DM Rallito
Lanzador de Deseos que no funcionan así
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Donde el Hierro se Fundió con Esperanza
Las campanas de Crimmor, que una vez repicaron en alarma, tañían ahora con un eco distinto: el del retorno al deber. Comenzaban las labores de reparación, y con ellas, la ciudad volvía a encontrar forma tras el quebranto. Eclipse fue nombrado representante oficial del Consejo de Hierro, y junto a él, Rainde, oficial del gremio de artesanos, tomó las riendas del esfuerzo común por levantar lo que había sido reducido a polvo.
Los barrios fueron delineados en distritos, y el cuidado de los necesitados fue entregado al clero de Sune, Selûne, Ilmater, Kelemvor y Waukeen, quienes tomaron control de los campamentos de refugiados y de aquellos destinados a la sanación de los heridos. Las manos piadosas se multiplicaban, y con ellas, los templos se alzaban en medio de tiendas rasgadas y murmullos de oración.
Mientras tanto, la seguridad de la ciudad quedó a cargo de la Guardia de Amn, el Consejo de Hierro y los Ladrones de las Sombras. Con ellos llegó también Khalagan Kraai, sargento de la división occidental de la Moneda, que acompañado de cincuenta soldados se sumó a las labores de defensa y vigilancia, protegiendo los depósitos de materiales con férrea disciplina.
En los márgenes del muro sur, Rainde encabezó el primer grupo de reparación. Desde Kazad Gromdal, descendió por los caminos del norte un contingente de cien enanos escoltados por soldados de su tierra. Liderados por Cythera Greyfax, enviada por el burgomaestre de Kazad, unieron su fuerza a la de los artesanos para encausar las obras con mayor rapidez y precisión. Entre ellos, Jadzia, Lkin, Vys, Zimbwick y Lufram restauraron los mecanismos dañados de la puerta sur, mientras los enanos, junto a Cythera, removían los escombros que cubrían las calles y los muros quebrados.
A los pocos días, llegaron caravanas con el símbolo de la Casa Galdrim. Traían materiales y trabajadores, muchos de ellos sobrevivientes de la caída de Imnescar. Se establecieron al sur, formando campamentos que fueron puestos bajo la tutela de sacerdotes de múltiples fes, custodiados día y noche para prevenir el caos en su interior.
Desde el Camino del Orco y el del Río, avanzaron nuevos grupos guiados por Fery, caballero de la Dama del Amor, y Calistia, sacerdotisa de la Doncella de Cabellos de Fuego. Su procesión, compuesta por paladines y sacerdotes, se desplegó por la ciudad como un río sagrado: algunos levantaron campamentos hospitalarios, otros iniciaron la reconstrucción del Teatro de la Alegría. Pronto se unieron a Astrid Minstreltides y Madeleine Sweny, bardas de Amn conocidas en Crimmor, quienes llevaron a cabo labores de censo y registro entre los sobrevivientes.
Pasados unos días desde la proclama oficial del Consejo de Hierro, otra comitiva descendió por los caminos del río. Civiles y artesanos, guiados por un estandarte de la Doncella de Plata, llegaron a Crimmor por disposición del Capítulo de la Rosa de Plata de Selûne. Estos artesanos expertos reforzaron proyectos clave, mientras los doce caballeros del capítulo se encargaban de la seguridad en los campamentos de refugiados, bajo la dirección conjunta de la Alta sacerdotisa Sariel Shade, Gwenaelle y el capitán del capítulo, Eothain.
A medida que nuevas fes acudían desde diversas regiones de Amn, Arianne Brillalba, obispo de Waukeen, arribó a la ciudad con otro grupo de refugiados y clérigos. Con ella llegó también un torrente de recursos que permitió al campamento hospitalario operar a toda su capacidad, colmando de esperanza cada rincón levantado por la fe.
En las calles de Crimmor, los Ladrones de las Sombras comenzaron a mostrarse con naturalidad. No eran extraños, pero nunca antes caminaron tan libremente a la luz del día. Muchos los saludaban como héroes por su papel en la defensa de la ciudad. Y bajo su control se mantenía firme la ley que prohibía el robo, manteniendo alejados a los bandidos de dentro y fuera de las murallas.
Desde Kalathyr, Ewan atravesó la travesía por el sur para llegar a Crimmor, trayendo consigo nuevas armas de asedio. Y desde el norte helado, un contingente enano llegó con escorpiones de guerra, comprados y entregados para reforzar las defensas de la ciudad.
Hacia el fin de la semana, las reparaciones menores estaban en su mayoría concluidas. Las calles, antes bloqueadas por ruinas, permitían nuevamente el paso de caravanas. El muro sur, aunque aún herido, se mantenía operativo, gracias al trabajo incansable de artesanos e independientes que no cesaron en sus esfuerzos.
Los campamentos de refugiados eran ahora bastiones de humanidad. El Capítulo de la Rosa, junto a Sune, Waukeen e Ilmater, garantizaban alimento caliente, camas secas y atención constante. Y en medio de tanta reconstrucción, tuvo lugar una celebración inesperada: La Noche de las Mentiras. En la plaza del ayuntamiento, aún devastada pero decorada para la ocasión, nobles, mercenarios, clérigos, ladrones e incluso magos rojos alzaron copas y compartieron una tregua efímera ante los recuerdos sombríos de días oscuros.
