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El Ocaso de la Victoria.

cambuto

Vampiro que no usa azules
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17/5/20
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Las sombras de la humanidad se extendían, mientras unos pocos supervivientes luchaban por encontrar la luz entre la oscuridad. Sin embargo, entre esas tinieblas, Trevor Amraphendt se alzaba como el más temido de los cazadores. Un guerrero vampiro, cuyo propósito era subyugar a los mortales y establecer un nuevo orden, en el que su especie prevaleciera.
Trevor había despertado de un largo letargo, alimentándose de las historias de sus ancestros que hablaban de un mundo dominado por la fuerza y el miedo. Atraído por el eco de las batallas pasadas, se convirtió en un predador implacable, un torrente de sed de sangre y venganza que recorrió las tierras devastadas. Con un rostro que reflejaba tanto la belleza como el buen porte, sus ojos ardían con una intensidad que podía paralizar al más valiente de los hombres.
Cada noche, Trevor buscaba a aquellos que ignoraban su existencia, mortales incautos, desesperados por su propia supervivencia, se convertían en sus presas. Las leyendas de sus conquistas se extendieron como un virus, creando un pánico entre los últimos vestigios de humanidad.

Siendo este un Caballero sangriento, buscando acabar con paladines por el mero gusto de la batalla, un heraldo de muerte, dispuesto acabar con la vida de sus enemigos.

Pero buscaba mas, buscaba ese guerrero que se pondría a su altura para tener la mas gloriosa de las batallas, un rivalidad, que la ha perseguido durante toda su eternidad.

Sin éxito Trevor, vagando por las catacumbas y criptas en una eternidad que no parecían pasar los segundos, como si para el tiempo se hubiera detenido, impasivo y quieto, como una armadura que decoran las grandes mansiones entre sus enriquecidos pasillos, allí estaba él inmóvil...

Conoció a un Sacerdote vampiro, que le mostro el poder de lo divino, cegado por su poder, decidió seguirle, pues la guerra es su único propósito, buscando sin descanso la mayor sublimación doblegando a sus enemigos paladines, tras sus poderosos Muros de piedra, para contemplar el momento cual la luz de los ojos de su rival se apaga.

Cegado por su codicia de saciar su forma bestia, tropas de la no muerte se cernían sobre los Muros de Minsorran, tras el primer ataque demostraron su poder en campo abierto, pero estos tenían la retaguardia bien cubierta, pues la estrechez de su puente nos impidió, haciendo tapón y diezmando nuestras tropas hasta que toco la retirada. Aunque la derrota nos toco aquella vez, la asumimos, pues solo seguimos el camino de Primero.

La habilidad para la batalla de Trevor era admirable al igual que letal, danzando entre sus enemigos con el rápido acero de su espada, su elasticidad en combate era propia de la maestría con esa arma, pareciendo tener esa conexión, haciéndose uno con ella.
Esa conexión no solo era un vínculo con el acero, sino que convertía este en una prolongación de su voluntad. Una voluntad que, por ende, bajo el auspicio del Primero le erigía en un campeón de la Sangre. Un cometido divino a través del cuál la violencia se convertía en la letanía de un Dios. Y miserables de quienes se interpusieran en su camino, que de su gloria darían cuenta. Pasos perdidos en una danza sin freno ni final, la Eternidad hecha fuego inmortal.

Su próxima caza esta por venir... Quienes serán que se toparan con su acero...


 

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