Una mediana de estatura algo más reducida de lo habitual se abre paso entre el gentío que parece estar comentando lo que dice uno de los carteles de la ciudad de Púrskul, tras encajar las ramas de bayas que cuelgan de su deshilachado moño y acomodar al sapo que reposa en su hombro; Moli sube y baja el farolillo que porta para, a plena luz del día y siempre según ella, leer mejor lo que sea que sea ese cartel.
—Hm...estas deben ser cosas secretas del alcalde y claro, de eso que pide, Moli sabe, se sabe. Además, si Vincent ha apuntado su nombre, Moli dijo que sería su sombra y Moli no falta a su palabra, se sabe.
Y subiéndose encima de un lustroso pedrusco, Moli anota su nombre en el cartel.