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[El retorno de los Dragones] – Kansaldi Ojos de Fuego

DM Caotica

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Kansaldi Ojos de Fuego

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Eshpurta quedo consumida con el hedor más putrefacto. Cadáveres consumidos por llamas, solo quedaban cenizas y desolación después del ataque de la Señora Dragón, sus huestes paseaban libremente por el cielo bajo su mandato, como carroñeros en busca de cualquier superviviente al que desmembrar.


Mujeres, niños, soldados, ancianos, incluso mascotas. Nada ni nadie se libraba de la muerte abrasadora a la que condenaba a toda y cada una de las criaturas que encontraba, calcinados sin piedad, rematados sin escrúpulos, perseguidos hasta la extenuación, victimas del horror y la pesadilla ígnea en vida que les hizo sufrir. Por donde se girase la vista solo existía desolación mientras una terrible voz desde las alturas daba órdenes a sus ejércitos. Órdenes de una lunática, ebria de poder, ansiosa de sangre, a la que cualquier pretexto servía con tal de conseguir que la voluntad de su Señora de la Oscuridad se cumpliese, temida y odiada por igual pero alabada por muchos, su mera presencia sólo auguraba ruina.


Aquellos que pudieron esconderse, cuentan con temor la furia y falta de humanidad de la que carecía, sin poder olvidar los gritos de desesperación y el rostro desencajado de sus seres queridos mientras sufrían la peor de las muertes.


Con voz rota y medio rostro desfigurado por las llamas de Barkranoth “la bruja roja”, un hombre de mediana edad ahogaba sus penas en la bebida mientras escupía y maldecía a aquel ser a los Dioses. Su mano diestra temblaba con un tic nervioso, trozos de carne caían de la palma sin cesar, la otra amputada por la feroz dragona que lideraba junto a su Señora.


No se sabía el número exacto de su ejercito, ni si era cierto todo rumor que llegaba hasta el último rincón y taberna, la amenaza era real, ya había padecido su destrucción una de las ciudades Amnianas más alejadas y lo peor de todo, la pesadilla no desaparece por muchas noches de terror y oscuridad que pasen, ninguna región de Amn estará a salvo de su tiranía y la de sus huestes.



Descendían sin un ápice de piedad por el este, devastando todo a su paso.


Offtopic :
Introducción a la F2. Lo iré completando con el fin de daros oportunidad de participar en lo que se viene.
 
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DM Caotica

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Kansaldi contemplaba desde su trono compuesto con los huesos de sus victimas como la destrucción y el caos se había convertido en lo único que residía en una ciudad ya casi extinta, mientras su ejercito sobrevolaba el cielo sin descanso. Una sonrisa sádica, llena de satisfacción era más que presente en su rostro. Su corazón oscuro como la noche, observaba como los pocos signos de vida desaparecían gracias al magnifico trabajo de sus huestes, mientras el brillo escarlata de la gema de poder que reside en su ojo izquierdo ardía con intensidad, preludio de alguna premonición. Su mano apretaba con fuerza una calavera envuelta en ceniza, hasta que solo quedó polvo. Alzó su rostro.


- Barkranoth. La voz de Kansaldi se hizo presente en el lugar.

-¿Que desea, mi señora?. Bruja Roja pertenecía inmóvil al lado de su jinete. Inclinó su cabeza en señal de respeto y luego penetro su mirada en Kansaldi esperando cualquier orden que saliese de ella para cumplirla sin objeción.


-Avisa a Ruina Roja de inmediato, tengo nuevas ordenes para ella. Se podía ver la ira reflejada en su rostro, algo le perturbaba y hacía que su satisfacción se truncase. La dragona, asintió y alzo el vuelo.


Un grupo de dragones rojos discutía por uno de los tesoros que habían recogido después de la conquista dejando más que visible su ferocidad y avaricia. Obsesionados por obtener una mayor recompensa a sus actos, no se dieron cuenta de la presencia de Bruja Roja hasta que estaba encima de sus cabezas. Descendió, su tamaño era superior al resto. Poso sus garras en el cuello de una de las sierpes haciendo que esta cayera al suelo con fuerza, su hocico se abrió soltando una fuerte llamarada sobre su lomo.

-No estamos aquí como carroñeros. Somos el glorioso ejercito de nuestra señora y no voy a permitir esta clase de juegos en mi presencia. ¿Entendido?. Su mirada penetrante con el mismo rojo intenso de sus escamas atravesó a la sierpe con la misma agresividad que sus garras adentraban en su carne.

Este asintió como pudo, dolorido, mientras el resto se apartaba y abandonaba el tesoro.


Kansaldi miro desde su posición. El fervor de su gema, se intensivo una vez más.


-Mi señora, Barkranoth menciono que quería verme. Usted dirá. Murmuro Ruina Roja al llegar ante la devota.


