DM Faith
Llanero del brasero
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El amanecer trajo consigo más que la tibieza de los primeros rayos de sol sobre Náshkel. Un grito de alarma rompió la calma matinal, reverberando sobre las murallas de la villa. Desde el cementerio, una horda de muertos vivientes liderados por una momia emergió violentamente. La guardia reaccionó de inmediato, desplegando un destacamento para contener la amenaza, ayudada por aventureros y mercenarios locales.
Sin embargo, lo peor no fue la amenaza de los no-muertos, si no los descubrimientos que se sucedieron: entre los cadáveres reanimados yacían los restos de nueve de los diez guardias que habían patrullado el camposanto aquella noche. Y no estaban solos en su infortunio. Dos caballeros de la Orden del Guantelete, que habían sido asignados a vigilar las criptas, también habían encontrado un destino atroz. Uno de ellos, en particular, fue hallado con el pecho desgarrado. Su corazón había sido arrancado con una precisión inquietante.
El cementerio mismo se había convertido un escenario macabro: uno que fue testimonio de una auténtica carnicería. La nieve estaba teñida de rojo, las tumbas profanadas y la fosa común yacía abierta. Pero lo más perturbador fue lo que se encontró en torno a los mausoleos.
Extrañas pintadas, garabateadas con la sangre de las víctimas, cubrían las paredes de piedra. Entre ellos, un símbolo que se repetía como un patrón: una rosa de los vientos. No obstante, la profanación más blasfema se encontró en el mausoleo principal: se había dibujado un par de ojos y lo que parecían ser siete estrellas en torno a la mirada sangrienta: sin duda, una burla atroz del signo de la Señora de Plata.
Las especulaciones no tardaron en surgir. ¿Era un mensaje? ¿Quizás una advertencia? ¿O el sello de algún culto oscuro que operaba en las sombras? ¿Tendría quizás algo que ver con el misterioso grupo conocido como la Daga Negra?
Y como si no bastase con tales horrores, un nuevo enigma emergió en el corazón del camposanto.
Uno de los árboles más antiguos, con su tronco ennegrecido por quemaduras, había sido tallado con inscripciones que aludían a la Reina del Aire y la Oscuridad, la temida deidad de las hadas sombrías. Incrustado en la madera con precisión antinatural, se halló un corazón de piedra.
Entretanto, el paradero del décimo guardia sigue siendo un misterio. Su ausencia arroja una sombra inquietante sobre el incidente. ¿Fue secuestrado? La Guardia de Náshkel ha vetado todo acceso al cementerio por el momento. Mientras tanto, los ciudadanos empiezan a mostrar preocupación por el reposo de sus muertos.
¿Acaso ni tan siquiera en la muerte hallarán descanso?
Sin embargo, lo peor no fue la amenaza de los no-muertos, si no los descubrimientos que se sucedieron: entre los cadáveres reanimados yacían los restos de nueve de los diez guardias que habían patrullado el camposanto aquella noche. Y no estaban solos en su infortunio. Dos caballeros de la Orden del Guantelete, que habían sido asignados a vigilar las criptas, también habían encontrado un destino atroz. Uno de ellos, en particular, fue hallado con el pecho desgarrado. Su corazón había sido arrancado con una precisión inquietante.El cementerio mismo se había convertido un escenario macabro: uno que fue testimonio de una auténtica carnicería. La nieve estaba teñida de rojo, las tumbas profanadas y la fosa común yacía abierta. Pero lo más perturbador fue lo que se encontró en torno a los mausoleos.
Extrañas pintadas, garabateadas con la sangre de las víctimas, cubrían las paredes de piedra. Entre ellos, un símbolo que se repetía como un patrón: una rosa de los vientos. No obstante, la profanación más blasfema se encontró en el mausoleo principal: se había dibujado un par de ojos y lo que parecían ser siete estrellas en torno a la mirada sangrienta: sin duda, una burla atroz del signo de la Señora de Plata.
Las especulaciones no tardaron en surgir. ¿Era un mensaje? ¿Quizás una advertencia? ¿O el sello de algún culto oscuro que operaba en las sombras? ¿Tendría quizás algo que ver con el misterioso grupo conocido como la Daga Negra?
Y como si no bastase con tales horrores, un nuevo enigma emergió en el corazón del camposanto.
Uno de los árboles más antiguos, con su tronco ennegrecido por quemaduras, había sido tallado con inscripciones que aludían a la Reina del Aire y la Oscuridad, la temida deidad de las hadas sombrías. Incrustado en la madera con precisión antinatural, se halló un corazón de piedra.
Entretanto, el paradero del décimo guardia sigue siendo un misterio. Su ausencia arroja una sombra inquietante sobre el incidente. ¿Fue secuestrado? La Guardia de Náshkel ha vetado todo acceso al cementerio por el momento. Mientras tanto, los ciudadanos empiezan a mostrar preocupación por el reposo de sus muertos.
¿Acaso ni tan siquiera en la muerte hallarán descanso?
