ET Faker
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Primera Dekhana del Sitio
Desde que la Gran Sierpe Azul sitiara la Ciudad de la Moneda y de manera dekhanal, unos panfletos se van repartiendo por todos los rincones más concurridos de cada Distrito de la Ciudad de la Moneda, relatando los sucesos más importantes desde que se originara la toma de posesión.
Aunque poco o nada se sabe de este vocero o redactor en particular, las tablillas están siempre firmadas bajo el peusdónimo del Sin Voz.
♦ Donde hay relámpago, hay sombra. Y en la sombra, manos que protegen.
En los márgenes olvidados de Athkatla, donde la moneda no compra justicia ni pan, se dice que una alianza insólita ha comenzado a tomar forma. Las calles del Distrito del Río y aquellas aledañas han cambiado. Aparecen símbolos ocultos, runas disimuladas en las piedras y ecos mágicos que repelen a los enemigos de la noche.
Los Magos Rojos de Thay y los Ladrones de las Sombras han forjado un pacto tácito: proteger a los más desfavorecidos mediante hechizos y vigilancia encubierta. Aquellos que antes solo tomaban, ahora también defienden. Se erigen barreras invisibles contra adversarios comunes y se responde a sus perturbaciones con firmeza mágica.
¿Es lealtad o estrategia? Se pregunta un servidor. Nadie lo sabe, sin embargo. Pero los niños de las calles duermen más tranquilos ahora, en ciertos distritos y eso, dicen algunos, ya es más que suficiente.
♦ Athkatla retumba con truenos que no vienen del cielo.
El Edicto de la Tormenta, proclamado entre trompetas y tambores imperiales, no fue escrito por los Seis, sino impuesto por la voluntad de la Dragona Azul, Iryklathagra, la autoproclamada Defensora de Amn -un título que cada día cobra más fuerza para algunos-.
Aunque el Consejo no ha alzado objeción pública, todos saben que el poder ya no reside únicamente en sus manos.
Ahora, los Testigos de la Tormenta, el ejército de Colmillos Afilados, actúa con pleno derecho dentro de los muros de la moneda. Los Magos Rojos pueden invocar sus conjuros para detener disidentes agresivos y actuar como una fuerza reconocida oficial.
Los Ladrones de las Sombras patrullan con broches visibles y bajo embozos encubiertos, amparados bajo todo el peso de la ley. Se ha conformado un nuevo órgano judicial, El Consejo del Trueno, presidido por el implacable Senescal de la ciudad y compuesto por figuras ampliamente reconocidas que responden ante la autoridad y voluntad de la Reina Azul.
La ley en Athkatla ya no se pronuncia desde la justicia, sino desde los cielos.
♦ Bajo la luz de la Luna, se rompen votos y se encienden esperanzas.
En un giro que nadie esperaba, una célula de la Iglesia de Selûne, respondiendo al nombre del Capítulo de la Rosa de Plata, ha declarado públicamente su animadversión y rechazo absoluto hacia el sitio de la Azul, apoyando y reuniendo tanto a los disidentes de la Orden de Capaconjuro como a aquellos desertores de la División Occidental de las Fuerzas Armadas.
La Alta Sacerdotisa de la célula, con el respaldo de todo el Capítulo, ha pronunciado un discurso que muchos describen como incendiario. Habla de justicia, de redención y de una Amn libre del yugo de los dragones cromáticos. Sus palabras han traspasado las paredes de los Salones de la Luna y han cruzado templos, mercados y plazas, generando fervor entre la población más piadosa, el pueblo llano y todos lo que han perdido la fe en el sistema actual.
La alianza se teje entre el clero, antiguos oficiales y magos que renunciaron a sus juramentos y broches cuando el significado de estos se vio duramente truncado. Y aunque por ahora no marchan con armas, marchan con ideas.
Y eso, a esta pluma, le parece aún más peligroso.
♦ A las afueras no hay murallas... Pero hay voluntad.
Fuera de los Distritos amurallados, en los caminos y granjas que rodean Athkatla, ha comenzado a formarse un campamento extraño. No hay estandartes, ni cuarteles, pero sí cánticos, fogatas y proclamas. Ciudadanos del pueblo llano, empujados por el hambre, la injusticia o la fe, han empezado a reunirse allí. No llevan armaduras ni lanzas, pero sí pancartas y símbolos: lunas, rosas, horizontes amanecientes, manos sangrantes.
Su ubicación no la revelan, excepto con aquellos que ha de ser compartida. Pero, de buena tinta, un servidor sabe que sus corazones son fervientes y sus voluntades, férreas.
¿Su objetivo? Claman por una respuesta. Piden a las demas Órdenes del Bien que se no permanezcan neutrales ni afligidas por el miedo; que se pronuncien como lo ha hecho el Capítulo de la Rosa de Plata. Suplican, prácticamente, que alguien se atreva a dar el primer paso hacia algo grande.
Mientras tanto, se tejen alianzas en silencio y a escondidas. Hay quienes llevan provisiones, quienes entrenan a los más capaces, quienes escriben versos para mantener viva la esperanza. Tal vez no sea un ejército... Todavía.
Pero su voz crece. Y con ella, el miedo entre quienes gobiernan con garra hendida en trueno.
♦ No todos los dragones tienen alas; algunos se disfrazan de Justicia.
Muchos recuerdan aún la imagen de Iryklathagra descendiendo sobre Athkatla, sus alas extendidas como una tormenta viva. Desde entonces, la ciudad ha cambiado, pero las preguntas no cesan.
¿Quién eligió a esta "Defensora"? Más importante aún, ¿quién puede detenerla?
Desde los tribunales hasta las tabernas, desde los gremios hasta las cloacas, se habla de que el rugido de la tormenta no ha sido el final... Sino el principio.
Mientras unos sellan alianzas en mármol y sangre, otros las forjan en papel y convicción.
La guerra no siempre comienza con espadas. A veces, empieza con un susurro, una pancarta, un gesto que desafía a la tormenta.
Y ese gesto... Ya se ha dado.
- Así ha hablado el Sin Voz.