-Esphurta ha sido la primera ciudad que ha caído ante nuestro ejercito y no será la única. Llevate parte de mi ejercito y haz presente mi voluntad por el Norte. Quién no quiera servirme se extinguirá como la escoria de este patético lugar, bajo nuestro yugo. Allí encontraras el apoyo de una gran sierpe blanca, hazle saber que vas de mi parte. La voz inquebrantable de la Soberana se hizo presente en el lugar.


La lugarteniente asintió. -Marcharé de inmediato. Parca en palabras, monto sobre su Dragonnel y elevó el vuelo sobre su montura. Alzó su mano, indicando a su ejercito que hiciera lo mismo. El “descanso” había terminado y el deseo de la Señora Dragón tenía que hacerse presente una vez mas.



Offtopic :
Hilo cerrado para ambientación
 

DM Rallito

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Fragmento I: La Caída de Amnur
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La mañana no llegó a Amnur.

En su lugar, un cielo ennegrecido por el humo y la ceniza cubría las cumbres. Lo que desde lejos parecía una tormenta, pronto reveló su verdadera forma: un enjambre de sombras aladas que descendía como una marea viva, empujada por el viento helado.

Los primeros en llegar fueron los dragonels. Volaban en formación cerrada, cruzando los riscos como saetas lanzadas desde la oscuridad. Sobre sus lomos, los jinetes descendían uno tras otro, desplegándose entre las almenas, las torres y los patios del fuerte como si el asedio hubiese sido ensayado cien veces antes.

Amnur ardía incluso antes de que la alarma fuera del todo entendida.
No hubo parlamento. No hubo advertencia.
Solo el peso brutal de una ofensiva precisa.

En lo alto de la colina frente al fuerte, un estandarte carmesí fue clavado en la roca. La figura que lo sostenía observó en silencio el avance de sus tropas, sin pronunciar palabra. Su armadura brillaba con reflejos rojizos bajo el cielo sin luz. A su alrededor, el aire temblaba con una calor invisible.

El asalto fue rápido. Las defensas de Amnur, construidas para resistir embates de orcos, incursores del este o bestias errantes, no fueron rival para un ejército entrenado en la guerra de los dragones. La División de la Nube, desplegada en los muros, luchó hasta el último tramo de escaleras, pero pronto las banderas fueron arrancadas y las almenaras silenciadas.
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El fuerte, orgulloso y resistente, se quebraba piedra a piedra.

Desde el Oeste, la ciudad de Nashkell reaccionó tan pronto como pudo. Se enviaron mensajeros, refuerzos, clérigos y conjuradores. Una columna completa salió por los pasos del mediodía, con la esperanza aún viva de reforzar a sus hermanos antes de que el enemigo sellara el paso.

Pero algo los esperaba entre los riscos.

El cielo se volvió blanco. No por la nieve, sino por una ráfaga helada que se extendió por kilómetros.
Luego, un rugido. Grave, profundo, imposible de ignorar.

El hielo los alcanzó antes de que pudieran formar defensas.

Desde las alturas, descendió una sombra colosal, con alas que se extendían más allá del horizonte.
Icehauptannarthanyx.
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Saliendo de su esconcondite con las heridas sanadas y un objetivo Venganza.
Su presencia bastó para que todo terminara en minutos.

Donde hubo un ejército, quedó un campo helado sin señales de vida. Las lanzas aún en manos congeladas. Los estandartes, atrapados bajo una capa de escarcha de varios pies. El viento no se atrevía a soplar demasiado fuerte allí.

En Amnur, la última torre cayó al anochecer.

Y en lo alto, con los ojos fijos hacia el norte, Ruina Roja montó su Dragonel y dio la orden.

La marcha continuaba.
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“No fue el fuego lo que quebró Amnur.
Ni el hielo lo que detuvo a los hombres de Nashkell.
Fue la certeza… la helada y brutal certeza
de que el enemigo ya no marcha: cae,
como la noche sobre un mundo que ha olvidado la luz.”
— Anónimo, Crónicas de la Sombra del Paso

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DM Caotica

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El avance
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El camino del comercio, otrora fluyente de caravanas y comerciantes, se encontraba inundado de negra ceniza, como si de un augurio del porvenir de Amn se tratase. Uno de los últimos puestos de control del ejercito, ya cercano a Keczulla, sentía el terror que desde los cielos sobre él descendía.

La irá de los dragones y su soberana oscurecía el corazón más férreo. La gente intentaba escapar a medida que su ejercito se acercaba mientras los infantes se aferraban con fuerza entre los brazos de sus madres, temblorosos, el pánico se hacía cada vez más palpable en las zonas cercanas a la destrucción. Kansaldi sobre su considerable dragona, altiva y sin ápice de misericordia comandaba los ejércitos desde el cielo.



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Barkranoth abrasaba con su aliento todo lo que encontraba a su paso, dejando una clara advertencia clavada en cenizas.

