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[El Retorno de los Dragones] El Velo Crepuscular

DM Ofnir

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Mientras Amn se sumerge en el caos y la disidencia, las sombras acechan corazones y hogares, y los ejércitos preparan sus armas para la batalla, algo se ha estado removiendo entre senderos, caminos ocultos, y lugares sagrados de reposo y curación.

A lo largo y ancho de Amn templos y capillas de la Señora Lunar han hecho acopio de víveres, alimentos, barricas de hidromiel y cerveza, hierbas medicinales, y todo aquello que puedan necesitar.

Figuras embutidas en pesadas túnicas han recorrido las calles y las aldeas, llevando mensajes de auxilio y amparo, portando palabras que sanan el alma y empleando manos que sanan el cuerpo.

En Athkatla, el Gran Salón de la Luna se ha alzado bañado por la luz plateada de su Selûne: Frente a sus portones una veintena de cruzados embutidos en armaduras bruñidas, y entre ellos, acompañando a personas cuyas ropas traicionaban lo poco que pertenecían a un lugar tan rico como el Distrito de los Templos, su Suma Sacerdotisa, sus cabellos cerúleos reflejando el fulgor argenta de su señora, cruzaría el umbral del lugar santo, hacia el interior del mismo.




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A aquellos que son bañados por la Luz de la Madre Luna, de su Suma Pontífice en la tierra.

Triste es la época donde amigos y hermanos se ven obligados a alzar el acero contra sus vecinos y aliados. Dificultoso el tiempo donde las criaturas del pasado, sus sombras tan temibles como antaño, recorren nuestros cielos para atormentar a los mortales con su presencia.

Es la naturaleza humana buscar culpabilidad en tiempos de tragedia. Es una muestra de fuerza, alzar la cabeza contra el destino y desafiarlo, en vez de inclinarse y sucumbir. Inevitablemente, muchos señalarán la primera hoja que se embadurne en sangre, y de a comienzo al mal que nos acecha. La guerra.

Más aquellos que marchan a la batalla lo hacen prefiriendo haber permanecido a salvo, en sus hogares. Temer el dolor que causarán es sabio. Más odiarles solo asegurará que el veneno del conflicto corrompa las almas de todos aquellos cuantos se vean implicados en lo que está por venir.

Aquellos, con juicio más sensible, pondrán la culpabilidad en aquellos que han forzado las manos que ahora se alzan, en protesta: Protesta contra la tiranía del miedo. Contra la crueldad, importada en bermellón y obsidiana, tanto de tierras lejanas, como de las entrañas más ingratas de nuestra nación, Amn.

Con fortuna, podrán blandir este juicio y convertirlo en propósito: Y tomar dominio de su propio destino acudiendo al servicio del bien.

La Iglesia de Selûne proclama pues, bajo autoridad de aquella que escribe este edicto, el Velo Crepuscular: Todo templo, capilla, y catedral del clero abrirá sus puertas a todos los que huyan del conflicto: Que busquen refugiarse de los fuegos que pronto consumirán esta tierra. De la matanza sin sentido, de la crueldad inflamada, y de la avaricia de pensamiento y acto.

Sin importar su credo. Sin importar sus motivos. Todos serán aceptados. Y todos serán protegidos, pues entre los muros sacros de nuestros templos, no habrá lágrima sin candor, no habrá miedo sin amor y consuelo.

La Iglesia de Selûne no alzará su acero sin provocación, ni para dañar y atacar: Más que quede claro, a todos aquellos que busquen traer la muerte y la destrucción a nuestros peldaños, o buscar el castigo y la persecución a todos aquellos que hayan aceptado el Velo Crepuscular y se refugien en nuestros muros.

No habrá cuartel contra quienes busquen el caos y la muerte de los inocentes que protegemos.

Cuando todos los que moramos esta tierra hayamos de enfrentarnos al Juez de los Condenados, no podremos argumentar que otros nos ordenaron a actuar de cierta manera, o que la virtud no era conveniente en ese momento.


Que la virtud de las almas perdure, y el amor y el entendimiento encuentre su lugar en estos tiempos oscuros, y de conflicto.

No pasan demasiados días desde que el edicto de la Arzobispo se extienda por todo Amn para que cientos de refugiados comiencen a llegar a los templos y capillas Selûnitas que salpican todo el reino, alertados del conflicto tras las declaraciones de rebeldía abierta del Norte.

Los miembros oficiales del Clero se mantienen entre sus muros, evitando salir conocedores de que se encuentran, en su mayoría, rodeados de enemigos, especialmente aquellos que habitan el Gran Salón de la Luna, en Athkatla.

Y mientras, en lo alto, la dama plateada contempla un Faerûn que se retuerce, fruto de la avaricia y malignidad que , sin motivo explicable, ha movilizado a las grandes sierpes del pasado.
 

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El que aplaude en los discursos Zhent
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La joven Sacerdotisa de la Dama de los Cabellos de Fuego, tras los acontecimientos ocurridos y de los Edictos promulgados, permanecería a los pies de la subida a la Abadía, para ayudar a aquellos que quieran refugiarse en tan sagrado lugar.

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Puede que haya gente dentro, pero no dejaré que ningún desalmado, ni bestia inmunda, se acerque a tan bendito y bello lugar.
 
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