Meyares
Gerardo de Amn
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Abrió los ojos y se incorporo dentro de la bañera, miro alrededor viendo la habitación vacía, cerro los ojos e inspiro profundamente. Sí, ella había estado allí, podía notar levemente su perfume… Si ella había estado era por que el otro la había solicitado… no era la primera vez ni sería la última, de seguro.
Levantándose pesadamente, salió de la bañera y se echo una toalla encima para secarse, tras ello se acercó a su mochila y saco una caja, la colocó sobre la cama y la abrió… Se quedó contemplado su contenido, una mascara ya conocida. Instintivamente se llevo la mano a la mejilla izquierda y se palpo la fina cicatriz que años atrás le quedara tras una pelea en los barrios bajos de Athkatla… Una duda se reflejo en su rostro… sin embargo, había visto con sus propios ojos como el veterano enano y el Mago rojo rejuvenecían allí mismo ante la presencia de todos, en la arena. Si, había notado algo extraño y cuando se había visto reflejado en el agua habría jurado que sus rasgos eran más finos… Se encogió de hombros y se terminó de secar. En fin… mientras que esos dos habían rejuvenecido medio siglo (bueno el Mago Rojo quizá uno entero, no tenía muy buen aspecto la verdad), el solo cuatro años… eso no era apreciable a sus edad, tan solo veinticuatro. En cuanto a los otros cuatro juraría que la mujer y el alado, no les vio cambio ninguno, en cuanto el caballero un yelmo cubría sus facciones.
Dirigiéndose hacia la silla donde se encontraba su ropa iba pensando que haría ahora… El otro había luchado contra Sierpes, gusanos purpuras, viajado por las Islas con el Acero, visto luchar gigantes de hielo, caminado por otros planos, si… pero el había conseguido en una noche lo que el otro no consiguió en siete años recorriendo Amn… Ja!! Que le iba a decir ahora… Su disciplina y su empeño parecía que daban el fruto esperado, se estaba forjando una reputación en Caravassar… eso le abriría las puertas a futuros trabajos. Dejaría para el otro el ir de aventuras (no le vendrá nada mal que se haga con objetos poderosos que ambos puedan usar… quizás una buena hoja, sí…), aunque se estaba descuidando y se desviaba de sus objetivos ablandando su carácter (sería culpa del gigante de pelo rojo y el elfo, bah!!..), pero el no…. Tenía toda una eternidad por delante.
Meneo la cabeza negando y se llevó la mano a la cabeza… El simple hecho de recordarlo le hacía perder el suelo bajo sus pies. Sabía que su camino habría de volver a cruzarse con los que padecen su misma condición, quien sino otros eternos podrían ayudarle a entender lo que el futuro le depararía…
Ya vestido, cogió la mascara de la cama y se la colocó… Ya es hora de que sea mi tiempo, el otro… si, le dejaría que disfrutase de sus aventuras mientras… Mirándose en el reflejo del agua por última vez antes de irse.
Levantándose pesadamente, salió de la bañera y se echo una toalla encima para secarse, tras ello se acercó a su mochila y saco una caja, la colocó sobre la cama y la abrió… Se quedó contemplado su contenido, una mascara ya conocida. Instintivamente se llevo la mano a la mejilla izquierda y se palpo la fina cicatriz que años atrás le quedara tras una pelea en los barrios bajos de Athkatla… Una duda se reflejo en su rostro… sin embargo, había visto con sus propios ojos como el veterano enano y el Mago rojo rejuvenecían allí mismo ante la presencia de todos, en la arena. Si, había notado algo extraño y cuando se había visto reflejado en el agua habría jurado que sus rasgos eran más finos… Se encogió de hombros y se terminó de secar. En fin… mientras que esos dos habían rejuvenecido medio siglo (bueno el Mago Rojo quizá uno entero, no tenía muy buen aspecto la verdad), el solo cuatro años… eso no era apreciable a sus edad, tan solo veinticuatro. En cuanto a los otros cuatro juraría que la mujer y el alado, no les vio cambio ninguno, en cuanto el caballero un yelmo cubría sus facciones.
Dirigiéndose hacia la silla donde se encontraba su ropa iba pensando que haría ahora… El otro había luchado contra Sierpes, gusanos purpuras, viajado por las Islas con el Acero, visto luchar gigantes de hielo, caminado por otros planos, si… pero el había conseguido en una noche lo que el otro no consiguió en siete años recorriendo Amn… Ja!! Que le iba a decir ahora… Su disciplina y su empeño parecía que daban el fruto esperado, se estaba forjando una reputación en Caravassar… eso le abriría las puertas a futuros trabajos. Dejaría para el otro el ir de aventuras (no le vendrá nada mal que se haga con objetos poderosos que ambos puedan usar… quizás una buena hoja, sí…), aunque se estaba descuidando y se desviaba de sus objetivos ablandando su carácter (sería culpa del gigante de pelo rojo y el elfo, bah!!..), pero el no…. Tenía toda una eternidad por delante.
Meneo la cabeza negando y se llevó la mano a la cabeza… El simple hecho de recordarlo le hacía perder el suelo bajo sus pies. Sabía que su camino habría de volver a cruzarse con los que padecen su misma condición, quien sino otros eternos podrían ayudarle a entender lo que el futuro le depararía…
Ya vestido, cogió la mascara de la cama y se la colocó… Ya es hora de que sea mi tiempo, el otro… si, le dejaría que disfrutase de sus aventuras mientras… Mirándose en el reflejo del agua por última vez antes de irse.
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