Posando sus firmes garras en uno de los torreones de vigía, mostraba una pose tan majestuosa como aterradora, contemplando como las llamas de sus huestes dejaban desolación a su paso. Estrechando sus pupilas rasgadas, dos grandes orbes de lava furiosos en los que se podía sentir el fuego de los infiernos, abrió sus fauces mostrando unos enormes y afilados colmillos que ridiculizaban cualquier arma que se alzase contra ella, emitiendo entonces su juicio:



- No podéis huir, es inútil que intentéis esconderos, vuestro destino será marcado con llama y sangre cuando Ella se manifieste y suma este mundo en la oscuridad y el fuego.


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En la noche sin nombre y sin eco,
arde un fuego que no da calor.
Sombras bailan con pasos secretos,
como llamas sin redención.

El silencio se quiebra en cenizas,
y la luna se cubre de piel.
Donde el alma se quema en lo negro,
renace el deseo cruel.


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DM Caotica

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KEZCULLA: Ciudad en crisis

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Multitud de refugiados llegan a la ciudad. Sus condiciones de salud son deplorables. La mayoría refleja en su propia carne el caos vivido en Eshpurta con el ataque del ejercito dragón. Piel y carne calcinado, horribles cicatrices, incluso mutilaciones dejan una fugaz ilusión de lo que en otra vida fue. Un conjunto tétrico que ni el corazón más vigoroso sería capaz de resistir. La necesidad de sobrevivir es lo único que les permite continuar la lucha. No solo perdieron su hogar, fueron testigos del horror y sufrimiento que recibieron sus seres queridos por culpa del fanatismo de una lunática que solo ansía el poder, hacer realidad la voluntad de la reina de los dragones sin ápice de piedad en sus acciones.


Kezculla, acoge a más habitantes de lo que en su día desearon tener. Trifulcas por las calles, no todo el mundo esta a favor de compartir sus posesiones, ni auxiliar a gente desfavorecida, considerandos lacras sociales. Asomarse por la ventana y ver las tiendas de campañas Amnianas que dan cobijo al necesitado. En estos momentos de crisis es cuando realmente se ven las dos caras de la moneda, bondad y maldad, los actos que marcan a cualquier ser dentro de la civilización.

La tensa situación vivida hace que la muchedumbre agarre a sus seres queridos y sus pertenencias de manera apresurada, haciendo que la demanda de transporte aumente de manera considerable. Se puede ver por el camino del comercio y de la gema caravanas repletas ir y venir sin descanso. Viéndose reflejada las prisas en el número de accidentes que se produce por el atropello de sus caballos, siendo ancianos y niños los más damnificados.

La guardia de Kezculla y sus regentes no dan abasto. Imponiendo medidas anticrisis y agradeciendo la ayuda prestada. Los heridos se elevan por días, la comida empieza a escasear y las disputas no cesan, más bien se multiplican mientras los mezquinos se atrincheran en sus casas sin intención de evacuar su hogar. Gente terca que no es capaz de ver la amenaza que se aproxima, con la esperanza de no sufrir la misma suerte que sus vecinos de Eshpurta.


La ayuda esta en camino…
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Un viaje agotador lleno de contratiempos por el camino del comercio. Destino elegido por la división occidental de Amn junto a dos de sus magistrados más ilustres. Testigos de la situación en los alrededores y en la propia Kezculla, era sorprendente la movilización que se estaba llevando a cabo. Hasta donde era real los rumores que habían llegado a Athkantla del horror que sucedió en Eshpurta, vivencias contadas por refugiados de a pie que ahogaban las penas en la bebida, con la mirada vacía y sin signos de vida en sus acciones, eran como cascarones vacíos por la pena.

Tarkas Thallavv, gobernante de la ciudad, una autoridad firme en sus creencias, la máxima representación de Kezculla. Contaba con el asilo militar y el asesoramiento de Lady Vhalestra, una noble que mostró su apoyo incondicional a Tarkas en su peor momento ganando así su simpatía. Las malas lenguas rumorean que también le da calor en su alcoba a horas nocturnas. Lo hipnotizo gracias a su belleza extrema.
 

DM Rallito

Lanzador de Deseos que no funcionan así
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Fragmento II: El Eco de las Voluntades​
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Las tierras del principado han dejado de conocer la quietud, y la sombra del miedo se ha extendido sobre campos y aldeas como un manto de ceniza. Desde la ciudadela de Amnur, los dracónidos han comenzado a descender en oleadas, Volando sobre Dragonells cuyas alas oscurecen su paso y cuyos rugidos hacen temblar hasta a los más valientes. No son un ejercito pero si pueden contarlo por los cientos quienes bajan hasta las tierras del principado para saquear aldeas y los campos arrasando con todo lo que encuentran, como si quisieran borrar la memoria misma de estas tierras. Los pueblos, que antes despertaban con el canto de los gallos, hoy despiertan con el crujir del fuego devorando sus techos y con el eco de los gritos que se pierden en la noche.

