duBal
Shevarasita que habla bajito
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Se encontró con su mirada. Puede que fuese su vanidad la que le llevase a pensar que podría indagar en aquellos ojos tan azules y acerados como un mar impenetrable o puede que, simplemente, se topase con ellos por accidente. De cualquier modo, al verlos no obtuvo más que nuevos interrogantes. ¿Quién era ella, en verdad? ¿Por qué motivo debería dejar atraparse en sus redes? ¿Le resultaba intrigante, acaso, estar frente a una personalidad tan similar a la suya propia? Deseaba ahondar en aquellas cuestiones pero, a su vez, su instinto le demandaba que extremase las precauciones. Si eran en realidad tan semejantes debía por ello considerarla doblemente peligrosa.
Tocó su mano. Sintió, al hacerlo, su frío tacto, la pulsión de sus malas pasiones. Ella parecía decidida a transmitirle sus anhelos a través de los sentidos. No se resistió, quizá considerando que sería oportuno seguirle el juego cual cazador que finge ser una presa. Permitió que le condujese por la densa capa de nieve que cubría el paisaje para detenerse junto a una fuente por la que manaba un agua pura y cristalina, en la cual pudo ver su ondulante imagen; la corriente que circulaba lo hacía de tal forma que parecía ocultar, precisamente, un espejo que reflejaba el sino de las almas. La leyenda contaba que dos hombres se habían sometido a una prueba; uno de ellos, el virtuoso, bebió hasta que el agua le reconfortó; el otro, el traicionero, pretendió saciarse absorbiendo el líquido, y con ello logró que una maldición recayese sobre él como una losa. Ahora, un tercero se hallaba frente a la misma incógnita.
Posicionó sus manos en el borde y reflexionó, dejando que una pregunta le abordase. ¿Merecía la pena asumir el riesgo a cambio de una promesa mayor? Juzgó que sí, y dejó que el agua penetrase por su garganta, que accediese con ella la sensación de estar ingiriendo algo prohibido. Aquello le quemó por dentro. Escupió, echó gargajos. Parecía como si el espíritu de la condenación se hubiese aferrado a su interior, tan cruel y caprichoso como un diablo que espera comprar la esencia misma de la existencia. Las fuerzas le abandonaban, su razón vacilaba. Trató de mantenerse en pie y de soportar la angustia, y se dejó guiar de nuevo por una dama cada vez más misteriosa. Le ofreció una cura, le tendió, otra vez, su mano para que confiase en ella; no quedaba otra opción, así que aceptó. Con la magia hizo borrar la huella de lo maldito.
Frente a frente, se miraron de nuevo. Los dos habían pasado la prueba. Se había forjado una alianza helada.
Offtopic :
¡Gracias por la magnífica escena! :wink: