Dubalix
Barril de Khaof
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Y ahí estaba Ïmmer, viendo el ilustre puerto de la ciudad de la moneda, contemplando las cúpulas de oro y las fachadas de yeso de la, por él, siempre repudiada ciudad humana. Pero ésta vez era distinto, extraño, ese antro de ladrones y mercaderes no le estaba transmitiendo la negatividad de siempre. Se sentía alegre de volver, se sentía bien. Había cosas que hacer y no iba a abandonar al clan en un momento de necesidad como éste. Se giró refunfuñando hacia un marinero y le regañó por lo lentas y frágiles que eran las sucias barcas grandes que los humanos llaman barco. El mar, puej. El archienemigo de la montaña. El mar, el archienemigo de Ïmmer.
Su partida no fue anunciada más que a los supervivientes del consejo de sabios de los Rompecráneos. Le requerían en casa, su padre había fallecido. A pesar de que no era el mejor momento para la partida, recién apuñalado por la espalda el Clan Rompecráneos, tuvo que marcharse. Un enano no puede vivir con la deshonrra de no enterrar a su padre.
Marchó, ayudó en lo que pudo a los suyos, y retornó a la ciudad de la moneda en cuanto pudo. Había oído rumores entre los suyos, provinientes de Amn y que debían ser comprobados.
Dos grumetes desplegaron la pasarela del barco al puerto, y el enano, apenas llevando una mochila con lo que se llevó, pasó el primero hacia la piedra, la seguridad de la, aunque humana, maciza piedra.
-¡Y ahora, en busca de Trust, ese enano puede estar en cualquier sitio, pero seguro que en Crimmor saben algo!.-
Así que ahora, Ïmmer, con su familia, pero sin casa, se dispone a hacer lo que mejor hacen los enanos. Construir, y no hablo de amontonar piedras, sino de amontonar corazones enanos bajo el estandarte del honorable Clan. Y algún día les llegará el turno a ese montón de basura pielnegra.
Algún día...
Su partida no fue anunciada más que a los supervivientes del consejo de sabios de los Rompecráneos. Le requerían en casa, su padre había fallecido. A pesar de que no era el mejor momento para la partida, recién apuñalado por la espalda el Clan Rompecráneos, tuvo que marcharse. Un enano no puede vivir con la deshonrra de no enterrar a su padre.
Marchó, ayudó en lo que pudo a los suyos, y retornó a la ciudad de la moneda en cuanto pudo. Había oído rumores entre los suyos, provinientes de Amn y que debían ser comprobados.
Dos grumetes desplegaron la pasarela del barco al puerto, y el enano, apenas llevando una mochila con lo que se llevó, pasó el primero hacia la piedra, la seguridad de la, aunque humana, maciza piedra.
-¡Y ahora, en busca de Trust, ese enano puede estar en cualquier sitio, pero seguro que en Crimmor saben algo!.-
Así que ahora, Ïmmer, con su familia, pero sin casa, se dispone a hacer lo que mejor hacen los enanos. Construir, y no hablo de amontonar piedras, sino de amontonar corazones enanos bajo el estandarte del honorable Clan. Y algún día les llegará el turno a ese montón de basura pielnegra.
Algún día...