Los paladines de Minsorran liderados por el Príncipe Protector, firmes como baluartes en medio de la tormenta, han jurado que ni una sola aldea caerá sin que sus espadas se tiñan en defensa de la gente. Sus estandartes, aunque rasgados, ondean todavía como símbolos de esperanza que se diluye poco a poco. A su lado, los bárbaros de Ideptton descargan su furia en las llanuras ensangrentada. Y entre ellos se alzan los arcanos de Edive.

Pero los invasores no descansan. Los Dragonells, veloces y letales, hostigan sin cesar, abalanzándose desde los cielos para incendiar graneros, despojar caravanas y sembrar el terror en el pequeño principado. Se dice que en una sola noche, tres pueblos fueron reducidos a ruinas antes de que pudiera llegar ayuda alguna. Allí donde los defensores logran rechazar un ataque, pronto surge otro, como si un ejército inagotable avanzara sin fin.

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En medio de la desesperación, la Suma Sacerdotisa Ifalna de Selûne ha tomado sobre sus hombros la carga más pesada: salvar a la gente común de la catástrofe. Sus caballeros Los Vigias del lago, escoltan largas columnas de refugiados a través de los caminos, protegiéndolos de emboscadas y de las alas que acechan desde lo alto. Hay quienes cuentan que, en noches de luna llena, las huestes de Selûne marchan en silencio, como si el propio manto de la diosa los cubriera para ocultarlos de la vista de los Dragonells.

Aun así, cada paso hacia la seguridad deja atrás una tierra consumida. Los campos que antes dieron pan se hallan reducidos a cenizas; los templos, saqueados y profanados; los ríos, ennegrecidos por las piras funerarias improvisadas. El principado resiste, pero resiste con las fuerzas menguadas de un cuerpo que sangra en exceso. Y aunque las voces en las tabernas aún repiten que “Selûne no abandona a sus hijos”, hay quienes empiezan a susurrar que esta guerra apenas está comenzando, y que si el principado cae, el fuego de los Dragonells podría extenderse mucho más allá de sus fronteras.

Al norte, la antigua fortaleza de Amnur se yergue nuevamente, ahora bajo el estandarte de la Comandante Ruina Roja. Tras conquistarla, la ha transformado en un baluarte implacable, levantando sus muros con la fuerza esclava que adquirio tras su conquista. Pocos son los exploradores que han logrado acercarse y regresar con vida, pero los enanos que merodean las montañas juran haber visto cómo los alrededores de la ciudadela han sido reforzados con empalizadas y fosos. Cuentan que incluso en la oscuridad, el resplandor de las forjas nunca se apaga, y que Ruina Roja prepara su bastión no solo para resistir, sino para devolver el golpe cuando llegue la hora.

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Offtopic :
Estas semanas se iran realizando eventos espontáneos en los mapas que ire habilitando poco a poco para que puedan ir jugando igualmente cualquier accion "grande" que deseen hacer pueden escribirlas en sus foros de faccion privados y citarme o bien enviarme un MP con los involucrados.
 

DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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Chessenta

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Chessenta, antaño una tierra de fértiles colinas, llanuras repletas de trigo dorado y bulliciosos puertos que olían a sal y especias, hoy es un territorio en tensión constante. No es un reino unificado, sino una confederación de orgullosas ciudades-estado, unidas más por la necesidad que por la voluntad.


Al este, Mulhorand; al sur, Unther; y al oeste, el vasto Mar de Vilhon, cuyas aguas solían rebosar de navíos mercantes. El clima, antes templado y propicio para la agricultura y el comercio marítimo, se ha vuelto abrasador, sofocante, marcado por cielos encendidos y vientos cálidos.
¿La causa?​

El vuelo de los dragones y las incursiones de los dracónidos que surgieron y hacen cumplir el mandato de la Reina de la Oscuridad.


Uno a uno, los pueblos rurales han caído, reducidos a cenizas o abandonados en silencio. La capital resiste, fortificada por la fe en Tempus, dios de la guerra, y alimentada por el orgullo de su gente. Sin embargo, el golpe más duro llegó cuando Cimbar, joya portuaria y corazón comercial, fue arrasada hasta los cimientos, dejando un hueco irreparable en el alma de Chessenta.


Ahora, los soldados luchan con una ferocidad que roza lo suicida, portando los estandartes rojos de Tempus y jurando no ceder ni un palmo más.


Fragmento – Jabalinas contra fuego​

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El dragón rojo descendió con un rugido que quebró el aire, sus alas proyectando una sombra inmensa sobre la arena manchada de sangre. El calor de su aliento hacía ondular el aire, y las gradas vacías del anfiteatro se estremecían bajo cada batida de sus alas.


Cinco gladiadores, curtidos por años de combates, se alinearon sin pronunciar palabra. Sabían que no habría segunda oportunidad.


