*En un arrebato de odio, el elfo clavó un pergamino con una daga de mango de alabastro en la misma puerta de su laboratorio, y allí quedaría como declaración misma de quién allí habita. Era bien sabido que el archimago evitaba toda participación política, pues consideraba tales asuntos indignos de su tiempo y de sus estudios; algo innecesario, una anomalía propia de mentes inferiores. Sin embargo, el odio que latía en el corazón de los bosques también hervía en su sangre dorada.
El rumor de aquella declaración recorrió el bosque con sorprendente rapidez, pues este constituía un único organismo vivo y mágico. Los pájaros transmitían lo oído entre las ramas, las hadas susurraban las nuevas en los claros iluminados por la luna e incluso los pequeños trasgos compartían las noticias alrededor de sus hogueras. En aquel lugar, todas las criaturas hablaban, sentían y vivían formando parte de un mismo todo, un reflejo de las emociones de quienes allí habitaban.*
DECLARACIÓN CONTRA LOS ENEMIGOS DE NUESTRA SANGRE
Sobre la decadencia de nuestro pueblo
Durante años he observado cómo nuestro pueblo ha ido cambiando. Lo que antaño fue una valiente resistencia frente a la expansión humana se ha transformado en una defensa abierta y desvergonzada de la humanidad.
Aquellos que una vez alzaron sus voces por los bosques ancestrales ahora justifican a quienes los talan. Aquellos que deberían custodiar nuestro legado prefieren arrodillarse ante costumbres ajenas.
Sobre los traidores
Hago un llamamiento a todos los elfos valientes para que se alcen contra esos traidores a nuestra sangre, esas caricaturas élficas que hoy defienden sin vergüenza la infección humana que daña nuestros bosques.
Debemos purgar de nuestro pueblo a esa ralea traidora que ha olvidado quién es y de dónde procede. Un pueblo que tolera a los enemigos de su propia esencia ya ha comenzado su decadencia.
«Siempre debe combatirse primero al enemigo interno.»
Sobre la restauración del Viejo Mundo
No cedáis ante aquellos que hagan una defensa abierta de la humanidad y acabad con ellos si es necesario, pues nada bueno harán por nosotros. Pues sus intereses jamás serán los nuestros y sus caminos jamás conducirán a la preservación de nuestro legado.
Proclamación
El Viejo Mundo y las antiguas tradiciones deben ser restaurados, y nuestra sangre purgada de los traidores. ¡Muerte a los traidores!
Firmado bajo la sombra de las hojas eternas,
por aquel que aún recuerda.