Kezculla ubicada entre Amnagua y Eshpurta, su población ronda cerca de los 50.000 habitantes, más los refugiados que se acumulaban en sus murallas. La gente no paraba de llegar de lugares colindantes, perseguidos por los huestes de Kansaldi, los más afortunados conseguían cruzar la frontera amurallada aunque más de la mayoría fallecía por el camino. Se podía ver los muros de humo negro y la ceniza volar de un lado a otro sin descanso a la lejanía, mientras abastecían caravanas que salían rápidamente de la ciudad.
Los regentes estaban seguros de que el ataque del ejercito dragón estaba próximo. Tarkas Thallavv, inicio una exhaustiva conversación con los representantes de las fuerzas de occidente, liderada por su teniente en la que dejaba más que claro sus deseos, confiaría en los suyos para que salvase a cuanto niño, mujer y anciano quisieran subir a las caravanas, con el único fin de proteger el legado de su nación, mientras él y los hombres que quisieran luchar heroicamente por frenar el ataque, se quedaban sin importar el final de dicha acción. Habían nacido y criado allí, no dejarían que ninguna amenaza destrozara sus sueños sin oponer resistencia.
No todos estaban de acuerdo, muchos hombres junto a su familia subieron en las caravanas. La vida de los suyos era mucho más importante que cualquier sueño absurdo de triunfo, lo material no era nada comparado con la vida y así lo dejaban presente con sus actos.
Lo primero fue mucho mas fácil, el gobernante quería a sus súbditos, pero no de la misma forma que apreciaba las riquezas de la ciudad, amontonadas en uno de los grandes edificios, estaban custodiadas en todo momento por guardias privados de Tarkas, nada entraba ni salia sin su beneplácito, un lugar protegido con ahínco que muy pocas personas con vida han sido capaces de ver con sus propios ojos. La economía de la nación esta basada en la explotación de gemas (rubíes, electrum, plata, bronce) y productos metálicos; también minas de sal y artesanía lujosa, es un bien demasiado importante como para entregárselo sin meditar a unos extraños y por eso mismo, puso una condición a cambio de transportar parte de esa riqueza, Lady Vhalestra, su mano derecha y su única persona de confianza, acompañaría las caravanas en todos los tramos del trayecto y sería la administradora de toda la riqueza, nada podría ser tomado ni manipulado sin su aprobación. Tratada como la noble que es, con todos los beneficios y lujos que merece, será la invitada de honor en las dependencias del Waukinar en agujas de oro junto a dos miembros de su escolta privada.

La mujer de porte sereno y sonriente, en su rostro se puede apreciar unos pómulos altos como si atrajeran la misma luz, labios voluptuosos con un contorno fino. Su cabello rojizo refleja tonos de cobre y fuego cuando la luz lo toca, otorgándole un halo ardiente, como si cada hebra guardara el resplandor del mismo sol. Los ojos, de un verde profundo cuentan con unos destellos casi hipnóticos, mirarlos es como perderse en un bosque iluminado por el aurora. La piel es clara, con un matiz marfileño que recuerda la superficie esculpida de una escultura. Su cuello largo y elegante realza la armonía de sus proporciones, mientras que sus hombros se inclinan con suavidad, dando paso a una figura estilizada, grácil y firme. Su presencia es tan perfecta que parece obra de la misma Sune, pero que inspira cercanía y calidez.
Las caravanas estaban listas, cuatro de ellas estaban habitadas por gente, aunque en su interior se podía ver reflejado el temor en el rostro, llanto sin consuelo de los infantes mientras los adultos intentaban dar consuelo. No estaban seguros de su destino, ni de lo que les deparará el camino, pero tenían claro que dentro de Kezculla nadie estará a salvo cuando se inicie la lucha. La última de ellas portaba joyas, gemas, oro, etc, cualquier cosa de valor que no fuese un inconveniente a la hora de trasladar, en esta se podía apreciar como la escolta aumentaba, siendo una perdida demasiado importante como para tenerla.
La noble estuvo presente, sin quitar su mirada en la caravana que Tarkas le pidió defendiese y administrase siguiendo sus pautas. Nada más iniciar la marcha, una niebla extraña empezó a rodear a la comitiva. Un aire al alrededor de la mujer empezó a vibrar, como si una energía invisible se condensará a su alrededor, sus labios murmuraban palabras en un idioma arcaico, entre susurros y tonos graves que resonaban como un eco, de sus manos, palmas abiertas hacia su propio cuerpo se podía apreciar destellos resplandecientes mientras recitaba el conjuro, poco a poco su cuerpo se empezó a desdibujar hasta desaparecer completamente, oculta a cualquier amenaza y los ojos del resto durante el largo viaje.

Mientras las caravanas seguían su paso, desde la distancia se podía apreciar como un gran estruendo surgía de la ciudad. El cielo teñido de un rojo ardiente, no por el ocaso, sino por las lenguas de fuego de los dragones que devoran techos y torres. Columnas de humo negro se elevan como pilares oscuros, retorciéndose contra la luz de las llamas. Entre las nubes incandescentes, se distinguen siluetas colosales de dragones rojos, surcando el aire con alas que baten como tormentas. La visión de la ciudad en llamas, asediada por bestias mágicas, como si los mismos dioses hubiesen desatado su furia sobre ella. El horror había caído sobre las gentes de Kezculla, algunos se arrepentían de no haber aceptado la ayuda cuando vino, otros luchaban sin importar que esta atrocidad fuese lo último que sus ojos vislumbrasen, nada se podía hacer, si no seguir el camino designado por las elecciones.
La ciudad intentaba atajar el asedio del ejercito dragón que venía por el Este, en tanto, las caravanas guiadas por las fuerzas de occidente, intentaban sobrevivir camino al Oeste. El aire se torno helado, envolviendo el sendero con un manto blanquecino. La comitiva, apenas conseguía ver por la bruma cuando de golpe un rugido desgarró los corazones de los valientes.

Desde lo alto, la sombra de una gran figura alada se iba aproximando. Desplegó sus alas, un dragón blanco descendió, con sus escamas tan brillantes como espejos de hielo. Abrió sus fauces y un rayo de energía gélida atravesó un árbol, congelando todo a su paso, mientras grupos de draconianos de bronce, cobre y plata, criaturas poderosas, feroces, disciplinados, expertos en la guerra, se lanzaban sin piedad siguiendo las ordenes de la gran sierpe cromática. Se estaba produciendo una ofensiva por la retaguardia, mientras otras sierpes intentaban destruir la ciudad amurallada.
Helaba todo a su paso, su rugido, penetraba sobre el techo de una de las caravanas, dejando la superficie cubierta por hielo brillante y rugoso, en su interior la gente comenzaba a congelarse, la piel se tornaba pálida, labios morados y tembleques recorrían sus cuerpos, la situación era insostenible, aunque en el exterior era peor. Uno de los caballos había sufrido de lleno el alieno gélido del dragón, su piel expuesta, adormecida y entumecida por un frío sobrenatural, hasta el punto de fallecer.
El combate fue salvaje, dejando a varios muertos y heridos por su transcurso.
Offtopic :
Resolución: diez mil refugiados fueron destinados a Crimmor, quince mil a Athkantla y dentro de ese grupo, ocho mil han sido alistados por las FFAA para luchar contra la amenaza que se cierne sobre Amn.
En estos días iré haciendo escenas random por si queréis interactuar con los refugiados, ver las consecuencias que tiene su llegada, incluso pondré varios campamentos por si queréis rolear entre vosotros. Aviso, las riquezas transportadas solo podrán ser administradas por Lady Vhalestra.