¡Ahora! *gritó Kravos, el más alto, lanzando su jabalina*


El proyectil, impulsado con una fuerza casi imposible, se clavó en la membrana del ala izquierda del monstruo. El dragón rugió, enfurecido, y una lengua de fuego barrió el suelo, incinerando los escudos que quedaban.


Pero los otros cuatro ya se movían, girando en círculo para confundirlo. Dos jabalinas más volaron, una penetrando en su ojo izquierdo, otra hundiéndose en la unión del cuello y el pecho, allí donde las escamas eran más finas.


El dragón se tambaleó, escupiendo fuego a ciegas. La última jabalina, lanzada con todo el peso de la desesperación, atravesó su garganta. El rugido se convirtió en un gorgoteo, y la bestia colapsó, haciendo temblar el suelo.


Los gladiadores, cubiertos de sudor y ceniza, no celebraron. Solo se miraron entre sí, sabiendo que en Chessenta, siempre habría otro dragón.

Los Renegados​

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No todo es gloria bajo la bandera de Chessenta. En las grietas de su historia viven los Renegados: hombres y mujeres moldeados también por la vida militar, pero arrancados de la lealtad a su tierra. Guerreros exiliados, mercenarios sin patria, disciplinados y eficaces, que han ofrecido sus espadas al mejor postor. Ahora sirven a la Reina de la Oscuridad, destruyendo y asesinando a aquellos que alguna vez los llamaron hermanos. Para ellos, la guerra no es honor, sino venganza; y allí donde marchan, no queda piedra sobre piedra.


Eligieron el exilio voluntario para vender su acero al mejor postor, buscando oro, gloria y la libertad de seguir solo sus propias leyes.

Al frente de esta hermandad marcial se encuentra Helyos, un combatiente tan implacable como astuto, temido tanto por su habilidad con las armas como por su fría alma. Su fama creció cuando, en un torneo sangriento, estuvo a un paso de reclamar el trono de Mourktar. Bajo su mando, la compañía funciona como un engranaje mortal, cada parte entrenada para cumplir su papel con precisión y brutalidad.

Los Renegados cuentan con una caballería de setenta jinetes acorazados, cuyas lanzas rompen formaciones como si fueran de paja; veinte infantes que forman el núcleo de choque, firmes en su muro de escudos; y noventa arqueros que saturan el aire con muerte antes de que el enemigo pueda cerrar distancia. A ellos se suman exploradores sigilosos y un pequeño grupo de magos, cuya magia oscura prepara el terreno para la matanza.

Su táctica es despiadada: los magos y arqueros hostigan desde la distancia hasta que la infantería abre brechas, y entonces la caballería irrumpe como un martillo para destrozar toda resistencia. No combaten por honor, sino por contrato; y si las monedas cambian de manos, también puede cambiar su lealtad.

Famosos por su crueldad, los Renegados saquean sin piedad y rara vez cumplen del todo sus promesas. Su reputación es un filo doble: tienen incontables enemigos, pero también aliados peligrosos, especialmente entre las bandas de piratas que infestan las costas del Mar de Vilhon.

Cada hombre y mujer de esta compañía está marcado por la vida militar desde la infancia, pero el fuego que los impulsa no es el de la patria, sino el de la venganza y la codicia.

Offtopic :
Ambientación sobre lo que ocurre al Este en Chessenta y como nuevas fuerzas se unen al enemigo
 

DM Caotica

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KEZCULLA: Medidas de auxilio para superar una masacre de población y salvar las riquezas de la ciudad.
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Kezculla ubicada entre Amnagua y Eshpurta, su población ronda cerca de los 50.000 habitantes, más los refugiados que se acumulaban en sus murallas. La gente no paraba de llegar de lugares colindantes, perseguidos por los huestes de Kansaldi, los más afortunados conseguían cruzar la frontera amurallada aunque más de la mayoría fallecía por el camino. Se podía ver los muros de humo negro y la ceniza volar de un lado a otro sin descanso a la lejanía, mientras abastecían caravanas que salían rápidamente de la ciudad.


Los regentes estaban seguros de que el ataque del ejercito dragón estaba próximo. Tarkas Thallavv, inicio una exhaustiva conversación con los representantes de las fuerzas de occidente, liderada por su teniente en la que dejaba más que claro sus deseos, confiaría en los suyos para que salvase a cuanto niño, mujer y anciano quisieran subir a las caravanas, con el único fin de proteger el legado de su nación, mientras él y los hombres que quisieran luchar heroicamente por frenar el ataque, se quedaban sin importar el final de dicha acción. Habían nacido y criado allí, no dejarían que ninguna amenaza destrozara sus sueños sin oponer resistencia.


No todos estaban de acuerdo, muchos hombres junto a su familia subieron en las caravanas. La vida de los suyos era mucho más importante que cualquier sueño absurdo de triunfo, lo material no era nada comparado con la vida y así lo dejaban presente con sus actos.