Con el cierre de aquella semana, el Consejo de Hierro anunció su final. Lo hizo con la frente en alto y las palabras pesadas de quienes llevaron una ciudad en ruinas sobre sus hombros:
“Nuestro consejo de acero se formó por situaciones ajenas a nuestro poder. Nuestro alcalde, asesinado por los engaños de la Salvación, dejó un vacío que debimos llenar. Controlar, aconsejar, ordenar… hicimos cuanto estuvo en nuestras manos. No hubo más que dolor, pero aquí estamos. Como el hierro mismo, nos mantuvimos en pie. Hoy, se proclama la disolución del Consejo de Hierro, y el traspaso pleno del poder al nuevo alcalde de Crimmor: Morian Mausser, quien gobernará hasta las siguientes votaciones.”
Firmado:
- Haradrimm Krimmevol
- Olek Ophal
- Elois Crytrapper
Representantes del Consejo de Hierro
Y así, entre las brasas humeantes del pasado, Crimmor volvió a respirar. No con la fuerza altiva de antaño, sino con la tenacidad de los que han visto lo peor… y aún así caminan.
Las murallas seguían incompletas. Las plazas, apenas limpias. El aire, todavía cargado de ceniza y murmullos. Pero el corazón de la ciudad latía. Bajo cada piedra colocada, bajo cada tabla clavada, bajo cada oración pronunciada y cada vaso compartido en la Noche de las Mentiras, se alzaba una verdad irrebatible:
Crimmor no fue vencida.
Quienes guiaron la reconstrucción —algunos investidos por necesidad, otros por elección— mantuvieron la ciudad en marcha sin reclamar gloria. Las manos del gremio de artesanos trabajaron de sol a sol, y los escribas, una vez silenciados, retomaron el pulso de la ciudad en censos, planos y registros. La administración fue entregada a nuevas autoridades, no sin dudas, pero con la convicción de que debía continuar.
Los refugiados del sur, aquellos que llegaron con la mirada quebrada, no marcharon. Al contrario: reconstruyeron. Echaron raíces entre las ruinas y las tiendas, y con cada martillo levantado, tejieron un destino nuevo. La ciudad, que antes les ofrecía asilo, se convirtió en su hogar.
Los caballeros de la Rosa de Plata permanecieron. No buscaban elogios ni estandartes, sino mantener la seguridad en las noches más frías, cuando el miedo aún se colaba por las rendijas de la madera nueva. Entre las lonas, se escuchaban rezos discretos, risas suaves y canciones que hablaban del mar, del amor o de los días por venir.
Los Ladrones de las Sombras no desaparecieron. Tampoco dominaron. Se movieron como parte de la ciudad, ahora sin esconderse, ahora con una causa que los vinculaba a las mismas calles por las que antes se escondían. Muchos los evitaban aún, otros los respetaban, pero nadie podía negar su papel en la defensa y el orden que se sostuvo después.
Desde el norte y el sur, continuaron llegando manos. No todas fuertes, pero todas necesarias. Escorpiones de asedio, tablones, vigas, sal, harina, vino... el flujo de bienes y personas fue constante. El cruce de acentos en las plazas demostró que la ciudad ya no era sólo de los suyos, sino de todos los que lucharon por ella.
Las reparaciones menores estaban completas. Las caravanas volvían a circular. La muralla sur, aunque aún marcada por la guerra, ya no era una herida abierta, sino una cicatriz firme.
El campamento de refugiados funcionaba con dignidad. La ayuda de los cleros, la logística renovada, y los nuevos lazos entre comunidades permitieron alimentar, curar y proteger a miles y aun que aun hay choques entre quienes sufrieron perdidas por el norte y quienes aun apoyan a las fuerzas del consejo de trueno. Fue en ese clima, entre humo de cocina y rezos al atardecer, que la ciudad celebró, por fin, no el fin de una tragedia, sino el inicio de algo que podía llamarse futuro.
En la plaza, aquella noche decorada con telas rescatadas y faroles prestados, se alzó una inscripción, escrita a mano sobre piedra vieja:
Y así cerró la semana final. El hierro se fundió no en guerra, sino en propósito.“Que los que vengan después de nosotros no recuerden solo las ruinas. Que recuerden también los que se negaron a dejar que estas ruinas fueran el fin. y Que recuerden que no importa lo que del este llegue aqui estaremos.”
Crimmor vive.
Offtopic :
Con esta actualizacion doy por finalizada las entregas grandes por ahora con respecto a Crimmor, estare atento aun asi hasta el dia 21 de julio para que puedan seguir subiendo los rumores y acciones que hagan sus personajes para tenerlos encuenta en el futuro. Si me falto alguien aqui pido disculpas que estoy recopilando la data desde hace 1 semana jejej. Cualquier cosa sigo atento a sus acciones y pueden enviarme MP con cosas que quieran hacer y requieran escenas o ambientacion de peonzas.
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