Frágil y herida, un borrón de la imagen enérgica y serena que podría haber mostrado una vez, como muchos otros que descendieron de las laderas de Cumbrelanza, su mirada estaba enturbiada por el dolor físico y mental. Su voz, otrora clara y potente, a pesar de salir de su delgado cuerpo, ahora salía con el sobreesfuerzo de su pecho, entrecortada y baja, pero con esa voz, con esas heridas, con ese pesar y con lo todo lo sucedido en las jornadas anteriores, intentó que su mensaje se extendiera por el Norte, que se oyese su testimonio en la capital, que resonase el eco en Crimmor, que avanzase por el Camino de Comercio.
Los dragones han despertado... es algo de lo que somos conscientes todos a lo largo y ancho de estas tierras, independientemente de credos, razas, naciones o idiomas...
Se le hacía difícil hablar de manera seguida, sin tomar descansos para retomar el aliento, pero, igual que su mirada parecía enturbiada al regresar del Norte, un brillo parecía abrirse paso en sus ojos según hablaba a aquellos que querían prestarle atención, un frío y manso brillo de determinación.
A lo largo de los años, numerosas han sido las amenazas que han surgido, una tras otra, en estas tierras... y más en estos últimos años...
El señor de las Tormentas se alzó en el Norte esta vez... la bestia alada, la Sierpe Blanca, sembrando el temor y la destrucción sobre toda Cumbrelanza y los Picos de las Nubes...
Cuando las Sierpes despiertan... ¿qué opciones tenemos? Hay quien dirá que somos unos necios, que soñamos con un imposible, que una calamidad como Ichnetup escapaba a nuestra comprensión y nuestras capacidades... y quizás tengan razón, pero ¿y qué?
¿Acaso lo imposible y la desesperación ha cegado alguna vez nuestra mirada? No lo dudo... pero nuestra determinación permanece inalterable.
En el Norte nos dimos cita razas, credos... arcanos, bárbaros... habitantes todos de estas tierras, acudiendo incluso el Senescal de Amn a la contienda... ¿esperábamos acaso una victoria? Muchos creíamos en que caeríamos en la batalla, como así ha sido con numerosos de nuestros amigos, camaradas, compañeros... ¿Esperábamos dar muerte a la calamidad Blanca? No era ese el punto, no... la determinación nos dictaba alzarnos ante esta amenaza, como hemos hecho siempre y como haremos hasta que nuestras fuerzas nos permitan... plantar batalla a la amenaza, luchar contra la desesperación y la oscuridad que se ciernen sobre nosotros, no guiados por imperativos, si no, por decisión propia, porque es la única respuesta que conocemos, porque somos y seremos, hasta que nos aguanten las fuerzas el escudo que se alza para defender todo lo que se extiende tras nosotros, frente a nosotros y bajo nuestros pies....
Se tomó un largo tiempo, entre un acceso de tos especialmente virulento, para retomar la palabra, con ojos inyectados en sangre por el esfuerzo.
Mientras tanto... se habla de subyugación e hincar la rodilla... cuando acabamos de alzarnos contra eso mismo en el Norte... se juegan a intrigas y se medra en el caos, mientras luchamos, sangramos y morimos en el Norte... ¿¿Acaso queda en duda de alguien nuestra firme determinación como escudo de nuestros pueblos??
Somos la representación de la fuerza y la resistencia Amniana, élfica, enana, hin... no porque nadie nos lo haya pedido, porque es nuestra naturaleza... ¿¿la defensa de nuestras gentes, nuestros pueblos, los inocentes... nos señala y nos marca??
Tosió con fuerza, recuperando el aliento, mientras se limpiaba la comisura de los labios con un fino pañuelo.
Nuestro compromiso no puede ser puesto en tela de juicio, pues nos mantenemos en pie ante las amenazas que aún nos rodean... y así seguiremos hasta que caigamos inertes en el suelo... nadie nos obligará a ello, ni a luchar, ni a defender.... ni a hincar la rodilla ante la defensa de las amenazas que se ciernen sobre nosotros, porque no pedimos nada... ni merecemos ser señalados o tachados; es como escupir sobre la sangre de los caídos.
Soy Liliana Halendt, Selunita, miembro del Capítulo de la Rosa, Amniana y mi determinación no flaqueará.