Lo primero fue mucho mas fácil, el gobernante quería a sus súbditos, pero no de la misma forma que apreciaba las riquezas de la ciudad, amontonadas en uno de los grandes edificios, estaban custodiadas en todo momento por guardias privados de Tarkas, nada entraba ni salia sin su beneplácito, un lugar protegido con ahínco que muy pocas personas con vida han sido capaces de ver con sus propios ojos. La economía de la nación esta basada en la explotación de gemas (rubíes, electrum, plata, bronce) y productos metálicos; también minas de sal y artesanía lujosa, es un bien demasiado importante como para entregárselo sin meditar a unos extraños y por eso mismo, puso una condición a cambio de transportar parte de esa riqueza, Lady Vhalestra, su mano derecha y su única persona de confianza, acompañaría las caravanas en todos los tramos del trayecto y sería la administradora de toda la riqueza, nada podría ser tomado ni manipulado sin su aprobación. Tratada como la noble que es, con todos los beneficios y lujos que merece, será la invitada de honor en las dependencias del Waukinar en agujas de oro junto a dos miembros de su escolta privada.


1755444121720.jpgLa mujer de porte sereno y sonriente, en su rostro se puede apreciar unos pómulos altos como si atrajeran la misma luz, labios voluptuosos con un contorno fino. Su cabello rojizo refleja tonos de cobre y fuego cuando la luz lo toca, otorgándole un halo ardiente, como si cada hebra guardara el resplandor del mismo sol. Los ojos, de un verde profundo cuentan con unos destellos casi hipnóticos, mirarlos es como perderse en un bosque iluminado por el aurora. La piel es clara, con un matiz marfileño que recuerda la superficie esculpida de una escultura. Su cuello largo y elegante realza la armonía de sus proporciones, mientras que sus hombros se inclinan con suavidad, dando paso a una figura estilizada, grácil y firme. Su presencia es tan perfecta que parece obra de la misma Sune, pero que inspira cercanía y calidez.


Las caravanas estaban listas, cuatro de ellas estaban habitadas por gente, aunque en su interior se podía ver reflejado el temor en el rostro, llanto sin consuelo de los infantes mientras los adultos intentaban dar consuelo. No estaban seguros de su destino, ni de lo que les deparará el camino, pero tenían claro que dentro de Kezculla nadie estará a salvo cuando se inicie la lucha. La última de ellas portaba joyas, gemas, oro, etc, cualquier cosa de valor que no fuese un inconveniente a la hora de trasladar, en esta se podía apreciar como la escolta aumentaba, siendo una perdida demasiado importante como para tenerla.


La noble estuvo presente, sin quitar su mirada en la caravana que Tarkas le pidió defendiese y administrase siguiendo sus pautas. Nada más iniciar la marcha, una niebla extraña empezó a rodear a la comitiva. Un aire al alrededor de la mujer empezó a vibrar, como si una energía invisible se condensará a su alrededor, sus labios murmuraban palabras en un idioma arcaico, entre susurros y tonos graves que resonaban como un eco, de sus manos, palmas abiertas hacia su propio cuerpo se podía apreciar destellos resplandecientes mientras recitaba el conjuro, poco a poco su cuerpo se empezó a desdibujar hasta desaparecer completamente, oculta a cualquier amenaza y los ojos del resto durante el largo viaje.



594005c094a7f58a16bb2b554d45d3b3.jpgMientras las caravanas seguían su paso, desde la distancia se podía apreciar como un gran estruendo surgía de la ciudad. El cielo teñido de un rojo ardiente, no por el ocaso, sino por las lenguas de fuego de los dragones que devoran techos y torres. Columnas de humo negro se elevan como pilares oscuros, retorciéndose contra la luz de las llamas. Entre las nubes incandescentes, se distinguen siluetas colosales de dragones rojos, surcando el aire con alas que baten como tormentas. La visión de la ciudad en llamas, asediada por bestias mágicas, como si los mismos dioses hubiesen desatado su furia sobre ella. El horror había caído sobre las gentes de Kezculla, algunos se arrepentían de no haber aceptado la ayuda cuando vino, otros luchaban sin importar que esta atrocidad fuese lo último que sus ojos vislumbrasen, nada se podía hacer, si no seguir el camino designado por las elecciones.



La ciudad intentaba atajar el asedio del ejercito dragón que venía por el Este, en tanto, las caravanas guiadas por las fuerzas de occidente, intentaban sobrevivir camino al Oeste. El aire se torno helado, envolviendo el sendero con un manto blanquecino. La comitiva, apenas conseguía ver por la bruma cuando de golpe un rugido desgarró los corazones de los valientes.


bc5ba53cb9b2db7e6bb81c3d6ae0b79e.jpgDesde lo alto, la sombra de una gran figura alada se iba aproximando. Desplegó sus alas, un dragón blanco descendió, con sus escamas tan brillantes como espejos de hielo. Abrió sus fauces y un rayo de energía gélida atravesó un árbol, congelando todo a su paso, mientras grupos de draconianos de bronce, cobre y plata, criaturas poderosas, feroces, disciplinados, expertos en la guerra, se lanzaban sin piedad siguiendo las ordenes de la gran sierpe cromática. Se estaba produciendo una ofensiva por la retaguardia, mientras otras sierpes intentaban destruir la ciudad amurallada.



