y sus hogares, sino también el refugio donde tantos habían encontrado alimento, sanación y protección cuando todo lo demás les había sido arrebatado.
Así, la tierra volvió a temblar bajo los pies de los pueblos de Amn, y las grietas que habían permanecido silenciosas durante largos meses comenzaron a exhalar de nuevo su aliento corrupto. Los Guardianes del Equilibrio tomaron sus armas; los druidas invocaron los antiguos poderes; los exploradores volvieron a recorrer senderos que habían jurado no abandonar jamás, y los defensores de Verdelinde se prepararon para resistir.
Pues la falsa paz había terminado.
Y aunque muchos habían olvidado el horror de los primeros días, la tierra no lo había olvidado. Bajo sus raíces, el enemigo había permanecido despierto, aguardando el momento de regresar con una fuerza mayor que la conocida por los pueblos vivientes.
Y así comenzó la Segunda Ruina de Álandor, cuando el Mal Elemental, fortalecido por sus derrotas y alimentado por las profundidades, volvió a alzarse contra la vida.
No estaba escrito aún si los pueblos de Amn prevalecerían o serían consumidos por aquella oscuridad. Pero una cosa era cierta: el destino de sus tierras ya no dependería solamente de la fuerza de sus ejércitos, sino de la voluntad de cuantos estuvieran dispuestos a entregar hasta su último aliento por preservar aquello que aún merecía ser salvado.
Porque mientras el Monolito del Nuevo Brote permaneciera en pie, todavía habría esperanza. Y mientras existiera una sola persona dispuesta a defender el Equilibrio, la canción de la Naturaleza no habría sido silenciada.
Offtopic :
Un saludo para todos amigos de PdB, con la autorización de Kronos y la autorización y visto bueno de la maestra de esta obra, nuestra querida DMT Faker, tengo el placer y el honor de retomar esta megatrama que venía acercándose a su final, pero que por motivos personales ya no fue posible.
Una disculpa por lo largo del texto, pero la gente nueva agradecerá el contexto de la situación ya pasada.
Ahora bien, esto es de libre participación no es algo solo de los verdes, puede participar cualquiera que no sea un enemigo de Amn o un alzado declarado como se venía llevando antes, así que les iré avisando de la escena o las escenas finales, mientras tanto habrá ambientaciones planeadas y no planeadas en torno a la situación descrita, "cuidado si van desde álandor hacia los picos de las nubes podría haber peligros allí"
Espero dar la talla para ofreceros buena ambientación, diversión y mucha preocupación de caer en batalla ¡AUUUUUUUUUUUUUUUU!
Link Referencia original 1
Link de Referencia original 2
Una disculpa por lo largo del texto, pero la gente nueva agradecerá el contexto de la situación ya pasada.
Ahora bien, esto es de libre participación no es algo solo de los verdes, puede participar cualquiera que no sea un enemigo de Amn o un alzado declarado como se venía llevando antes, así que les iré avisando de la escena o las escenas finales, mientras tanto habrá ambientaciones planeadas y no planeadas en torno a la situación descrita, "cuidado si van desde álandor hacia los picos de las nubes podría haber peligros allí"
Espero dar la talla para ofreceros buena ambientación, diversión y mucha preocupación de caer en batalla ¡AUUUUUUUUUUUUUUUU!
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