Helaba todo a su paso, su rugido, penetraba sobre el techo de una de las caravanas, dejando la superficie cubierta por hielo brillante y rugoso, en su interior la gente comenzaba a congelarse, la piel se tornaba pálida, labios morados y tembleques recorrían sus cuerpos, la situación era insostenible, aunque en el exterior era peor. Uno de los caballos había sufrido de lleno el alieno gélido del dragón, su piel expuesta, adormecida y entumecida por un frío sobrenatural, hasta el punto de fallecer.


El combate fue salvaje, dejando a varios muertos y heridos por su transcurso.


Offtopic :
Resolución: diez mil refugiados fueron destinados a Crimmor, quince mil a Athkantla y dentro de ese grupo, ocho mil han sido alistados por las FFAA para luchar contra la amenaza que se cierne sobre Amn.

En estos días iré haciendo escenas random por si queréis interactuar con los refugiados, ver las consecuencias que tiene su llegada, incluso pondré varios campamentos por si queréis rolear entre vosotros. Aviso, las riquezas transportadas solo podrán ser administradas por Lady Vhalestra.


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DM Caotica

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El recochineo de Icehauptannarthanyx

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Sus ansias de venganza se vieron reflejadas en el destino de su ataque. Algunos se preguntaran: ¿Porque nuevamente fija su atención en aquel poblado?. La respuesta era simple, enseñar una lección. Llevaba demasiado tiempo perfilando su revancha mientras el odio se apoderaba cada vez más de Icehauptannarthanyx. Su corazón era oscuro y sus deseos de hacer daño a todos los que en su día fueron sus enemigos crecía como el fulgor de una llama en una fogata llena de leña iluminaba la fría noche.

Su mirada fija y penetrante observaba con satisfacción cómo todo a su alrededor se congelaba. En su presencia, el tiempo parecía detenerse mientras su aliento helado transformaba el poblado con un enorme cubito de hielo.

Desde su posición miro a la Thane del clan. - ¿Quién vendrá a vuestro auxilio? Podríais llamar a la bastarda que os ayudo la última vez. Espera, espera… El brillo de sus ojos se iluminó y con una mueca de satisfacción, continúo ¡Que murió! ¡Syrvhylarewanyn se desvaneció como el despojo que era!. Una carcajada retumbó en el lugar. Su risa sonaba cruel y burlona, como el resonar del fuego devorando la madera.

Al igual que llego se desvaneció. En un abrir y cerrar de ojos la sierpe alzo el vuelo, desapareciendo en la lejanía. Su destino era incierto y lejano, alguien le esperaba.

Icehauptannarthanyx desplegó sus alas por última vez. Una luz comenzó a envolver su cuerpo, desprendiendo escamas en destellos que ondeaban como nieve en el aire. Sus garras se afinaron en manos, su rugido se suavizó y su rostro se transformó en facciones de mujer. Una vez terminado, el resplandor se desvaneció, quedando una joven con cabello blanco como la nieve, piel nacarada con pequeños matices acristalados y ojos brillantes, quedando aún la majestuosidad de la sierpe en su resplandeciente mirada.


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Levantó el mentón. Allí estaba, convertido en una fémina voluptuosa, una apariencia extraña incluso para el propio dragón.
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Sus pupilas inquietas se posaron en la silueta de la mujer. -Ruina Roja, el Norte ha sufrido otro de mis ataques. Su piel se heló al mismo instante que lo hizo la esperanza. Una sonrisa de satisfacción se formo, mientras el brilló de sus ojos se intensifico.

- Ahora que mi ejercito crece, su destino esta forjado. La Señora de la Oscuridad se alzará y moldeará este plano a su gusto. Esta será mi promesa.
 

DM Caotica

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Kezculla: Asedio final por el ejercito dragón

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Los dragones, dotados por un aliento ígneo devastador, incendiaron techos y murallas con facilidad. Las llamas danzaban voraces, consumiendo todo a su paso. Las campanas de alarma resonaban por toda Kezculla. Tarkas Thallavv, regente de la ciudad ideó junto a sus consejeros un plan para la supervivencia de la ciudad. Habilitaron túneles y sótanos, refugios subterráneos seguros para aguantar el asedio. Racionalizaron los suministros de agua y alimento, lo máximo posible y formaron agentes sigilosos, lo suficientemente hábiles para escapar de las murallas con la intención de buscar ayuda.

A pesar del terror se prepararon para defender su hogar. Se organizaron en varias unidades intentando repeler el ataque con catapultas y balistas. Aunque sus armas eran insignificantes frente a la inmensa fuerza de las bestias, su valentía era inquebrantable.

El llanto de los niños resonaba en la ciudad. Apenas comprendían la magnitud de lo que estaba sucediendo, buscaban el refugio entre los brazos de sus padres. Sus ojos, en los que alguna vez existió inocencia, ahora refleja miedo y confusión. La mayoría corría despavorida sin rumbo fijo, eran peonzas que danzaban de un lado a otro sorteando las llamas, inmersos en una desesperación más que palpable. Su rostro marcado de tristeza, intentaba encontrar entre los escombros a sus seres queridos, sacando una inmensa pila de cadáveres achicharrados por el aliento de las sierpes rojas.

La mirada de Kansaldi estaba resplandeciente y el brillo escarlata de la gema de poder que reside en su ojo izquierdo ardía con intensidad. Una carcajada oscura brotó de sus labios. Un eco siniestro, cargado de burla y de un placer perverso. Encontraba alegría en el caos y el dolor de los habitantes de la ciudad amurallada.

Bruja roja contemplaba la exhibición de poder que se estaba desplegando en aquel lugar. La superioridad del ejercito ante la ciudad casi en ruinas. Este espectáculo era una obra maestra de destrucción, una sinfonía de colores y sonidos.

La ciudad arde, gritos se mezclan con el humo, luces rojas devoran las sombras y en cada chispa muere un recuerdo. -La voz de Barkranoth se hizo presente.
Al amanecer Kezculla será una pequeña mancha negra en el mapa y nuestro poder será cada vez más presente en los corazones de nuestros enemigos.

Hermanos, hoy será el final de esta insignificante ciudad. - El ejercito dragón alzó el vuelo sin descanso, sus alas enormes dibujaban siluetas oscuras contra el cielo iluminado por las llamas. Eran criaturas majestuosas, con escamas que brillaban al rojo vivo y ojos tan penetrantes que consumían la esperanza de sus victimas al posarse sobre ellas.





¡Kezculla ha caído!. Las murallas se quiebran bajo las alas del fuego. Los dragones rugen, mientras su ejercito avanza, y la cuidad, se convierte en ceniza y silencio.

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LA LLEGADA DE LA OSCURIDAD

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Al sur de Kezculla, donde antaño se alzaba una fortaleza imponente, hoy solo quedan escombros y cenizas. El ejército dragón, en su marcha implacable, arrasó con sus murallas y torres, dejando tras de sí un paisaje desolado de piedra quebrada y muerte. Sin embargo, entre esas ruinas, algo nuevo y más inquietante ha comenzado a manifestarse.

Hace apenas unos días, han reportado la aparición de una silueta oscura, suspendida sobre los restos de ruinas-zigurat. A primera vista, desde la lejanía, parecía confundirse con la luna, como si fuera una sombra adherida al cielo nocturno. Pero conforme la distancia se acorta, la ilusión desvanece y revela su verdadera naturaleza. Un vacío colosal, un huevo palpitante de energía arcana, sostenido por cadenas invisibles de magia.

Ese vacío no es un simple fenómeno. Los sabios lo han identificado como el huevo de la Señora de la Oscuridad, un recipiente de poder ancestral que late con una fuerza abominable. Se dice que en su interior aguarda la esencia de una entidad olvidada, esperando el momento propicio para eclosionar y reclamar nuevamente su lugar en este plano.

Los rumores se esparcen con rapidez por todo el territorio Amniano. Cada noche el resplandor del huevo se intensifica, proyectando sombras que parecen moverse con voluntad propia sobre las ruinas.

El aire de alrededor se ha vuelto denso, cargado de presagios. Susurros en lenguas desconocidas recorren el lugar como ecos de un pasado prohibido. Entre las sombras, visiones fugaces se entrelazan con un calor abrasador que se adhiere a la piel como un recuerdo imposible de olvidar.

Nadie osa adentrarse. El umbral está custodiado por el ejercito dragón, criaturas de escamas bruñidas que exhalan humo y fuego, guardianes implacables de un secreto que no debe ser perturbado. Entre ellos se alza Kansaldi ojos de fuego, su mirada atraviesa la carne y el espíritu, esperando con paciencia inhumana el despertar de su Señora.

El suelo tiembla con cada respiración de la tierra, como si el mundo mismo contuviera el aliento. Los árboles cercanos se inclinan, marchitos, incapaces de resistir la energía que emana del corazón del santuario prohibido. El aire vibra con un poder antiguo, un poder que no pertenece a los vivos.

Kansaldi permanece inmóvil, como una estatua de fuego y acero, aguardando el momento en que su señora despierte. Cuando ese instante llegue, el mundo conocerá un nuevo amanecer, uno teñido de oscuridad.



El presagio ya esta escrito en el aire. Solo falta que el recipiente se abra.
 

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